lunes, 17 de septiembre de 2012

Thomas Mann: Dentro y fuera de la jaula de oro

Thomas Mann 1875-1955.
 
“El gran hombre de nacionalidad alemana es aquel cuya influencia espiritual debe paralizar […] la nivelación y el ordenamiento democráticos de Alemania, llámese ese gran hombre Lutero, Goethe, Bismarck o Nietzsche”

“Mientras nuestro pueblo no llegue a reconocer que es un pueblo como cualquier otro, con sus excelencias y sus defectos, también grandes, se verá amenazado de caer en una condición paria.”

Puede resultar increíble, pero ambas citas son del mismo autor, Thomas Mann. Sólo que pertenecen a obras diferentes, escritas en momentos vitales distintos. La primera pertenece a Consideraciones de un apolítico (1918). La segunda es un extracto de sus discursos radiofónicos a los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, concretamente, de febrero de 1942.

El autor entre sus papeles.
 
La introducción de cualquier edición en conjunto de La Muerte en Venecia (1911) y Mario y el Mago (1929) suele contraponer el espíritu de ambos relatos. El primero nos ubica al Thomas Mann esteta, un hombre que se limita a contemplar el mundo con la mirada con que se admira una obra de arte. La visión de Aschembach, personaje principal del relato, no admite ética, por eso no siente remordimientos por su pasión, con la contemplación del joven Tadzio. Incluso el sufrimiento, resto penoso de la hipersensibilidad artística, debe permanecer oculta en el interior del protagonista. Únicamente se puede manifestar con su muerte, para no dañar la belleza del conjunto.
No es extraño que quien ve así el mundo escriba siete años más tarde.

“Se me crea o no: soy capaz de pensar que el odio y la enemistad entre los pueblos de Europa es, en última instancia, una ilusión, un error, que los bandos que se despedazan entre sí, en el fondo, no son siquiera bandos, sino que trabajan de común acuerdo bajo la voluntad de Dios y fraternalmente atormentadas, en la renovación del mundo y del alma.”

Aunque suene a misticismo, no debemos olvidar la condición de Dios como un gran artista, dentro de la visión del arte decadentista.

Katia Mann, esposa del autor, el año de su compromiso con Thomas, 1905.


Thomas Mann es un prisionero de la jaula de oro que él mismo se ha construido. También de su conciencia de élite. Él no es sólo un escritor de renombre, es hijo de un importante burgués, senador en Lübeck. De su clasismo se deriva buena parte de sus disgusto con la democracia. Dicen las Consideraciones:

“La democracia en cuanto a institución permanente carecería de todo mérito individual.”

Su condición y procedencia social no aclaran, sin embargo, el apoyo del escritor al nacionalismo belicista de la Alemania del Káiser en estallar la gran guerra. La explicación de cómo un hombre de su indudable sensibilidad mostró su adhesión a la Gran Guerra se encuentra en su propia tendencia a una vida solitaria, casi de anacoreta, en su mar de lujo.

Ejemplar de  Consideraciones de un apolítico (1918)

Como Aschembach, Thomas Mann mira al mundo de lejos. Se siente solo, abandonado por todos, hasta se considera amenazado. De aquí viene su desprecio por el hombre en general:

“El gobierno del pueblo... Esta expresión tiene su parte de horror.”
Encerrado en su jaula de oro, el esteta toma demasiada distancia del mundo, para ver la realidad del sufrimiento. Alivia su sentimiento de soledad, producto de su incomprensión social, mediante su identidad alemana, que le concede el derecho a pertenecer a un colectivo. Quizás el viejo uniforme de húsar prusiano que le regaló su padre cuando era niño influye en su amor hacia una Alemania autoritaria, así como por su deseo de sobreponerse a su naturaleza afeminada y sentirse hombre, por una vez:

“¿Qué sería el humanitarismo privado de un componente viril?”

El progresismo democrático amenaza a su identidad alemana. Por eso lo ataca fieramente junto al humanitarismo, la democracia e incluso la libertad. La única posibilidad de salvar a la Alemania Imperial es ganar la guerra. Por eso se adhiere a la contienda.
Las Consideraciones supusieron la ruptura entre Thomas Mann y su hermano mayor Heinrich Mann, también escritor. El autor de Los Buddenbrook se sintió insultado en un pasaje del libro de su hermano, Zola, crítico con el belicismo alemán, partidario del modelo demócrata francés. Todo pareció ser un malentendido, ya que Heinrich, si bien discrepaba en mucho con Thomas, no pretendió ofenderle. Pero un malentendido llevó a otro, y ambos hermanos se enzarzaron en una lucha en la prensa durante la guerra. La publicación de las Consideraciones supuso la culminación.

