viernes, 29 de abril de 2011

Realtos de Tolstoi II: El Pare Segi

3 de Agosto de 1898. Ayer y anteayer me dediqué incasablemente a copiar el relato de L. N. El padre Sergio, una obra de arte de estilo elevado, excelentemente concebida aunque aún inacabada. Toma de las Vidas de los santos la historia del santo que buscaba a Dios y lo encontró en la mujer más modesta y común, sacrificada enteramente a una vida de trabajo y penalidades. En su relato, el padre Sergio, un monje orgulloso que ha pasado por toda clase de vicisitudes, encuentra a Dios en Páshenka, una mujer mayor, a la que conoce desde la niñez y que en su vejez lleva una vida de trabajo dedicada a su familia.
Hay cierta afectación en el cuento, no obstante: ese final en Siberia. Ojalá no lo deje tal cual, porque realmente está muy bien ideado y construido.

Con esta entrada en su diario personal describe Sofía Tolstoia el relato de El Padre Sergio escrito entre 1890-1898. Teniendo en cuanta que no llega a las ochenta cuartillas y que su autor es ni más ni menos que Lev Tolstoi, alguno puede parecer sorprendido de ver que su redacción se dilató tanto en el tiempo. Sin embargo, no siempre es fácil escribir un relato breve, porque la concisión del mensaje no da pie a tantas paradas, rodeos o incluso momentos de calma como puede conferir al escritor la novela larga. Tolstoi, además, era una perfeccionista nata, un hombre que vivía asediado por definir la perfección de su mensaje, especialmente en esta etapa cuando sus tendencias religiosas, a las que ya aludimos en la entrada anterior, le llevaron a priorizar el mensaje moral, mucho más complejo de definir y expresar, sobre las cuestiones estrictamente literarias.
El argumento es bastante simple. Stepan Kassatski es un joven oficial que viene de una familia acomodada con visión de llegara  ser ayudante de campo del zar. Para tener más cerca la gloria, está a punto de casarse con una mujer noble lo que le permitiría acceder a la corte imperial de San Petesburgo. Pero antes de casarse, Mary le confiesa que ha sido amante del zar Nicolás I, cuando éste aún no era coronado. El hecho parecía ser un secreto a voces por todo San Petesburgo. Humillado y con algunos de sus principios morales sobre el zar fragmentados, Stepan entra en una crisis de fe y se retira a vivir a un monasterio, donde, tras luego de recibir la tousura, se le vuelve a bautizar con el nombre de Sergio.
Su nueva vida en el monasterio no cumple tampoco sus expectativas. Por un lado están las decepciones externas, es decir las actitudes de otros monjes que se alejan de la piedad y el verdadero fervor cristiano, pero, además, también están sus propios pecados, especialmente los que atañen a su orgullo. De nuevo en crisis, pide permiso para retirarse a la vida de anacoreta. Así el padre Sergio irá a vivir solo.
Una noche, como parte de una apuesta, una joven se presenta en plena nevada en su ermita con el fin de tentarlo. Todos sabemos que los eremitas rusos son más devotos que los catalanes, de modo que, a diferencia de fray Gary, el padre Sergio decide cortarse un dedo para no caer en la tentación ni perder su pureza. La joven decide hacerse monja arrepentida de sus actos y a partir de ahí la fama de nuestro anacoreta va en aumento. De pronto empieza a sanar a enfermos milagrosamente y se convierte en santo.
Años más tarde, caerá en la tentación, cuando le traen a una atractiva joven, María, a quien debía sanar de su miedo a la luz del sol (¡porque los fotosensibles somos siempre imágenes de lo diabólico!).
El pobre hombre piensa en lanzarse en el río para ahogarse o colgarse con su propio cinturón. Un oportuno y pesado sueño le obliga a posponer su suicidio y se queda dormido al pie de un árbol. Sueña con Pashénka, una prima lejana, que no ve desde la infancia y que jugaba con él y otros chicos siendo el blanco de sus burlas. El ángel le dice que vaya a buscar a Pashénka y, con el espíritu servil a Dios que caracteriza a los devotos que han pecado, se decide a recorrer un viaje de muchas verstas.
Tal como le dijo el ángel, la salvación estaba en Pashénka. Ella era una mujer sencilla que se acercaba a Dios a través de los hombres, no a los hombres a través de Dios: esa es la verdadera base de la fe cristiana, la voluntad de servir y hacer el bien a nuestros semejantes. Pashénka no va a misa cada domingo, no recita siempre sus oraciones, sin embargo está más cerca de la salvación que Sergio, reconocido como santo por la mayoría de los rusos. A partir de aquí el padre Sergio hace su última conversión vital y se marcha a enseñar por Siberia, siendo muchas veces represaliado por ella. Ignoro que final hubiese preferido Sofía Tolstoia, pero éste tampoco está mal.
Este cuento lo tradujo Xènia Dyakonova al catalán el pasado año para la editorial casera Debaix. La señorita Dyakonova es una buena amiga de la cultura catalana, además de una poetisa brillante en la lengua rusa (por desgracia para nosotros su poesía no está traducida al castellano o al catalán). Es para mí un placer dedicarle esta entrada en el blog, junto con la anterior donde esbozaba una idea general de los relatos de Tolsoi. Me atrevo a decir que es un privilegio, porque, mientras la mayoría de los críticos literarios –que ya no merecen llevar semejante adjetivo- hacen largos artículos sobre los últimos best Sellers que batirán hoy éxitos de ventas y se olvidarán así que pasen cinco años, yo, con una formación mucho más humilde y desde un espacio mucho menos vistoso, puedo recomendar un libro de gran trascendencia literaria cuya última y brillante traducción desde la lengua eslava sólo ha sido posible gracias a las intenciones altruistas de esta mujer. De todo corazón, leedlo y recomendarlo, porque este cuento que a menudo se considera un género menor nos confiere una visión panorámica de la filosofía de Tolstoi, en algunos aspectos, más concreta que sus novelas largas.

