lunes, 26 de marzo de 2012

Contradictorio e injusto II


 El filósofo y ex presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Este es uno de esos momentos donde debo medir mucho mis palabras para evitar que mi enfado se confunda con la rabieta de un ensimismado vanidoso. No obstante, he de mantener un tono enconado que aleje mi crítica del servilismo que producen los excesos de humildad.
Zapatero es un zafio. Lo demostró el domingo en su conferencia en Venezuela, cuando el ex presidente del gobierno español jugó a parlotear en la jerga del estadista filósofo. Aseguró el consejero de estado que la crisis que padecemos empezó en 2007. Resulta absurdo criticarlo por esto, porque, si el ex secretario general del PSOE hubiese ejercido la política en la América de los años 30, hubiese estado entre quienes señalaron los orígenes del “Crack” en la “Moratoria Hover”, en vez de en el Plan Dawes. A estas alturas, con su carrera a cuestas, ya nadie espera ver al ex inquilino de La Moncloa convertido en un economista con visión, aunque algunos nos aferrábamos a ver en él a un hombre de conciencia.
Conferenció sobre las causas de la recesión económica con cifras, datos y hechos. Aunque hubiese llegado a comprenderlos, aunque no los recitase al dictado de quienes todavía puede pagar, con el dinero de la mal llamada pensión para la oficina del ex presidente; por la responsabilidad que le impone su condición ante la historia y por ser honrado frente a sus conciudadanos, quien obtuvo su segundo mandato de un pueblo al que, entre demás promesas, garantizó una sociedad de pleno empleo, para dejarla a la postre con cuatro millones de parados, no debería hablar con semejante altanería de los orígenes de la crisis.
Muy legítimo es señalar que el actual presidente del consejo de ministros no prometió menos al presentar su candidatura en 2008; al contario, ofreció mucho más. Sin embargo, que dos hagan trampas no cambia las reglas del juego. Tal vez, el árbitro, me refiero al votante, es quien en última instancia debería sancionar a ambos para recordar la normativa. En cualquier caso, un mal rival, no hace mejor al ex profesor de derecho adjunto de la Universidad de León. Sus aires de grandeza ofenden al país que padece la crisis económica con una virulencia particularmente intensa, a causa del excesivo peso que durante años ocupó en su economía la construcción, de la doctrina liberal económica impuesta desde los gobiernos fuertes de la UE; y también a causa de la gestión del gobierno que él presidió.
¿No tenía temas de que hablar? A Iberoamérica no le vendrían mal sus políticas de tolerancia social haca las minorías, o su política -al menos de intención- conciliadora en el interior y cooperativista en el exterior. Pero él decidió hablar de economía, su talón de Aquiles mil veces perforado, como si gustase de convertirse en un bufón sin gracia.
El 6 de marzo de 2008, publiqué Contradictorio e injusto en El País, lo que fue todo un ítem a mis catorce años, cuando quise apoyar a Zapatero en los diarios por no poder hacerlo en las urnas. En mi artículo, hablé de una inminente crisis económica. En aquel momento para avecinarse a la ruina económica no hacía falta tener formación de la misma; bastaba con tener dos dedos de frente. Pese a sus promesas electorales, defendí a Zapatero por, según creí yo entonces, haberse distanciado de la excesiva especulación económica y de la costosa política exterior de Bush, cosas que Rajoy no garantizaba.

 Mi carta al director del 6 de marzo de 2008, las elecciones generales fueron el 8.


 

Fuera de las letras, para mí mismo me decía que el presidente en campaña hacía aquellas promesas descabelladas, porque, de no hacerlas, el poder acabaría en las manos de una derecha radicalizada. En vano me convencía, pues, de que Zapatero era el menor de los males. Hoy ofende, junto a muchos españoles, ofende a mi conciencia la soberbia del quinto primer ministro de la monarquía constitucional del 78, hasta resquebrajar con su verborrea altisonante cualquier admiración o afecto que aún pudiese profesarle.

 Eduard Ariza                       

6 comentarios:

  1. Es muy triste la historia de España, y lo sigue siendo mientras avanzamos hacia la historia des del presente.
    Estoy bastante de acuerdo con tus emociones, aunqu además me pregunto: ¿he hecho todo lo que podía?

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    1. Buf... Tu pregunta és muy complicada de responder. Yo aquí, más bien, pretendía limitarme a exponer mi sentimiento de decepción, creo que bastante justificado.

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  2. Espanya no ha cohesionat prou per ser un país sòlid i segur. Des de que sóc al món -i ja fa anys- el veig trencar-se per la perifèria. És cert que es va aguantant però tot plegat és estranyament artificiós. Potser no es trencarà del tot però tampoc cohesionarà d'una vegada i s'erigirà com un sol país. Probablement perquè no ho és.

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    1. El problema, crec jo, és que cada vegada que s'ha intentat assolir un projecte nacional espanyol, aquest només s'ha impulsat des d'una determinada sensibilitat política que és força reaccionaria.

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  3. Una bona forma d'explicar una decepció col·lectiva. Malgrat que mai vaig confiar en ell ni el vaig votar també em considero un desenganyat per la sensació d'eufòria de canvi que va comportar. La pregunta és: ens passarà igual amb l'Obama?

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    1. Doncs mira Galderich,t'he de dir que en l'Obama no vaig confiar mai gaire. Sempre m'ha semblat un populista que promet la lluna als seus electors. O sigui que molt probablement també ens sentirem decepcionats amb ell quan se'n vagi. D'altra banda, també t'ho he de dir, preferiexo que continui ell a la Casa Blanca fins al 2016 que no el Romney o el Santorum, que ai les mareta, quin parell estan fets.

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