viernes, 25 de marzo de 2011

My last picture acquisition


Queridos compañeros de blog. Un día como hoy, en realidad el pasado 21 de diciembre, si no recuerdo mal, Galderich y jo mantuvimos una entretenida charla acerca de las vanguardias. Yo le comenté que la lamentaba que en muchos sentidos, las artes punteras del S.XX pronostiquen en muchos sentidos la destrucción del arte. Él me dijo que tenía razón en muchos sentidos, pero que el arte renacería de sus cenizas como el ave fénix (Ok Gal, esto la parafraseo yo para hacerlo más poético, pero admite que queda bien).
El caso es que mi gusto por las formas artísticas más arriesgadas y transgesoras no me impiden sentir, en lo más profundo de mi ser, un gran cariño por las obras que se rigen según conceptos más o menos tradicionales de la técnica. Todo es compatible ¿o no?
Una conocida mía que se dedica de una forma bastante profesional a esto de la pintura acabó hace poco esta acuarela. No le complacieron mucho los resultados, de hecho ser rió de mí cuando le dije que, si me la regalaba la emmarcaría. Bueno, ahora ya no podrá reírse, porque como vis su acuarela paisajistica ondea en mi cuadro entre las cuatro barras de un brillante marco azul.
Podría haceros una descripción técnica de la obra (tarea para la cual me he documentado recientemetne, ya que no conocía demasiado la idiosicracia de la acuarela), pero prefiero que la contempléis como la ven sus ojos. A mi me recuerda, por su trazo suave y gentil, a cualquier forma de belleza fugaz que en un momento u otro habrá de desaparecer.
Por cierto, creo que, ya que hago promoción de la obra, sería absurdo no mentar a la artista, se llama Andrea Ruiz y me despido con otra foto (mal encuadrada, la culpa es del cámara) para que os deleitéis.

jueves, 24 de marzo de 2011

Entre lo sádico y lo sublime

Adevertencia:El texto que sigue será ingrato a muchos ojos que no estén preparados para superar los puritanismos a los que nos tiene acostumbrados la sociedad.
Con estas palabras no pretendo ofender a nadie, sino advertir que el relato que sigue es la primera muestra de escritor que doy en este blog, en el sentido literario. En lugar de un soneto, que reconozco hubiese sido una forma más convencional de presentar esta faceta mía he recurrido a otro estilo. La descripción de algo horrible usando bellas palabras es la síntesis del texto que sigue, en lo que a su estructura se refiere. Temáticamente, es la transcripción de la mayoría de mis obsesiones sexuales que conformaron ese período de adolescencia madura que va de los 14 a los 16 años.



La desnudez de su cuerpo era tan atractiva que parecía un pecado dañarla. Aquella piel tostada como una acuarela marrón estaba sujeta por tiras de cuero de una blancura atronadora. Aquel cuerpo trabajado se notaba que había hecho muchos esfuerzos. La fortaleza de sus brazos revelaba las largos horas labrando en el campo surcos sobre la tierra tostada como su piel Toda su musculatura bullía dejando percibir el fluir de sus sangre por las principales aterías de su cuerpo. El conjunto cálido y vivo contrastaba con la frigidez muerta de la piedra de mármol circular al que lo sujetaban las correas blancas de brillantes cristales.
La oscuridad que invadía el espacio octogonal era tersa, penetrante y de una textura esponjosa como una sábana de algodón. Aquel velo oscuro resaltaba aún más la piedra blanca y, por defecto, el color tostado de su piel.
Cuando por fin recuperó el conocimiento sus ojos se abrieron mareados, con una gran incerteza que embellecía sus verdes colores. Empezó a sentir la angustia del cuerpo joven que se sabe prisionero. Forcejeó un buen rato contra las correas lleno de rabia. Se inflaron sus pulmones para dar energía a los brazos y tiró con fuerza una y otra y otra vez tratando de romper aquel cuero sublime. Después de más de una hora de intensa lucha su cuerpo quedó inmóvil. Se abandonó a la desesperación inflamando su rostro con el vergonzante color de la derrota. Triste como un niño rompió en sollozos y, por primera vez desde que despertó, gritó para pedir ayuda, sin recibir respuesta.
Como si unos ojos obscenos lo mirasen desde fuera, a su piel la recorrió un escalofrío. Tenía hambre, le dolía las muñecas y los tobillos. Aquellas correas le habían lastimado, como fauces deseosas de probar su sangre con cada nuevo bocado. En la piel sentía cada vez un mayor escozor. Miró hacía su muñeca izquierda, la que estaba peor de todas. Se había sajado, aunque no podía ver la herida, pero su correa ya no conservaba la blancura original; ahora estaba cubierta con esa mezcla rojiza de piel y sangre que impregna las vendas de los heridos.
Iba a morir en cualquier instante ¿o no? Sintió la opresión de la piedra en su espalda como una cama demasiado dura para ser su lápida. ¿Por qué no habría luz más allá de aquella piedra? Aquella oscuridad era profunda, intensa…
De pronto una barra de metal fría atravesó la piedra clavándose en el cuerpo joven por la espalda y saliendo al otro lado un poco por encima del ombligo, expulsando de su punta chorros de sangre y pedacitos de carne que cayeron sobre la piedra y su propia piel. Sus labios se inflamaron y emitieron el aullido de dolor más profundo y bello que se haya visto. Un segundo antes de expirar, sus ojos contemplaron como la gruesa barra se retorcía en espiral sintiendo su punzada raspante en los intestinos, el hígado y otras partes de su cuerpo que nunca habían conocido el tacto. Y ya muriendo, sintió, debajo de su cintura, el tacto de un líquido espeso y caliente que no era sangre… había eyaculado.