martes, 26 de abril de 2011

Los Relatos de Lev Tolstoi

Sería absurdo pretender que separemos el nombre de Tolstoi de las obras Guerra y Paz (1869) y Ana Karenina (1877). La implicación emotiva del autor en estos dos grandes logros de la literatura es, con mucha probabilidad, la clave de su consagración como titán de la cultura universal. Pero sería un error aún mayor querer ver a este autor sólo en sus dos obras claves y olvidarnos del resto de su labor literaria.
A Tolstoi (1828-1910) se le suele dividir en dos períodos. Se entiende un primer Tolstoi orientado hacia la literatura que se desarrolla desde 1852 con la publicación de Infancia hasta 1877 cuando acabó de publicarse Ana Karenina. El segundo Tolstoi suele definirse como “el Tolstoi místico”, otros hablan de “el Tolstoi teológico” e incluso se le llega a definir con la palabra de “filosofo”. Se fija el nacimiento de este segundo Tolstoi con la escritura de su obra de reflexión metafísica titulada La Confesión en 1882 y no se le concluye hasta la fecha de su muerte.
Evidentemente, existen rasgos diferenciales entre el estilo tolstoiano que va de 1852 a 1877 con el que le sigue posteriormente. El denominado “primer Tolstoi” aproxima su obra a un carácter más literario, recurriendo al estilo novelístico. El Tolstoi místico sólo escribirá una gran novela comparable –en lo que a extensión se refiere- con las obras del primer período, La Resurrección (1899), sintiendo más preferencia por el relato, la fábula, el apólogo o incluso los tratados puramente filosóficos como la ya mencionada La Confesión (1882), Iglesia y estado (1891) o El reino de Dios está en vosotros (1894).

No obstante, yo soy de la opinión que es absurdo intentar seccionar a Tolstoi. Dos son las cuestiones prácticas que deberían alejarnos de tal acto: primero el hecho de que un Tolstoi fragmentado lejos de ayudarnos a clasificarlo nos lo vuelve más confuso, desde el punto de vista estructuralista; segundo que no tiente ningún sentido admirar a un titán como Tolstoi si vamos a desmembrarlo para reducirlo al tamaño de un enano. Desde que Tolstoi empieza a escribir usando la novela autobiográfica emplea patrones que se mantendrán inamovibles hasta el fin de sus días en la estación de Astápovo cuando realiza las últimas anotaciones en su Diario. El protagonista de Infancia, adolescencia y juventud ya muestra una gran preocupación por los asuntos religiosos y morales. Intentar separar esta preocupación del Tolstoi que después escribirá en Guerra y Paz que el destino de los hombres queda regido por una fuerza superior a los reyes o los emperadores, a la que aún se atreve a llamar Dios, es absurdo. En esta línea, es secuencial que el autor evolucione y empiece a preocuparse por cuestiones religiosas hasta un extremo hereje que le cuesten la excomunión en 1899 y, con anterioridad, alguna amenaza de muerte.
Tampoco es posible separar las reflexiones filosóficas de Guerra y paz de sus futuras meditaciones sobre la justicia y la realidad de las iglesias en el libro Iglesia y estado (1891). Recordemos que Pierre, el conde Bezujov, se halla tan perdido como el propio autor en ese sentido y que, tras probar las fiestas y las borracheras, acabará recurriendo a la masonería, secta que tan sólo le concederá paz de espíritu durante un período muy breve, justo antes de descubrir que no es tan pura como aparenta.
Tampoco podemos desmarcar las reflexiones maritales abundantes a lo largo de toda la obra de Ana Karenina de las que aparecen en Sonata a Kreutzer (1889), técnicamente situada dentro de “el segundo Tolstoi”.


