lunes, 25 de marzo de 2013

Pies de foto a los "Episodios Nacionales"


Aunque nunca haya escrito ninguna entrada sobre Benito Pérez Galdós, es uno de mis escritores preferidos. Quizá la falta de lectura de textos teóricos sobre su obra haya supuesto el principal obstáculo para mí de caras a escribir sobre él.
Las muchas novelas de él que he leído han supuesto largas horas de felicidad en las que entraba en el mundo de este autor que construyó una realidad para sus personajes a partir del S.XIX español, en ocasiones más perfecta y real que la misma realidad. Me supone un acto arriesgado escribir acerca de él y su obra, pero prometo hacerlo más adelante.
Por ahora apartermos el texto teórico, pues lo que sigue son unos meros pies de foto para acomapañar a los 46 "Episodios Nacionales". Su lectura, que he hecho de manera salteada me ha gratificado a lo largo de más de tres años. Cualquiera de los volúmenes (y todos en conjunto) son una magnífica lectura.

Primera Serie (1873-1875) recrea los sucesos acaecidos en España desde la batalla de Trafalgar en 1805 hasta 1812 con la aprobación de la Constitución de Cádiz y la derrota francesa en la batalla de los Arapiles.

Con este libro se inician las memorias de Gabriel Araceli que constituyen la Primera Serie. Aquí se recrean los sucesos de la batalla naval de Trafalgar (1808) que se salva con la derrota de la armada franco-española frente a la inglesa.

Este episodio gira entorno al absurdo mundo que había en la corte del rey Carlos IV, un mundo de lujo palatino aislado de la realidad, donde quien en verdad gobernaba era Godoy.

La caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII el 19 de Marzo de 1808, durante el conocido como "Motín de Aranjuez" abren el volumen. Se cierra con el alzamiento civil del 2 de mayo del mismo año contra los invasores franceses en Madrid, seguido de los famosos "Fusilamientos de La Moncloa" un día más tarde.

La caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII el 19 de Marzo de 1808, durante el conocido como "Motín de Aranjuez" abren el volumen. Se cierra con el alzamiento civil del 2 de mayo del mismo año contra los invasores franceses en Madrid, seguido de los famosos "Fusilamientos de La Moncloa" un día más tarde.

Tras la derrota de Dupont, Napoleón supervisa él mismo una invasión a gran escala a España para someterla por completo. Galdós centra la acción de este episodio en la estancia del emperador en la ciudad madrileña de Chamartín, donde nadie quiso salir a verle, ni siquiera por curiosidad.

Entre 1808-1809 caer Zaragoza, una de las pocas ciudades españolas que había sabido oponer resistencia a la invasión francesa. Los horrores del cerco y la desesperación humana centran la intrahistoria (o historia de los personajes no históricos) del espisodio.

La ciudad catalana de Gerona también contó entre las pocas que resistió la ocupación napoleónica. Pequeña y aislada cayó tras una encarnizada resistencia en el diciembre de 1809. Este episodio destaca por su capacidad expresiva de patetismo exaltado, particularmente cuando escenifica la desesperación del hambre. Además, inicia las descripciones de Galdós sobre los catalanes, pueblo por el que el autor canario sentía un entrañable afecto y una gran admiración como se testimonia a lo largo de su extensa obra.

1812: Cádiz es la única ciudad española que no ha sido ocupada. A pesar del cerco, en ella se reunen importantes personalidades del la península y las colonias para redactar la primera constitución de España.

Durante este episodio Galdós ponen en contacto al joven Gabriel Araceli con el famoso guerrillero Juan Martín "El Empecinado". Recrea así la guerra de guerrillas que desgastó al ejercitó francés durante los más de seis años que duró la ocupación de España.

Con la batalla de los Arapiles (1812), victoria decisiva de las fuerzas anglo-españolas sobre los franceses, se cierra la Primera Serie.


La Segunda Serie de "Los Episodios Nacionales" (1875-1879) recre el convulso reinado de Fernando VII.
En lo personal, Galdós quedó bastante descontento con el resultado de esta obra, y al final del último volumen de la serie "Un faccioso más y algunos frailes menos..." promete no volver a practicar la novela histórica.

 
El título de "El equipaje del rey José" encubre con gran ironía como los franceses saquearon gran parte del patrimonio artísitco y cultural del país en su retirada.
En este episodio sucede la decisiva batalla de vitoria en 1813 que pone fin a la ocupación francesa.
Se abre el conflicto entre liberales y reaccionarios que va a marcar el curso del S.XIX en España.

"Memorias de un cortesano de 1815" recoge de la mano del personaje de Piapaón el ambiente en la corte de Fernando VII, quien pese a jurar la constitución de 1812, no dudó en dar un golpe de estado para restaurarse como monarca absolutista.
En este episodio se alude vagamente a la inminente pérdida de la colonias de ultramar.

"Memorias de un cortesano de 1815" recoge de la mano del personaje de Piapaón el ambiente en la corte de Fernando VII, quien pese a jurar la constitución de 1812, no dudó en dar un golpe de estado para restaurarse como monarca absolutista.
En este episodio se alude vagamente a la inminente pérdida de la colonias de ultramar.

