jueves, 10 de noviembre de 2011

Elecciones generales a las dos cámaras

Cuando al español medio se le plantea que el presidente del senado cobra 11.000 euros brutos al mes, esto es una cifra superior a la del presidente del consejo, queda escandalizado. “¡Pero si no hace nada!” excalama.
Francisco Javier Rojo, Presidente del Senado

Ciertamente, el sueldo del señor Rojo –actual presidente de la cámara alta- parece una necedad incluso superior al organismo que preside. ¿Sirve realmente el senado?
Pues en el panorama actual no. La única función de la cámara es reafirmar lo que diga el Congreso o cámara baja. De hacerlo así, la ley se lleva al rey para que la promulgue, en caso contrario, vuelve al Congreso y, si éste le da por segunda vez el visto bueno, la ley es despachada definitivamente para Zarzuela.
Pocas cosas más hace el Senado. Aprueba de vez en cuando alguna ley de carácter territorial y media con las provincias. También hay que decir que, en el hipotético caso de la muerte de toda la familia real, en tanto que se buscase un nuevo monarca, el presidente del Senado sería quien tendría todos los números de la papeleta para ejercer temporalmente la regencia del reino, aunque tampoco esté así explicitado en la Constitución de 1978.
 Acutal Foramción de El Senado: PP (azul) 123, PSOE (rojo) 105, PSC (amarillo) 10, CIU (naranaja) 6, ERC (pistacho) 4, PNV (verde) 4, UPN (azul claro) 1, Independientes 8 (negro) 3, otros partidos (gris) 8.

¿Por qué dos cámaras? La Segunda República decidió ser un régimen unicameral. Sin embargo, esta decisión se debe a la identificación del senado con el sistema nobiliario. Desde su obertura en 1833, por la regenta María Cristina de Borbón, el senado fue una cámara para la representación nobiliaria del país, conservando no obstante su estatus de órgano colegislativo. El senado tenía amplias competencias en muchas materias y eran comisiones senatoriales quienes juzgaban a miembros del gobierno o diputados acusados de corrupción u otros delitos, pues quedaban por encima de ellos. Los senadores podían ser hereditarios, o bien nombrados por el rey (de forma independiente o a petición de El Congreso). Esto se mantuvo en las constituciones de 1837, 1848, 1869 (!) y 1976. Hasta que en 1931, el nuevo régimen que no creía en los privilegios de la nobleza optó por abolirla. Debemos decir, que Ángel Ossorio, uno de los redactores de la carta magna de 1931, bogó activamente por una cámara territorial, siendo abandonado en la votación por su propio grupo, los conservadores.

Escudo del Senado 




Durante el Franquismo (1939-1975) el Palacio del Senado no actuó de cámara legislativa, pero se convirtió en un punto de reunión frecuente de altos oficiales.
Se argumenta que el presidente Suárez (1976-1981) insistió en un sistema bicameral a fin de evitar similitudes con la Segunda República. En realidad, todo indica que Suárez quería dejar las disputas territoriales fuera de El Congreso. El Senado también pretendía en un principio conservar su carácter de cámara real. En efecto, durante su primera legislatura (1978-1982), algunas personalidades, como el escritor Nobel, Camilo José Cela, fueron designadas senadores reales, por Juan Carlos I. Pero, al no separar bien las competencias de cada cámara, el Senado quedó renegado a un segundo orden. Además, la monarquía abandonó pronto su implicación con el órgano, ya que la exponía demasiado en términos políticos.
 Senado Español durante un pleno.
Muchas voces plantean hoy por hoy la supresión del Senado. El 15-M de hecho propone abolirlo junto a la monarquía. Más que por la ideología, la amplia mayoría de estas voces se mueven por el deseo de ahorrar, no conociendo que el presupuesto de la cámara alta no rebasa los cuarenta y cuatro millones de euros. Cifra insuficiente para equilibrar las cuentas públicas.
La amplia mayoría de sistemas del mundo son bicamerales: Canadá, Alemania, Rusia o Estados Unidos son sólo algunos ejemplos. Vistos en contraposición son los sistemas de El Reino Unido y Francia quienes más destacan. En el sistema británico, la cámara alta, o de los Lores, arrastra el carácter nobiliario con derecho hereditario en algunos miembros, como la baronesa Margaret Thatcher, propio de un senado decimonónico que describimos en el caso español. Por el contrario la Quinta República francesa, siendo de carácter unitario, da una gran importancia a su senado, único punto de representación directa de los distintos departamentos de la república. La República Italiana es bicameral, aunque muchos proyectos, suelen agrupar conjuntamente a miembros de ambas cámaras. En su afán de representatividad, ambos cuerpos legislativos agrupan a casi un millar de senadores y parlamentarios.
 Senado Francés en Los Jardines de Luxemburgo (París)