Si nos atrevemos a mirar a Tolstoi no podemos hacerlo como un simple novelista que tuvo una floración literaria durante un período de su vida y que luego se dedicó a cavilar sus obsesiones religiosas. Debemos verlo como un todo completo, desde el titán de la narrativa que es en Guerra y Paz hasta el convicto pacifista cuya obra El reino de Dios está en vosotros inspiró en Mahatma Gandhi el concepto de resistencia pasiva.

Hablaré un poco del Tolstoi cuentacuentos. El relato breve lo cultivó Tolstoi desde el momento en que su necesidad por enviar un mensaje al mundo privó sobre sus concepciones estético-literarias. Cuando lo que tenía que decir era más importante que cómo lo decía, Tolstoi abandonó la idea de la gran novela para transmitir una idea concreta a través del relato breve.

Los valores de la pobreza, la austeridad, el compartir lo bienes etcétera, etcétera están implícitos en muchos relatos del autor, por ejemplo Memorias del príncipe Nejliúdov (a quien es difícil de vincular al protagonista de La Resurrección, pese a ser el mismo personaje), Amo y criado o Iliás. Sin embargo, el autor muestra deferencia por hacer reflexiones más trascendentes, tales como quién se encuentra en verdadera posesión de la palabra divina, cuáles son los verdaderos pecados y cuál es la fina línea que separa la virtud de la vanidad. Todos estos rasgos están presentes en multitud de cuentos breves como Albert, Los tres eremitas, La oración, Tres muertes. Los dos hermanos y el oro, Divino y humano o El diablo.
Tampoco podemos despreciar el trabajo de pedagogo Nuevo abecedario (1872-1875) y los Cuatro libros rusos de lectura (1874-5) donde a través de un gran número de fábulas y apólogos exponen conceptos simples referentes a las maneras de conducta de las gentes. Estas dos obras son posiblemente las dos del autor que guarden una finalidad más pedagógica, ya que las usó durante la época en que impartía clases a los hijos de sus campesinos.
El relato de Buda escrito a lo largo de cuatro años (1904-8) sorprende al lector al tiempo por su tema: la biografía del príncipe Sidartta. El modo en que trata a este personaje demuestra hasta que punto consideraba Tolstoi los valores, los buenos valores, de la religión como algo universal, por no mencionar el hecho de cuan amplia era su cultura.

Más concretos y explícitos son los relatos de El lobo y Canciones de la aldea en los cuales Tolstoi expone su mensaje político sin ambages. En el primero, aboga por el vegetarianismo narrando el cuento de un niño al que gustan todos los alimentos hasta que sueña que lo devora un lobo. El segundo, escrito en 1909, un año antes de su fallecimiento, el autor crítica el servicio militar obligatorio, práctica a la que siempre se opuso por considerarla anticristiana, a través de una experiencia más o menos autobiográfica, cuando se vienen a reclutar jóvenes a Yashnai Poliana.

domingo, 24 de abril de 2011

Una constitución poco ilustrada

Existe una frase hecha entre los que participan de las formas políticamente correctas que dice que los ciudadanos nunca se equivocan al votar. Estoy convencido de que en efecto es cierto, sobre todo en Alemania en 1932 y 1933, votaron con igual corrección los partidarios de De Gaulle que consiguieron hundir a la Cuarta República francesa en 1958, también en Francia en 2002 cuando el Frente Nacional pasó a la segunda vuelta y en general todos los movimientos de ultraderecha que asedian de nuevo el mundo occidental. Admitido que los votantes se equivocan, admitamos que los votantes húngaros han cometido un error garrafal al conferir mayoría de dos tercios en las elecciones del pasado año al líder de su derecha, Viktor Orbán, quien actualmente es primer ministro del país y presidente de turno de la Unión Europea

