miércoles, 9 de febrero de 2011

Los grados de obertura de la belleza

En el S.V aN.E. Platón adjudicó a la idea de belleza el segundo lugar de importancia en el mundo de las ideas, por detrás del bien y por delante de la justicia. Esta ubicación tan particular, sin embargo, no le valió a la belleza ninguna definición por parte del autor de La República ya que hubo de contentarse con ser “algo” que los filósofos podían distinguir.

A lo largo de la historia los términos belleza y arte han ido muy unidos, pues los cánones de la primera definían a la segunda. Durante mucho tiempo se consideró que el arte debía “ser bello”. No fue hasta el S.XX cuando poco a poco el arte se independizo del ambiguo concepto, buscando redefinirse a través de una estética horrible que causase pavor, sensaciones angustiosas o incluso asco en el público. Paradójicamente, esta nueva concepción del arte otorgó nuevas acepciones al concepto de belleza, sin acabar de definirlo. En la medida en que autores como Kokoshka, Matissen, Boccioni, Marc, Kahlo, Ducham, Pollock, Man Ray o Kubota iban desarrollando su técnica y en la medida que ésta era aceptada por el público más maduro, éste empezaba sentir, luego de la comprensión, que aquellas obras, al principio horrendas y antiestéticas, le ahora nuevas sensaciones, sensaciones de belleza.

En el momento en que el retrato de Inocencio X de Bacon nos parece tan bello como el de Velázquez, hemos otorgado una nueva acepción al término belleza en nuestra mente (una acepción que con toda probabilidad no compartiría Platón). Aparentemente, la obra de Bacon es siniestra, pero, si la miramos con atención podemos ver en ella la imagen perfecta del despotismo del poder y el sufrimiento que puede infligir. Obviamente, no podemos mirar con los mismos ojos el Inocencio X del S.XVII que el del S. XX, porque no pretenden ser lo mismo. Sus diferencias no radican tanto en la técnica como en la cosmovisión del artista. De hecho, para mí, es la cosmogonía de Velázquez la que le hace pintar al santo padre entre la rigidez y la solemnidad. Si el pintor español hubiese visto en él el despotismo que pretendía alegorizar Bacon, probablemente el retrato sería muy diferente. Evidentemente, el mensaje que el artista quiera transmitir condicionará el código de transmisión que emplee.

Pero dejando esto a un lado, en el momento en que empezamos a entender a Bacon, empezamos a ser menos rígidos y entonces… Transfiguración: algo que hasta entonces era feo pude convertirse en una belleza persuasiva llena de significado.
Con el cuerpo humano ha pasado un poco lo mismo. Los cánones estéticos de cada momento han marcado el prototipo de hombre y de mujer bella. Pero estos conceptos han sido extremadamente variables a lo largo de la historia. Comparemos por ejemplo un boceto Rubens con uno de Boucher quienes son relativamente próximos en el tiempo.

 
La mujer de Rubens es más rica en carnes, porque pretende transmitir vida. Esto fue atractivo en el S.XVII. Un siglo más tarde, los juegos del desnudo adquirieron unos cánones más finos. Por otro lado si comparamos el desnudo de Las Gracias con el de Boucher vemos una diferencia bastante evidente, las mujeres de Rubens transmiten vida y placidez, hasta podríamos hablar de un cierto toque espiritual. Por el contrario, la obra del pintor francés nos transmite una clara sensación de erotismo. ¿Por qué? Sería imposible fijar una respuesta exacta, la intencionalidad del artista.
Miremos por ejemplo este autorretrato de Frida Kahlo, quien se presenta como una mujer de facciones endurecidas, uniceja, y con varias carencias físicas. Esto no impidió que Trostky la encontrase terriblemente atractiva.
 













De la misma forma, su barriga no impedía a Diego De Rivera, marido de Frida, ser un imán para las mujeres hasta extremos muy superiores a los de las estrellas de la gran pantalla. Alguno podría argumentar, acerca del singular matrimonio pictórico “es que su personalidad les hacía atractivas”. A eso yo respondo “Pues más bien sí”. Ahora, añadiría acto seguido, no era su personalidad en si lo que les otorgó un toque afrodisíaco, sino la comprensión de su personalidad por parte, en este caso, de sus amantes los que les concedió belleza y atractivo.

Si nos desprendemos de nuestros patrones culturales, podremos mutar nuestras respuestas a los estímulos que recibimos del mundo, encontrando así belleza donde antes resultaba imposible verla. Estéticas tan perversas como el sadismo, siempre y cuando se desarrolle en un contexto de ficción, pueden llegar a ser bellas a nuestros ojos. Desde un punto de vista freudiano, la percepción de belleza reside en el inconsciente, definiendo éste según sus impulsos imprevisibles, qué es y qué no es bello. La coacción del inconsciente por el superego, que no deja de ser la suma de los patrones culturales inculcados, castra nuestra percepción de la belleza y nuestra concesión de esta al elemento artístico. Haced, el ejercicio de liberaros de los tópicos que nos han enseñado desde pequeños como que la violencia es mala o la sangre da asco. Dejad fluir vuestros instintos violentos (que siento deciros están ahí aunque no os guste) y luego decidme si esta imagen no tiene una belleza muy sutil.
¿Qué es belleza? Un sentimiento humano, inefable, cambiante y que no guarda unas proporciones lógicas. Podemos castrar su significado o ampliarlo a casi todo, depende de nosotros. Os animo a hacer lo segundo, no por nada en particular, es que un mundo donde vemos mayor cantidad de cosas bellas, por fuerza debe ser un mundo más hermoso. Me despido con la ilustración perfecta para el poema Insomnio de Dámaso Alonso, pintada por Rothko.


5 comentarios:

  1. Un discurs matisable però força coherent.

    Malgrat tot, la darrera il·lustració és de Robert Motherwell... ;-)

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  2. Rothko mai pintaria un desordre com aquest i menys sense matisos.

    I per cert, molt ben trobada la il·lustració per al poema de Dámaso Alonso.

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  3. És cert perdona, alguns es que posem "Elegia a la república espanyola" i a falta de coneixença creiem el primer que ens diu el google. D'altra banda, això teu és ben curiós, com qui diu una dutxa escocesa, una mica d'aigua freda una mica d'aigua calenta.

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  4. No cal anar tant al nord. Aquí a les termes els romans ja tenien els diferents banys... sóc mediterrani, i caòtic!

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