Soy un gran partidario de un sistema bicameral con un órgano de representación nacional paralelo a otro de representación territorial. Dicha separación redunda en el propio beneficio de la verdadera separación de poderes y en consecuencia de la propia democracia.
Para que el Senado sea bien recibido entre la opinión pública, es necesario reformarlo a fondo. Debe ser útil. Reducir el número de sus miembros sería el primer paso; dos como mucho por autonomía. También es necesario que pase a ocuparse de todas las competencias en materia territorial. Por último, si el senado no aprueba una ley anteriormente votada en El Congreso, nada de devolverla a éste, para que la vuelva a votar: sistema americano. El Senado reforma la ley y envía su contrapropuesta a El Congreso. Si no agrada a la cámara baja, la vuelve a reformar y la vuelve a mandar al senado, así hasta que ambas cámaras legislativas se pongan de acuerdo. Esto que asustará a muchos, lleva funcionando en la mayoría de democracias bicamerales desde hace muchos años, y en el caso americano –el más antiguo- desde 1783. No es tan imposible como parece y contribuye a la salud democrática de la nación.
 Palacio de El Senado en Madrid 

En resumen, a diez días para las elecciones generales marcad la casilla escogiendo a vuestro senador.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Los nudos y la corbata... ¡Uf!


No es ningún secreto que me gustan las corbatas. Basta con mirar la foto de mi perfil en el blogg para comprobarlo. Hace poco una amiga mía me increpaba con socarronería que siempre que me ve con corbata le digo “Esta es nudo medio de Windsor a la italiana” o la modalidad que me haya anudado ese día. A su parecer me invento el nombre, porque no hay diferencia entre un nudo y otro. Dado que esta es una creencia general y que tengo algunas ganas de reírme compartiendo una pequeña frikada lo que a continuación sigue es una breve disertación sobre la corbata y sus distintos nudos.



Hombre serio con corbata.



Ha sido tradición en muchas culturas llevar pañuelos en el cuello por salud o por simple sentido de al estética. Este por ejemplo se sabe que fue el caso de Séneca. Sin embargo, la corbata tal como la entendemos hoy nació en Croacia. La caballería de este país fue la primera en incorporar este pañuelo con una punta más ancha que la otra si bien ambas triangulares a su indumentaria. Estamos en el S. XVI.
Si bien es cierto que la corbata nació en Croacia, su nudo nació un poco antes y un poco más al sur, en Albania. Allí los pastores por tradición solían anudarse la bufanda girando un extremo sobre el otro. Esta costumbre rural fue adaptada por la estética militar croata, pero en una pieza de tela más fina y elegante, forma en que hoy se concibe a la corbata.
La propagación de dicha prenda empieza en el S. XVII, cuando la monarquía francesa contrata a numerosos mercenarios croatas. Estos traen la “hrvatska” (literalmente, Croacia) bien anudada a sus cuellos con un broche y no tardan en ponerla de moda, primero entre los militares y después entre nobles y altos funcionarios.

 Colección de corbatas.