Los dos hermanos, Heinrich y Thomas.

Tras años de desencuentros, sin apenas contacto, por fin, en 1922, al caer Heinrich gravemente enfermo, a punto estuvo de morir, llamó a Thomas. Su hermano menor no se negó a ir a verle.
La conversión de Thomas a la democracia es, no obstante, anterior a la reconciliación con su hermano. Ya en la defensa de la ironía en las Consideraciones se percibe la incapacidad de un hombre como él para apoyar sin fisuras el autoritarismo. ¿Pueden ser estás frases producto de una mentalidad dictatorial?:

“¿Qué es el conservadurismo? Es la ironía del espíritu. […] El irónico es conservador.”

Medio siglo después, Borges escribirá que para él afiliarse al partido conservador es otra forma de resignación. Sin establecer un paralelismo sólido, no cabe duda de que la ironía es para Thomas Mann una forma de resignarse cínicamente a su condición de intelectual incomprendido y homosexual.

La República de Weimar 1918-1933, frágil intento de establecer una Alemania democrática.

A lo largo de los años veinte, el dolor de la posguerra le golpea más cerca de lo que lo había hecho los lejanos frentes de combate. Su odio contra los sectores de la ultraizquierda se patenta en sus Diarios en notas que se alegran del asesinato de Rosa de Luxemburgo (1918) o que hablan críticamente contra la breve República Soviética de Baviera (abril-mayo 1919). Sin embargo, pronto empieza el autor a comprender la necesidad de una democracia alemana, para los alemanes. Se sabe que votó por el Partido Democrático de Baviera, formación de corte nacionalista escorada hacia la izquierda. Si bien, su presencia en política activa fue siempre muy menguada. En sus Diarios vemos pronto una gran admiración hacia Friedrich Ebert, socialdemócrata, primer presidente de la República de Weimar, cuya repentinamente muerte en 1925 lamenta. Se opone ese mismo año a la candidatura del general Paul von Hindenburg para nuevo presidente. Sin embargo, lo apoyará en 1932, cuando el octogenario mariscal de campo derrotará ampliamente a Hitler en los comicios presidenciales.

Friedrich Ebert presidente de la república alemana entre 1919 y 1925, año de su muerte.

A lo largo de este periodo no se puede olvidar la publicación de La Montaña Mágica en 1925. Allí su crítica hacia el fascismo se evidencia cuando Hans Castorp dice al masón demócrata, Settembrini que, aunque sus ideas no son mejores (en el sentido de perfectas) son, sin duda, más honestas que las de Naptha, jesuita que defiende el pensamiento totalitario.

Paul von Hindenburg, presidente de Alemania entre 1925 y 1934, también muerto en el cargo. Thomas Mann apoyó su reelección en 1932.

Thomas Mann fue, con diferencia, el autor de su tiempo que combatió al fascismo. El mago de su relato, Mario y el mago no es otra cosa que un charlatán farsante que encandila a la gente con trucos, igual que Mussolini. En 1929, año que recibe el Premio Nobel, el esteta ya ha dejado atrás la jaula de oro, para convertirse en intelectual.
“Corres hacia el abismo Alemania” dice el autor de Doktor Faustus (1947). En 1933 Thomas Mann va de viaje por Europa para hacer unas conferencias sobre Wagner. Sus amigos le recomiendan que no vuelva. Checoslovaquia le concede la nacionalidad a él y su familia, para evitar que los Mann se conviertan en apátridas. Pronto su casa y otros bienes en Alemania son embargados.

Con la llegada al poder de Hiter Thomas Mann debe exiliarse.

El escritor no establece su residencia en Praga, sino en Zurich y después en EEUU cuya nacionalidad obtendrá en 1943. Un año y medio después de estallar la guerra el literato exiliado lleva a cabo una acción insólita, sin ningún paralelismo: inicia una serie de discursos radiofónicos contra los nazi, que se retransmitieron en Alemania.

“La guerra que vuestro Führer embustero achaca a los judíos, ingleses, masones […] en cuyas cadenas os veis sujetos!; una enrome, alocada aventura sin esperanza, un tremedal de sangre y crímenes, es en el que Alemania amenaza hundirse.” dice a los alemanes en noviembre de 1941.
Evita siempre dirigirse a sus compatriotas para hablarles de las grandes derrotas que van a sufrir de de 1942 en adelante. No desea ser visto como un enemigo de su patria, sino como un opositor al régimen:

“que el temor “¡Hay que aniquilar a los nazis!” no se convierta en “¡Hay que aniquilar a los alemanes.”

