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martes, 28 de octubre de 2014

Astúcia o covardia?


D’ençà que el Tribunal Constitucional suspengué la Llei de Consultes, el senyor Mas no ha fet altre cosa que estimular més i més, entre la gent, la necessitat de votar aquest mes entrant la qüestió de la independència. I val a dir que molts catalans, potser la majoria, no ha dubtat a seguir-lo.
Pels qui posem més atenció en qüestions més quotidianes com ara que en dos anys i mig el nostre Parlament tan sols hagi aprovat literalment cinc lleis (!) comptant una de pressupostos i la de consultes, que el deute català s’hagi duplicat respecte a les ja penoses finances deixades pels sis anys de tripartit mentre el nostre bonus de deute continua enfonsant-se a la categoria de “bonus deixalla”, la privatització d’hospitals públics, o la molt probable trama corrupte que embrutarà tot el partit del Govern, la metafísica de “l’Estat Nació” ens sona una mica allunyada de les nostres preocupacions més urgents.

LLei de Consultes sancionada pel President Mas

Mai s’ha de faltar el respecte als qui senten el desig de ser consultats sobre la unitat de l’Estat. Ara bé, cal que s’entengui que el seu anhel democràtic no es pot materialitzar de qualsevol manera. I la pressa per fer-ho “ara o mai”, com si després del 9-N s’acabés el món, està transfigurat la cara, fins ara desafinat, del sobiranisme, en el ridícul rostre d’un clown.
Fa poques setmanes, el Partit Independentista del Quebec va qualificar el procés català de “simbòlic” i “succedani” al costat dels procesos del Quebec i Escòcia. Fóra bo que els independentistes se n’adonessin amb això de fins a quin punt fan malament la seva via.
Potser fer un “procés participatiu”, sense cens i podent votar durant quinze dies no sigui el millor sistema per guanyar credibilitat ni respecte. Per més que el President ho exposi com un jugada carregada d’astúcia, és un nyap per sortir ell del pas.


Pascal Bérubé, diputat independendista quebequés, parlant sobre el procés català. Vegeu l'enllaç de l'Ara


El Molt Honorable vol vendre la seva ocurrència com una estratègia ben planificada. Assegura que el Govern central no la podrà recorre perquè aquest cop no hi ha decret, ni llei o cap paper signat.
Per la seva trajectòria i formació, el President ha de saber que això és fals. Tot acte d’una administració o impulsat per ella, per la via de fet –o sigui, sense marc legal o reglamentari que la recolzi- es pot recorre, i a més, mitjançant un procediment d’urgència. No només davant del Tribunal Constitucional, sinó fins i tot davant de qualsevol jutjat del contenciós-administratiu.
Sembla prou clar que aquest bon home menteix per guanyar-se el favor de l’electorat, servint-se de la mancança popular de coneixements jurídics – com ha fet des del primer moment. I, si com afirma, desconeix que això que vol convocar pot impugnar-se, més li valdria dimitir.
 
 Imatge de la V del darrer 11-S.
Però no dubtem de la seva intel·ligència. Els seus actes demostren que ho sap prou bé. De fet, per això no firma cap decret. Ni ell, ni cap membre del Govern. Exigeix al personal administratiu de la Generalitat que s’impliquin en la “consulta”, demana als directors dels centres escolars als qui va convocar dijous 16 que obrin els centres el dia 9 y els següents, i quan aquests li demanen una ordre signada si nega. Per estratègia? No pas. O bé, de fet sí. Per la estratègia d’evitar-se la responsabilitat administrativa i penal en que es pugui incorre i fer-la carrega sobre els seus funcionaris, altres subordinats i fins i tot els voluntaris.
I és que, diguin el que diguin de la Constitució, el senyor Mas, capità de mar, i demés tripulació acompanyant, tots ells veuen clar que hi ha “paperets” que importen i molt, malgrat “la voluntat de tot un poble”. Entre d’altres, els decrets de convocatòria il·legals.





miércoles, 14 de noviembre de 2012

Anécdotas de esta mañana...



Esta mañana estoy enfrascado en la lectura de mis libros de derecho. La palabra “consuetudinario” me sigue sonando igual de rara, a pesar de que ya sé su significado. Al final decido levantarme del escritorio para ir hacia el balcón donde espero encontrar algo de aire fresco que me despeje.
Mi padre está en allí, mirando a la calle. Abajo se oyen las sirenas y las proclamas voceadas por unos veinte “piquetes”. A nervioso paso de hormigas desorientadas caminan sin marcar un ritmo estable. Diseminados por la calle, los del principio del grupo parecen ansiosos por encontrar un comercio abierto ante el que ponerse a gritar sus consignas. Un Mercadona no tarda en concederles esa satisfacción. Los de atrás del grupo, más rezagados y dispersos, aunque en sus pechos cuelgue el identificador del sindicato CCOO o UGT, llevan acabo su misión con mucha más parsimonia. Algunos tienen el móvil en la mano sobre cuya pantalla digital teclean algo con el dedo. Otros van charlando con el compañero más cercano.

A veces los políticos demuestran que ven las papeletas de sus propios votos como papel mojado.

