martes, 15 de marzo de 2011

¿Masa o turba?

Hoy mi profesor de filosofía ha tenido la amabilidad de concederme algunos minutos de su tiempo, sin que yo se los hubiese pedido. Hemos estado hablando alrededor de cinco minutos entorno a Erich Froom, la obra del cual, El miedo a la libertad, nos ha llevado a hablar de la psicología de las masas. Entonces él me ha dicho algo que me ha sorprendido, lo confieso, especialmente viniendo de un hombre tan cabal: “Eduard, a mí el concepto de masa me aterra”.
Como yo, mi profesor opina que los procesos revolucionarios nunca son orquestados por las grandes ideas, sino por el furor de la masa, sin embargo él encuentra en este punto un facto negativo que yo no acierto a hallar. Si obviamos cuestiones relativas a lo políticamente correctos y, ya de paso, al clasismo intelectual encontramos un dato evidente: en toda época han existido individuos con ideas muy avanzadas a su tiempo que se escapaban a la media. Así pues, en el S.V aNE. Platón declaró, en La República, que una mujer debía ser educada en los mismos preceptos que el varón, incluyendo las disciplinas en los campos de la gimnasia y el militar. Esta idea, es hoy día revolucionario en países tan modernos como Australia, donde la mujer, aunque puede acceder al ejército, tiene prohibido entrar en combate. La declaración de que el hombre es libre, hecha por Kant contra el esclavismo, es aún hoy día un misterio para muchos desafortunados y aún lo fue más en su época, cuando el tráfico de esclavos negros estaba a la orden del día. Podría seguir hablando de la división de poderes de Rosseau y otros tantos conceptos ideológicos cuya perfección es distante hasta para nuestros tiempos. Estos hombres tan avanzados –y tan deficientes en algunos aspectos, todos sea dicho- sobresalen de forma invariable cuando estudiamos su período histórico por contraste con lo que se define como “la masa”.
Ciertamente, la masa es un elemento complejo y simple al mismo tiempo. En ocasiones su complejidad radica en su sorprendente simplicidad, pues no es razonable ver como actúa siempre tallada por los mismos patrones. Aunque la banalidad de sus aspiraciones pueda parecer desconcertante para algunos que somos “cabezas pensantes”, la masa, en sí, no actúa movida por deseos turbios, ni vengativos, simplemente la mueve la necesidad. Se dice que en 1789 las masas asaltaron los almacenes de provisiones del ejército en París, pero que de no ser por las instigaciones de la burguesía, jamás habría asaltado Versalles para traer el monarca y su familia a la capital.
La masa por lo tanto no es la turba. El grito infame de millones de personas clamando ideales de odio, venganza, o violencia no reside en el sentir general de los pueblos de todas las épocas. Estos buscan contentarse con la satisfacción de sus necesidades en una búsqueda inconsciente de la felicidad. Su falta de preparación ha hecho en muchos casos que, en situaciones críticas, se hayan dejado arrastrar por aquellos más reaccionarios que manipulando sus miedos pretendían hacer calar en ella los ideales del odio más puro, para convertirla en al turba más peligrosa. El que esto se haya conseguido repetidas veces a lo largo de la historia no debe enturbiar a los ojos eruditos la bondad eminente de la masa, instrumento imprescindible para la existencia de la sociedad y, por qué no de decirlo, de la cultura.
Aconsejo a todos los que menosprecien al pueblo llano (entonces a mí mismo el primero) por su falta de vocación intelectual que recuerden los fracasos frustrados de gobiernos filosóficos y del despotismo ilustrado. Tal vez las masas quieran sentirse protegidas, pero no quieren paternalismos. De hecho, la transformación de la masa en turba muchas veces se debe a la nulidad de los filósofos por contactar con ellas; francamente, entre uno que llega, te da un golpecito en la frente y te dice “Pobre infeliz, no tienes ni idea de lo que en verdad te conviene”, y otro que llega, te saluda con un golpe en el hombro y exclama “Siéntete orgulloso de tu raza aunque para ello tengas que menospreciar a los demás" ¿con quién os quedarías?
Por último, no debemos olvidar que la tiranía intelectual, de llevarse a cabo conduciría a horrores no menores que el fascismo, y, como él, haría ir a la gente uniformada por las calles. Lamento confesaros que a mis diecisiete años soy un descreído en lo que a la posibilidad de insuflar ideales a la masa se refiere, pero ni por un instante dudo de su nobleza de bon sauvage.