sábado, 19 de marzo de 2011

Poetas de la segunda mitad del S.XX IV: Para que yo me llame Ángel González

La composición número 50 del poemario Áspero Mundo (1956) es a menudo conocida por su primer verso (como tantas otras composiciones sin título), “Para que yo me llame Ángel González”.
Como poeta, Ángel González, tal vez, haya sido una de las últimas aportaciones al canon. Si bien no deja una huella tan profunda como Celaya, Blas de Otero o Gil de Biedma, en la senda literaria de la segunda mitad del pasado siglo, sus doce poemarios marcan en buena medida la transición y evolución de la experiencia. Su ubicación grupal es la Generación de los 50. Aunque siempre tuvo presente el entorno que le rodeaba y se dirigía al mismo, sus poemas no dejan de basarse en una experiencia o sentimiento personal que pretende elevar al colectivo, ya que cualquiera podía sentir la experiencia como propia. Por lo tanto, viendo su obra en conjunto y también este poema, podemos concluir que fue un poeta de la experiencia.
La composición empieza con una frase simple, una subordinada adverbial final, “Para que yo me llame Ángel González” a la que sigue una larga enumeración de oraciones principales que buscan narran las causas de ese fin. Como la mayoría de los poetas del grupo, su atención por la métrica es más bien escasa. Combina desde el verso pentasílabo al endecasílabo, sin mostrar en ningún momento rima alguna.
“El viaje lento y milenario” de la carne del poeta es el fin de la larga senda de la historia humana. Una historia llena de desalientos y dolores que, sin embargo, no ha impedido a los hombres y las mujeres seguir fundiendo sus cuerpos, en una larga cadena de la que él es la última anilla. “La enloquecida/ fuerza del desaliento” es lo único que ha mantenido viva a la especie humana. Al describirse a sí mismo como “podrido” el yo poético intenta mostrar su sentimiento de inferioridad respecto a sus predecesores. Debemos situarnos en el contexto de la poesía de la experiencia y de la Generación de los 50, para entender que en esa época. Todos lo jóvenes con afanes revolucionarios contra la dictadura se sentían a menudo pequeños frente a la generación anterior, los que había combatido en la guerra, y sentían la impotencia de poder llegar nunca a ese nivel.
La exposición del sentimiento de ser el heredero menor de un gran linaje es la idea Ángel González transmite en este poema elevándola a un nivel colectivo, pues era frecuente esta idea en las mentes de la juventud española de la segunda mitad del siglo pasado.

viernes, 18 de marzo de 2011

Poetas españoles de la segunda mitad del S.XX III: En el principio

Blas de Otero nos muestra en El Principio, poema perteneciente al poemario Pido la Paz y la Palabra (1955), la angustia del hombre por expresar el sufrimiento del colectivo nacional.
Blas de Otero fue un poeta ciertamente prolífico que lega a la literatura castellana más de nueve poemarios. Si bien podemos señalar unos inicios de su trabajo antes de la Guerra Civil, es indiscutible que el alumbramiento de su genio se desarrolla en el clima de la postguerra. Hombre de gran conciencia social, reivindicará la existencia del sufrimiento en oposición directa al movimiento garcilacista. Su primer gran poemario, Ángel fieramente humano, es una imagen viva de toda la poesía existencial de los años 40, específicamente de los poetas desarraigados. Me explico, Dámaso Alonso, dividió a los poetas de los años cuarenta que reivindicaban su yo individual en el mundo según los arraigados, aquellos que en el sufrimiento del mundo y el suyo propio veían la voluntad divina y que, aunque tristes, lo aceptaba, y los desarraigados, aquellos que carecían de Dios como ancla para expresar su sufrimiento. Blas de Otero entró en una seria crisis de fe a medida que fue tomando conciencia existencial del horror del mundo, su advenimiento ateísta casi le costó la excomunión, con todo lo que ello implicaba en la España franquista. En los años 50 desarrolló la poesía social, siempre con redecillas existencialistas, reivindicando el sufrimiento colectivo del pueblo español.
Compuesto por tres cuartetos que se mueven entre la métrica heptasilábica y la alejandrina de rima irregular, En el Principio nos exhibe una preocupación formal y retórica que no encontramos en otros contemporáneos como Celaya. Cada cuarteto se puede dividir en dos versos, el primero empieza siempre con una subordinada adverbial condicional, sucediéndole luego la principal casi como una consecuencia y acabando el cuarto verso siempre con la frase “me queda la palabra”.
La palabra como vehículo para la expresión del dolor es muy importante en la obra de Blas de Otero. Su descripción rica en figuras retóricas, llena de comparaciones, imágenes impactantes como “labios desgarrados”, o incluso algún símbolo, la idea del anillo arrojado al agua nos remite al ingrediente del fracaso amoroso. Sin embargo, todos estos elementos que presenta con gran maestría el poema quedan sujetos al ideal de “palabra” como elemento edificador de la conciencia humana.