-Esto no es serio –comenta mi padre con disgusto.
Él ha secundado la huelga y esta tarde irá a la manifestación, pero no puede menos que disgustarse ante semejante escena. Yo, mucho más escéptico para todo, siempre he mirado a la lucha sindical con reservas, cuestionando su utilidad y viendo la mayoría de sus instrumentos como anacronismos que necesitan una renovación. Me quedo callado e intento sacar una composición objetiva del panorama.
Justo en ese momento, un señor vestido con camisa roja, americana negra y corbata también negra bien sujeta con una aguja al pecho, y que, según dice mi padre, llevaba peluquín –cosa de la que no estoy muy seguro- grita al paso de los piquetes.
-¡No, no, no a la huelga general! ¡Queremos trabajar!
Uno de los piquetes más jóvenes y una señora de mediana edad no tardan en encararse con él. El señor se siente muy seguro rodeado por sus siete u ocho amigos, con quienes se estaba fumando unos gruesos cigarros de hoja, aunque no me ha parecido que fuesen puros. La conversación no tarda en subir de tono.
-¡Yo estoy en paro! –le grita la señora.
-Pues busca trabajo –le responde el señor.
-¡Tú lo que eres es un mafioso cabrón! –a este último piquete joven tienen que sujetarlo sus compañeros para que no se abalance sobre el provocador.
Desde el balcón por un momento temo que voy a presenciar una pelea callejera en su faceta más cruda. Si aquel chico joven se hubiese tirado encima del señor y éste se hubiese visto ayudado por sus amigos, los piquetes también habrían entrado en la pelea. A saber cómo hubiese terminado… Por suerte, el chico es retenido por sus colegas y a paso lento y desorientado el grupo de piquetes se aleja de donde puedo verlos, no sin volver a mostrarme a los dispersos que siguen tecleando en sus móviles como si nada hubiese pasado. Al poco rato, una señora mayor, de pelo rubio teñido, vestida con un abrigo de futon blanco se acerca al señor de la corbata para felicitarlo.

 
Hace una semana me preguntaron si creía que había motivos para una huelga.
-Si consideras la huelga un medio para reivindicarte sí. –respondí.
Quizá me encubrí demasiado, pero creo que conseguí decir exactamente lo que pensaba. Y eso, no siempre es fácil. Naturalmente que hay motivos para el descontento social. La gestión gubernamental de la crisis económica se aparta a menudo de toda empatía hacia los ciudadanos. Si bien, la cosa es aún peor. Porque el gobierno Rajoy no sustituye su vocación de servicio a los ciudadanos por un pragmatismo maquiavélico. Entonces al menos, se podría decir que el gobierno salvaguarda los intereses del estado; intereses que cuesta concebir al margen de los ciudadanos, aunque según algunos teóricos de la política, bastante rancios por cierto, aseguren lo contrario. Pero es que ni por esas. Nuestro gobierno actual, con el estilo de su predecesor, da palos de ciego sin saber que está haciendo. El resultado es una interminable lista de daños colaterales para las personas más frágiles desde el punto de vista económico.

 
Sin embargo, aunque acepto esto, no puedo dejar de tener mis reservas entorno a la idea de la huelga. Personalmente la considero un mecanismo que ha perdido su efectividad. Especialmente, cuando las victorias que obtienen sus convocantes en la calle no se traducen después en victorias en el parlamento. Que nadie se engañe, en una democracia tan necesario es lo uno como lo otro.
Debe de ser monstruosa la desconfianza de la izquierda en su clase política para que su desplome en la intención de voto no parezca tener fin. Resulta realmente extraño, que tras todas las medidas adoptadas, el PP aguante al grueso de sus votantes y el PSOE siga cayendo en lugar de producirse la inversión de valores típica de la alternancia política. Y, si a alguien no le gustan las siglas del principal partido de oposición, me valen las de cualquier otro. El caso es que ninguna formación de izquierdas se constituye ahora por ahora en una alternativa de poder con propuestas sólidas y creíbles.

¿Por qué aquí dentro no se expresa la voluntad de la ciudadanía de quien emana el poder que ostenta?
 
De todos modos, esta reflexión se aparta un poco de lo que estábamos tratando. Volviendo a la huelga, a mí me deja un sabor agridulce. Es agradable ver la respuesta ciudadana, aunque inquieta un poco saber que el pequeño comercio de tu barrio no va a cerrar por convicción, sino por miedo a que los piquetes les rompan un cristal. También es lamentable la imagen de mucha gente siendo abucheada por sus compañeros de trabajo por el sencillo hecho de no compartir su ideario. Ya no hablemos de los incidentes, siempre puntuales hay que decirlo, de violencia callejera. Estos problemas, fácilmente corregibles, deberían solventarse para que la huelga no se tiñese de ningún toque autoritario como los que ahora empañan la actitud del gobierno.

Y la gran pregunta es si volveremos a esto... A veces todo parece tan negro que llegas a creer que sí.

