domingo, 29 de mayo de 2011

La verdadera tragedia

Este viernes, 27 de mayo de 2011, fue para mí un día bastante ajetreado. Recibí mis notas finales como bachiller pasadas las diez y luego fui al consulado de Hungría a pedir información cultural. No fue hasta que llegué a mi casa que me enteré de los sucesos de plaza Catalunya.
Ya por la mañana había escuchado algo en la radio, pero lo que decían los locutores no permitía concebir esas imágenes abominables. No encuentro palabras para describir el horror que sentí al ver como la egolatría del conseller d’interior, Felip Puig, había arrastrado a Barcelona a una situación indigna, impropia de una nación con instituciones democráticas. Tampoco sabría expresar, al menos no por la vía de la prosa, la angustia que se apoderó de mí cuando no pude contactar con una amiga mía que sabía estaba en la plaza. Con ciento veinte heridos, no tenía motivos para estar tranquilo. Ahora que ya sé que a mi amiga no le pasó nada, no quiero aburrir a nadie con desvaríos sentimentales, sino intentar enfocar el problema con un poco de objetividad.
Plaza Catalunya Viernes 26 de Mayo de 2011

Estas imágenes desde mi punto de vista encierran dos horrores del ser humano. Uno, “la banalidad del mal” lo defino desde las tesis de Hanna Arentd, importante filósofa y periodista del S.XX, autora de libros como Sobre la violencia o Eichman en Jerusalén. El segundo horror que me tengo que conformarme con exponerlo by my on words es lo que denomino la erótica del poder.
Mientras el viernes por la tarde visitaba la plaza, me asaltaron muchas ideas dolorosas. Sentía un punzón en las sienes que me impedía pensar con claridad y más exactamente que me impedía comprender qué había pasado y por qué. Siempre que vemos imágenes de un conflicto nos horrorizamos de la violencia que nos parece lejana e inverosímil en nuestro mundo. Muy a menudo insultamos a los agresores, a los que han cometido los asesinatos u otros crímenes olvidado que estos son también seres humanos. Este profundo drama es el que abordó Hanna Arendt.
Hanna Arendt
El ser humano por naturaleza, explica la autora, debería tener unos sentimientos de empatía hacia sus semejantes. Dichas emociones, a su vez, son un freno en el camino de la violencia. Arendt plantea que el sistema burocrático es un inhibidor de estos instintos. En la medida en que nos vemos a nosotros mismos como un mero engranaje dentro de una compleja maquinaría, dejamos de tomar responsabilidad de nuestros actos, delegándola en los que suponemos son nuestros superiores. Lo mejor del caso es que nuestros superiores, los que cursan las órdenes, si algo sale mal se lavarán las manos con el mismo argumento. En palabras del genocida Adolf Eichman, coordinador de transportes para El Holocausto, “Yo sólo fui un mero engranaje en lo que reconozco fue una máquina de guerra sumamente intimidatoria”. Así el hombre que había firmado los papeles para que vagones con capacidad para 90 personas llevasen 120 hasta Auswich y Dachau se exhibía de toda responsabilidad.
Sin embargo, tanto los que están arriba como el conseller Felip Puig como els mossets más humildes y alocados, comparten un denominador común que permite explicar sus actos: olvidan que actúan contra seres humanos. Si los mossos hubiesen visto a los llamados “Indignados” como seres humanos, es decir, como padres, hermanos, hijos, amigos y entes dotados de vida para abreviar, jamás hubiesen cargado, aunque la orden llegase del mismo teléfono de La Moncloa. Lo que pasó es tan banal, tan simple, como triste y patético: olvidaron que golpeaban a un ser humano. Los manifestantes, en sus cabezas, pasaron a ser un código, una idea, algo simple y matemático. Sólo entonces, cuando despersonalizaron al manifestante y pasaron a verlo como una simple idea pudieron dañarlo sin tener cargos de conciencia. Los que estuvieron recibiendo golpes y, con permiso de ellos, los que los sentimos en nuestra carne propia tenemos que intentar hacer el difícil ejercicio de no caer en el mismo error que ellos. No debemos ver a los mossos como una idea de violencia. Con esto no pretendo imponer a nadie y menos a mí la etiqueta de mártir que tiene que aguantar lo que le echen. Es más creo que la actitud de las llamadas fuerzas de seguridad merece un juicio totalmente crítico, pero no olvidemos en nuestra condena que también son seres humanos.
El otro punto que antes definí como la erótica del poder es algo de lo que se aquejan todos los gobernantes sin vocación de servicio público. El síndrome empieza a gestarse cuando el político que ocupa un cargo (por lo general ejecutivo) experimenta placer decidiendo sobre la vida de los demás al estampar su firma en un papel.
Bush firma la ley que prevé construir un muro de 1.100 Km entre EEUU y México
Como cualquier trastorno, es de carácter progresivo, así que, poco a poco, el poderoso empezará a obtener placer a través de llamadas telefónicas y cualquier otro vehículo comunicativo que le permita decidir sobre el futuro de sus conciudadanos. Cuando el viernes el conseller Puig envió a las fuerzas de tierra, mar, aire y lavandería a desalojar la plaza, nos mostró que padecía de la erótica del poder. Aparco un poco el debate sobre si debe o no dimitir, pues aunque tengo una opinión bastante clara al respecto, preferiría argumentarla en otro momento. El viernes, por lo tanto, vimos dos procesos bien tristes que acabaron en violencia de unos hombres sobre otros: uno la deshumanización de la persona y otro la erótica del poder. Sin estos demonios, el infierno del viernes no habría podido producirse.