Poetas de la segunda mitad del S.XX II: La poesía un arma cargada de futuro

La poesía un arma cargada de futuro es un poema de carácter metaliterario perteneciente a la obra de Gabriel Celaya Cantos Íberos (1955).
Como autor Gabriel Celaya ha legado a la poesía española unas Obras Completas de cinco volúmenes. Aunque conoció a Lorca, Alberti y otros miembros de la Generación del 27 en la Academia de Estudiantes de Madrid, su floración y desarrollo poético no permite situarle en absoluto dentro de la misma, ya que éste se da en los años 50. Es dentro de este marco en el que hay que entender al poeta. Como Blas de Otero, Gabriel Celaya recogió en esta década la siembra existencialista que en los años 40 habían hecho autores como Dámaso Alonso, Aleixandre o el propio Blas de Otero, para engendrar la poesía social.
Puede que aún buscando en los valles más sinuosos de nuestro canon literario nos fuese imposible hallar un poema más representativo de la lírica social de los años 50 1ue La poesía un arma cargada de futuro. Este poema, que alterna versos heptasílabos y alejandrinos en estrofas de cuatro, sin seguir ninguna combinación en particular y con una rima igualmente irregular y siempre asonante, reivindica la poesía en una década tan dura como elemento de cohesión así como “herramienta” constructiva. El carácter metaliterario reside pues en el punto en que describe las pautas de los poemas que va a desarrollar.
Celaya “maldice la poesía concebida como un lujo” porque la ve como un instrumento al servicio de las clases más humildes, “poesía para el pobre” dice textualmente. Se aleja además de la idea de perfección “No es un fruto perfecto”, ya que considera que la necesidad comunicativa del mensaje social que debe contener es tan urgente que no debe reparar en exceso en las consideraciones formales.
La descripción social y “un arma” que con sus balas “de futuro” puede apuntar al pecho de cualquiera, inmortalizar la opresión sufrida y reclamar la libertad hace tiempo negada.

Poetas de la segunda mitad del S.XX español I: Explicación

Queridos compañeros de blog. Resulta que voy  a dedicar un par de entradas a hablar de los poetas de la segunda mitad del S.XX en el canón español por una razón altruista. Resulta que nos entra en la selectividad y a falta de tiempo para prepararlos en el curso pasado he pensado en escribir aquí una entrada del poema que nos atañe de los autores de este grupo, siempre que mis conocimientos sobre el mismo (y dicho sea de paso mi aprecio) estén a la altura. Luego, con el visto bueno del profesor de turno, las entradas se pueden enviar al mudel de la escuela i hacerlo, al fin, útil para algo. [Bromeo, todos sabemos lo útil que es la informática.]
Os explico esto porque, tal vez os sorprenda que de pronto empiece a hacer comentarios de textos muy concisos sobre un poeta y de un poema en concreto. No son entradas a las que debáis prestar mucha atención, tan pronto como las despache seguiré con mis artículos habituales que tengo tres proyectos en mente que seguro que os gustan.

martes, 15 de marzo de 2011

¿Masa o turba?