Este señor no pertenece a los grupos de ultraderecha que izan las banderas de las esvástica, de hecho su formación política se encuentra dentro del Partido Popular Europeo, grupo al que pertenecen Berlusconi, Sarkozy, Angela Merkel o Mariano Rajoy. Vaya que no podemos calificarlo en absoluto de individuo de ideología extremista por su etiqueta. Sin embargo ha aprobado una constitución con sus dos tercios de la cámara que le confiere amplios poderes como primer ministro otorgándole incluso iniciativas legislativas y judiciales y reduciendo al presidente de la república a poco menos que una máquina de firmar decretos. La nueva constitución reivindica además que la familia deriva explícitamente de “la unión entre un hombre y una mujer” reconoce “las raíces católicas de Hungría” y “la necesidad de defender al embrión desde el momento de su concepción”. No está nada mal en su conjunto.
Algunos pueden acusarme de frívolo por no entender la desesperación que ha sumido al pueblo húngaro en los últimos años. Desesperación sin duda causante de la caída en los valores más retrógrados que los refugian en un pasado arcaico por miedo a que seguir andando hacia el futuro los haga caer al suelo. Aunque entiendo las motivaciones del pueblo magiar, no puedo aceptar que por muy grande que sea la desesperación de un pueblo este adopte ciertas opciones políticas, porque entonces podemos llegar a ver como inevitables muchos de los regimenes más aberrantes de nuestra historia.
Añado como coletilla que también me resulta divertido que entre todas las instituciones europeas: Comisión, Parlamente, Eurogrupo, Tribunal de Luxemburgo etcétera nadie pueda parar los pies a opciones tan radicales y agresivas. Esto demuestra sin duda la utilidad de nuestras instituciones. De la misma forma, uno tiene que reír por no llorar, cuando escucha que los religiosos se sienten atacados por “una violenta oleada de laicismo”. Que yo sepa, en Europa aún ningún partido liberal ha propuesto incautar los bienes eclesiásticos, impedir los rituales litúrgicos del cristianismo, ni negar la independencia de El Vaticano como estado fundado por voluntad de Mussolini. Si que se oye, paradójicamente, desde el púlpito que los nuevos modelos de familia no son válidos, que perjudican a los niños, que la homosexualidad es una enfermedad y que el laicismo es un elemento destructor, a pesar de que, desde el S. XVII, viene siendo el promotor de todos los avances sociales del Viejo Continente.

miércoles, 20 de abril de 2011

El político desinteresado (sin interés)

El otro día en una tertulia política improvisada, en el bar del Ateneu barcelonés, se discutía a ver como iba a llegar al poder Rajoy.
La verdad es que, cuando a menos de un año el principal partido de la oposición lleva casi 12 puntos de ventaja, me parece bastante improbable que el PSOE pueda salir ganador independientemente del candidato. Sin embargo, al pensar en Rajoy, no veo yo a un líder querido por los propios, ni admirado por los ajenos. Es más bien una figura patética que va a tomar el poder sin ningún tipo de carisma y sin haber demostrado capacidad de gestión alguna. Su escalinata a La Moncloa no se traza con peldaños propios sino con el desgaste del partido que ocupa el poder más la inercia de buena parte del electorado que deposita, ilusamente, las esperanzas de que un cambio de capitán puede arreglar ipso facto las vías de agua que lastran la nave.
No lo dije en la discusión porque me pareció un comentario un tanto presuntuoso, pero a mí el perfil de Rajoy me recuerda mucho al de este simpático señor.

Eduard Heath, ministro del Reino Unido entre 1970 y 1974. Había desempeñado las funciones de ministro de exteriores durante un breve período de tiempo en el gobierno Macmillan (1957-1964). Estando en la oposición, bajo el ministerio laborista de Wilson (1965-1970), el partido le nombró su líder, aunque ya por aquel entonces se perfilaba otra figura con mucho más aplomo, Margaret Thatcher. Ella, sin embargo, era mujer y excesivamente radical para que ciertas áreas del partido la prefiriesen a un líder más anodino. Tan pronto como perdió las elecciones frente a Wilson (que volvió a presentarse tras cuatro años de oposición) su partido le remplazó por Margaret Thatcher.
No creo que nadie cuestione este razonamiento. Rajoy es un líder que no tiene un solo partidario por su persona y todos los tiene por las funciones que despeña y a veces a pesar de estas. Además creo que no voy a ser tan optimista como para pensar que Rajoy vaya a igual de algún modo los logros de Heath que, quieras que no, nadie le quita el mérito de meterse en 1973 dentro de la Unión Europea junto con Irlanda y Dinamarca o de gestionar de un modo más o menos decente los problemas de Irlanda del Norte.
Esperemos que alguna entidad metafísica se apiade los españoles.

lunes, 18 de abril de 2011

Los fantasmas de Hitler, Mussolini, Petain, Franco... planean sobre Europa.