lunes, 23 de mayo de 2011

Un poco más a la derecha, por favor

Desde todos los rincones de Europa llegan voces derechistas, algunas con más clamor que otras y algunas con un tono especialmente enconado. Estos son los casos de Hungría, Finlandia y Holanda, países donde el auge de la ultraderecha les permite ser la llave del poder o incluso entrar en él y jugar a la instauración de un feudo dictatorial dentro de los márgenes de la legalidad.
La victoria de ayer del PP aplastante en todo el territorio nacional, no se encuentra aún dentro de este orden. De momento, Mariano Rajoy se contenta con jugar a presentarse como un Alejandro Lerroux de pésima oratoria, pero con los mismos afanes populistas. Su tendencia al eslogan vacío y de mensaje debería dejarlo sin credibilidad si le sumamos el hecho de que tampoco tiene ningún estilo o gracia formal. Afortunadamente para este Lerroux del tercer milenio el público español se ha vuelto menos exigente y cada vez se deja timar con menos artificio.
Soy de la opinión que nuestro híbrido entre Lerroux y Heat, no tardará en sacar a su Gil Robles y a su travesti de hierro, pero mientras tanto, la mayoría de colectivos sociales de este país podéis estar tranquilos. Además yo hoy no venía a criticar a la derecha sino a tratar el asunto de si deberían haber o no elecciones anticipadas.
Este debate me ha dado mucho que pensar y mi conclusión es que a tanto el juicio de que Zapatero debe aguantar en el poder porque unas municipales nada tienen que ver con unas generales, como la opinión de que haciendo uso de sus facultades constitucionales el presidente debe solicitar al rey la disolución de las Cortes adelantando las elecciones reflejan nuestra inmadurez política como nación. Porque si bien es cierto que unas municipales están (como cualquier sufragio) vinculadas al proceso democrático de toda la nación y que deben repercutir el devenir de los acontecimientos políticos de la misma, más aún con un sistema de partidos, no es menos cierto que las Cortes las elegimos cada cuatro años.
Mi pregunta es ¿por qué hay que disolver las Cortes? Habiendo el presidente de gobierno recibido el pésimo resultado del sufragio municipal, en el que más que alcaldes se le votaba a él, lo más lógico y honesto sería dimitir. Sin embargo, esto no tiene porque ir acompañado de una convocatoria a elecciones generales. En ningún sitio está escrito que un Parlamento sólo pueda envestir a un jefe de gobierno durante la legislatura que está en funciones. Las Cortes votadas en 2008 son y serán válidas hasta que expire el su plazo de funcionamiento, otra cuestión totalmente diferente es que el gobierno haya caducado, pero, simplemente, indica que el presidente debe presentar su dimisión al jefe del estado y “aconsejarle” (tal es la costumbre en las monarquías, las repúblicas son un poco diferentes) que invite a otro miembro de El Congreso a formar gobierno para lo que queda de legislatura.
No saber separar el ciclo legislativo del gabinete ministerial de turno no sólo indica que nos falta madurez política, sino que la hemos perdido respecto a los años de la transición. Durante de la primera legislatura democrática 1978-1982, hubo dos presidentes, Adolfo Suárez que dimitió en el año 81 y Calvo Sotelo quien se hizo cargo del ejecutivo por un año sin que nadie se cuestionase la validez de las Cortes. Cuestionarla hoy día, es un signo inequívoco de cuánto se han devaluado.