Hoy mi profesor de filosofía ha tenido la amabilidad de concederme algunos minutos de su tiempo, sin que yo se los hubiese pedido. Hemos estado hablando alrededor de cinco minutos entorno a Erich Froom, la obra del cual, El miedo a la libertad, nos ha llevado a hablar de la psicología de las masas. Entonces él me ha dicho algo que me ha sorprendido, lo confieso, especialmente viniendo de un hombre tan cabal: “Eduard, a mí el concepto de masa me aterra”.
Como yo, mi profesor opina que los procesos revolucionarios nunca son orquestados por las grandes ideas, sino por el furor de la masa, sin embargo él encuentra en este punto un facto negativo que yo no acierto a hallar. Si obviamos cuestiones relativas a lo políticamente correctos y, ya de paso, al clasismo intelectual encontramos un dato evidente: en toda época han existido individuos con ideas muy avanzadas a su tiempo que se escapaban a la media. Así pues, en el S.V aNE. Platón declaró, en La República, que una mujer debía ser educada en los mismos preceptos que el varón, incluyendo las disciplinas en los campos de la gimnasia y el militar. Esta idea, es hoy día revolucionario en países tan modernos como Australia, donde la mujer, aunque puede acceder al ejército, tiene prohibido entrar en combate. La declaración de que el hombre es libre, hecha por Kant contra el esclavismo, es aún hoy día un misterio para muchos desafortunados y aún lo fue más en su época, cuando el tráfico de esclavos negros estaba a la orden del día. Podría seguir hablando de la división de poderes de Rosseau y otros tantos conceptos ideológicos cuya perfección es distante hasta para nuestros tiempos. Estos hombres tan avanzados –y tan deficientes en algunos aspectos, todos sea dicho- sobresalen de forma invariable cuando estudiamos su período histórico por contraste con lo que se define como “la masa”.
Ciertamente, la masa es un elemento complejo y simple al mismo tiempo. En ocasiones su complejidad radica en su sorprendente simplicidad, pues no es razonable ver como actúa siempre tallada por los mismos patrones. Aunque la banalidad de sus aspiraciones pueda parecer desconcertante para algunos que somos “cabezas pensantes”, la masa, en sí, no actúa movida por deseos turbios, ni vengativos, simplemente la mueve la necesidad. Se dice que en 1789 las masas asaltaron los almacenes de provisiones del ejército en París, pero que de no ser por las instigaciones de la burguesía, jamás habría asaltado Versalles para traer el monarca y su familia a la capital.
La masa por lo tanto no es la turba. El grito infame de millones de personas clamando ideales de odio, venganza, o violencia no reside en el sentir general de los pueblos de todas las épocas. Estos buscan contentarse con la satisfacción de sus necesidades en una búsqueda inconsciente de la felicidad. Su falta de preparación ha hecho en muchos casos que, en situaciones críticas, se hayan dejado arrastrar por aquellos más reaccionarios que manipulando sus miedos pretendían hacer calar en ella los ideales del odio más puro, para convertirla en al turba más peligrosa. El que esto se haya conseguido repetidas veces a lo largo de la historia no debe enturbiar a los ojos eruditos la bondad eminente de la masa, instrumento imprescindible para la existencia de la sociedad y, por qué no de decirlo, de la cultura.
Aconsejo a todos los que menosprecien al pueblo llano (entonces a mí mismo el primero) por su falta de vocación intelectual que recuerden los fracasos frustrados de gobiernos filosóficos y del despotismo ilustrado. Tal vez las masas quieran sentirse protegidas, pero no quieren paternalismos. De hecho, la transformación de la masa en turba muchas veces se debe a la nulidad de los filósofos por contactar con ellas; francamente, entre uno que llega, te da un golpecito en la frente y te dice “Pobre infeliz, no tienes ni idea de lo que en verdad te conviene”, y otro que llega, te saluda con un golpe en el hombro y exclama “Siéntete orgulloso de tu raza aunque para ello tengas que menospreciar a los demás" ¿con quién os quedarías?
Por último, no debemos olvidar que la tiranía intelectual, de llevarse a cabo conduciría a horrores no menores que el fascismo, y, como él, haría ir a la gente uniformada por las calles. Lamento confesaros que a mis diecisiete años soy un descreído en lo que a la posibilidad de insuflar ideales a la masa se refiere, pero ni por un instante dudo de su nobleza de bon sauvage.

