domingo, 29 de mayo de 2011

La verdadera tragedia

Este viernes, 27 de mayo de 2011, fue para mí un día bastante ajetreado. Recibí mis notas finales como bachiller pasadas las diez y luego fui al consulado de Hungría a pedir información cultural. No fue hasta que llegué a mi casa que me enteré de los sucesos de plaza Catalunya.
Ya por la mañana había escuchado algo en la radio, pero lo que decían los locutores no permitía concebir esas imágenes abominables. No encuentro palabras para describir el horror que sentí al ver como la egolatría del conseller d’interior, Felip Puig, había arrastrado a Barcelona a una situación indigna, impropia de una nación con instituciones democráticas. Tampoco sabría expresar, al menos no por la vía de la prosa, la angustia que se apoderó de mí cuando no pude contactar con una amiga mía que sabía estaba en la plaza. Con ciento veinte heridos, no tenía motivos para estar tranquilo. Ahora que ya sé que a mi amiga no le pasó nada, no quiero aburrir a nadie con desvaríos sentimentales, sino intentar enfocar el problema con un poco de objetividad.
Plaza Catalunya Viernes 26 de Mayo de 2011

Estas imágenes desde mi punto de vista encierran dos horrores del ser humano. Uno, “la banalidad del mal” lo defino desde las tesis de Hanna Arentd, importante filósofa y periodista del S.XX, autora de libros como Sobre la violencia o Eichman en Jerusalén. El segundo horror que me tengo que conformarme con exponerlo by my on words es lo que denomino la erótica del poder.
Mientras el viernes por la tarde visitaba la plaza, me asaltaron muchas ideas dolorosas. Sentía un punzón en las sienes que me impedía pensar con claridad y más exactamente que me impedía comprender qué había pasado y por qué. Siempre que vemos imágenes de un conflicto nos horrorizamos de la violencia que nos parece lejana e inverosímil en nuestro mundo. Muy a menudo insultamos a los agresores, a los que han cometido los asesinatos u otros crímenes olvidado que estos son también seres humanos. Este profundo drama es el que abordó Hanna Arendt.
Hanna Arendt
El ser humano por naturaleza, explica la autora, debería tener unos sentimientos de empatía hacia sus semejantes. Dichas emociones, a su vez, son un freno en el camino de la violencia. Arendt plantea que el sistema burocrático es un inhibidor de estos instintos. En la medida en que nos vemos a nosotros mismos como un mero engranaje dentro de una compleja maquinaría, dejamos de tomar responsabilidad de nuestros actos, delegándola en los que suponemos son nuestros superiores. Lo mejor del caso es que nuestros superiores, los que cursan las órdenes, si algo sale mal se lavarán las manos con el mismo argumento. En palabras del genocida Adolf Eichman, coordinador de transportes para El Holocausto, “Yo sólo fui un mero engranaje en lo que reconozco fue una máquina de guerra sumamente intimidatoria”. Así el hombre que había firmado los papeles para que vagones con capacidad para 90 personas llevasen 120 hasta Auswich y Dachau se exhibía de toda responsabilidad.
Sin embargo, tanto los que están arriba como el conseller Felip Puig como els mossets más humildes y alocados, comparten un denominador común que permite explicar sus actos: olvidan que actúan contra seres humanos. Si los mossos hubiesen visto a los llamados “Indignados” como seres humanos, es decir, como padres, hermanos, hijos, amigos y entes dotados de vida para abreviar, jamás hubiesen cargado, aunque la orden llegase del mismo teléfono de La Moncloa. Lo que pasó es tan banal, tan simple, como triste y patético: olvidaron que golpeaban a un ser humano. Los manifestantes, en sus cabezas, pasaron a ser un código, una idea, algo simple y matemático. Sólo entonces, cuando despersonalizaron al manifestante y pasaron a verlo como una simple idea pudieron dañarlo sin tener cargos de conciencia. Los que estuvieron recibiendo golpes y, con permiso de ellos, los que los sentimos en nuestra carne propia tenemos que intentar hacer el difícil ejercicio de no caer en el mismo error que ellos. No debemos ver a los mossos como una idea de violencia. Con esto no pretendo imponer a nadie y menos a mí la etiqueta de mártir que tiene que aguantar lo que le echen. Es más creo que la actitud de las llamadas fuerzas de seguridad merece un juicio totalmente crítico, pero no olvidemos en nuestra condena que también son seres humanos.
El otro punto que antes definí como la erótica del poder es algo de lo que se aquejan todos los gobernantes sin vocación de servicio público. El síndrome empieza a gestarse cuando el político que ocupa un cargo (por lo general ejecutivo) experimenta placer decidiendo sobre la vida de los demás al estampar su firma en un papel.
Bush firma la ley que prevé construir un muro de 1.100 Km entre EEUU y México
Como cualquier trastorno, es de carácter progresivo, así que, poco a poco, el poderoso empezará a obtener placer a través de llamadas telefónicas y cualquier otro vehículo comunicativo que le permita decidir sobre el futuro de sus conciudadanos. Cuando el viernes el conseller Puig envió a las fuerzas de tierra, mar, aire y lavandería a desalojar la plaza, nos mostró que padecía de la erótica del poder. Aparco un poco el debate sobre si debe o no dimitir, pues aunque tengo una opinión bastante clara al respecto, preferiría argumentarla en otro momento. El viernes, por lo tanto, vimos dos procesos bien tristes que acabaron en violencia de unos hombres sobre otros: uno la deshumanización de la persona y otro la erótica del poder. Sin estos demonios, el infierno del viernes no habría podido producirse.