Durante la revolución de 1789, la corbata tuvo su primera implicación política, ya que los revolucionarios para identificarse la llevaban negra y los contrarrevolucionarios, blanca.
A lo largo del S. XIX recibe un gran impulso por parte de todas las estéticas europeas y occidentales en general, de modo, que se asienta como prenda significada en actos solemnes y vinculada a la elegancia.
Existen varias modalidades de nudo. A continuación os las presento todas. Previamente, debo explicaros que cada modalidad tiene la variedad italiana y la americana. Nada tiene de particular esta terminología, sencillamente, si el extremo ancho de la corbata para hacer el nudo vamos a la izquierda lo haremos a la italiana, si por el contrario, giramos el extremo ancho a la derecha, nos quedará un nudo a la americana. La versión italiana siempre suele transmitir una impresión más simétrica, aunque es más delicada. La modalidad americana permite una mayor resistencia si hemos de llevar la corbata todo el día así como deshacer el nudo más rápido, en contra partida, presenta una tendencia asimétrica.
El Nudo Sencillo. No es mi favorito, aunque reconozco que es el más fácil de hacer cuando se va con prisas.

 Nudo sencillo a la americana.
Vídeo.

Esquema.


Nudo sencillo a la italina.
Vídeo.

El Nudo Doble. Esta modalidad debo deciros que no me gusta nada. Personal –y subjetivamente- lo veo como un nudo muy pretencioso. Con una vuelta más sobre el nudo sencillo pretende adquirir la solemnidad de un nudo Windsor. No deja de ser una bagatela de timos.

 Nudo doble a la americana.

 Vídeo.

 Nudo doble a la italiana.

 Vídeo.

El Nudo Pequeño. Este nudo pretende ser muy pequeño, aunque en función del tejido de la corbata apenas lo notaremos. A finales del S. XIX y principios del S. XX estuvo de moda en las reuniones informales y, paradójicamente, también en los funerales, ya que al ser de talla pequeña alejaba cualquier ostentación.


 Nudo Pequeño a la americana.

 Vídeo.

Esquema.

 Nudo Pequeño a la italiana.

 Vídeo.

El Nudo Windsor Sencillo. Tal vez sea el nudo más popular entre los que se hacen. Es el nudo idóneo, ya que su diámetro sin ser excesivo cubre bien los primeros botones de la camisa con marcada elegancia y, al mismo tiempo, no presenta una gran dificultad.
 
 Nudo Windsor Sencillo a la americana.

 Vídeo.


 Esquema.

 Nudo Windsor Sencillo a la italiana.
 
 Vídeo.
 
El Nudo Medio de Windsor. Es la otra modalidad un poco más compleja ya que presenta una doble vuelta antes de hacer el nudo. No obstante, es más resistente que el Windsor sencillo. Notaréis en la foto que es el mismo nudo que llevo en la foto inicial, ya que es mi modalidad preferida.
 
 Nudo Windsor Medio a la americana.

Vídeo.

 Esquema.

 Nudo Windsor Medio a la italiana.
 
 Vídeo.

Por cierto, tanto esta modalidad como su variante sencilla, se llaman así porque las puso de moda (no las inventó) el rey Eduardo VIII quien al abdicar del trono pasó a usar el título de duque de Windsor.

 Eduardo VIII de Inglaterra, después duque de Windsor, con su corbata.

Ahora, con vuestro permiso, voy a guardar mis pobres corbatas en el cajón, porque, pese a que me avergüenza confesarlo, las pobres aún no tienen un colgador en mi armario.

 Cajón de guantes, cinturones, bufandas, bañadores, corbatas y cosas varias...

Espero que a partir de ahora la próxima vez que alguien se tenga que anudar una corbata al cuello sepa lo que se hace.

martes, 25 de octubre de 2011

Bartleby, el escribiente

Recientemente empecé un cursillo de literatura norteamericana. La historia literaria de los Estados Unidos me era sorprendentemente desconocida. Ignoro por qué este defecto mía es extrapolable a la mayoría de las personas, empezando por los propios norteamericanos, siempre poco cuidadosos con sus artes.