lunes, 14 de marzo de 2011

Ego Revoco

Si como dijo Jorge Guillén “el mundo está bien hecho”, no tiene sentido alguno ponernos a plantear en él un cambio. Si también tuvo razón Aleixandre, cuando proclamó “el mundo está sin límites”, es absurdo pensar en ponerle cercas, en limitarlo o hacer con él conjugaciones matemáticas.
He releído mi entrada de ayer, y, aunque no pretendo hacer una apología de mis palabras, sí me gustaría precisar algunas ideas, ahora que el furor iracundo ya no asedia mi alma, porque considero que de no hacerlo, algunas de las cosas leídas pueden llevar a la falsa creencia de que tengo una opinión equivocada del género humano.
Es un deber para con nuestra salud enfadarnos de vez en cuando, más que nada para que la rabia no afecte a nuestros hematocritos de una forma nociva, pero, después de que a la tempestad le suceda la calma, tenemos el deber moral para con el pensamiento de meditar si cuanto hemos dicho o simplemente pensada era correcto, y, de ser así, si estaba bien dicho.
Ayer me excedí con mis palabras, haciendo que en algunos casos pareciese que menospreciaba las motivaciones de mis compañeros. Actuar de tal modo, implicaría asumir que mi inteligencia así como los gustos que de ella derivan es mejor que los del resto. Esta idea resulta tan absurda que, cuando escribí el artículo ayer, no pensé ni por un momento que podía acabar transmitiendo esta impresión. De las ocho grandes inteligencias que puede tener el género humano, la mía sólo alcanza la lingüística, la interpersonal y en cierto modo la musical, como derivada colateral de un cierto gusto artístico, sin acabar de asumirla plenamente ni mucho menos. Soy nulo en la inteligencia espacial, la lógico-matemática, la naturalista y más particularmente la interpersonal. Esto no me hace ni mejor ni peor, me forja con un determinado cuño y a una temperatura determinada. Mi gusto por la soledad y mi fácil desenvolvimiento en los campos de la literatura no son menos válidos que el gusto por las grandes fiestas o el deporte físico, ya que los míos quedan condicionados por las inteligencias en las que mejor me desenvuelvo sumadas al hecho de una latente hipersensibilidad. Lo que critiqué con tanto ahínco no es el hecho de que mis compañeros tengan unos gustos distintos a los míos, sino que en algunos momentos en el tránsito de mi vida escolar se me haya pedido que renunciase a mis formas de vida para adoptar las más convencionales. Si bien estos procedimientos no se hicieron con mala intención, durante algunos años me han ocasionado problemas de inseguridad y falta de definición.
Muchas veces, contemplando a la gran masa convencional, pienso que es imposible que tengan todos los mismos intereses y gustos. En ocasiones, tal vez con cierta soberbia, me permito pensar que, especialmente en la adolescencia y la juventud, muchas personas sacrifican buena parte de su ego para evitar la soledad y la angustia existencial que de ella se deriva, sin darse cuenta de lo castrador que es eso para su proceso de definición como individuos en la sociedad. Es muy probable que muchos penséis, legítimamente dicho sea de paso, que me equivoco, por mi parte, creo que, si no toda, buena parte de razón tengo.
En cualquier caso, a donde quería ir desde el principio, es a la idea de que es absurdo para un ser humano considerarse superior o inferior a otro, y desventurado aquel que no lo sienta así. Espero sufragar todos los errores de la entrada anterior, enmendando unas palabras torpes con otras mejores. Si bien, lejos de retirarlas mantengo muchas de las críticas que hice contra el sistema educativo, pienso que debo dejar claro que no pretendía atacar al material humano que lo compone. También confío en que se entienda que ser el mirlo blanco de la bandada no siempre es una coyuntura fácil de llevar y a veces te sobrecargas.
Me despido, como suelen hacerlo los niños de pocos años después de disculparse ante los mayores por una pataleta, con la cabeza gacha y yendo camino de mi cuarto so promesa de pensar en lo que he hecho, aunque, como vosotros bien sabéis, ya he pensado…

domingo, 13 de marzo de 2011

Como un crío de cinco años

En cuatro años desde el departamento d’Educació de la Genialidad de Catalunya un conseller puede hacer un gran número de burradas. Aquellos que no vivís, ya sea como estudiantes o profesores, en el sistema educativo, os petrificaríais sólo de ver cuantas programaciones hay que rehacer cada vez que cambia el gobierno, el conseller, o, simplemente, cuando a este se le cruza un poco el cable y la corriente negativa mueve los electrones de su mente hasta el polo opuesto.
Todo esto se ha traducido en una degradación indigna de las aulas así como del resto del sistema educativo. Desde que empecé la ESO he visto como todos aquellos valores que se nos enseñaban en primaria se iban desmontando. Pero el desmoronamiento moral y el abandono de la cultura del esfuerzo no se hacen abiertamente, para más perlas suele ocultarse tras un velo de hipocresía que permite rellenar bien las estadísticas y aprobar a alumnado. ¿Todos contentos? Bueno, a mí más de una vez se me ha quedado cara de imbécil, después de vivir ciertas experiencias.
Por lo general, según las normas y valores que mi familia me ha inculcado, nunca he renunciado a mi esfuerzo personal, aunque a veces la tentación haya sido prácticamente irresistible. Sin embargo, a veces me he desesperado al ver el aspecto pedagógico de la educación. El progresismo banal que se traduce en un compañerismo ficticio ha sido el gran obstáculo de mi vida académica que nunca he podido superar. A mi entender, los estudios son como un trabajo, es decir que uno esta allí para atender a un deber no para incurrir en el amiguismo de aquellos con los que comparte aula. La pedagogía siempre se ha empeñado en llevarme la contraria.
Nunca me ha gustado presumir de inteligencia, no creo que exista un único modelo de persona inteligente, ni un único campo donde ésta pueda explayarse. Sí que me he considerado, por el contrario, una persona intelectual, con unos intereses claramente culturales. He tratado de hacer convivir mis inquietudes con las de las personas de mi edad las cuales no se parecen en nada a las mías. Nunca me ha angustiado la soledad, en verdad, la considero uno de los grandes lujos del ser humano. Por ello no me ha resultado difícil vivir aparentemente aparte del ambiente escolar, desarrollando mi personalidad, gusto y mi convivencia fuera con aquellas personas que yo eligiese. El sistema se ha encabezonado en ponérmelo muy difícil, porque desde que empecé la ESO la mal llamada “cohesión intergrupal” no ha dejado de joderme de mala manera, poniendo en duda mi capacidad de adaptación social. Confieso que en los primeros años de mi adolescencias, los desvelos enfermizos de mi madre y la opinión de los pedagogos me hacía dudar de mí mismo, sin embargo, ahora la escena ha cambiado; he reafirmado mis opiniones asumiendo que en su celo mi madre sólo quería verme feliz y que esa panda de idiotas que se creen peritos en el comportamiento humano no podían asumir que un punto se les escapase de la gráfica.
En esta entrada hay una cierta rabia y quiero pediros perdón por ella, habida cuenta de que la rabia no es sana ya que disipa la objetividad de nuestras ideas. A pesar de todo, la rabia, como el resto de emociones nos hace también humanos y ahora soy incapaz de escribir sin algo de rabia dentro de mi tinta porque estoy enfadado.
Mi enfado no obedece a un hecho puntual, sino a una situación progresiva que a lo largo de los años me ha hecho cargar con un peso que, aunque puedo, no quiero soportar. La convivencias con la gente de mi edad en un aula, es un infierno. Particularmente en mi promoción es muy difícil el día a día, porque nos separa un verdadero abismo. Nunca me ha gustado quejarme, aunque inevitablemente esto es una queja, pero, en cualquier caso lo cierto es que, después de haber vivido una semana por mi cuenta, haber hecho un viaje solo huyendo de los convencionalismos sociales y abriéndome a nuevas experiencias, se me hace extremadamente duro volver a clase.
Hoy lo pensaba “Eduard, casi pareces un niño de cinco años”. Lo parezco más aún que cuando fui un niño de esa edad, por primera vez siento una urgente necesidad de tirarme al suelo y sin ningún dramatismo dejar ir mi pataleta clamando que no quiero ir al cole.
Me dicen, para animarme, que sólo queda un par de meses y aún con eso me parece un tiempo eterno… No sé muy bien con qué palabras continuar, tal vez las encuentre en otro momento y pueda darle un mejor acabado a este artículo. De momento, me centro en responderme a la pregunta de si, a estas alturas, después de haber superado con relativa impasibilidad momentos francamente amargos, soy un niño caprichoso, un niño que necesita cambiar la realidad a su gusto y que al no conseguirlo se desespera con facilidad…