Les cuenta algunos detalles de su exilio y el padecimiento de los exiliados. Normalmente no centra la atención sobre sí mismo, pero en abril de 1945, en una alocución visiblemente emotiva, recuerda como trece años antes, poco antes de su inesperado exilio, recibió cartas de amenazas y un ejemplar de Los Buddembrook quemado.

Thomas Mann sigue luchando desde Los Angeles contra los nazis a través de la palabra.

Sí combate muy activamente el antisemitismo.

“Los judíos son casi siempre amigos de Alemania; y cuando llegue el momento […] tratarán de desaconsejar que se os pague con la misma moneda.” dice a sus compatriotas el 27 de agosto de 1942.

“Sobre Alemania se precipitan las fuerzas de la destrucción. Entre los escombros de nuestras ciudades engordan las ratas con carne de cadáver.”

No se me ocurre mejor testimonio literario del final de la guerra para Alemania que esta frase de Doktor Faustus. Thomas Mann siente la situación como un fracaso. Sus alocuciones pidiendo la rebelión contra Hitler, no han servido de nada. Los alemanes se han mantenido leales hasta el final.

Thomas Mann un ejemplar de Doktor Faustus entre las manos.

Irónicamente, tanto Roosvelt como Churchill consideraron la posibilidad de investir a Thomas Mann como presidente de la Alemania de la posguerra. Esta idea provenía de círculos bastante amplios de exiliados alemanes, que veían al escritor como un patriarca espiritual. Tal cargo, evidentemente, hubiese sido puramente nominal. El escritor Nobel lo rechazó, angustiado, antes de que la propuesta se materializase en algo oficial.

Sello conmemorativvo de Thomas Mann.

Jamás regresó a Alemania para vivir en ella. Muchos autores que se quedaron en Alemania, la mayoría colaboracionistas sin excusa, no dudaron en acusar al autor de La Montaña Mágica de haber contemplado la guerra desde un palco dorado, cual si su exilio hubiese sido un mero capricho. Se estableció de nuevo en Zurich, ya que McCarty empezó a acosarlo en los EEUU. Allí murió en 1955.


 Thomas Mann frente a un gramófono. Probablemente Wagner suena en esta foto.

Es muy posible ni sus Consideraciones ni sus alocuciones durante la Segunda Guerra Mundial ocupen un lugar destacado entre las obras completas de Thomas Mann. Realmente no pueden priorizarse por encima de sus grandes novelas y relatos. Sin embargo, tampoco deberían caer en el olvido. En ellas se constata la transformación de uno de los mayores genios de la literatura del S.XX. Thomas Mann jamás renunció a sus ansias de apolinia perfección artística, pero se transfiguró de desentendido esteta a intelectual comprometido con la sociedad de su tiempo.



Blibliografía Consultada:

KURZKE, Hermann. Thomas Mann. La vida como obra de arte. Una Biografía. Galaxia Gutemberg. Barcelona. 2003. Trad. Rosa Sala.
MANN, Thomas. Consideraciones de un apolítico. Capitán Swing Libros. Col. Entrelíneas. Salamanca. Febrero-2011. Trad. Grijalbo.
MANN, Thomas. Oíd, alemanes... Discursos radiofónicos contra Hitler. Península/Atalaya. Barcelona. 2003. Trad. Luis Tobío y Fernando Moreno.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Desorden


Pisaba tus ropas
desnudas de arrugas
en el suelo.
Y mientras yo avanzaba,
los colores
de tus camisas blancas
devoraban el polvo
maloliente
el de ceniza oscura.

Las baldosas
cubiertas por el manto
de tejidos
y de escorias disueltas
semejaban
piedras de un recto templo
que invitaban
a descalzar mis pasos.

Muy de cerca
tumbada en el sofá
que tu gato
arañó sañudo
recobraste
tu presencia corpórea:
suave y frágil
que te había robado
mi memoria.

Y ya de carne y hueso
compartimos
la comida y la tarde
como amigos.
Al amparo insalubre
de lo real,
tu hogareño desorden
recobró
esa esencia terrena
que después
mis ingratos recuerdos
volverían
hoy a mitificar.