Os hablo a la sombra de uno de los peores acontecimientos vividos por Europa desde hace muchos años y os hablo en caliente, a fin de poder transmitir aún unas ideas toscas y poco trabajadas.

El partido ultraderechista finés llamado Los Auténticos Finlandeses ha obtenido una importante victoria en las elecciones legislativas del país, quedando por un ajustado margen como la formación más votada, si bien acabo de leer un titular que me dice que es la segunda. Si es la primera o la segunda no es la cuestión aquí, la cuestión es mucho más grave. A lo largo de este año hemos visto como formaciones ultraderechistas irrumpían por vez primera en el parlamento sueco, o el inglés. El caso más dramático lo vimos en Holanda, donde a de no haberse puesto de acuerdo la centro-derecha con los socialistas para un gobierno de coalición, la ultraderecha hubiese acabado formando gobierno porque quedó primer en las elecciones. En Austria la ultraderecha ya ha gobernado en alguna ocasión y recientemente se ha reproducido en la república alpina el mismo panorama que he descrito de Holanda. En Francia, la hija de Le Pen se presenta a las presidenciales con posibilidades de pasar a la segunda vuelta. En Italia, La Liga del Norte lleva tres años en el gobierno. Hoy Finlandia se ha sumado a esta lista negra.
Está claro a mi parecer que el resurgir de la derecha no es un fenómeno aislado, sino un movimiento generalizado cada vez más extendido por toda Europa. Es absurdo embrollarse en cuestiones de estilo “¿es qué no aprendimos nada del pasado?” porque no conducen a ningún lado. La gente, y no podemos decir que sean una minoría marginal como se venía diciendo hasta ahora, vota a opciones racistas, radicales y de carácter autoritario. Los franceses han elegido a un eurodiputado que afirma que el Holocausto es poco menos que un cuento chino y los italianos tienen de cuarta fuerza en su parlamento a un grupo político que se vanagloria del nombre de Mussolini.
La reflección puede llevarnos a pensar que nuestra sociedad está enferma, que no siente empatía por sus semejantes y que por eso apoya opciones racistas. Sin embargo, una verdad más triste que la conjetura nos descubre que muchos de quienes apoyan opciones racistas, no son racistas en absoluto, ni tampoco están dispuestos a entregar sus derechos a un líder autocrático. ¿Entonces por qué pasa esto?
La respuesta es tristemente sencilla: tenemos incerteza sobre nuestro futuro. Alber Speer lo dijo en su alegato final en el Proceso de Nuremberg “Una nación que crea en su futuro jamás perecerá”. En efecto, sólo cuando perdemos la fe en el futuro, nuestra sociedad se desespera hasta el extremo de recurrir a los extremistas y no porque crean en ellos, sino porque son los únicos que dentro del descrédito general parecen creer en algo. El resto de temas: el populismo, las falacias del mensaje político etcétera son meras anécdotas.

viernes, 15 de abril de 2011

La Segunda República y… Carlos Fabra



Bien, bien supongo que después de la fiestecita que nos pegamos ayer hoy alguien tiene que daros un poco de caña para haceros pasar la resaca. Supongo que todos os haréis la misma pregunta ¿qué tiene que ver la Segunda República con el actual presidente de la diputación de Castellón? Bueno, os voy a aliviar: no tiene demasiado de ver, aunque ayer, mientras ojeaba los Diarios de Azaña, encontré la prueba de que los españoles no hemos cambiado tanto desde la los años treinta y los gobernadores de Provincia (actualmente presidentes de al diputación menos). Aquí os dejo una cita del Diario del Presidente de la Segunda República correspondiente al 1 de agosto de 1932, si bien narra unos hechos acontecidos un día antes, el 31 de julio:

“Seguimos hasta Soria por Almazán. En Soria, el gobernador, mestre en gay saber, se multiplica. Después de comer, visitamos todo lo visitable. El gobernador daba más importancia que a todo al campo de aviación, y se empeñó en que yo lo viese. En el campo no hay aún más que… el terreno, pero tuve que verlo y admirarlo”.