jueves, 19 de mayo de 2011

Plataforma NO per Catalunya!!!


Pel Galderich que va tenir la idea.

Es imperativo acotar el concepto de partido democrático. Hace días que me encuentro, mientras paseo por mi apacible Santa Coloma, pancartas de la candidatura municipal de Plataforma per Catalunya. No sé por qué cuando los veo mi brazo derecho siente un inusitado deseo de alzarse y gritar “Sid hail!”.
Es triste, muy triste que hayamos caído tan bajo como para que un colectivo de miserables pueda llegar a tener representación en los principales municipios del principado catalán. No son ellos los únicos catalizadores de la xenofobia, pues el PP se nos ha mostrado estos días como un verdadero licenciado en medicina explicándonos que la llegada de emigrantes lleva al repunte de enfermedades ya erradicadas. Bueno, está bien saber que para cuando manden en La Moncloa y recorten más la sanidad tendremos buenos médico que darán consejos a la ciudadanía con su ojo clínico y sin copago. No me extiendo en esta línea que sino doña Esperanza Aguirre me acusará de estar pagado por el vicepresidente Rubalcaba como ha insinuado hoy respecto a los movimientos de democracia real.
Volviendo a la cuestión de PxC, me gustaría abordar la cuestión sin ningún sentimentalismo. Aunque podría hacerlo, no voy a recurrir al hecho de que todos conocemos a algún que otro inmigrante (yo personalmente tengo una relación fluida con más de una decena) y que como podemos permitir que un colectivo inocente esté sometido al escarnio de un populismo vil que sólo busca consolidarse en una formación política estable a través de la canalización del descontento. Antes al contrario, creo que caer en el sentimentalismo sería un error y que esto debe plantearse desde la razón pura.
“Reduim la immigració” dicen todos sus carteles. Bien… ¿Cómo? ¿Piensan cerrar las fronteras? Es decir ¿van a abolir el viejo derecho de libre circulación? Van a deportar a los que residen aquí ¿acaso tienen medios diplomáticos para convencer a sus países nativos? De ser así, que empiecen a negociar tratados internacionales de alto estanding porque nadie, con excepción de ellos, tiene hoy día poder de imponerse de tal forma en el mapa diplomático internacional ¿Tal vez van a matarlos? Por favor, no pueden dentro de la legalidad constitucional vigente. En resumen, queridos blogeros, este partido es una formación de odio que hace faltas promesas que no podrá cumplir usando el tan viejo como estereotipado populismo de la discriminación.
Pero, después de haber planteado la incapacidad de la formación para lograr sus fines, abordemos al votante de este grupo. No es justo en muchos casos acusar al votante que elige estas opciones de ser un cretino o de ser poco inteligente. Tales calificativos solo pueden emanar de una mentalidad elitista incapaz de sentir empatía por gente que no ha gozado de los privilegios que le han permitido madurar intelectualmente a lo largo de su vida y de los que le garantizan estabilidad económica en el presente. Sin embargo, es obligación moral de aquellos que elijan a sus representantes democráticos entre personas de la calaña de PxC hacer una reflexión. ¿De verdad creen que los emigrantes son el gran problema de nuestro país? Hace cinco años, cuando nuestra economía fluía teníamos más emigrantes –muchos más- que hoy. No voy a caer en la analogía falaz de decir que por lo tanto los emigrantes son sin duda algo positivo para nuestra economía, aunque el hecho de que podamos acogerlos sin problemas los convierte en un indicativo de esa circunstancia. Lo cierto es que el problema económico es demasiado complejo para reducirlo en la desesperación personal, por supuesto legítima, que se pueda sentir a culpar de él a una minoría. Es un error de cuya creencia el individuo tarde o temprano se sentirá como poco decepcionado.
Me gustaría cerrar esta entrada parafraseando al Presidente Mitterrand quien en una ocasión dijo “El gobierno de Vichy no era Francia”. Pues como él dijo esto yo digo que PxC res no té a veure amb Catalunya!

