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lunes, 12 de marzo de 2012

La Sexualidad de Henry James


Este noviembre tuve ocasión de leer Los papeles de Aspern de Henry James (1843-1916) cuya exquisitez narrativa me instó a ampliar mi visión del autor, durante enero, con la lectura de su titánica obra arquitrabe, Retrato de una dama. Aunque me gustaría hacer una crítica literaria, no me siento con capacidad para hablar de Henry James en el plano literario, porque siempre me quedaré en un plano reducido.

Henry James (1843-1916)

Prefiero hablar una poco de la sexualidad del autor que siempre ha sido un misterio. No se conoce a Henry James ninguna relación amorosa a lo largo de toda su vida, ni carnal ni platónica. La personalidad introvertida a menudo distante de este americano que eligió vivir cual gentleman inglés recuerda con frecuencia al narrador de sus novelas siempre objetivo y apartado de la acción, como si la viese desde fuera incluso en los relatos narrados en primera persona.

 Henry James en su juventud.


 

Para explicar esto hay dos tesis hasta ahora. La primera es un tanto rocambolesca, pues plantea que el autor sufría una acuciada impotencia a raíz de una caída de caballo. Se desconoce qué culpa tienen los pobres equinos, pero hasta se ha intentado cargar sobre una hipotética caída de caballo la causa de la locura de Nietzsche, a fin de evitar pronunciar el tabú de una venérea como la sífilis. A parte de que es muy retorcido intentar buscar una relación entre la supuesta causa y el conjeturado fenómeno, una impotencia aguda no explicaría que una persona de gran sensibilidad como Henry James jamás abriese su corazón a otro ser humano, aunque dejase su cama cerrada.

Emigrado a Inglaterra con sombrero de copa cual gentleman nativo.


Descartada esta idea, la otra plantea que el autor pudo haber sido homosexual, tendencia que habría vivido en total represión y con gran secretismo. Bueno… un poco como después del auge del feminismo a principios del S. XX, cuando se llegó a rebuscar en la obra de cualquier autora para encontrar rasgos feministas según la acepción política, más allá de lo femenino; con la aceptación paulatina de que ciertos grandes del arte eran homosexuales, a principios del siglo pasado, -cuando aún era un delito para todas las legislaciones-, particularmente a raíz de los casos de Wilde y Giné, muchos han atribuido esta tendencia a toda clase de personalidades de forma infundada. Verbigracia, una folleto que circula por Internet asegurando que Don Miguel de Cervantes fue homosexual.

 Biblioteca personal de Henry James.
 
En el caso de Henry James conjeturar con una homosexualidad fuertemente reprimida queda en una teoría sin puntos de apoyo. Cuesta mucho asumir esta posibilidad sin que quede el más mínimo rastro de un amante, un favorito, de alguna denuncia o de algún chantajista. ¿No sería más lógico considerar otra opción que encaja mejor con el patrón del personaje?
Además de la bisexualidad, la heterosexualidad y la homosexualidad, existe una cuarta identidad sexual considerada “dentro de las variaciones normales” por los expertos: la asexualidad. Se calcula que el 1% de la población mundial es asexual, es decir, carece de necesidades sexuales y hasta eróticas. No debe confundirse con el anafrodismo, enfermedad que hace al experimentar miedo o asco por el sexo, pero sin perder el apetito sexual. Este trastorno (temporal, si se trata) a menudo fruto de un trauma sería el “quiero y no puedo”, mientras que el asexual es el “no me interesa, gracias”.

Bandera de la Asexualidad.

La condición de asexual guarda más dureza de la que pueda parecer y riesgo de exclusión social, a causa de no compartir un interés fundamental del resto de la humanidad. Por lo que, los asexuales pueden llegar a ser víctimas de burlas y escarnio.
No anhelar el contacto íntimo con otro ser humano concede una perspectiva más introvertida del mundo. Si bien, el asexual no es apático ni desapasionado, al contrario, puede sentir grandes pasiones por un número sinfín de cosas, pero su visión del mundo queda ausente de erotismo, lo que, por otro lado, le concede una relativa objetividad aparentemente fría cuando se describe al resto; o, cuanto menos, falta de algo. ¿Alguien que conozca la obra de Henry James no piensa ya en alguno de sus narradores?

Firma de Henry James.

Visto cuanto se ha expuesto, no es difícil aceptar, a falta de mejores teorías, la hipótesis de que Henry James fuese asexual y plasmase la visión del mundo que tiene este particular colectivo en sus novelas, a través de su óptica refinada hasta las tendencias de la vieja aristocracia europea, y culta.