12/8/2012
Eduard Ariza

martes, 4 de septiembre de 2012

Alberti y la pintura



 Rafael Alberti (1902-1999)

Poca gente sabe que el gran sueño de Rafael Alberti en su adolescencia era ser pintor, y no poeta. Su habilidad natural con las palabras le arrebató a los veinte años el pincel y sus predilectas acuarelas para ponerlo a escribir Marinero en tierra (1924).
Nunca abandonó su amor por la pintura. Durante un breve periodo de su etapa claramente vanguardista intentó incluso realizar un ejercicio que consistía en transcribir los sonidos en colores. De un modo bastante arbitrario, en función de su intensidad, timbre, agudeza y duración, el poeta gaditano pintaba a cada sonido con una línea más o menos larga, de un determinado color. Esta curiosa transcripción fonética terminó por aburrir a su autor, pues sus posibilidades se agotaron en seguida haciendo naufragar su vocación creativa en una sucesión de repeticiones.
Durante su etapa del exilio, Alberti escribió entre 1945 y 1954 una serie de poemas consagrados a los cuadros o a los pintores que habían significado algo para él. Tal composición vio la luz bajo el título de A la pintura. Poema del color y la línea. Sus composiciones se fueron enriqueciendo y ampliando, hasta quedar fijada en 1976 para las obras completas.
A continuación dejo algunos de los versos más encantadores de los que encontré en este poemario. En términos generales, mi criterio ha sido referirme a aquellos que hablan directamente de algún artista. Así puedo citarlo con una imagen. Si bien, también cito algunos poemas a elementos meramente conceptuales del mundo pictórico.

Piero Della Francesca. San Sebastián


“Arquitectura ilesa,
incólume armonía.
Pesa la geometría
y la luz también pesa.”
Piero Della Francesca

El Bosco. El jardín de las delicias (Detalle)

“El diablo hocicudo
ojipelambrudo
cornicapricudo
perniculimbrudo
y rabudo,
zorrea,
pajarea,
mosquiconejea,
humea,
vente,a
peditrompetea
por un embudo.”
El Bosco

Tiziano. El rapto de Europa
“Tu música, su fuente calurosa.
Tu belleza, el concierto de su mano.
Tu gracia, su sonrisa numerosa.
Lúdica edad, preámbulo sonoro,
divina y fiel desproporción de oro.
[…] Bacanal de color: su mediodía.
Colorean los ríos los Amores,
Surtiendo en arco de sus ingles flores.”
Tiziano

 Goya. Saturno devorando a sus hijos (Detalle)

“En tu inmortalidad llore la Gloria.
Y sonría el Horror.”
Goya


 Picasso. La muerte del torero

“Del azul se arrancó el toro del toril,
del azul el toro del chiquero.
De azul se arrancó el toro.”
Picasso

 Corot. El punte de Ornans.

“Pintor de la sonrisa feliz y del aliento
desfallecido de los humos vagos,
silfo del bosque morador del viento,
hilo azul de la virgen de los lagos:
viera yo por los ojos tranquilos de tus puentes
el fluir encantado de la vida,
viera desde tus montes y valles transparentes
mi arboleda perdida.”
Corot

 Spilimbergo. Los vaqueros

“A ti la tierra debe oscuras grietas,
rastros profundos, huellas rotas.
El mar, ensimismadas terrazas, formas quietas,
velas cercanas y remotas.”
Lino Spilimbergo


“A ti, limpia, inmácula, expandida,
jubilosa, mojada, transparente.
Para el papel, su abrevadora frente,
agua primaveral, lluvia florida.”
A la acuarela

 Massaccio. La Trinidad

“A ti, engaño idea, por quien la vista
anhela hundirse, prolongada en mano,
yendo de lo cercano a lo lejano,
del hondo azul al pálido amatista.”
A la perspectiva

Velázquez. Las Meninas (Detalle)

“A ti, vara de música rectora,
concertante del mar que et abre el lino,
silencioso, empapado peregrino
de la noche, el crepúsculo y la aurora.
A ti, caricia que el color colora,
fino estilete en el operar fino,
escoba barredera del camino
que te ensancha, te oprime y te aminora.”
Al pincel

El impulso mimético que construye las artes en base a la imitación de la realidad, o por el conrario el deseo de escarpar de esta que han sentido varios movimientos constituyen las dos únicas tendencias posibles del mundo del arte. Son dos tendencias comunes a cualquier manifestación artística. En vista de esto, no es extraño que las artes puedan inicar un diálogo entre ellas, hablar las unas de las otras. Un pincel puede mostrar a un poeta cantando, un poeta componer una oda a unas pinturas.
De todos modos, entre la pintura y las palabras el funcionamiento es distintos. Las primeras constituyen una realidad que por semejanza remite a otra realidad más real que ellas mismas, o pone a prueba la realidad obligando a su espectador a reconocer que en su vida había visto antes algo parecido. Las palabras viven dentro de la mente y desde allí activan los nexos internos con la realidad, empezando el viaje desde el interior de cráneo.



jueves, 30 de agosto de 2012

Compañera de juegos


Para T...