miércoles, 18 de mayo de 2011

Fin de Estación (I)

Entrevistador
¿Y dígame entonces es cierto que hoy se acabó todo?

Ariza
No me he suicidado si ha eso se refiere.

Entrevistador
Su etapa escolar quería decir.

Ariza [Tedioso]
Ya, ya. Sí en efecto se acabó, al menos en su mayor parte. Después del examen de hoy puede decirse que el bachillerato es una etapa superada. Ahora se impone un cambio de vida, el paso a la facultad.

Entrevistador
¿Y cómo le ha ido el último examen?

Ariza
Un poco flojo. Probablemente me presente a subir nota de algunas materias la semana que viene así que no ha sido “el último” en términos exactos.

Entrevistador
¿Y que ha hecho por la tarde? Quiero decir ¿Cómo ha celebrado el fin de sus estudios preuniversitarios?

Ariza [Pensando. Se lleva la mano al mentón]
Debí salir de casa a eso de las cuatro y quedé con un conocido para discutir un rato.

Entrevistador
Esa es una buena afición.

Ariza [Serio]
Es excelente, no lo sabe usted bien. [Se relaja su expresión facial.] Después fui a donar sangre. Dudaba entre si ir a Sant Pau o a El Clínic y finalmente, llevado por razones históricas, me decanté por este último. Allí fue donde se abrió el primer banco de sangre de la nación el 19 de julio de 1936, durante la lucha por mantener la ciudad a dentro del orden constitucional y democrático ¿sabe?

Entrevistador
No. Creo que poca gente sabe de esas fricadas. ¿Le ha dolido el pinchazo?

Ariza
En absoluto. Piense que me lo ha hecho una enfermera muy profesional, la señorita C… Digo señorita, porque escuché una conversación que me corroboró sin lugar a dudas que no estaba casada.

Entrevistador
Usted siempre mirando hacia el futuro ¿eh?

Ariza
La donación fue bien. Siempre dije que el 2 de mayo de 2011, un día después de cumplir mis dieciocho años tenía que hacer tres cosas: ir al registro civil a cambiar mis apellidos, apunarme a una vinacoteca y donar sangre. He empezado por la tercera y respecto a la segunda cuestión, ahora he descubierto un bar exclusivamente de “martinis” en Barcelona. El “martini” me tienta más que el vino, aunque si encontrase whisky me acabaría de decidir. Después de donar sangre, salí del hospital y me paró un chico de Médicos sin Fronteras. Me convenció para que me afiliara y a partir de ahora voy a donar cinco euros mensuales.