4 comentarios:

  1. Eduard, li pots dir al teu profe de filosofia de part meua que el fet propiament dit de filosofar es fa abans o després de la classe, i habitualment fora de l'aula. És allò que se sol dir "la filosofia del passadís". Personalment, jo vaig aprendre més al passadís que a l'aula.

    ResponderEliminar
  2. I respecte a la massa, no m'atreveixo a atorgar-li l'adjectiu de feixista, però quasi.
    La massa és l'anul·lació de l'individu i la conversió de la persona en xai, en un membre més del ramat que, protegit per l'anonimat que ofereix el ser un d'entre tants, s'atreveix al que sigui.
    Paco Ibáñez cantava allò de "en el mundo no hay mayor pecado que el de no seguir al abanderado"; Fritz Lang, a "Furia", mostrava com la massa pot esdevenir criminal; i així, uns quants exemples més del que pot arribar a fer la massa: anorrear a la persona.
    També penso que cal distingir entre la massa i el col·lectiu, l'associació, la comuna i altres conceptes que fan referència a grup o pluralitat de persones; en la massa, la persona deiax d'existir.

    ResponderEliminar
  3. Estimat Leblansky. Molt probablement l'alumne del meu profe de filo estigués completament d'acord amb tu amb que s'apren més en el passadís que en l'aula. En part per la flexibilizació del discurs, en part perquè, és curiós, però fora de l'aula arribes a sentir al professor.
    Respecte al concepte de la massa. A veure, em d'entendre que hi ha un ampli perfil d'individus que no poden o simplement no volen definir-se. Tot aquest colectiu s'agrupa i obté el nom de massa. No mereixen el menyspreu de ningú per fer-ho és una opció de vida, tot sovint imposada per les circumstàncies vitals.
    També crec que la massa només vol unes garanties de vida. Això no implica que vulgui ser subjugada, més aviat al contrari vol ser tractada d'igual a igual i si et fixes aquesta és la impressió que aconsegueixen transmetre els dictadors feixistes. En canvi, els intel·lectuals són vistos per les masses com una espècie d'engreits que van de salva vides amb un paternalisme que quase les rebaixa a la ignorància.

    ResponderEliminar
  4. Estimados Neonovecentista y Leblansky:
    Creo que la gradación (la degradación humana, mejor dicho) debe verse en la progresión que va de la persona a la jauría. Entre esos extremos estaría la masa, solo superada en negativo por la turba y la turbamulta. La masa se forma de hombres-masa, orteguianamente hablando: de seres (aunque más bien vegetan en la esencia de los estares) que se proyectan en lo que tienen de individuos y no de personas, unamunianamente: el individuo es lo que nos limita hacia afuera y la persona lo que nos dimensiona y expande hacia el interior de nosotros mismos. Confundir la masa con el pueblo (que también puede ser masa) es otorgarle unos ideales románticos que poco tienen que ver con el rebaño real que acabamos siendo cuando nos fundimos en el anonimato. No es elitismo: la emoción de los grupos de personas es lo que le da sentido a la vida social; no los hacinamientos viscerales que generan caos y no sinergias. La masa puede, por la fuerza del número, influir en la marcha de los acontecimientos, pero es preferible que sean grupos de personas los que lo hagan desde la convicción. Pueden ser los mismos seres los que ejerzan de individuos o de persones y que muevan por presión o sean capaces de articular los cambios. La masa pide ser masacrada o llevada en andas en loor de multitudes que gritan en algarabía.

    ResponderEliminar