viernes, 2 de septiembre de 2011

Meditando sobre el Papa

La visita de Su Santidad Benedicto XVI ha supuesto un gran revuelo en la tranquilidad apacible de nuestro pequeño reino. Un par de semanas después me apetece sacar este breve memorando de mis impresiones particulares sobre la visita.
Me sorprendió que mucha gente se opusiese a la visita. Quienes los hicieron seguramente no entendían el peligro de exigir tal cosa. Los llamados “anti-papa” deben hacerse una simple pregunta ¿Están a favor del libre derecho de circulación por las fronteras de cualquier persona? Cuesta de imaginar a alguien que responda negativamente y en consecuencia no nos podemos oponer a la visita del pontífice.
Un segundo grupo de gente dentro de los “anti-papa” argumentaba que no les molestaba la visita sino el pago al Papa de las arcas públicas, especialmente si luego lanza mensajes “poco ortodoxos”.
Aquí puede empezar el debate. Hay unos gastos, los referentes a la seguridad, que España como estado no puede negarle a nadie. Toda democracia tiene el deber de evitar que una persona pueda ser asesina en su jurisdicción aunque no tenga la ciudadanía. A lo largo de los últimos años, hemos protegido con dinero público a terroristas para evitar que fueran asesinados, escritores perseguidos por la camorra, gente amenazada por ETA y hasta un biógrafo de Hitler filonazi que visitó nuestro país para presentar uno de sus libros donde argumentaba que el Holocausto no existió. ¿Es justo proteger por igual a una masa tan dispar? Si se considera el asesinato o el simple uso de la violencia como algo ilegítimo, entonces sí. Esto nos remite a las palabras del ministro de la presidencia, el señor Jáuregui: “Es nuestro deber garantizar la seguridad del acto y de sus asistentes”.

También nos vemos obligados a recibir el pontícife como jefe de estado mientras reconozcamos a El Vaticano como territorio independiente.
¿Pero y todo lo demás? Los transportes públicos más baratos, las concesiones de espacios públicos como escuelas, que el presidente del consejo de ministros se tenga que entrevistar con Su Santidad en la Nunciatura y no en La Moncloa como sería lo habitual, los mensajes de la iglesia hablando desde el absoluto moral… ¿todo eso debe tolerarse?
Esperanza Aguirre, la honorable presidenta de la comunidad de Madrid, llegó a proponer que no se pasase el gasto de sanidad a los países de origen de los peregrinos. Gracias a Dios (nunca mejor dicho) La Excelsa rectificó y, en los últimos meses, ha cambiado a su secretario de transportes, porque sino hubiese sido difícil rebajar la T-10 madrileña. Demos gracias, visto lo visto, a que el inquilino de La Moncloa es hoy quién es. Estos gestos tan pródigos en una parte de nuestra clase política están de más.
Al Papa debe pedírsele a través de la Nunciatura que hable sólo para los cristianos. El resto de personas no tenemos por qué ser el blanco de las sus palabras más punzantes. Yo como no bautizado (y otras cosas que me reservo) no tengo porque escuchar que estoy condenado al fuego eterno. Cada vez que el Pontícife incurre en la agresión verbal a una minoría los poderes terrenales deberían llamarle al orden y amenazar con replantear El Concordato. Ni siquiera el heredero de San Pedro se puede permitir faltar al respeto impunemente.
Dejo, para otro espacio, las incongruencias del mensaje pontificio y la hipocresía del gestor de la Banca Ambrosiana para abordar ciertos temas. Añado, como no creyente, mi más calurosa muestra de respeto para los feligreses que en algún momento han visto como los “anti-papa” hacían lemas ofensivos directos hacia sus creencias. Una muestra: “A María San José también se la metía.” Esto también está de más.
Y por último os cuento lo que más me molestó de la visita: el beso del rey al anillo del pescador del Santo Padre. ¿Algo tan minio? diréis… La verdad es que a mi naturaleza acomodada le preocupan más las pequeñas subordinaciones protocolarias que los juramentos en arameo que Benedicto XVI pueda hacer desde la tribuna.
¿Por qué le ha besado la mano Juan Carlos I? Él no fue a recibirlo como católico sino como rey de España, jefe de estado del país y garante constitucional de nuestras instituciones. Ninguno de estos tres títulos representativos de los cuarentaiocho  millones de personas que vivimos aquí le permiten besar la mano de nadie. Un encaje de manos hubiese conferido al saludo una expresión adecuadamente más paritaria.

2 comentarios:

  1. Mentre em reservo la lectura dels anteriors apunts no llegits per manca de temps si que vull dir una cosa sobre aquest apunt:
    El millor seria passar de tot i ja està, deixar-ho córrer i denuncia la rebaixa de la T10 i altres gangues que els altres no gaudim. Si deixen escoles, pavellons... per a allotjar gent si hi ha necessitat ho trobo bé que per a això són un servei públic.
    I si el Papa, o qui sigui, expressa opinions contràries al que penso no m'importa gaire perquè està en tot el dret a dir el que pensa. Si no m'afecta, perquè no estic batejat o passo, m'és igual que em digui que cremaré en el foc etern! Quan es trobin sense parròquia d'aquí uns anys ja s'ho plantejaran...

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  2. És possible que dintre d'uns anys es trobin les parròquies buides, però no és això el que a mí em molesta, sinó la seva altaneria per tractar certes qüestions. Sembla que es creguin en possessió de la veritat divina (mai millor dit).

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