Como demuestra el testimonio del, por entonces, jefe de gobierno, los españoles hemos cambiado muy, muy poco, sobre todo en lo que a aeropuertos se refiere.

jueves, 14 de abril de 2011

Mi conversión: De monárquico a republicano



Durante la mayor parte de mi vida hasta hace bien poco, me he definido como una persona de tendencias monárquicas. Muy probablemente hoy día me sea posible explicar este hecho a través de la necesidad exacerbada de un ego demasiado apagado e inseguro por tener una entidad a la que poder idolatrar.
Estuve muchos años mirando a la monarquía como un bien metafísico que enriquecía el patrimonio cultural del país, sin embargo, siempre fui un monárquico “a pesar de…” y no “por devoción a…”. Cuanto más examinaba a la Casa de Borbón, más difícil me era sostener en ella la visión de unos árbitros de la política actual, además, siendo, como siempre he sido, un convencido demócrata me era casi imposible llegar a justificar los privilegios hereditarios de una familia real. Conviví con estas dudas que fueron aumentando hasta hacerse tan grandes que no permitieron a mi ser seguir albergando un ideal monárquico.
Es inadmisible que una familia pueda heredar sin más una jefatura de estado según un código medieval de carácter machista. Incluso aunque la gente llegase a apoyar a esta institución seguiría siendo ilegítima, porque esta forma de regir la magistratura del jefe del estado atenta contra la moral fundamental que afirma que todos los hombres son iguales. Existe una ética moral que defiende los ideales de la justicia y la igualdad y esta ética no puede ser mutada ni siquiera por la voluntad de la mayoría de la ciudadanía. Tanto valor tendría legitimar una Corona en un referéndum, como legitimar que la pena de muerte es justa o que el agua hierve a 32 ºC.
Hice pues mi conversión al republicanismo y empecé a admirar sin complejos a las grandes figuras republicanas de la historia de nuestra nación, entre ellas Pi i Margall, Santiago Casares Quiroga, Ángel Ossorio, Salmerón y muy especialmente a Manuel Azaña.
Hoy me defino como un republicano parlamentario que busca un modelo de estado federal. Me despido recordando que la República nunca es un signo de exclusión sino de acogida y haciendo una invocación en pro de la nobleza del Régimen Constitucional que rigió nuestro país de 1936 a 1939.
¡Viva la República!

martes, 12 de abril de 2011

Las Consecuencias del amor

Las consecuencias del amor es una película ilaitna que se estrenó en 2004. Se la ha calificado de drama, aunque yo más bien le concedería la etiqueta de alegoría, ya que en la profundidad de su argumento la acción queda fuertemente aplastada por la idea.
Su director y guionista es Paolo Sorretino. Respecto al reparto debemos destacar al actor protagonista Toni Servillo, quien tal vez esté la mayor parte de la filmación en la pantalla haciéndo un gran papel. Sé que acostumbro a recomendar cine lento y meditabundo, pero que los precedentes no os desanimen, esta película es ágil en su actitud reflexiva, un equilibrio que rara vez se alcanza.
Os dejo el trailer.