Celebro haber empezado a cambiar para mejor en este campo y aprovechando que algunos de los seguidores de Neonovecentismo sois aficionados a las lecturas breves quiero recomendaros Bartleby, el escribiente de Melville.
El nombre de este autor no puede desasociar de su obra principal, Moby-Dick, que de mala manera ha terminado por eclipsar al resto de su producción. Digo lo de mala manera fundándome en dos motivos, el primero es que si bien la narración de la ballena blanca recoge su mejor trabajo es frecuente que se la lea de manera incorrecta, como la simple caza de una ballena y no como el intenso estudio de la psicología obsesiva del hombre; y el otro motivo es que Moby Dick tampoco logra condesar toda la cosmología literaria de Melville.

Bartleby, el escribiente suele exponerse siempre al lado del adjetivo kafkiano. No haré uso de semejante anacronismo, dado que sí bien es muy ilustrativo, la aclaración que puede hacernos se oscurece por su error cronológico.
Bartleby es un escribiente cuya frase, “Preferiría no hacerlo” se reitera a lo largo de todo el relato. Se niega a trabajar más allá de lo que estipula su contrato y a veces ni eso. Su jefe, el narrador, siente por él una inusual compasión. Le toma por alguien con problemas fruto de un pasado trágico. Intenta ayudarlo de mil maneras. Cuando el pobre Bartleby va a la cárcel le ofrece venirse a vivir con él, pero éste “preferiría no hacerlo”.
El fin trágico de la obra queda acentuado por el contexto ilógico que ha rodeado a todo el argumento. Si esta obra se hubiese escrito en el S.XX sería inevitable pensar en Kafka, pero se escribió en el S. XIX (1853) por ello debemos mirar correctamente y ver algo melvillano en las obras de Kafka y también en las de Camus, ya que ambos autores le tuvieron como referente.

jueves, 20 de octubre de 2011

Votos puntuales o cómo estar con quien gane

Bueno, resulta que ahora que falta un mes todo el mundo está ya sometido a la efervescencia de la campaña electoral, que oficialmente aún no ha empezado.
Después de votar al partido que perdió en las pasadas autonómicas, confieso que me queda el resquemor de ganar. ¡Es que toda mi vida he ido con los perdedores!
Ahora se habla mucho del circo político. Yo más bien hablaría del hipódromo. Y, si bien es cierto que mi caballo favorito tiene un nombre que empieza por "R", también es cierto que un asno (cuyo nombre también empieza por "R") tiene más números de ganar, según sondeos. Pero esto de las carreras es lo que tiene. Nunca se sabe quien gana hasta el final. Así que si el votante quiere apostar por un caballo -equino, o bestia bovina de turno- siempre corre el riesgo de perder.
Dentro de un mes, a primera hora iré al colegio de mi distrito a emitir mis votos puntualísimamente. Y ahora ya sé como ganar. Votaré a los dos grandes partidos: PSOE y PP. "Eso es imposible" me diréis. En absoluto, nada más lejos de la realidad. Básicamente, votaré al PSOE para El Congreso y al PP en el Senado. Votos puntuales a las ocho en punto de la mañana. A la cámara baja a la izquierda y a la cámara alta a la derecha.
Así hago una apuesta sobre seguro, como buen novato, en los hipódromos.

jueves, 13 de octubre de 2011

¡Feliz día de San Eduardo el Confesor!