Sobre qué métodos emplearía yo… Casi me avergüenza decirlo, por lo utópico de la idea. Creo que la ciudadanía debería recurrir a la insurrección fiscal masiva cuando considerase que la clase política no gestiona bien su dinero, es decir, el poder del estado. Confieso que es más improbable que esto llegue a suceder que obligar a rectificar su rumbo a unos políticos sordos, de corazón endurecido, mediante una cívica muestra de descontento social en las calles. Así que… no sé por qué critico tanto.


viernes, 12 de octubre de 2012

Mentres recordo que...

Fa ja unes quantes setmanes, la professora de literatura hispanoamericana tractava d’explicar-nos la desorientació que els escriptors de hispanoamericans intentaren resoldre durant el modernisme a Amèrica. Patien una barreja de mals sentiments: il•legitimitat en el territori, mestissatge, bastardia, dependència de les escoles del castellà peninsular... En resum, aquesta gent no sabien qui eren. No tenien identitat.




Al llarg del modernisme i durant els moviments que el seguiren consolidaren una identitat pròpia per la cultura de cada país hispanoamericà. Fins al punt, explicà, que avui dia sembla agosarat parlar de literatura hispanoamericana com un bloc megalític. Més aviat és un fòrum tan divers com pugui ser la literatura del castellà peninsular.
A molta gent no va quedar-li clar a què es referia amb això d’identitat:
-No era una qüestió idiomàtica. No volien canviar el castellà per una llengua precolombina, posem pel cas, sinó d’aconseguir un estil cultural propi, dintre de l’idioma.




Vaig trobar envejable fins a quin punt a Llatinoamèrica s’havia assolit una identitat cultural-nacional per cada país. Aquí, a Espanya, no hem arribat mai a aconseguir aquest status. La identitat espanyola és quelcom confús, més oficial que sentit. Producte d’això és el nacionalisme xovinista, enemic de la cultura, que ha construït una concepte ranci de pàtria, completament buit. També d’aquí deriva l’escassa identificació dels persones més cultes de la nostra història amb l’etiqueta “d’espanyol”. I més encara una identificació confortable, lliure de vergonya.



-Penseu en els escriptors catalans que escriuen en castellà. Continuen tenint identitat catalana.
Amb aquestes paraules, va tractar d’exemplificar d’una manera més propera la qüestió d’identitat de la qual parlava. Vaig quedar submergit en una profunda reflexió personal mentre la sentia. Fet que per mi és el més profitós del discurs acadèmic de la universitat.
Jo tinc una identitat catalana. La tinc per damunt de la meva llengua de preferència. A banda, fins i tot, de ser un escèptic del procés polític que em començat. La tinc gràcies al meu bilingüisme. Pel meu apressi a les arts d’aquest país i més exactament als seus escriptors.

Darrerament, he sentit moltes barbaritats. Masses fins i tot per un ambient pre-electoral. La famosa intervenció militar contra a aquest país per integrar-lo a la força a l’estat, n’és la pitjor. També val a reconèixer el gran concepte de l'educació que té el ministre Wert, qui encara sembla pensar que és una eina d'adoctrinament idol·lògic. D’altres, políticament oposades, però igual de terribles, les he trobat a alguns articles de certes revistes “culturals” (on no hi he trobat cap firma d’un català notable) amb format de fulletons radicals. En aquests és crida a poc menys que a la neteja lingüística del castellà a Catalunya. Segons es veu, és l’única manera de protegir la identitat “realment catalana”.


Algú em recriminarà que doni tanta importància a aquests comentaris aïllats, que m’espantin més que les paraules del nostre feixisme xovinista. De fet, aquest darrer té més poder, per tant se l’hauria de témer més. Però la meva por –pot ser, irracional, com totes les pors- rau al fet de la nostra societat “progressista”. Ningú que no sigui ja feixista es prendrà seriosament a certs mitjans de comunicació. Estem immunitzats contra ells, per el seu esperit reaccionari, o “carca” si es prefereix. El progressisme malentès, en una societat poc reflexiva com la nostra, pot arribar a ser més perillós. Avui dia és molt “progre” ser independentista. Només cal veure el PSC que ha de dir que no ho és amb la boca petita i quasi demanant disculpes. No pretenc amb això menystenir a aquelles persones que mantenen aquesta ideologia d’una manera raonable, amb fonament i reflexió. Però sí que em fa por que tota aquesta gent que s’apunta al carro del “progressisme”, sense parar-se a pensar gaire, sovint sense distingir el bé del mal, acabi entabanada per aquests opuscles, radicals, tan perillosos.



Volia aprofitar “El Día de la Raça” per compartir aquesta reflexió amb vosaltres. He intentat fer-ho des del més profund respecte cap a tothom. Permeteu-me explicitar, per si no ho he deixat massa clar, que aquest text no va contra la independència. Demano disculpes, en qualsevol cas, a tothom que s'hagi sentit ofès. Només critica un ambient social amb masses tensions que semblen voler augmentar els radicals. Les dues comunitats lingüístiques sempre hem conviscut a Catalunya. Prenguem el camí que prenguem, no hauríem de fracturar-nos en dos com a comunitat.