Entrevistador
¿Le convenció?

Ariza
No es que no crea en la causa de Médicos sin Fronteras. Me parece de las ONGs más nobles que hay en estos momentos en activo. Sin embargo, me avergonzaba de mi escasa autonomía económica. [Pausa. Mira al infinito] Por ahora, me conformaré con un papel simbólico, si bien hay que pensar que cinco euros españoles son quinientos dirhams marroquíes.

Entrevistador
¿Cómo acabó la tarde?

Ariza
Fui a una conferencia sobre la influencia de la mitología clásica en la poesía castellana del S. XVI. El conferenciante era un entendido. Desafortunadamente, era una conferencia muy profunda y a medida que fue tratando de pura ecdótica algunas personas se fueron. Yo me quedé.

Entrevistador [Sacástico]
Usted sí que sabe pasarlo en grande.

Ariza
La verdad es que he disfrutado bastante. Cada vez es más raro en este país, haya o no campaña electoral, que alguien se suba a una tarima para hablar a un público y no lo trate de imbécil. Este hombre confiaba en el público y le hablaba con inteligente dicción.

Entrevistador
¿Ese es el resumen de su día? [Ariza asiente] Nos citamos el viernes y me comenta que tal fueron sus notas.

Ariza
Por supuesto.

jueves, 12 de mayo de 2011

Castilla y Azorín

Hace poco tiempo estuve leyendo un libro de José Martínez Ruiz más conocido por su pseudónimo, Azorín, cuyo título es Castilla.
Esta pequeña novelita de viajes apareció en 1912 siguiendo a las respuestas concatenadas de la Generación del 98 que buscaban la reivindicación de España. Más adelante, a partir de 1939, el Régimen Franquista haría un uso muy pernicioso de este libro, asegurando que su autor lo escribió para reivindicar las tradiciones castellanas como símbolo de la unidad de España. Sabemos que esto no es un caso aislado, el sentido que lo mismo le ocurrieron a las novelas de Unamuno, Valle-Inclán, Baroja o al famoso poemario Campos de Castilla de Antonio Machado. Siempre es curioso pensar que Franco reivindicaba a la Generación del 98 como “un grupo de castellanos interesados en la defensa de la verdadera cultura nacional” si parafraseamos un poco sus libros de texto, pero la verdad es que solo Unamuno era castellano de origen, del resto, Baroja era vasco, Valle-Inclán gallego, los hermanos Machado Sevillanos y Azorín alicantino. Por si ya no fuese poco hablar de esta generación literaria como “un grupo de castellanos”, debemos reivindicar que, si bien ellos se manifestaron amantes de Castilla y de su tradición, estaban muy lejos de reivindicar la Castilla de Fernán González, como Franco pretendía mostrar.

Castilla recoge, en efecto, os testimonios de todo el pasado medieval literario castellano, pero adaptándolo al presente en el que vive. Así pues, muchas narraciones clásicas desde El Cantar del Mío Cid hasta El Quijote aparecen en los capítulos de la obra reconvertidas en una nueva figuración a menudo distante del principio castellano medievalesco. En el capítulo Nubes se nos aparecen Calisto y Melibea como un matrimonio castizo, un tanto acomodado de la Meseta que vive feliz en su huerto. Calisto está sentado en su butaca, mientras su mujer pasea y la criada Alisa –también personaje de la obra de Fernando De Rojas- canta. Mira las nubes como una imagen del recuerdo “las nubes son la imagen del Tiempo” dice el autor. Esta idea melancólica es retomada con frecuencia, también a través de personajes literarios. Otro ejemplo de la misma lo encontramos en La Fragancia del Vaso donde se recrea la historia de La ilustre fregona de Cervantes desde una óptica innovadora, adoptando el vaso de agua como símbolo del recuerdo y tempos fugit.

