viernes, 14 de octubre de 2011

Un entierro indigno

Esta tumba personifica la alegoría del nefasto entierro que tuvo la Segunda República Española.
Bajo esta pequeña lápida de Montauban (Francia) descansan los restos de don Manuel Azaña, Presidente de la República entre 1936 a 1939. Antes de hacerse cargo de la jefatura del estado el 11 de mayo de 1936, tuvo otras obligaciones institucionales. Su primer cargo fue el de ministro de la guerra en el Gobierno Provisional que surgió el 14 de abril de 1931 bajo la presidencia del don Niceto Alcalá-Zamora.
Un 14 de octubre como hoy hace setenta años, Azaña tuvo que convertirse en jefe de un gobierno aun provisional, tras la dimisión del cínico Alcalá-Zamora. Sostuvo este cargo más que nadie durante la República II, primero de octubre de 1931 a septiembre de 1933 manteniendo la cartera de guerra, y después durante un breve período de febrero a mayo en 1936, al vencer en las elecciones de noviembre del año anterior el Frente Popular.
Azaña, tal vez por eso se le ha olvidado tanto, es el ideal de la república democrática. Bajo el bienio que lleva su nombre, se aprobaron en este país leyes tales como el derecho a voto de la mujer, el Estatuto de Cataluña (defendido por él en un discurso de tres horas), la ley de reforma militar o ley Azaña (que el propio Franco hubo de reconocer en 1941 que “no era tan mala”), y desamortización que puso fin a los monopolios latifundistas –hasta la llegada de la derecha al poder en el bienio 1934-36-. También se frustró el golpe de estado del general Sanjurjo, en agosto de 1932. Incluso en su segundo y breve período al frente del gobierno, se empezaron los trámites para la revolucionaria idea de una seguridad social. La guerra interrumpió el proyecto que finalmente usurpó la dictadura.
Son muchas las mentiras que el franquismo propagó sobre Azaña. Se le acusó de comunistas para empezar, igual que a todo el sistema de gobierno republicano. Fruto de tan nociva propaganda muchos españoles aun creen que en efecto fue la república un régimen pseudo-soviético y vinculan ese modela de estado con la izquierda. Nada más falso.
La Segunda República perseguía el ideal de una democracia representativa que intentase alcanzar estabilidad en una época difícil (recordemos el gran crac económico de 1929) a través de una constitución republicana.
Pero el régimen republicano como tal fue rechazado por los comunistas, los anarquistas e incluso el ala dura del partido socialista que en múltiples ocasiones atentaron por distintos procedimientos contra él. De hecho, no sólo el fascismo asesinó a la república democrática. Cuando en septiembre de 1936, Largo Caballero asumió la presidencia del consejo de ministros, la efectividad de la república se anuló por completo, pues el poder de sus instituciones fue usurpado por los comunistas de forma ilegítima. La República no puede ser responsable de ningún crimen durante la guerra civil, porque de facto quedó disuelta en su mismo inicio, aunque las apariencias la sostuvieran moribunda hasta el 1 de abril de 1939.
Durante el conflicto, grandes republicanos como Giral, Casares Quiroga, Barrio, Ayala, o incluso socialistas moderados como Indalecio Prieto fueron arrinconados o expulsados del poder. La perversión comunistas que vio en España una colonia fértil llegó a retener Azaña, jefe del estado, a través del presidente de gobierno títere Negrín, en residencias privadas durante la guerra impidiendo llevar a cabo sus propuestas de paz.
En Francia, donde se vio exiliado encontró Azaña la muerte fruto de una afección cardíaca. Con sesenta años, sus allegados, especialmente su esposa y su cuñado, aludieron a la depresión que le supuso ver su patria destruida.
El gobierno de Vichy no permitió al Presidente se enterrado con honores de jefe de estado. Su ataúd tuvo que decorarse con una bandera mexicana, porque la única bandera española que autorizaba Petain era del Águila de San Juan.
Elegia por la república española Robert Motherwell
Así descansa Manuel Azaña símbolo inmortal de la Segunda República. Que sus restos se hallen fuera de nuestras fronteras, como los de Antonio Machado y tantos otros, nos muestra hasta que punto se ha enterrado a la Segunda República.
El gran olvido, en el setenta aniversario de su proclamación, este pasado año, también nos recuerda como se ha querido ensuciar en el ostracismo el régimen constitucional que rigió el país durante más de cinco años.

6 comentarios:

  1. Un article sensacional, Eduard. Fas honor a un home just i adequat per liderar un país que el va saber apreciar. La història, no obstant i això, valora el seu record obligatori.
    Salutacions!

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  2. Glòria, realment discrepo una mica. En primer lloc en això que el meu article sigui brillant, però -sincera- modèstia a part, no tinc tan clar que el país i la història li hagin llegat el seu lloc a Azaña.

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  3. Gracias, Eduard, por refrescar la memoria, tan manipulada i zarandeada por la realidad impuesta. Azaña, como símbolo, necesita su espacio en todos los presentes herederos del suyo, que entonces era futuro. Su cuerpo, como el de Machado, Quiroga Plá y tantos otros, debe pemanecer, creo, donde murió su vida. Eso no quiere decir que su figura no tenga que ser restituida en su país: elcuerpo muerto al hoyo y el asesinado (física o simbólicamente) al panteón restaurado de la cultura y la historia necesaria para seguir progresando.

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  4. Gracias, Eduard: en mi blog póstumo de esta mi tercera vida (la segubnda fue, desgraciadamente, la de mi destierro), enlazo con el presente que tú me facilitas.
    ¿Qué haría Azaña en estos tiempos? ¿O es una pregunta impertinente? Gracias, otra vez, por cimentar los pilares de la responsabilidad política, a pesar de algunos políticos.

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  5. Pero Ábradas ¿qué sentido tiene llevar algo tan etéreo como la esencia de un hombre, su alma, a ninguna parte, si lo que es tangible para los mortales que vivimos, a todas luces, queda despreciado.
    Don José María Quiroga Plá. Tal vez, el mejor orador que ha tenido la historia española se horrorizase al ver hablar a nuestros políticos. Muy probablemente, el mundo ha cmabiado demasiado para que puedise entenderlo.

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  6. He buscat al Facebook el Club de Fans d'Azaña i no l'he trobat. A què esperes?

    Azaña, com a home també tingué els seus defectes i no se l'ha de sobredimensionar i menys tenint en compte el temps que va haver de viure i els problemes que li comportaren.

    En fi, m'ha agradat conèixer les circumstàncies del seu enterrament i cada vegada més sóc partidari que els homes il·lustres que han mort fora de les nostres fronteres siguin enterrats als països que els veié morir, com a recordatori de la nostra pobra i trista història.

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