Pienso que Dios forjó la media luna
para sonreír cínico esta noche.
Pues duele  tan punzante su ironía
que de un astro obtiene apenas un diente.

Nunca maldeciré a Dios por premiarme
con tu reconfortante compañía.
Pero esta voluntad suya parece
un designio olvidado entre su agenda.

Cuando en mi niñez me dio los juguetes
olvidó a mi compañero de juegos.
Lloré las lágrimas de este descuido
pasados los años indiferentes.

Pues en mi mente fluían ideas
Como sueños diurnos inexpresables
que ocuparon mi tiempo hacia adentro
sin echar nadie en falta hasta después…

cuando necesité la compañía
y caminé por senderos sonoros
donde adolescente grité en silencio
y esperé a quienes llegaron después…

cuando encontré vuestro gineceo,
el zaguán babilónico, tu casa,
(en el segundo piso de alquiler)
cuyas flores y fuente eran humanas.

Desde tu presencia imanté mi brújula.
Con mis pasos libres del laberinto
cuento mis horas en un nuevo reloj
donde suenas a segundera y alarma.

Dios sonríe hoy con su diente argentario.
Eterno en cinismo, te entra en mi vida
cuando ya no tengo ningún juguete
y sólo sé jugar con las palabras.

30 de agosto de 2012
Eduard Ariza

miércoles, 18 de julio de 2012

Breve reencuentro con el mar


¿Tú sabes qué es el cielo?
La profusión de ese color azul
en realidad no existe.
Pero la belleza de su ilusión
nos oculta del vacío.

Tú materializaste un nuevo cielo
sobre los andenes de la estación.
Y no te diste cuenta…

Un cielo aguamarino: inmaterial.
Un cielo imperceptible.
Cielo turquesa sólo para mi alma.

Las caricias eléctricas
de las catenarias me desplazaron pronto.
Mi cuerpo flotó sobre los raíles
Con el paso del correo digital.

Fue sólo una ilusión.
El desvarío de unas horas fingidas.
Pero por un instante
mis angustias, mi tristeza, el dolor,
todo lo oscuro se ocultó en azul.