jueves, 10 de marzo de 2011

El laberinto de la cultura

Resulta queridos compañeros de blog que ayer visité las Glarerías Thyssen. Bueno, no sé como decíroslo. A ver... ¿las habéis visitado en alguna ocasión? Los que hayáis respondido afirmativamente sabréis que la visita empeiza en la planta de arriba y a partir de ahí sólo hay que seguir un camino muy simple y bien indicado para ver primero la exposición permanente que acaba en la parte de abajo. El único elemento distorsionador, para el visitante corriente, es a lo sumo la colección privada de la baronesa que ofrece el mismo recorrido que la permanente, aunque a menor escala y siendo exactos deberíamos verla a parte. Pues  bien, yo no sé cómo lo hice, pero santo Dios vi la exposición de todas las formas posibles menos de la correcta. Empecé por la planta central en lugar de por la superior. En mis intentos de orientarme, no hacía sino desordenar más el curso norma de los movimientos. Finalmente, cuando ya me digeron que para colma había empezado por la planta que no era me di por vencido y me limité a gozar del arte. Cosa que, dicho sea de paso, hice hasta un extremo "sibarítico" como diría Salvador Dalí.
Por la noche, mientras redactaba las notas de mi dietario delante de un codillo madrileño no podía evitar sentirme humillado por haber hecho tan mal el recorrido. Por eso esta mañana decidí compensarme.
Cuando fracasamos en algo fácil debemos triunfar en algo más difícil para demostrarnos que nuestro fracaso es irrelevante. Así que esta mañana visité El Prado en el orden que establecen las salas. Como sabréis los que lo habéis visitado, ese museo es la afuncionalidad personificada en lo que a su recorrido se refiere. Pero hoy, yo, lo he vencido recorriendo cada sala en el orden establecido. Al salir, crucé el centro de la ciudad a pies y fui a comerme los mejores huevos rotos de la capital en la calle Almendro, para celebrar mi triunfo.
Venga os dejo con un laberinto de verdad, a ver si lo resolvéis.

martes, 8 de marzo de 2011

Neo Pixel Novecentismo

Estimados camaradas blogeros. A las 17:15 h. del 8 del corriente las vanguardias del Pixel se lanzaron contra mi sus vanguardias militares. El blitzpixelkreig me ha sometido a una carga insoportable que no he podido resistir. Os animo a todos a continuar con la resistencia, convencido como estoy de que estos extraños entes de la informática, como unos hunos digitales, vienen a saquear y no a quedarse.