San Eduardo el Confesor
Éste es el primero. San Eduardo el Confesor rey de Inglaterra de 1042-1066. Hijo de Entelredo II el Indeciso y Emma de Normandía, tuvo que exiliarse de joven con su madre y su hermano, Alfredo, al país de su madre. Durante este periodo su padre combatió contra el rey rival, Sven I. A pesar de ganar la batalla, Entelredo II dejó a su mujer y sus hijos en Normandía. Durante sus 27 años en el exilio, Eduardo se contagió del espíritu católico que posteriormente impregnaría su reinado.
Al morir su padre en 1016, Canuto II de Dinamarca ocupó el trono de Inglaterra. La madre de Eduardo, se casó con el nuevo soberano a quien dio dos hijos. El gesto de Emma, demuestra el poco afecto que sentía por sus hijos con Entelredo II. Al morir Canuto II (1037) el trono le fue arrebatado a su hijo legítimo, Canuto Hardeknut (hijo de Emma y medio hermano de Eduardo), por Harold Harefoot.
 Escudo de armas del rey San Eduardo el Confesor
Éste tuvo que afrontar una nueva guerra civil contra Eduardo y su hermano Alfredo, haciendo prisionero a éste último y obligando a Eduardo a huir de nuevo a Normandía. Conservó el trono hasta su muerte en 1040, cuando lo recuperaría Canuto Hardeknut quien gobernaría Inglaterra desde Dinamarca. El despótico gobierno de su regente, el conde de Wessex, llevó la situación al colapso. Para calmar los ánimos, el mismo Canuto invita a Eduardo a ser su corregente en Inglaterra en 1041. Un año después, aclamado por el pueblo de Londres es nombrado rey.
 El rey San Eduardo el día de su coronación.
Tras tan tortuoso camino al poder, el nuevo rey se muestra como un monarca benévolo. Destituyó a varios nobles que abusaban de sus poderes feudales, estableció un sistema de erarios públicos mejor administrado e incluso dio pie a unas primitivas cortes nobiliarias y plebeyas con quienes debía consensuar sus decisiones.
Su fervor religioso le llevó a no consumar nunca su matrimonio con Edith de Wessex, prima suya. Asentó, así mismo, el cristianismo en el reino, definitivamente. A modo de símbolo, edificó la Abadía de Westminster, dejándola casi acabada, si bien se amplió posteriormente. Fue el primer rey que eligió enterrarse en ella, tradición que desde 1066, con contadas excepciones, siguen todos los monarcas británicos.
 Abadía de Westminster (Londres)
Como se alude brevemente en la obra de Shakespeare, Macbeth, a Eduardo el Confesor se le atribuía el poder de sanar a enfermos sólo con tocarlos. El rey Enrique II promovió su canonización, finalmente concedida por el papa Alejandro III en 1161 (un tiempo record para estos procesos). Dado que no había sufrido una muerte violenta, no se le dio el sobrenombre de mártir, sino de “el confesor”. Fue patrón de Inglaterra hasta 1348, cuando fue reemplazado por San Jorge.
Sin embargo, su muerte en 1066, dejó un panorama poco halagüeño. Sin hijos, sus tres sobrinos, Harold Halrald III de Noruega, Harold el Sajón y Guillermo I el Conquistador de Normandía se disputaron, una vez más, el trono inglés, resultando vencedor el último.
¡Feliz día de San Eduardo!

lunes, 10 de octubre de 2011

Contextualizar un poco...





Portada de el cómic Tintín en el Congo


Recientemente, topé con una noticia un tanto sorprendente: el cómic de la colección Tintín, Tintín en el Congo, había sido denunciado por racista. El primer titular que cayó en mis manos pecaba de sensacionalismo, pues aseguraba que el ejemplar de la mítica saga podía dejar de publicarse en Bélgica.

Luego de afinar las fuentes de información, descubrí que el demandante, Bienvenu Mbutu Mondondo, no exige tal cosa, sino que conste en su portada una advertencia, como contienen tantos otros libros, para que éste cómic se destine a un público mayor de dieciocho años, además de informar al lector sobre su contenido racista. El motivo es que considera que el cómic exhibe a la raza negra como seres inferiores con problemas de inteligencia.

El denunciante, Bienvenu Mbutu Mondondo, con el cómic entre las manos.