Esta inexorable tendencia al pasado puede llevar a la creencia que manifiesta Gregorio Torres Nebrera, prologuista de mi edición, según la cual Azorín fue un autor que quedó anclado en el recuerdo y terminó siendo devorado por el mismo. Esto es bastante absurdo si se considera la visión evolutiva que el autor muestra de Castilla en su obra, visión no exclusiva de esta pequeña novela de viajes, sino contenida en toda su producción literaria y con paralelismos claros en La Ruta de Don Quijote (1905), Clásicos y Modernos (1913) y Al margen de los clásicos (1915). Noe n vano el autor reivindica a los ferrocarriles como método de viaje, al empezar la narración –descriptiva-, con una devoción por la historia y el progreso de “los caminos de metal” que casi le acercan a los movimientos futurista y ultraísta. En el capítulo La Catedral así como Ventas, posadas y fondas no ve estos edificios como un enclave inamovible del pasado, sino como un elemento evolutivo, sensible al pasar de los años y reflejo del pasado vivido a través del presente existente. En este sentido es curioso pensar que el autor militó varias legislaturas en el Congreso entre las filas conservadoras de Maura.

Azorín no reivindica la Castilla medieval, ni tan siquiera la Castilla decimonónica porque éstas ya han sido reivindicadas por los viejos autores. Como noventayochista se sirve de las influencias realistas de Clarín y Galdós. De éste último es especialmente importante –tanto para él como para Baroja- la novela Ángel Guerra (1890-1) para la descripción de la por entonces Castilla la Nueva y en especial Toledo. No obstante, el noventayochista huye de la narración realista por considerarla simplista. En su contrapunto, establece una forma narrativa mucho más breve y concisa, con una elevada carga simbólica. En el caso de Azorín, además, toma elementos del pasado –esencialmente literarios, pero no exclusivamente- y los lanza hacia el futuro. No es extraño por tanto que Castilla empieza hablando los primeros capítulos de elementos físicos como los ferrocarriles, los balcones, los toros o las ventas y que a partir de los capítulos de La catedral y El Mar el tema de la narración trascienda a elementos menos tangibles como el recuerdo, las esperanzas o las formas de vida. La novela se cierra con el tono de falsa autobiografía con el que comenzó. En La Casa Cerrada, capítulo final del libro, el alter ego de Azorín regresa a su casa donde se encuentra sus libros y cuadernos de la infancia y toma el proyecto, desde la melancolía, de empezar la redacción de su dietario del viaje. Este capítulo recuerda, en gran medida al lector azoriniano, a Las confesiones de un pequeño filósofo (1904) una obra autobiográfica del mismo autor.
Azorín suele realizar juicios de valor sobre las cuestiones que ha visto en su viaje. Nunca parte de la crítica vacía y sórdida, por el contrario siempre intenta encauzar su visión –más reflexiva que crítica, en verdad- a mostrar posibles soluciones, como muestra característica de su espíritu generacional. De sus ideas me gustaría señalar la crítica a la festividad taurina para evitar posibles errores. Azorín era un hombre adelantando a las ideas de su tiempo, lo demuestra en las ya citadas Confesiones de un pequeño filósofo cuando critica el maltrato infantil, sin embargo es absurdo pensar que crítica la fiesta nacional por tener conciencia del maltrato animal. Como a Unamuno o Baroja, los motivos que le mueven quedan más vinculados a los que tuvo Melchor Gaspar de Jovellanos en el S. XVIII buscando huir de las costumbres arcaicas para encontrar la innovación.


