jueves, 14 de abril de 2011

Mi conversión: De monárquico a republicano



Durante la mayor parte de mi vida hasta hace bien poco, me he definido como una persona de tendencias monárquicas. Muy probablemente hoy día me sea posible explicar este hecho a través de la necesidad exacerbada de un ego demasiado apagado e inseguro por tener una entidad a la que poder idolatrar.
Estuve muchos años mirando a la monarquía como un bien metafísico que enriquecía el patrimonio cultural del país, sin embargo, siempre fui un monárquico “a pesar de…” y no “por devoción a…”. Cuanto más examinaba a la Casa de Borbón, más difícil me era sostener en ella la visión de unos árbitros de la política actual, además, siendo, como siempre he sido, un convencido demócrata me era casi imposible llegar a justificar los privilegios hereditarios de una familia real. Conviví con estas dudas que fueron aumentando hasta hacerse tan grandes que no permitieron a mi ser seguir albergando un ideal monárquico.
Es inadmisible que una familia pueda heredar sin más una jefatura de estado según un código medieval de carácter machista. Incluso aunque la gente llegase a apoyar a esta institución seguiría siendo ilegítima, porque esta forma de regir la magistratura del jefe del estado atenta contra la moral fundamental que afirma que todos los hombres son iguales. Existe una ética moral que defiende los ideales de la justicia y la igualdad y esta ética no puede ser mutada ni siquiera por la voluntad de la mayoría de la ciudadanía. Tanto valor tendría legitimar una Corona en un referéndum, como legitimar que la pena de muerte es justa o que el agua hierve a 32 ºC.
Hice pues mi conversión al republicanismo y empecé a admirar sin complejos a las grandes figuras republicanas de la historia de nuestra nación, entre ellas Pi i Margall, Santiago Casares Quiroga, Ángel Ossorio, Salmerón y muy especialmente a Manuel Azaña.
Hoy me defino como un republicano parlamentario que busca un modelo de estado federal. Me despido recordando que la República nunca es un signo de exclusión sino de acogida y haciendo una invocación en pro de la nobleza del Régimen Constitucional que rigió nuestro país de 1936 a 1939.
¡Viva la República!

6 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este esfuerzo por determinar la raíz psicológica del "monarquismo", que posiblemente sea cierto. Todos buscamos modelos o ídolos durante una etapa de la vida, y los reyes nos lo dan hecho. Luego cuando creces te das cuenta de que ningún modelo puede basarse en las desigualdades, en un mundo como este, hoy.
    Sobre la organización del estado, el modelo republicano federal parece por el momento el más sensato. Y por cierto: Azaña fue uno de los grandes políticos que hemos tenido aquí. Ojalá hubieran uno o dos más.

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  2. Eduard,
    És molt curiosa aquesta manera d'explicar com vas sortir de l'armari monàrquic! Excel·lent diria jo!

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  3. Lluís Bosch: La veirtat és que sí. Jo quan em preguntaven perquè era monàrquic deia "Mira pel mateix que Gabriel Celaya era comunista". El fet és que tot sovint la fràgil natura humana necessita d'ídols i dogmes que poder complir el gran repte que tenim es alliberar-nos-en.
    PD. No cal que m'escriguis en castellà, si et sens més còmode.
    Galderich: Mira, mai no m'agradat l'expressió "sortir de l'armari" dintre del seu "contexte", però aplicada al meu canvi d'ideologia em fa riure.

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  4. Eduard, sempre he admirat el teu ús de la raó, teòrica i pràctica, i la teua evolució constant. El teu post d'avui és un exemple altament gratificant de com fer un ús esquisit del sentit comú.
    [i ara, entre nosaltres: quasi que infarto en veure que la lletra de l'himne a la república està en comic sans! aquesta grafia és un virus maligne!]

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  5. Leblansky, evolucionar a través de la raó és un procés una mica dur.
    D'altra banda, sento això de lletra de l'himne de Riego, però no n'he trobat cap que sortís amb lletra.

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  6. Ara t'escolto! :)



    PD: Hola, hola, quant de temps. Et juro que ara em passaré més per aquí!

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