Ja que hi sóc, aprofito també, a falta d’una data millor per fer-ho, per celebrar amb tots aquells que formen part, senten propera, o estimen, la rica cultura del món hispànic. A veure si ens busquem un altre dia, que l’idea s’ho mereix.
També prometo aprofundir sobre què vol dir per a mi ser català, més endavant...

jueves, 27 de septiembre de 2012

Borges y su deriva política


Admito que esta costumbre mía por indagar en las intimidades biográficas de los autores que me gustan es reprobable. Sólo mi ineficiencia para exponer en un post una crítica literaria que valga la pena disculpa, sin llegar a hacerlo del todo, este vicio tan feo que tengo.

Borges (1898-1956)

A menudo se tilda a Borges de escritor fascista. Otras descripciones más amables lo presentan como un intelectual empedernido, que cometió el error de abandonar su enclaustramiento de biblioteca, sin saber del mundo lo suficiente, así que terminó apoyando al régimen de Videla.
Borges firmando un libro.

Ambos retratos, especialmente el primero, son erróneos, o cuanto menos, profundamente inexactos. Borges nunca militó en el fascismo. Antes bien, fue de los argentinos más críticos contra las potencias del Eje, durante la Segunda Guerra Mundial. Después de todo, tenía ascendencia judía en su genealogía. En cuanto a su imagen de intelectual aislado, cuya leyenda él mismo acrecentó, nada tiene de verdadero. Fue siempre un hombre políticamente comprometido y un profundo patriota argentino.

Los hermano Jorge Luis y Nora.

En 1919, acabada la Primera Guerra Mundial, la familia Borges se muda de Ginebra a Mallorca. Durante sus viajes por España, el joven Borges da sus primeros pasos políticos, por supuesto, orientados hacia ideologías de ultraizquierda. Años más tarde en su relato, El Otro, recordará como en su juventud intentaba componer poemas al comunismo. También se adhiere al grupo ultraísta de vanguardia, que orientará sus primeros pasos literarios.

Borges recibiendo nombrado doctor honoris causa.

En 1921, la familia regresa a Argentina. Más maduro, con su intelectualismo más consolidado, Borges se aparta de los espejismos libertarios que enmascaraban el autoritarismo de la URSS. Dos años después, publica Fervor de Buenos Aires, su primer poemario. La ciudad y por extensión el país van a ser de ahora en adelante dos de los temas más recurrentes en su obra.

Borges pasea guiado por María Kodama.

En estos años, Leopoldo Lugones, poeta consagrado, aboga en sus conferencias por estructurar argentina en base al fascismo racial. Mientras tanto el anónimo Borges se acerca a la Unión Cívica Radical, partido de Hipólito Yrigoyen, presidente de la nación entre 1916 y 1922. Primer hombre en acceder a este cargo, sin simpatías de los militares ni de la burguesía criolla; impulsor de una línea política progresista que perseguía de democratización del país; Yrigoyen dejó la presidencia ante la imposibilidad constitucional de tener reelección directa. En 1928, se presenta a un su segundo mandato.

Hipólito Yrigoyen, Presidente de Argentina entre 1916-1922 y 1928-1930. Muy admirado por Borges.

Borges preside durante la campaña electoral el "Comité de Jóvenes Escritores Yrigoyenistas". Dedica exaltados artículos en prensa y da conferencias en apoyo a la candidatura radical. Incluso su publicación de El Idioma de los argentinos, en 1928, no queda exenta del espíritu de regeneración nacional que personificaba el partido radical, si bien, tal contenido político queda muy diluido entre la jerga literaria.

 General Félix Uriburu, presidente argentino de facto entre 1930-1932

Por desgracia, en 1930, con el gobierno y el país golpeados por la crisis económica mundial, el general Uriburu da un golpe de estado que derroca a Yrigoyen. Comienza la conocida como "Década Infame". En 1946, tras encadenar varios gobiernos militares y algún patético intento de fingida democracia, el general Julián Farrell convoca elecciones. Obtienen una amplia victoria el general Juan Domingo Perón y su Partido Justicialista.

 General Farrel, presidente argentino, de facto, entre 1944-1946

Aunque terminó preso de la Junta Militar (hecho que supo explotar perfectamente), Perón había ostentando numerosos cargos en la misma, el más importante la vicepresidencia entre 1944-45. Borges, que ya había mostrado gran adversidad hacia Perón, reforzó su crítica en prensa, cuando éste optó a la presidencia.

General Juan Domingo Perón, presidente de Argentina, entre 1946-1955 y 1973-1974.

Tres meses después de su victoria, los peronistas privaron de su condición a más de la mitad de catedráticos universitarios del país. En general golpearon a toda la oposición intelectual a su populismo demagógico. Borges pagó caros sus artículos. Se le trasladó humillantemente de su puesto de funcionario en la Biblioteca Nacional, al de inspector de aves en el mercado de Buenos Aires. Sin embargo, el golpe más duró llegó algo después, cuando su madre y su hermana fueron encarceladas varios meses, por participar en una manifestación contra el gobierno.

General Lonardi, presidente argentino, de facto, en 1955, después de que la Revolución Libertadora derroque a Perón.