Bajo el nombre de "El Grande Oriente" era conocida una de las principales logias masónicas españolas. En este episodio se refleja el convulso inicio del periodo constitucional y como los liberales actúan de un modo excesivamente represivo en lugar de conciliador.

El 7 de Julio de 1822 trató el rey de dar un golpe de estado para acabar con el régimen constitucional. Frustrado el golpe por el general Riego, Fernando VII ordenó a su guardias deponer las armas, bajo amenaza de una regencia impuesta por las Cortes.

Las conspiraciones de Fernando VII por fin surtieron efecto y al fin. Frustrados sus intentos de golpes internos, el rey buscó el apoyó de otro borbón, Luis XVIII de Francia, quien en 1823 envió al ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis a España. La ocupación del país fue muy rápida, y se saldó con la derrota liberal y la restauración de la monarquía absoluta.

Conocido como "el año del terror" 1824 marca una fecha fatídica en la historia española: la represión con forma de ahorcamientos masivos sobre los liberales o simples sospechos de opositores a la restauración.

Pese a todo, Fernando VII introdujo algunas medidas reformistas, tales como la creación de un consejo de ministros.
Este suceso enfureció a los sectores más reaccionarios que se vieron ligeramente apartados del poder y empezaron a organizar motines de los conocidos como "los apostólicos".
Este episodio trasncurre en Solsona, Catalunya. En él se ve como la nobleza de espíritu de un joven reaccionario se ve defraudada por las conspiraciones de camarilla que rodean el alzamiento apostólico. Aunque liberal convecido, Galdós nunca quiso que su obra fuese un panfleto maniqueo, donde unos eran los buenos y otros eran los malos. Trató siempre de reflejar las pasiones y razones humanas siempre bullentes bajo los actos de los hombres.

Fernando VII tiene una hija, Isabel II, a la que hace jurar como Princesa de Asturias, tras derogar la ley Sálica. Centran la acción de la novela las conspiraciones cortesanas que consiguen que vuelve a aprobarla durante una enfermedad, para luego volver a derogarla definitivamente, así como la figura del infante don Carlos, a quien los apostólicos ven cada vez más claro como su candidato al trono.

Finalmente muere Fernando VII. Su hermano Carlos, desde el exilio, no reconoce los derechos de su sobrina Isabel II de apenas tres años, al trono, ni el gobierno de su cuñada, María Cristina de Borbón, reina regenta.
Se abre así una guerra civil en el país: la primera guerra carlista.

La Primera Guerra Carlista y las regencias de María Cristina de Borbón y del general Espartero centran la acción de la tercera serie (1898-1890).
Con ella vuelve Galdós a la novela histórica, con la que se había desencantado tras descubrir en las posibilidades experimentales del naturalismo frances en 1880. En sus "Memorias de un desmemoriado" habla el autor de "un olvido", en referncia a su interrupción de los "Episodios Nacionales".
Esta serie y las dos que la siguen se caracterizan por unas formas narrativas mucho más maduras y elaboradas.

 
 La figura del caudillo carlista, el general Zumalacárregui, abre la tercera serie. Su temprana muerte en el cerco carlista a la ciudad de Bilbao, supuso un duro golpe para la causa del pretendiente Carlos (V).

Mientras la guerra avanza por las tierras vascas, el mundo rural catalán y el levante, María-Cristina de Borbón inica una tímida transición al régimen constitucional con la aprobación del "Estatuto Real", sucedáneo de constitución.
Entre los muchos hombres a quienes encarga gobierno destaca Mendizábal, famoso por su desamortización.

En 1836, se da un golpe de estado en el palacio de la Granja, donde María-Cristina pasa unas vacaciones con sus hijas.
La conspiración liberal obedece a rencillas internas a Mendizábal e Isturiz, pero surte efecto y la reina arrestada por un grupo de oficiales proclama la Constitución de 1812. Si bien, como todo era una comeida pactada, en seguida se reforma la constitución en el punto la regencia, dado que el texto gaditando imponía que esta fuese ejercida por cinco personas en vez de por una sola. Un año después se aprueba la Constitución de 1837.
Mientras tanto, los carlistas, que han instalado su capital en la localidad de Oñate padecen sus primeras derrotas.

La batalla de Luchana constituyó una nueva derrota para la causa carlista cuyos adeptos trataron, una vez más sin éxito, de tomar Bilbao.

El general Cabrera, famoso por sus métodos sanguinarios, es el único caudillo carlista que sigue obteniendo victorias para Don Carlos en el Maestrazgo, región rural próxima a Castellón. Este episodio nos aproxima al tenebroso personaje.

