martes, 8 de febrero de 2011

Sudán del Sur, bienvenido

Hoy la independencia de Sudán del Sur ha sido reconocida por Khartum, dejándose claro así que no se trata de un acto unilateral, ni de un disparate revolucionario de soñadores, sino de un hecho objetivo. Mientras Sudán del Sur celebra su independencia y ya ha recibido en su capital, Juba, a los embajadores de EEUU y China (potencias interesadas en sus recursos petrolíferos) a espera de los que les seguirán, yo miro con resignación como mi mapa del mundo que luce grande en la pared de mi cuarto se ha quedado obsoleto a falta de una línea. Me consuela pensar que en verdad ya lo estaba porque no incluía Kosovo como estado, por lo tanto ya estaba mal de antes. Sin embargo, dos errores no suman un acierto, nunca mejor dicho y lamento que mi mapa no incluya a todas las naciones internacionalmente reconocidas.
En lugar de hablaros de cómo el presidente Yafaar Mohammed Numeiri va a desarrollar el progreso (palabra que, por cierto, incluye el lema nacional "Unidad, Igualdad, Progreso") en un país donde la tasa de analfabetismo ronda el 78%, cómo va a enviar su miembro a la Asamblea de las Naciones Unidas, se va a hacer un hueco en el panorama internacional y otros pormenores que sólo requerirían de recopilar para luego exponerlos con un mínimo de argumentación. Por el contrario, prefiero hablar un poco de lo que implica una secesión.
No son pocas las regiones en el mundo que quieren separarse del estado al que pertenecen: Bali de Indonesia, la región Tamil de Sri Lanka, Quebec de Canadá, Somaliland (independiente de facto) al norte de Somalia, varias repúblicas caucásicas y la Prusia Oriental de Rusia, Lombardia de Italia, Flandes de Bélgica, Escocia del Reino Unido o Euskadi y Cataluña de España. Considerar si sus razones son adecuadas o no, si tienen motivaciones adecuadas o incorrectas, no la verdad es que no quiero hablar de eso, sino de los problemas que una secesión plantea. Primero pasas a formar parte de un estado diferente perdiendo tu antigua nacionalidad. Lo que ya genera una serie de problemas para quien no desease abandonar el país. Después el ciudadano medio debe familiarizarse las nuevas instituciones, la nueva constitución y las nuevas convenciones sociales que de éstas derivan.
¿Cómo debe plantear un nuevo estado su futuro? Desde mi punto de vista es completamente inviable hacerlo de espaldas al país al que pertenecía, aunque sólo sea por una cuestión de proximidad. Un estado no puede tener una de sus fronteras como una valla de espino infranqueable, porque eso lastra sus relaciones exteriores además de su economía. De hecho, todas las fronteras deber ser zonas vivas para intercambio de recursos y no lastrar a la recién nacida nación. De hecho, si lo estudiásemos con lógica, al margen de sentimientos pueriles como el odio, nos damos cuenta de que el aliado potencial del nuevo país es su antigua “metrópoli”. Cuando una secesión se plantea de caras a una total ruptura, con el país al que pertenecía, a la, hasta entonces, región, le espera un futuro muy negro, siendo en el mejor caso una lastre económico y social con momentos violentos como las Coreas en la actualidad, o en el peor de los casos verdaderas guerras civiles.
Una secesión debe plantearse siempre por amplias mayorías y con la voluntad de aparecer en el mapa con una tendencia constructiva con todos los vecinos. Esperemos que Sudán del Sur se encamine por esta senda, la del progreso y la de la democracia.

2 comentarios:

  1. El cas del Sudan és un cas com el de Txecoslovàquia. L'Estat al que pertanyia no ha posat traves i s'ha celebrat un referèndum. S'ha decidit que si a la independència i ja està, com un divorci civilitzat.
    Per què és tant difícil entendre això. No calen odis, fronteres de filferros ni històries. És qüestió de trobar normal el que la gent vol decidir i no té per què a partir d'ara governar-se des de la il·lògica.

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  2. Galdrich sento dir-te que discrepo bastant. A Sudán hi han hagut tres guerres civils amb des de la capital amb la regió del sud. Fer una analogia entre això i la civilitzada Revolución del Terciopelo ho trobo fora de lloc.
    A més, jo no parlo del procés d'independència, sinó que una vegada independents no pots viure d'esquenes al veí.

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