Indudablemente, el peronismo hizo cosas buenas, groso modo, se pueden señalar: la aprobación del sufragio universal, las vacaciones pagadas, derechos básicos para la vivienda, voto para  la mujer, subsidios de desempleo… Pero, todo se hizo al injustificado coste de implantar un corporativismo totalitario como estructura del estado. El gobierno cerró diarios de la oposición, también se adueñó de las emisoras de radio. Las detenciones políticas estuvieron a la orden del día, así como la tortura. También se debe mencionar el uso de su sindicato, la CGT, para establecer bandas de matones no uniformados que saboteaban los mítines de la oposición. Para colmo, la mala planificación económica, a la caída de Perón, sumió a la nación en una dañina espiral de inflación.

General Aramburu, presidente argentino de facto, entre 1956 y 1958.

No puede extrañar que Borges se desesperase al ver la admiración que semejante individuo despertaba entre sus compatriotas, quienes lo reeligieron en 1952 (Perón había aprobado una nueva constitución en 1949, para poder se reelegido directamente) de nuevo por amplia mayoría. Tampoco sorprende que aplauda a la Revolución Libertadora, nombre dado al golpe del general Lonardi que derroca a Perón en 1955. La nueva Junta Militar, presidida inicialmente por Lonardi y poco después por Aramburu, nombra a Borges, reconocido opositor al presidente depuesto, director de la Biblioteca Nacional. Cuando asume el cargo, pese a la gran ilusión que le produjo, su ceguera apenas le permitía leer los títulos que había en los lomos de los libros, según cuenta en su Autobiografía (1970). También le conceden la cátedra de lenguas anglosajonas en la Universidad de Buenos Aires. Incluso, en 1956, se le hace entrega del Premio Nacional de Literatura.

Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, en 1956, cuando ya apenas podía leer el lomo de los libros.

Llegados a este punto, parece importante aclarar el papel de los militares en la historia de Latinoamérica. Hay que tener en cuenta que todas las repúblicas latinoamericanas nacen de revoluciones lideradas por caudillos militares. Hasta los golpes de entre 1970 y 1980, apoyados por Estados Unidos, las injerencias de los militares en la vida política de Hispanoamérica rara vez persiguen hacerse con el poder de modo duradero. Más bien, el ejército se siente con la autoridad moral para actuar como árbitro, cuando la situación del país “lo requiere”. No es que esto mine la perversión de los continuos regímenes militares del continente, pero establece, en el caso argentino, una diferencia entre la la Junta de 1976 y sus predecesoras, en 1932, 1955 y 1966; ya que en 1976 los militares sí pretendieron establecer un sistema totalitario y militar en La Argentina, cuya democratización se posponía sine die.

María Kodama y otros amigos y familiares leyeron a Borges sus libros favoritos desde que quedó ciego.

En 1958 Frondizi, candidato del partido Radical, accede a la presidencia. Sus pactos con el peronismo (que no ha podido presentar a su candidato, por estar ilegalizado) le indisponen con los militares. Pese a tirar adelante importantes reformas, punteras en cuestiones de energía y los hidrocarburos, su gobierno queda prácticamente “secuestrado”. Tras 32 golpes de estado, en 1962 fue depuesto y reemplazado por Illia, también del partido radical, depuesto a su vez en 1966, con lo que se vuelve a una dictadura militar.

Borges con Frondizi, presidente de Argentina entre 1958-1962.

Los militares se sienten desorientados. Durante sus primeros años, las presidencias de Onganía (1966-1970) y Levingston (1970-1971) intentaron “aplastar” al peronismo con los métodos más violentos. Tal era su brutalidad que, en la calle, se apodaba a los militares como "los gorilas". Cuando en 1971, el general Lanusse asume la presidencia establece acuerdos con el peronismo para pactar una transición.

General Onganía, presidente argentino de facto, entre 1966-1970.

En 1972, se convocan elecciones, pero Perón sigue siendo vetado como candidato. Oficialmente aún es enemigo de la nación. Los peronistas presentan a Cámpora, presidente más breve en la historia de Argentina. En su mes de mandato indulta a Perón, quien puede regresar de su largo exilio, y dimite a fin de que se vuelvan a convocar elecciones presidenciales.

General Lanusse, presidente argentino, de facto entre 1971-1973.

Borges simpatizó con ambos presidentes radicales, Frondizi y Illia. Fue crítico con la brutalidad de la Junta Militar, aunque siempre se mostró inflexible en su idea de mantener al peronismo fuera de la vida política argentina. En 1970, pública en El Informe Brodie, en cuyo prólogo leemos: “me he afiliado al Partido Conservador, lo cual es una forma de escepticismo”. Quizás sea su confesión política más sincera. Su madre y su hermana aplaudieron su afiliación por los conservadores, pero ¿a qué se resigna el escritor? Sin duda alguna, a la realidad.

Borges, fotografía coloreada.

Existía la creencia en el mundo clásico, que tanto gustaba a Borges, que es mejor morir por la propia mano. Consecuente con esta idea, el escritor renunció a todos sus cargos públicos, antes de que Perón volviese a la presidencia en 1973. En esta época empieza a pensar que, si las elecciones sólo sirven para llevar al poder a un tirano demagógico, quizás fuese mejor intentar buscar alguna fórmula de dictadura ilustrada.