Algunos dicen que Azorín no puede leerse hoy día, que está desfasado. Esa afirmación simplista nos lleva vincularnos de uno de los autores más constructivos que ha tenido este país. De la misma forma, se pretende aislar a Azorín remarcando su supuesta intrascendencia en la historia de la literatura y no es verdad ya que su obra influyó en dos autores tan importantes de la segunda mitad del S. XX como Delibes o Cela. Este último lo hace aparecer en su ensayo Cuatro figuras del 98: Unamuno, Valle-Inclán, Baroja y Azorín (1961) y toma como referente la novela de viajes Castilla (1912) para escribir en 1948 Viaje a la Alcarria.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Sed de Amor Yukio Mishima

Yukio Mishima (1925-1970) ha sido uno de los escritores más importantes de Japón en su larga historia literaria y uno de mis favoritos en el estante. Algunos amigos míos me reprochan que, tan pronto como descubro un nuevo autor, no paro de leerlo hasta aglutinar en mi biblioteca algo parecido a sus obras completas. Si bien esto no es del todo cierto, no puedo negar que, cuando descubro a un autor, no paro de leerlo hasta haber surcado bien su caudal literario, sin llegar tampoco a secarlo por supuesto. Condición sine qua non para que lleve a cabo esta acción es que el autor me guste.
En mi proceso de voracidad lectora confluyen dos motivaciones de naturaleza opuesta que, muy probablemente, derivan de un cierto narcisismo. Mi principal razón es que me parece vago hasta un extremo insalubre quedarnos con la visión de un solo libro para intentar conocer a un autor y la razón adyacente, paradójica si la comparamos con la primera, es el deseo de encontrar su obra más representativa, por eso de que si alguien me pregunta algún día por el autor le pueda recomendar un libro en vez de una bibliografía.
Sed de amor (1950) es, hasta donde he leído, el libro más representativo de este autor japonés. En él podemos ver una poderosa combinación de los elementos que caracterizan a Mishima. Lo compré en un pack que contenía otros dos volúmenes (independiente cada uno): El rumor del oleaje y Un marino que perdió la gracia del mar. El primero de estos dos últimos muestra un Mishima previo, muy joven para estar aún dentro de su estilo. La historia no se distancia mucho del típico relato de amor. No obstante, ya son apreciables en esta novela elementos como la intensidad de lo colores, el simbolismos descriptivo o el valor de la tradición. Un marino que perdió la gracia del mar se escribió en 1963, cuando al autor le quedaba poco para morir. El Mishima de este libro muestra sus obsesiones por el despertar sexual combinándolo con un ponente ingrediente psicoanalítico, ciencia por la que tomó interés en su última etapa. Sin embargo, es Sed de amor el libro que combina los dos grandes elementos de Mishima: la frustración vital y los valores tradicionales en crisis por los cambios que experimentó el Japón tras la Segunda Guerra Mundial.
La novela narra en cinco capítulos la historia de Etsuko una mujer viuda de unos cuarenta y tantos que va a vivir a casa de su suegro al morir su marido, Ryosuke. La muerte de éste a causa del tifus no ha sido agradable. Mishima deleita al lector perverso con sus descripciones un tanto gores narrando la agonía y descomposición del cuerpo de Ryosuke. Mas lo que en verdad es un tormento para Etsuko es que la amante de su marido se presente en el hospital y que éste pida que permanezca a su lado, sin que Etsuko pueda irse (o quiera).
Esto la deja marcada. Peor es aún que su suegro Ykichi la convierta en su amante. Ella no desea a este hombre viejo que además, por razones morales, se niega a hacer pública su relación. Esta situación de sumisión sexual a su padre político y su desesperado amor por un joven sirviente, Saburo, la convierte en una figura cómica a ojos de sus cuñados.
Sus problemas se agravan cuando Miyo, la joven y atractiva criada, queda embarazada de Saburo. Se acuerda que ambos se casen para evitar el escándalo o que la chica tenga que abortar. Etsuko ve en este camino el sufrimiento de Saburo quien va a un matrimonio sin amor, según él mismo ha declarado. Pero los ruidosos juegos sexuales de la joven pareja enfurecen cada vez más a pobre viuda que se ve arrastrada a un mar de sufrimiento sin límites. Aprovechando que Saburo ha de ir a pedir permiso a su madre para contraer matrimonio fuerza a Yakichi a echar a Miyo de la casa. Confía en que esto haga estar triste a Saburo, cuando vuelva a casa, sin embargo, el joven, al retornar, no muestra interés por la falta de presencia de la chica.