La complejidad del personaje Hergé (1907-1983) queda oscurecida por su fácil adaptación a la conversión de Bélgica en una provincia del Tercer Reich gobernada, entre 1940 y 1944. Se le llegó a señalar incluso como un “reixista”, nombre del colectivo fascista belga que colaboró estrechamente con los nazis, durante la ocupación. Esta hipótesis tiene poco fundamente, ya que Hergé, en múltiples alegorías, crítica en sus cómics el expansionismo de los regímenes fascistas, por Europa. Su escasa oposición a la invasión, como él mismo confesó, se debió a su desencantó con el sistema político. En 1973, declaró para el Haagse Post: «Reconozco que yo también creí que el futuro de Occidente podía depender del Nuevo Orden. Para muchos la democracia se había mostrado decepcionante y el Nuevo Orden traía nuevas esperanzas. A la vista de todo lo que pasó se trataba naturalmente de un gran error haber podido creer en ello”.

 Instantánea de Herge, autor de Tintín.

Más difícil que autoritario sería encontrar a un herré próximo al antisemitismo o a los prejuicios raciales. La descripción de lo que fue “El Congo Belga” en África, llevada a cabo por Hergé en Tintín, muestra, ciertamente, a una raza negra empobrecida desde el punto de vista cultural occidental. Gente que no sabe sumar ni restar, que se sorprende ante el flash de una cámara o de los ultrasonidos de la radio, aparecen, en varias ocasiones, a lo largo de las tiras de viñetas. Estos, objetivamente, eran hechos reales. Herré no deja de pecar de mostrar una historia eglucorada que evita abordar los dramas de la colonización. Pero, entiéndase que se cómic no era un medio de denuncia sino de pasa tiempo.

 Viñeta final de Tintín en El Congo.

No es Hergé el único que ha padecido estas interpretaciones tan subliminales de su trabajo, la novela (posteriormente llevada al cine) Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell, o la aún más célebre Cabaña del tío Tom H. B. Stowe han sido acusadas de contener clichés racistas. Muchos trabajos del periodo medieval, como Tirant lo Blanc, tiene, sobre ellos la acusación de machismo o, incluso, de incentivar la violencia, aunque suene ridículo.

 Portada de Gone with the wind, por M. Mitchell.

Para evaluar correctamente una obra, más aún cuando esta tiene un carácter artístico, primero debemos situarla en su contexto. Así evitaremos vituperarla con conceptos modernos que son ajenos a su tiempo. Después hay que evaluar el contexto social del personaje y, al final, entender la finalidad del trabajo, pues no se puede evaluar, con los mismos ojos, una obra que pretenda marcar tendencia ideológica que una destinada al divertimento.
Por supuesto, si alguien se siente ofendido leyendo las viñetas de Hergé, después de haber hecho todo este proceso, libre es de no leerlas, aunque de ahí a la denuncia hay un salto, tal vez, excesivo.
Esta mañana leía El Quijote de Cervantes, más exactamente el capítulo 29, donde Dorotea se hace pasar por la princesa de Micomicón y pide protección y matrimonio a Don Quijote. Todo forma parte de la trama del cura y el barbero, que persigue devolver al desvalido hidalgo a su pueblo. Sancho también cae en el engaño y ve a su señor coronado en breve rey de Micomicón y él, al fin, con el ducado o la preciada ínsula “que por grande que fuera” sabrá gobernar. Sólo una cosa inquieta al honrado escudero que sus vasallos sean negros, sin embargo, pronto encuentra un remedio que le satisface:

"¿Habrá más que cargar con ellos y traerlos a Espalo, donde los podré vender, y adónde me pagarán de contado, de cuyo dinero podré comparar algún título o algún oficio con que vivir descansado todos los días de mi vida?"
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Cervantes, Saavedra, Miguel. Editorial Planeta 2002. Edición a cargo de Martín de Riquer.