Héctor Cámpora, presidente de Argentina en 1973.

El autor declara a la prensa internacional que si no fuese porque su madre, nonagenaria, está muy enferma, se exiliaría. Cuando ella fallece, en 1975, el autor y su amante, María Kodama, abandonan el país y residen en varios lugares de Europa, entre otros, en Islandia, tan especial y mística para él. Finalmente marchan a los Estados Unidos  donde trabajará en varias universidades. En pocos años los médicos le informarán de que padece cáncer.

De izquierda a derecha: Perón, María Estela Martínez y López Rega.

La muerte de Perón en 1974, lleva al poder a su esposa, María Estela Martínez De Perón, ex bailarina de cabaret, quien ostentaba el cargo de vicepresidenta de la nación en vida de su esposo. Su gobierno (dirigido a la sombra por López Rega) sólo se puede calificar como desastroso. La viuda no goza de la autoridad del difunto general entre las diferentes familias peronistas. Éstas entran pronto en lucha entre sí, sin que ella pueda arbitrar. La inflación y el paro se disparan. Además, diferentes grupos terroristas y unidades paramilitares, como la anticomunista Triple A, siembran el terror por todo el país.

Borges con María Kodama.

Con este panorama no es de extrañar que al anciano escritor celebre el derrocamiento de la presidenta a finales de 1976. Borges viaja enseguida a Argentina, donde es recibido por el general Videla en un almuerzo el 19 de mayo, junto a otros escritores entre ellos Ernesto Sabato y Leonardo Castellani. El autor de El Aleph agradeció al dictador que hubiese salvado a su país “de la ignominia” y que “hubiese tenido valor para enfrontar la responsabilidad de gobernar”. Poco después realiza un viaje a Chile, donde es condecorado por Pinochet. Ambos sucesos le cuestan el Premio Nobel.

Borges, Sabato y Castellani almuerzan con el general Videla, presidente argentino de facto entre 1976-1981.

El flirteo entre Borges y la Junta Militar dura poco. En seguida vuelve a abandonar el país. Encuentra que el gobierno de Videla hace un uso tan brutal y absurdo del nacionalismo como los peronistas. En 1977 encontramos artículos de Borges críticos con la Junta. Para su desgracia, el sensacionalismo de la prensa internacional ya lo había etiquetado de escritor fascista. Irónicamente, el autor llegará incluso a ser acusado de “traidor a la patria” por la prensa del régimen, cuando se muestre crítico con la invasión de las Falklands.

General Galtieri, presidente argentino de facto, entre 1981-1982.

La derrota en la "Guerra de las Malvinas" precipita la dimisión de Galtieri, presidente de la Junta Militar desde 1981 y el desmoronamiento de la propia dictadura. En 1983, las elecciones llevan a Raúl Alfonsín del partido radical a la presidencia de la república. Borges vuelve a ser invitado a su país, donde se le dispensan toda clase de honores. Él que “ha descreído de la democracia” afirma, durante una conferencia, tener ahora esperanzas, aunque el camino será largo “porque la democracia necesita de muchos años para consolidarse”. Concluye su discurso con un “¡Viva la patria!”.

Raúl Alfonsín, presidente de Argentina, entre 1983-1989.

Borges amó toda su vida la libertad y el progreso, hasta su muerte en Ginebra en 1986. Paradójicamente, llegó a defender regímenes dictatoriales porque puso en ellos esperanzas de que cimentasen una verdadera democracia. Su ceguera, que agravó su posición algo aislada, elitista en cierto modo, le impidió darse cuenta de la brutalidad del régimen al que se adhirió en 1976. En cualquier caso, visto en su globalidad, no se puede considerar al autor como fascista en ningún sentido. Quizás, su posición política más exacta, por encima de sus errores ocasionales, sea la que él mismo se acuñó: “un anarquista de la intelectualidad”.


Bibliografía Consultada

BORGES, Jorge Luis. El idioma de los argentinos. Alianza Editorial. Madrid. 2008.
BORGES, Jorge Luis. El Informe de Brodie. Debols!llo. Barcelona. 2012.
BORGES, Jorge Luis. El libro de la arena. Debols!llo. Barcelona. 2012.
SABORIDO, Jorge. DE PRIVITELLIO, Luciano. Breve historia de la Argentina. Alianza Editorial. Madrid. 2006.
VÁZQUEZ, María Esther. Borges. Esplendor y derrota. Tusquets Editores. Barcelona. 1999.
WILLIAMSON, Edwin. Borges. Una vida. Seix Barral. Barcelona. 2007.


lunes, 21 de noviembre de 2011

La divinización del presidente


Coronación del Santo Padre. Asisto a la ceremonia a la cabeza de la delegación italiana. Hace mucho frío, y el desorden reina soberanamente en la organización del protocolo pontificio. El Papa está solemne, como una estatua. Recuerdo que hace un mes era cardenal; era entonces un hombre entre los hombres. Hoy parece, en verdad, tocado por un soplo divino que lo espiritualiza y lo eleva.