Presidentes y presidentes

El pasado día siete de abril el primer ministro portugués José Sócrates anunció que su país necesitaba un rescate internacional, a fin de evitar la quiebra. Desde el veintitrés de marzo, Sócrates presidía un gobierno interino, ya que había presentado su dimisión al jefe del estado, el presidente Aníbal Cavaco Silva. De éste último quiero hablar un poco.
Portugal es una república parlamentaria, como Alemania, Italia, Grecia, Estonia, Letonia, Lituania o Polonia. Eso significa que su jefe de estado, además de electo, es una figura de mero carácter simbólico, cuyas facultades de poder real son muy limitadas. Algunos tacaños –por no usar una palabra más fuerte- critican la existencia de una presidencia del estado y una del ejecutivo, asegurando que esta bicefalia no sirve de nada más que para gastar dinero. Bueno, soy de la opinión que, si la economía de un país depende del gasto que genere la figura del jefe del estado, la economía del país está en quiebra. El estado requiere de una figura que se mantenga imparcial en el ámbito político, que pueda hablar de forma imparcial e impulsar el consenso entre las fuerzas políticas al tiempo que su opinión es tenida a modo de referente por la opinión pública. En este sentido, el regime de la republica presidencialista es poco aconsejable, ya que priva al jefe del estado de una posición imparcial que le asigne el papel de árbitro. Sin embargo, esta es la teoría que se cumple pocas veces. En la práctica, a menudo, el cargo de Presidente de la República acaba siendo ocupado por individuos que ven en él un retiro dorado tras años de política activa o bien por figuras anodinas que se convierten en un mero apéndice del jefe de gobierno en funciones, haciéndole de máquina automática de firmar decretos. Este caso, hoy es muy apreciable en Alemania, donde tras la dimisión el pasado año del presidente Kolher, la canciller Merkel dispuso que su sucesor fuese el gobernador de la Baja-Sajonia, Herr Wulf, un hombre falto de prestigio intelectual y demasiado implicado políticamente para esta magistratura.
Hay casos más tristes, como el de Niceto Alcalá-Zamora, el primer Presidente de la República, en la Segunda República Española. Alcalá-Zamora había presidido el gobierno provisional y fue elevado a la jefatura del estado gracias a la absoluta indiferencia que suscitaba en todo el mundo.
Su presidencia fue patética, porque empleó el poco poder que tenía en hacer caer el gobierno de izquierdas-republicano de Azaña. Al disolver las Cortes, so pretexto de verificar si la moción de confianza que por tan ajustada mayoría había superado el jefe de gobierno, arrastró al país al negro Bienio de Derechas. Lo más triste de esta actitud no hiciese un uso indebido de sus atribuciones constitucionales, es que ni tan siquiera lo hizo porque quería un gobierno de otro color. Su único motivo era su animadversión personal hacía Azaña de la que acabó haciendo un problema nacional.
No obstante, estos casos que muestran la cara más desagradable del Presidente de una república parlamentaria no garantizan que desde dicho cargo no se puedan desempeñar muy dignas y útiles funciones: Vaira Vīķe-Freiberga fue presidenta de Letonia de 1999 a 2007. Como la mayoría de repúblicas parlamentarias, Letonia elige a su presidente a través del sufragio de una de las cámaras. Cuando el 1999 la Saeima no se puso de acuerdo para nombrar un presidente, llamaron a la señora Vike-Freiberga, rectora de la universidad de Riga para que se hiciese cargo del puesto.
Su elección casi de consenso dio lugar a una de las presidencias más notables e imparciales del país. Vike-Freiberga no sólo desempeñó sus funciones, sino que realizó una importante labor diplomática.
Johannes Rau, presidente de la República Federal Alemana de 1999 a 2004 desarrolló a lo largo de su mandato una oratoria de reivindicación patriótica conocida como “los discursos de Berlín”.
El Presidente Rau reflexionaba en estos discursos de una forma objetiva sobre los asuntos más importantes por los que transcurría la realidad nacional. No sé si alguien pensará lo mismo, pero hubiese estado bien que los españoles hubiésemos conocido que pinaba nuestro jefe de estado de asuntos como la guerra de Irak, el matrimonio homosexual o el Estatut de Catalunya. Sin embargo, la obligación constitucional impone a los reyes un silencio igualmente constitucional que los convierte en una figura ambigua y alejada de la opinión pública.
En Italia tenemos el caso del actual Presidente de la República Don Giorgio Napolitano, en la presidencia desde 2006.
Este presidente de marca tendencia progresista tiene verdadero altercado con su primer ministro cada vez que este intenta hacer algún desmán. Sus atribuciones no le permiten disolver las cortes sin la petición de las mismas o la del jefe de gobierno. Del mismo modo, tampoco puede hacer su gabinete por decisión propia. Sin embargo, muchos le señalan a él (por delante del Tribunal Constitucional) como el freno de Berlusconi, ya que el Presidente se ha negado a firmar muchas de las leyes con las cuales el pequeño Mussolini se inmunizaba, obligándolo primero a reformar leyes base del estado, para hacerlo sin más alternativa, y obteniendo tiempo para que los procesos empezasen en los tribunales.
Tal vez el caso más relevante sea el del Presidente Von Hindenburg.