Adonde va a parar la historia es a que Saburo no amaba a Miyo, simplemente, la deseaba sexualmente. Etsuko que no puede asimilar este concepto pide a Saburo que se reúna con ella de noche un día antes de marcharse a Tokio con Yakichi. Después de muchos tira y afloja Saburo se abalanza sobre ella con una cierta agresividad. Aquí encontramos el tercer elemento importante de Mishima: la eterna oposición entre las palabras y la acción. Los momentos de calma se escenifican en diálogos como el de Saburo y Etsuke antes de que todo ocurra, pero, durante los momentos de acción, como la violación, todo se produce en silencio.
Yakichi los sorprende y para horror de Etsuke no muestra ademán de hacer nada, ni siquiera celos. Ella misma se libera, coge una azada y mata a Saburo. Después Yakichi lo entierra y ambos se retiran a la cama.
En el dormitorio se agudiza la clásica perversión de la mujer de Mishima, quien puede dormir tranquila en cualquier situación, mientras el hombre, Yakichi, no es capaz ni de estirarse. Así están hasta que cantan los gallos.
Haciendo un poco de lectura psicoanalítica, aunque yo prefiero la marxista, vemos un paralelismo claro entre la represión sexual de Etsuko y el que experimentaba cualquier homosexual de la época en su juventud, como es el caso del propio autor que queda reflejado en su novela autobiográfica Las confesiones de una máscara. Digo esto, para justificar en cierta forma la misoginia del autor, que la mayoría de lectores modernos y progresistas tienden a hacer de ella un juicio excesivamente virulento, sin pararse a observarla y mucho menos a contextualizarla.

[Imágenes por cortesía del artista japonés Isoda Koryusai 1735-1790]

domingo, 1 de mayo de 2011

Cumpleaños y alguna cosa más

Resulta que hoy, 1 de mayo de 2011, cumplo mis 18 años con lo que alcanzo mi mayoría de edad legal.
Ayer me quedé fuera hasta tarde con dos amigas mías por las que tengo un gran aprecio. Cenamos, tomamos una coma, no reunimos con algo más de gente… nada espectacular, pero mucho más cálido que cualquier celebración aparatosa. Resulta que a eso de las doce de la noche, con el cambio oficial de mes, de un minuto para el otro pasé a ser mayor de edad. Estuvimos algunas horas más fuera, cuando volví a casa me puse a pensar…
Aquellos que me conocen bien saben que mi infancia y mi adolescencia han distado de ser un camino de rosas. No voy a aburriros con detalles, pero imaginaos la típica historia traumática de película hollywodiana y más o menos habréis dado en el clavo. El caso es que pensaba algo sobre lo que hay he meditado algunas veces: el dolor de la infancia y la adolescencia son los más duros de soportar para el ser humano. Eso no es ocasional, pueden vivirse experiencias mucho más duras en la madurez, sin embargo, siempre recordaremos con mucha más angustia los dolores primerizos. Las razones de este sentimiento radican en el hecho que en la infancia no hay información en nuestra mente, es como un libro en blanco que se empieza a escribir. Una infancia dolorosa no permite a la persona desviar su pensamiento hacia recuerdos que le den consuelo. Pero, como de costumbre, la conclusión a la que llegué anoche, justo antes de que un combinado de alcohol y somnolencia pusiesen fin a mi conciencia, se alejaba bastante de cualquier tendencia a un nihilismo pesimista; no es mi forma de ser. Ayer tuve muy claro que, después de lo bien que lo había pasado con mis amigas, ningún momento difícil pronostica una tendencia irreversible.
Feliz día del trabajador: Nunca dejéis de reivindicar el derecho a la felicidad, o al menos a la placidez.