Mientras veía la última sesión de Las Cortes por televisión, hace ya unos meses, me vino a la mente esta entrada en el Diario del conde Ciano, ministro de exteriores y yerno de Mussolini (fusilado por orden de su suegro en el año 1944 a causa de su participación en el golpe contra il Duce, un año antes). El texto narra la coronación del papa Pío XII el 12 de marzo de 1939 y las impresiones del conde y ministro de Italia. Me llama la atención esto de que por su entronización, un cardenal pase de ser un hombre entre los hombres, para quedar tocado por “un soplo divino que lo espiritualiza y lo eleva”.

Adolfo Suárez, ex presidente desde 1981.
 
Ahora que ya estamos todos con la resaca electoral, tomando pastillas con café para el dolor de cabeza, creo que debemos fijar un momento la vista en el ya presidente en funciones José Luís Rodríguez Zapatero. Su carrera, un poco como una lámina de plata cuyo resplandor se ha oxidado en los últimos años, no es asunto que me ataña, mientras escribo esto, dado que, más bien, pretendo hablar de su inminente condición de ex presidente.

Leopoldo Calvos Sotelo, ex presidente de 1982 a 2008.

En España, actualmente, quedan tres ex presidentes, cuatro si contamos a Suárez, pero éste ya se encuentra fuera de la escena pública, a causa de su enfermedad. El primero por antigüedad es Felipe González, el segundo Aznar y el tercero, el ya mencionado Zapatero.
Es curioso cómo actúa el poder sobre estos hombres. Durante su ejercicio del mismo, reciben improperios de sus opositores, con más o con menos motivo, y puñaladas de sus “amigos” si vienen mal dadas. Sin embargo, es dejar el cargo y no recibir más que ovaciones, alabanzas, quedar con pensión vitalicia, entrar en el Consejo de Estado (que implica otro suelo), doctorados honoris causa y otros tantos reconocimientos altisonantes que los engrandecen, cual si los hubiese tocado alguna divinidad con los laureles de la gloria. A menudo, los honores que se les dedican son tal elevados que empequeñecen su labor en el gobierno.

Felipe González, ex presidente desde 1996.

Siempre he sido fiel partidario del respeto y más especialmente del respeto institucional, herramienta clave, a mi entender, para que las instituciones del país puedan ejercer sus funciones, pero, al mismo tiempo, soy muy crítico con la hipocresía. Desde el banquillo de la oposición, a Zapatero le ha llamado “asesino”, presidente “que entierra a los muertos y engaña a los vivos”, “traidor a España”, “falsificador del 11-M”, “cáncer de España”, “principal causa de la desconfianza económica de España”, “instigador de la causa del Gürtel”, “manipulador de la fiscalía”, “fragmentador de España” y un largo etcétera. Si estos calificativos son o no ciertos dejo a cada uno que los juzgue, ahora prefiero enfocar el tema desde una perspectiva más humana y más sencilla.

José María Aznar, ex presidente desde 2004.

¿Cómo se puede alabar a alguien y desearlo un buen futuro, después de considerarlo la causa principal de los males del país? Si fue tal, debe responder por ello, dentro y fuera de su magistratura. Si no lo fue, lo poco que merece es una disculpa. Desgraciadamente, el circo político vive de estas incongruencias. Por eso, esto convencido de que quienes ayer exigían su marcha para salvar el país y ahora ya lo miran con benevolencia no tendrán ningún dilema interno, ni tampoco se sentirán hipócritas.
No deja de ser curioso que Zapatero fue abucheado en su dsitrito electoral, cuando se personó allí para votar en 2004 como líder de la oposición, y que vivó el mismo espectáculo, con mayor virulencia si cabe, en 2008, siendo ya jefe de gobierno. Hubo de esperarse a ayer, para ser recibido con aplausos y una ovación, mientras depositava su voto en la urna.

José Luís Rodríguez Zapatero, ex presidente desde 2011.

Que esto no sorprenda, porque ya le ha pasado a Suárez, a Calvos Sotelo, a González y a Aznar. Es parte de los rituales de esta clase sui generis llamada políticos el erigir ídolos sólo cuando el hombre se ve vacío de poder.


jueves, 10 de noviembre de 2011

Elecciones generales a las dos cámaras

Cuando al español medio se le plantea que el presidente del senado cobra 11.000 euros brutos al mes, esto es una cifra superior a la del presidente del consejo, queda escandalizado. “¡Pero si no hace nada!” excalama.
Francisco Javier Rojo, Presidente del Senado

Ciertamente, el sueldo del señor Rojo –actual presidente de la cámara alta- parece una necedad incluso superior al organismo que preside. ¿Sirve realmente el senado?
Pues en el panorama actual no. La única función de la cámara es reafirmar lo que diga el Congreso o cámara baja. De hacerlo así, la ley se lleva al rey para que la promulgue, en caso contrario, vuelve al Congreso y, si éste le da por segunda vez el visto bueno, la ley es despachada definitivamente para Zarzuela.
Pocas cosas más hace el Senado. Aprueba de vez en cuando alguna ley de carácter territorial y media con las provincias. También hay que decir que, en el hipotético caso de la muerte de toda la familia real, en tanto que se buscase un nuevo monarca, el presidente del Senado sería quien tendría todos los números de la papeleta para ejercer temporalmente la regencia del reino, aunque tampoco esté así explicitado en la Constitución de 1978.
 Acutal Foramción de El Senado: PP (azul) 123, PSOE (rojo) 105, PSC (amarillo) 10, CIU (naranaja) 6, ERC (pistacho) 4, PNV (verde) 4, UPN (azul claro) 1, Independientes 8 (negro) 3, otros partidos (gris) 8.