domingo, 6 de marzo de 2011

Meditación transitoria a raíz de un concierto de rock

Recuerdo una ocasión en que le pregunté a una amiga mía si le gusta la música clásica, obviamente, pretendía invitarla a un concierto, si la respuesta era afirmativa. “No, espero no parecerte inculta por ello” me respondió. La respuesta me dejó tocado “Nunca se me ocurriría juzgar a alguien como inculto en base a su gusto musical” le respondí al instante. Es absurdo adjudicar a la música clásica una etiqueta de “cultural” y a la que deriva del movimiento “pop” la de música para chabacanos. Y, aunque mis preferencias se han derivado siempre hacía la música que tiene el polvo del tiempo decorando sus notas, jamás he negado que pueda haber belleza artística en los otros géneros.
Hace dos días conocí a una chica polifacética y bastante fascinante en muchos aspectos. Entre otras cosas es cantante y compositora de rock. Bueno, el caso es que me invitó a ir ayer a un concierto de su grupo y ya que siempre he abogado por la obertura del gusto acepté sin apenas vacilar. No me arrepiento de la experiencia. Os pasaría algunas de las letras, pero creo que no me compete hacerlo en este espacio y menos sin permiso. Sí que os digo que tienen la esencia de una gran vitalidad. Vitalidad que, por cierto, no pude captar por completo durante el concierto, ya que la guitarra, el bajo y la batería me generaron alguna interferencia. Tuve que leer las letras después, dicho sea de paso inmediatamente después de llegar a casa por muy tarde que fuera, como un fan devoto. Al final, esto de ir a un concierto de rock se parece más al Auditori que otra cosa. Cuando escuchas música clásica con canto, u ópera directamente, tienes que leer la traducción de la letra por tu cuenta en el libreto para entender su significado y limitarte a gozar de la música en el directo, a menos que sepas idiomas, claro.
De todos modos estas carencias fueron suplidas por la cantante con la expresividad de su voz y de su gestualización. La puesta en escena también supero todas las expectativas A veces lamento ser tan técnico. Ayer por la noche sólo pensaba en el aspecto formal del género musical en el que me estaba introduciendo y creo que desperdicié una buena ocasión de sentir la rebeldía social y moral del rock en mi espíritu.
La noche estuvo muy bien. El ambiente era muy femenino, hecho que da confianza a un carácter dubitativo como el mío para abrirse a nuevas experiencias, además de eminentemente lésbico. Por encima de estas dos circunstancias quisiera resaltar lo acogedor del sitio, y lo bien que mi “anfitriona” y sus amigas se portaron conmigo. Llegué vestido con mi ropa habitual, sin preocuparme demasiado las impresiones. Tampoco me apetecía empezar a cuestionarme cómo debía vestirme para la ocasión, a fin de cuentas había llevado ropas mejores en locales mucho peores. Durante el concierto, observé como la rabia omnipresente el las letras se traducía en el público en muestras de afecto y miradas de ternura como aquellas que se asocian normalmente a la poesía intimista. Supongo que eso se debe a quedo rabia lleva consigo una buena dosis de la melancolía…
No descarto volver a ir a un concierto de este grupo, siempre que vuelvan a invitarme. Lo que voy a intentar es ir con algo de bagaje musical del género la próxima vez, para además de disfrutar poder comparar.

sábado, 5 de marzo de 2011

El Pixel no avisará

Queridos camaradas blogeros, compatriotas todos. Tal como nos adviertió Leblansky el nefasto mundo del pixel está amenzadno toda nuestra sociedad de blogs. Nuestro microcosmos de pasatiempos se está viendo agredido por una fuerza extraña cuyo peso tal vez no podamos soportar. Sin embargo, aunque nos adviertan de que Herr Pixel tiene un plan para invadir nuestras islas digitales, no flaquearemos ni nos rediremos. Lucharemos sobre el teclado y la pantalla para defendernos cueste lo que cueste. Tal vez venan días de difícil lectura de y defícil visión de imágenes. Si resistimos juntos podemos salvarnos de esta plaga de tiranía y continuar en un par de semanas con nuestra actividad blogera como sin nada hubiese pasado.

Pero debe quedarnos a todos claro: el pixel no avisará antes de atacar. Que el fatum nos protega de este nuevo puntillismo digital. Suerte a todos en la lucha.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Una gaceta de José María Quiroga Pla

