lunes, 14 de marzo de 2011

Ego Revoco

Si como dijo Jorge Guillén “el mundo está bien hecho”, no tiene sentido alguno ponernos a plantear en él un cambio. Si también tuvo razón Aleixandre, cuando proclamó “el mundo está sin límites”, es absurdo pensar en ponerle cercas, en limitarlo o hacer con él conjugaciones matemáticas.
He releído mi entrada de ayer, y, aunque no pretendo hacer una apología de mis palabras, sí me gustaría precisar algunas ideas, ahora que el furor iracundo ya no asedia mi alma, porque considero que de no hacerlo, algunas de las cosas leídas pueden llevar a la falsa creencia de que tengo una opinión equivocada del género humano.
Es un deber para con nuestra salud enfadarnos de vez en cuando, más que nada para que la rabia no afecte a nuestros hematocritos de una forma nociva, pero, después de que a la tempestad le suceda la calma, tenemos el deber moral para con el pensamiento de meditar si cuanto hemos dicho o simplemente pensada era correcto, y, de ser así, si estaba bien dicho.
Ayer me excedí con mis palabras, haciendo que en algunos casos pareciese que menospreciaba las motivaciones de mis compañeros. Actuar de tal modo, implicaría asumir que mi inteligencia así como los gustos que de ella derivan es mejor que los del resto. Esta idea resulta tan absurda que, cuando escribí el artículo ayer, no pensé ni por un momento que podía acabar transmitiendo esta impresión. De las ocho grandes inteligencias que puede tener el género humano, la mía sólo alcanza la lingüística, la interpersonal y en cierto modo la musical, como derivada colateral de un cierto gusto artístico, sin acabar de asumirla plenamente ni mucho menos. Soy nulo en la inteligencia espacial, la lógico-matemática, la naturalista y más particularmente la interpersonal. Esto no me hace ni mejor ni peor, me forja con un determinado cuño y a una temperatura determinada. Mi gusto por la soledad y mi fácil desenvolvimiento en los campos de la literatura no son menos válidos que el gusto por las grandes fiestas o el deporte físico, ya que los míos quedan condicionados por las inteligencias en las que mejor me desenvuelvo sumadas al hecho de una latente hipersensibilidad. Lo que critiqué con tanto ahínco no es el hecho de que mis compañeros tengan unos gustos distintos a los míos, sino que en algunos momentos en el tránsito de mi vida escolar se me haya pedido que renunciase a mis formas de vida para adoptar las más convencionales. Si bien estos procedimientos no se hicieron con mala intención, durante algunos años me han ocasionado problemas de inseguridad y falta de definición.
Muchas veces, contemplando a la gran masa convencional, pienso que es imposible que tengan todos los mismos intereses y gustos. En ocasiones, tal vez con cierta soberbia, me permito pensar que, especialmente en la adolescencia y la juventud, muchas personas sacrifican buena parte de su ego para evitar la soledad y la angustia existencial que de ella se deriva, sin darse cuenta de lo castrador que es eso para su proceso de definición como individuos en la sociedad. Es muy probable que muchos penséis, legítimamente dicho sea de paso, que me equivoco, por mi parte, creo que, si no toda, buena parte de razón tengo.
En cualquier caso, a donde quería ir desde el principio, es a la idea de que es absurdo para un ser humano considerarse superior o inferior a otro, y desventurado aquel que no lo sienta así. Espero sufragar todos los errores de la entrada anterior, enmendando unas palabras torpes con otras mejores. Si bien, lejos de retirarlas mantengo muchas de las críticas que hice contra el sistema educativo, pienso que debo dejar claro que no pretendía atacar al material humano que lo compone. También confío en que se entienda que ser el mirlo blanco de la bandada no siempre es una coyuntura fácil de llevar y a veces te sobrecargas.
Me despido, como suelen hacerlo los niños de pocos años después de disculparse ante los mayores por una pataleta, con la cabeza gacha y yendo camino de mi cuarto so promesa de pensar en lo que he hecho, aunque, como vosotros bien sabéis, ya he pensado…

No hay comentarios:

Publicar un comentario