7 comentarios:

  1. Eduard, hi ha una diferència qualitativa (també quantitativa, però l'horror no es mesura pel nombre de damnificats) entre Eichman i Puig, però entenc el que vols dir, i el que planteja Arend: la deshumanització porta a la banalització. En el cas de Puig (i tants d'altres) posant la maquinària en marxa prescindint que les afectades siguin persones. En el cas de la policia, executant ordres. No sé en quin cas és més greu, però em preguntava l'altre dia veient les imatges, què passa pel cap d'un policia mentre apallissa algú que no s'ha mostrat violent en cap moment.

    ResponderEliminar
  2. Crec que és un bon plantejament del tema i una molt bona aproximació a la violència. La banalització és el que fa que no pensem res quan apallissem algú que no es mostra violent. Ho sabia Gandhi i ho va teoritzar la Hanna Arendt

    ResponderEliminar
  3. M'ha agradat. Potser hi ha altres factors més primitius que oblides: l'acte de destrossar amb premeditació deixa la ment en blanc, i és molt probable (i vull pensar-ho) que molts dels mossos no fossin realment conscients del que estaven fent (que igualment no és una excusa, a la garjola els enviava jo a tots).

    ResponderEliminar
  4. Però Eduard... Els mossos són només peons. Qui mou les peces és algú altre. Els mossos, a l'hora d'escollir fer la feina que fan, es responsabilitzen i prenen consciència de que és probable que els hi ordenin fer coses com aquesta. Jo no crec que ho facin "a sangre fría", com a robots o màquines de matar sense sentiments. Em nego a creure-ho, i prefereixo pensar que és tot el contrari. I no puc arribar a imaginar-me la fortalesa emocional que s'ha de tenir per empassar-te la humanitat i obrir-te pas a cops de porra. Fer això que tu deies, "oblidar-se de que són éssers humans".

    Clar, és molt maco pensar que en veure els indignats els mossos llençarien les porres a terra i plorarien i s'unirien a l'acampada. Però llavors probablement perdrien la feina.

    En resum, que culpo al Puig, que assegut en una butaca mana que apallissin a la gent i seu allà rentant-se'n les mans fent que altres li facin la feina bruta.

    ResponderEliminar
  5. Sé que arribo una mica tard. Em centro en una resposta general. Al meu parer, Ira, la responsabilitat que imputes al alts càrrecs és la monstruositat del sistema burocràtic. Per molt que obeixis ordres, si fas certes coses, has d'assuminir-ne la responsabilitat individual.
    Impressionant. El teu comentari m'agrada molt, però penso que és absurd triviliatzar el problema en qüestions de si són bons o dolents.

    ResponderEliminar
  6. M'ha encantat l'entrada, enhorabona pel blog!

    ResponderEliminar