Este hombre de convicción monárquica fue elegido en 1925 segundo presidente de la República de Weimar. Fue el mayor adversario que encontró Hitler para llegar al poder, derrotó al líder nazi en las presidenciales de 1932 cuando ya contaba con 80 años y postergó la subida al poder de los nacionalsocialistas promoviendo gobiernos de coalición, hasta 1933 (un año antes de su muerte), cuando se vio obligado a entregar a Hitler la Cancillería.
Visto lo visto, no podemos negar que un Presidente de República puede llegar a ser una figura de gran valía dentro de lo que establecen sus atribuciones. Volviendo a Portugal, vemos que allí el caso no tiene nada que ver. Portugal elige a su Jefe del Estado por sufragio directo, a diferencia de Letonia, Alemania o Italia que eligen a su presidente a través de una cámara legislativa (regional, tipo senado). Estos comicios suelen despertar poco interés entre el pueblo luso, consciente del escaso poder efectivo del Presidente. Cavaco Silva es la antítesis del buen jefe del estado en una República Parlamentaria: ascendió al cargo después de haber sido primer ministro del país (1985-1996) en 2006 y adopta siempre una actitud partidista a favor del partido socialdemócrata (partido de centroderecha portugués al que pertenecía hasta ser Presidente)

Cuando Sócrates le presentó su dimisión, Cavaco Silva ya había pactado su caída. No apoyó las medidas de ajuste, que hubiesen podido salvar al país, en el Parlamento, dejando a su gobierno huérfano de autoridad para aprobarlas. Después aceptó la dimisión del primer ministro y ha convocado elecciones legislativas sumiendo a su país en un tránsito electoral que contribuye a agravar su situación económica. Sólo le mueve un fin: la llegada de los socialdemócratas al gobierno. Cavaco Silva ha demostrado con sus actos de las últimas semanas se indigno de la excelente magistratura que es la Presidencia de Portugal desde la Revolución de los Claveles (1974). Su actitud partidista ha llevado ha arrastrado al país al rescate económico y a la esclavitud de plenipotenciarios económicos externos y tendrá que cargar con la responsabilidad histórica de haber hecho un daño irreparable a la república lusa desde un puesto que prácticamente sólo le permitía hacerle bien.

domingo, 3 de abril de 2011

¿De qué servirá...?

Todas las personas cada día de nuestra vida hacemos cosas que nos aportan algún tipo de satisfacción, sin que, en la hora de la verdad, sepamos si nos traerán algún rédito o, simplemente, si serán útiles para algo o para alguien.
Ayer y antesdeayer, ojeando yo los periódicos (digitales, que son más baratos), me planteaba que tengo la maldición de Casandra, aquella hija del rey Príamo de Troya, a quien Apolo concedió el don de la predicción, con la contrapartida de que nadie creería sus profecías. Así que, cuando la pobre chica predijo que la ciudad sería destruida si el caballo entraba en ella, nadie la creyó.
En mi caso no es exacto hablar de “profecías” u “oráculos”, sino de ver las cosas ligeramente más claras que el resto de la humanidad, sin librarme por ello del cúmulo de contradicciones internas que llevamos todos los de la especia. No soy el único en este mundo que lleva la maldición de Casandra, cualquier persona con unos mínimos culturales de historia y de la naturaleza humana puede ver ciertas cosas como partes de un proceso inevitable, cuando éstas ocurren al fin. La gente nunca llegará a entender sus advertencias, preferirá no hacerle caso, y, luego de que todo haya sucedido, decir “Mire usted, parece que tenía razón”.
Mientras ayer ojeaba los periódicos pude ver un par de noticias muy breves en lo referente al asunto de Costa de Marfil. Había leído algo al respecto en enero, cuando, si recordáis, escribí una entrada al respecto en el blog. Ya en enero tuve claro que el conflicto acabaría en guerra civil. ¿Me sirvió de algo verlo? ¿De que servirá cultivarse intelectualmente y poder llegar a tener una óptica más amplia del mundo si no puedes ponerla al servicio de la gente? En 2007, anoté varias veces en mi diario que una crisis económica era inevitable tal como iban las cosas, sin embargo, no estoy presidiendo Caja Madrid. Bueno esto último ha sido un poco frívolo por mi parte, más aún teniendo en cuenta que no soy el único afortunado –o desafortunado- que tuvo claro nuestro futuro, de la misma forma que no soy el único que sabe que la recuperación llegará muy temprana en 2014. Cada vez tengo más claro que la mayoría de cosas que hago en el ámbito intelectual no tienen ningún fin más allá de la autocomplacencia o de servir a mi propia vanidad ¿De que servirá intentar tener una visión global a largo plazo en una sociedad cortoplacista?
Ayer comí con un buen amigo mío, el cual demostró tener un amable concepto de mí al calificarme de filántropo. Es muy posible que el señor Ariza sea un filántropo, pero lo es desde el paternalismo, que es mucho peor que ser misántropo.

Adiós compañeros de la maldición de Casandra.