¿Por qué dos cámaras? La Segunda República decidió ser un régimen unicameral. Sin embargo, esta decisión se debe a la identificación del senado con el sistema nobiliario. Desde su obertura en 1833, por la regenta María Cristina de Borbón, el senado fue una cámara para la representación nobiliaria del país, conservando no obstante su estatus de órgano colegislativo. El senado tenía amplias competencias en muchas materias y eran comisiones senatoriales quienes juzgaban a miembros del gobierno o diputados acusados de corrupción u otros delitos, pues quedaban por encima de ellos. Los senadores podían ser hereditarios, o bien nombrados por el rey (de forma independiente o a petición de El Congreso). Esto se mantuvo en las constituciones de 1837, 1848, 1869 (!) y 1976. Hasta que en 1931, el nuevo régimen que no creía en los privilegios de la nobleza optó por abolirla. Debemos decir, que Ángel Ossorio, uno de los redactores de la carta magna de 1931, bogó activamente por una cámara territorial, siendo abandonado en la votación por su propio grupo, los conservadores.

Escudo del Senado 




Durante el Franquismo (1939-1975) el Palacio del Senado no actuó de cámara legislativa, pero se convirtió en un punto de reunión frecuente de altos oficiales.
Se argumenta que el presidente Suárez (1976-1981) insistió en un sistema bicameral a fin de evitar similitudes con la Segunda República. En realidad, todo indica que Suárez quería dejar las disputas territoriales fuera de El Congreso. El Senado también pretendía en un principio conservar su carácter de cámara real. En efecto, durante su primera legislatura (1978-1982), algunas personalidades, como el escritor Nobel, Camilo José Cela, fueron designadas senadores reales, por Juan Carlos I. Pero, al no separar bien las competencias de cada cámara, el Senado quedó renegado a un segundo orden. Además, la monarquía abandonó pronto su implicación con el órgano, ya que la exponía demasiado en términos políticos.
 Senado Español durante un pleno.
Muchas voces plantean hoy por hoy la supresión del Senado. El 15-M de hecho propone abolirlo junto a la monarquía. Más que por la ideología, la amplia mayoría de estas voces se mueven por el deseo de ahorrar, no conociendo que el presupuesto de la cámara alta no rebasa los cuarenta y cuatro millones de euros. Cifra insuficiente para equilibrar las cuentas públicas.
La amplia mayoría de sistemas del mundo son bicamerales: Canadá, Alemania, Rusia o Estados Unidos son sólo algunos ejemplos. Vistos en contraposición son los sistemas de El Reino Unido y Francia quienes más destacan. En el sistema británico, la cámara alta, o de los Lores, arrastra el carácter nobiliario con derecho hereditario en algunos miembros, como la baronesa Margaret Thatcher, propio de un senado decimonónico que describimos en el caso español. Por el contrario la Quinta República francesa, siendo de carácter unitario, da una gran importancia a su senado, único punto de representación directa de los distintos departamentos de la república. La República Italiana es bicameral, aunque muchos proyectos, suelen agrupar conjuntamente a miembros de ambas cámaras. En su afán de representatividad, ambos cuerpos legislativos agrupan a casi un millar de senadores y parlamentarios.
 Senado Francés en Los Jardines de Luxemburgo (París)

Soy un gran partidario de un sistema bicameral con un órgano de representación nacional paralelo a otro de representación territorial. Dicha separación redunda en el propio beneficio de la verdadera separación de poderes y en consecuencia de la propia democracia.
Para que el Senado sea bien recibido entre la opinión pública, es necesario reformarlo a fondo. Debe ser útil. Reducir el número de sus miembros sería el primer paso; dos como mucho por autonomía. También es necesario que pase a ocuparse de todas las competencias en materia territorial. Por último, si el senado no aprueba una ley anteriormente votada en El Congreso, nada de devolverla a éste, para que la vuelva a votar: sistema americano. El Senado reforma la ley y envía su contrapropuesta a El Congreso. Si no agrada a la cámara baja, la vuelve a reformar y la vuelve a mandar al senado, así hasta que ambas cámaras legislativas se pongan de acuerdo. Esto que asustará a muchos, lleva funcionando en la mayoría de democracias bicamerales desde hace muchos años, y en el caso americano –el más antiguo- desde 1783. No es tan imposible como parece y contribuye a la salud democrática de la nación.
 Palacio de El Senado en Madrid 

En resumen, a diez días para las elecciones generales marcad la casilla escogiendo a vuestro senador.