Debe ser complicado hace un disertación acerca de la obra de Quiroga Plá, si un gran profesor de literatura castellana de quien tengo el gusto de ser alumno no ha completado aún su tesis doctoral sobre el mismo. En consecuencia, sería para mí una labor estéril intentar triunfar donde otro mejor que o ha fracasado. No quiero explicaros a Quiroga Plá, sólo aproximaros su imagen.
Probablemente el nombre no os suene mucho, pues, como Max Aub y otros tantos poetas del exilio, nos parece una figura lejana y difusa. Haríamos bien en recordar, cuando hacemos antologías de la poesía española posteriores a la Generación del 27, que nuestra lengua tuvo dos vertientes literarias, una dentro y otra fuera del país del año 40 al 75. Olvidar que la literatura del exilio experimentó el mismo vigor con más libertad (aunque con menos posibilidades de promoción) es un crimen que, a menudo, cometemos los lectores impíos.
José María Quiroga Plá, nació en Madrid en 1902 y murió en ginebra en 1955. En su breve vida publicó una obra extensa, Posiblemente, daría para doce buenos volúmenes de obras completas. No podemos afirmar, por lo tanto, que no escribiese, pero la mayor parte de su trabajo se compone de artículos periodísticos que suele tener, vistos en su conjunto, un carácter desordenado así como una excesiva enmarcación en su momento cronológico. No sería, pues, un plato de digestión fácil para el ojo del lector moderno.
Sus poemas son también muy dispersos. En parte porque no es tan bueno como Salinas, Machado, Aleixandre, Lorca, Hernández u otros poetas contemporáneos, sin embargo tampoco podemos obviar el hecho de que no supo promocionarse. Su matrimonio con Salomé Unamuno, de quien enviudó en el año 1933, le podría haber abierto muchas puertas editoriales de la mano de su suegro, pero rechazó cualquier tipo de ayuda “amiguista”. Quiroga Pla supera con creces a un Gerardo Diego, a un Altoaguirre y ya no digamos a un Panero, es decir, que no puede atribuirse su ausencia en el canon a la calidad de su obra. En verdad, la única razón por la que se le excluyó de la Antología de la Generación del 27 preparada por Gerardo Diego fue que no tenía publicado ningún poemario a título individual. Esto hace que se separe su nombre del grupo al que pertenecería por vía generacional, para unirlo a la poesía del exilio.
Aquejado de problemas de diabetes. Quieroga Pla dejó España en el año 39 poco después de la caída de Barcelona. Se dice que participó en la resistencia francesa y en el intento de ocupar el Valle de Arán. Sin poder desacreditar con seguridad estas afirmaciones, cuesta imaginar a un poeta hiperglucémico, con problemas de movilidad en las extremidades inferiores y medio ciego por la diabetes tomando parte activa en estos acontecimientos. Su participación, muy probablemente, se ciñó al campo intelectual. En el exilio, publicó dos poemarios, Morir al día (1945) y La realidad reflejada (1955) –con carácter casi póstumo-. Siendo de mejor calidad el segundo, me veo obligado a esbozaros el primero al ser el que he leído.
Morir al día fue escrito entre 1938 y 1945, el periodo bélico más largo experimentado en el continente europeo. Se divide en cuatro partes: ¡Ay, mis amores!, Despedidas y ausencias, Refugiado en París y Oyendo crecer la hierba; partes a las que hay que sumar la Dedicatoria final a su hijo Miguel. Un hecho bastante atípico, ya que los poemas de dedicatoria suelen situarse al principio de una obra.
Todas las composiciones son sonetos. En algunos casos altera un poco la estructura cambiando los cuartetos por serventesios, haciendo sonetillos, o usando versos alejandrinos, incluso tiene un soneto shakesperiano. En su conjunto, no podemos hablar de una estructura sustancialmente propia. Esta escasa innovación formal puede llevarnos al precipitado juicio de pensar que da un paso atrás respecto a la “inventio” formalista del 27, pero lejos de eso la forma inmortal del soneto queda a la disposición de los sentimientos del artistas, Que algo ya esté hecho no impide que siempre pueda hacerse mejor. Por ello, a pesar de que todos los contemporáneos valoramos el arte en función de su capacidad de innovación, por una vez, deberíamos desprendernos de este principio para gozar de Morir al día.
Los sonetos se escribieron todos juntos, dividiéndose con posterioridad según se temática para la edición. Son bastantes cojos los que conforman ¡Ay, mis amores! un tanto tópicos y poco imaginativos. También son flojos los poemas de Refugiado en París, en especial por el contraste con Despedidas y ausencias. Es en la segunda parte del poemario donde Quiroga Pla alcanza la máxima expresividad, recordando la España añorada. Sus poemas se dirigen tanto a familiares fallecidos como de los que se ha visto separados. Su tristeza visceral se ve agravada por el contraste con la belleza del país que recuerda. Ningún poeta nacional (excepción hecha de los garcilasistas) hubiese hecho en esta época una identificación de España con algo dulce. Sólo los poetas en el exilio que no han presenciado el horror de la posguerra pueden conservar esta imagen del país.
El lector espera que Refugiado en París continúe en la misma línea estableciendo un paralelismo paradójico describiendo el París grisáceo de la ocupación alemana. Lejos de una descripción llena de vida, los sonetos escritos a principios de los cuarte en la capital francesa, hablando de la propia capital francesa, son ambiguos y pierden la mayor parte de su carga emocional.
Oyendo crecer la hierba recupera el tono melancólico de Despedidas y ausencias al evocar el recuerdo de algunos de sus familiares, de su mujer, de su hijo –a quien no ve hace años-, de su cuñado, don Miguel Unamuno, y también de Antonio Machado. Sorprendentemente, su íntimo amigo Salinas (quien colaboró con él en algunos proyectos editoriales, entre otros la traducción de El tiempo perdido de Proust) no aparece en ningún soneto. Aunque esto no es explicable, el “trato de favor” a Machado se deba probablemente a la reivindicación simbólica del poeta sevillano, más que a una cuestión de afecto personal.
No es una mala lectura. Os la dejo recomendada, aunque vais a tenerlo difícil para encontrarla si no la encargáis por Internet. Lo que quiero aprovechar es para animar al señor G. para que retome su tesis después de tantos años y se envista doctor.