Eduard Ariza

martes, 3 de julio de 2012

Desproporciones


Nunca me cansaré de repetir que el futbol no es el problema. Desde luego tampoco lo es la selección española. Sí, las reacciones desproporcionadas del chovinismo antesdeayer dejaron ver alguna bandera preconstitucional entre la marea rojigualda que enarbolaba la bandera monárquica. También dieron muestra de un modelo de celebración estridente a la par que rudo. Pero desengañémonos, porque tales manifestaciones de patriotismo de hojalata, las vivimos igual a nivel catalán cada vez que gana el Barça.
Lo malo no es que la gente se apasione. En los tiempos que corren, vale la pena que la sociedad encuentre motivos de alegría. El problema es que los deportes sean la única fuente de pasión a disposición; y lo que es peor, la única razón de orgullo.
Respecto a la sobredimensión mediática, se evidencia, una vez más, que los españoles tenemos una desagradable tendencia a engrandecer nuestro presente inmediato, sin darle tampoco demasiada importancia a la larga. En realidad, no tardamos demasiado en precipitar al olvido cualquier acontecimiento, incluidas estas celebraciones multitudinarias. Sin embargo, estas merecen la cobertura mediática que reciben. Es como la vieja cuestión que se desata cada vez que el Papa viene a España, pero que se piense bien, y que se cuente bien, también: El lunes había 2 millones de personas, muchas de ellas de fuera de Madrid, esperando en la capital para recibir a la selección. El domingo se calcula que casi 10 millones de personas vimos el partido y cuatro lo celebraron en la calle. A esto hay que sumar los once mil españoles que lo presenciaron en directo, en el estadio de Kiev.
Ahora bien, llama mucho la atención como nuestros medios de comunicación menosprecian ciertos datos. Muy pocos seguidores saben que en la Eurocopa de 2008, de los 300.000€ embolsados por cada miembro de la selección, ni un solo céntimo fue ingresado en La Hacienda española. Los patrióticos jugadores aprovecharon la coyuntura legar de la Eurocopa para declarar sus impuestos en Austria cuya fiscalidad les beneficiaba más que la de España.
Se desconoce cómo o a quién pagarán en esta ocasión. Sí es conocido que la selección italiana donará sus primas a la región de L’Aquila, reciamente afectada por un catastrófico terremoto; bueno, en España se conoce un poco menos. Tampoco damos demasiada publicidad a los 900 millones de euros que los equipos de futbol adeudan con Hacienda, de los que más de la mitad pertenece tan sólo al Barça y al Real Madrid.
En su conjunto, más allá de las críticas obvias, la situación da pie a más de una reflexión bastante profunda. La que sigue me vino a la cabeza al recordar las palabras de un profesor mío de instituto que en su día me aconsejó: “No admires nunca a nadie, excepto a ti mismo. Es la mejor forma de ahorrarse decepciones.”
Parece ser que tras mucho degradar la idea de esfuerzo a lo largo plazo a favor de vivir la constante inmediatez, la sociedad se ha ahuecado. Sólo las formas más triviales de diversión les son conocidas. Del mismo modo que la abstención permanente de ciertas formas de desenfreno deja un hueco vacío en la vida de quien viva así. Consagrarse sólo a éstos medios como única vía de diversión, conduce fácilmente a un profundo sentimiento de insignificancia en la vida de quien conduzca su vida de este modo.
Pese a esta nueva y nihilista filosofía de vida, no parece que la sociedad se haya liberado de esa necesidad de trascendencia inmanente a todo ser humano. Desgraciadamente, a falta de haber cultivado otros intereses, debe conceder toda su trascendencia a aquellas cosas que cree comprender, por muy imperfectas que sean.
A fin de cuentas, si los medios no protegiesen la exagerada mitificación de nuestro fútbol, ocultando algunos de sus defectos, ¿qué quedaría digno de admirar en la vida de muchos?

domingo, 1 de julio de 2012

El origen del cosmos finlandés

Cualquier cultura inicia su mitología con una narración sobre el origen del mundo, o lo que las religiones monoteístas prefieren llamar el génesis. Mi afición por los cultos paganos me ha dado a conocer un diverso número de estas historias. Sin embargo, pocas me han parecido tan curiosas como la que aparece en el Canto I de Kalevala.


Portada de Kalevala de Elías Lönnrot traduido al castellano por Alianza Editorial. Traductores: Joaquín Fernández y Úrsula Ojanen

Escrito por Elias Lönnrot (1802-1884), Kalevala compila en sus más de 20.000 versos toda la tradición de mitología, leyendas, cuentos populares y fábulas de Finlandia. Fue especial empeño de su autor conseguir este ambicioso objetivo. Se debe tener en cuenta que hasta el S.XIX, la literatura finlandesa era prácticamente nula, pues tenía como única manifestación la lírica oral. Lönnrot, impulsado por las corrientes nacionalistas del romanticismo, creó una obra depositaria de la tradición de su cultura, que además sirvió, en buena medida, de fundamento para el establecimiento de unas letras finlandesas sólidas.


Elías Lönnrot (1802-1884)

El origen del mundo en la mitología finlandesa empieza con un gran mar, típica imagen asociada al caos. Ilmata, la diosa virgen, desciende a este mar, donde es fecunda por las olas y el viento. A partir de ahí la diosa nada, flotando boca arriba, durante siete siglos en estado de preñez de norte a sur, de este a oeste. Infructuosamente busca un lugar firme sobre el que pueda dar a luz.
Finalmente invoca al dios supremo, Ukko que le envía un pato, descrito en el cantar como un animal de gran elegancia y belleza.


El ave pide a Ilmata su roidilla para hacer en ella un nido donde incubar sus huevos. Seis huevos de oro y uno de hierro pone el pato sobre la rodilla de Ilmata. La diosa, sin embargo, empieza a quemarse por culpa del intenso calor de la incubación. Finalmente se mueve y los huevos caen al vacío.


Ilmata emerge de las aguas.

De sus cáscaras emerge la tierra, sus yemas dan lugar al sol, mientras sus claras son el origen de la luna. Así, con el cosmos constituido, Ilmata encuentra al fin la tan ansiada tierra firma y puede dar a luz a su hijo, Väïnämömën, el héroe.