Confío en que todo el mundo vea descabellado que alguien fuese a pleitear a los tribunales contra una de las obras clave de la literatura española, pretextando que encierra un contenido racista.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Releyendo "La Metamorfosis"

A propósito de esta segunda lectura que he tenido que hacer de tan extraordinario relato, para la asignatura de literatura en la facultad, se me ha ocurrido hacer una entrada, sobre la misma.
Siempre he sido un gran defensor de la cultura psicoanalítica, antes incluso que de la biográfica, como vehículo para desentrañar la visión del artista. Admito que este sistema, fácil de parodiar y aún más fácil de caer en su propia caricatura, puede llegar a resultar grotesco. Yo, sin embargo, lo empleo obteniendo a menudo muy buenos resultados.

Franz Kafka (1883-1924)




La historia de Gregorio Samsa, un joven que amanece un día convertido en un insecto, revela el talento de Kafka, para aplicar en el S. XX un tópico literario propio de los tiempos de Ovidio. Su “metamorfosis” no tiene nada de plácida, es atroz y monstruosa. Pero ¿qué se esconde bajo ella?
Indagando un poco, no tardaremos en descubrir las pésimas relaciones que el autor mantenía con su familia. Su odio hacia su padre queda bien patentado (y, dicho se en su honor, de forma muy educada) en su famoso escrito La carta al padre. Su madre y sus hermanas, por lo visto, tampoco eran objeto de su estima. Se conserva una carta de un moribundo Kafka, fechada en 1924, donde le pide a su amigo y editor, Max Brod: Todo lo que se encuentre entre mis cosas […] debe ser quemado. Kafka no quería que sus papeles terminasen, como lo hicieron, en manos de su familia.


Igual que Gregorio Samsa Kafka tuvo que trabajar en un almacén y otros lugares, a fin de cubrir las deudas familiares. Tal vez, él se sintiesen orgulloso haber proporcionad a sus padres y hermana tan sosegada existencia, en marco tan lindo, como Gregorio, pero haberse degradado de este modo  haber renunciado a sus aspiraciones fueron las causas de que el autor se acabase sintiendo como un insecto.
Este sentimiento de menosprecio y desamparo queda perfectamente transmitido. Gregor no es consciente en el relato de que transmite repulsión y siente ésta como algo extraño e inesperado. A fin de no acabar en una narración descarnada, Kafka, con cierto genio lo enmascara con la lógica de su universo particular y evitando decir las cosas con excesiva claridad. Pensemos que en el momento de la publicación de La metamorfosis, 1916, su familia tuvo acceso a la misma.

No obstante, la claridad de las pistas es tan evidente como su disposición deliberada. Gregorio tiene en su habitación el retrato de una dama con un traje de pieles. Cuando su madre y su hermana entran a llevárselo junto con los demás muebles, él sale de debajo de la cama, para impedir que se lo arrebaten. Encajar este dato con sus tres romances fallidos, a causa de la oposición paterna y familiar, no cuesta demasiado. Tal vez, porque esa dama envuelta en pieles del retrato no es una sola persona, carece de un nombre concreto en el relato.
Una vez ya transfigurado, Gregorio descubre que su padre le había ocultado que aún poseía cierta cantidad de dinero de su antigua fortuna, con el que podrán vivir un tiempo. Verdad es que Gregorio tampoco le había preguntado nada en particular y también es cierto que un rasgo biográfico paralelo nos llega del autor en la, ya mencionada, Carta al padre.

Manuscrito de La Metamorfosis 




No olvidemos el brutal episodio, en que Gregorio es atacado por su padre que le arroja manzanas hasta malherirlo para que se esconda en la habitación. En ese momento la madre amarrarlo y detenerlo le suplicaba que perdonase la vida al hijo.
Kafka terminó muriendo de tuberculosis, “reventando”, en cierto modo, siguiendo los pasos de su protagonista. El sentimiento de abandono y desprecio que le fustigó toda su vida, tal vez, le permitió predecir, más de una década antes de su propia muerte, que al fallecer Gregorio Samsa, su familia no sólo se muestra indiferente; es que hasta se siente aliviada.