"La Estafeta romántica" recoge la vida intelectual de Madrid durante los trágicos años de la guerra, y particularmente en 1837, cuando se teme que una expedición carlista comandad por el mismo don Carlos pueda saquear la ciudad.
Entre otros episodios importantes, se recogen en este volumen la muerte del periodista y escritor M. J. Larra.
1839, viendo la imposibilidad de ganar la guerra, el general carlista Maroto firmó en Vergara la paz con el general liberal Espartero. El pretendiente tuvo que exiliarse a Francia.
Un año después las fuerzas de Cabrera deponían las armas en Cataluña. La Primera Guerra Carlista había terminado.

 
Una vez acabada la guerra, María Cristina de Borbón, liberal por necesidad que no por convicción se convirtió en una "moderada". Su acción de gobierno trató de limitar la acción de las cortes y sobre todo de los municipios.
Ante este panorama, el general Espartero, apoyado los los liberales más radicales, forzó la abidación de la regenta que marchó para Nápoles. Él mismo se convirtió en regente de España.
Aunque anecdótica, la historia del Montes de Oca, conspirador en favor de María Cristina de Borbón, llamó el interés de Galdós que decidió dedicarle un volumen en esta serie.

Con el nombre de ayachucos (que alude a una derrota española en las luchas por la independencia de las colonias americanas) se conoce despectivamente a los soldados que sirven al general Espartero.
Este espisodio recoge los años de la desastrosa regencia de Espartero.

1843, Espatero es depuesto y se envía al exilio. Isabel II se convierte en reina.
Debe casarse con su primo Francisco de Asís, con fama de afeminado, homosexual e impotente.

La Cuarta Serie de los "Episodios Nacionales" (1902-1907) abarca todo el reinado de Isabel II desde 1843 a 1868.
Galdós sintió siempre una gran simpatía personal por la reina. Ésta se fortaleció todavía más cuando durante la redacción de esta serie se entrevistó con ella en 1904 en su exilio en Francia.
Veía el novelista a Isabel II como una figura trágica, huérfana de padre a temprana edad, separada de su madre a los diez años, atrapada en un mundo de conspiraciones cortesanas y palaciegas que no le supierona consejar una correcta forma de gobernar, casada con un marido a quien no amaba (Galdós no quiso profundizar demasiado en los truculentos entresijos morbosos de la relación) y finalmente destronada y exiliada por su pueblo.

En 1848 se suceden las revoluciones liberales por toda Europa. Su eco en España aunque muy débil se deja oír y la Constitución de 1845, de carácter moderado, empieza a ser mal vista.

Nárvaez, hombre fuerte del reinado de Isabel II fue presidente del gobienro en múltiples ocasiones. Líder de la facción moderada sus periodso de gobierno ser marcaron por el mantenimiento del status quo e incluso medidas de carácter reaccionario.

Aunque apartado del poder, Nárvaez siguió gobernando a la sombra. Mientras tanto la reina Isabel II empezó a depender más y más de los que Galdós llama "los duendes de la camarilla", cortesanos y frailes que pululaban por la corte.
Otros autores, refeljaron un mundo que Galdós sintió reparos en recrear: las perversiones sexuales de la reina, famosa por todo tipo de escándalos. Veanse obras como "La Corte de los milagros" de Valle-Inclán, o las pinturas de los hermanos Bécquer "Los Borbones en pelota" que caricaturizan estos hechos tan morbosos.

Este volumen se centra en la revolcuión de 1854, que echó del poder a los moderados y devolvió a Espartero al poder, en esta ocasión como presidente del gobierno.

O'Donell fue, junto a Narváez y Espartero, el otro gran presidente del gobierno de Isabel II. Llegó al poder en 1856, después de derrocar a Espartero.
Su primer gobierno de cuatro años seguidos, unos de los más largos del S.XIX, se fundamentó en la Unión Liberal que buscaba conciliar los intereses de moderados y radicales en un sólo partido, no siempre con el fin de obedecer al interés popular.

Este volumen recrea, con ojos muy críticos, la ocuapacion española de Tetuán en Marruecos, junto con otras ciudades del norte de África. La narración, realizada por un poeta, goza de una dolorosa expresividad lírica ante las injusticias presenciadas. Galdós nunca aprobó la expansión colonial.


1860, el hijo de Carlos (V), Carlos (VI) trató de realizar un pronunciamiento militar en Sant Carles de la Ràpita, en el sur de Cataluña, donde los carlistas llevaban tiempo guerrenado en las zonas rurales.
Con este fracaso se puso fin a la Segunda Guerra Carlista.

Una de las novelas más originales y más desastrosamente olvidadadas de Galdós es "La vuelta al mundo en la Numancia".
El buque de guerra "La Numancia" fue enviado a hacer la guerra a las alejadas aguas del Perú, en uno de los más disparatados delirios de O'Donell.
La narración recrea la dura vida en el mar y aquella guerra, más inútil y estúpida que la mayoría de las guerras. El barco viajó por muchos sitios de gran exotismo, de hecho volvió a España dando la vuelta al globo por el Atlántico. Además de la recreación del paisaje costense del Perú, recoge este episodio una elaborada descripción de las Filipinas y una interesantísima recreación de Thatí.

El general Prim merecía un episodio con su nombre. Artícife de la Revolución de 1868, trató de dar un golpe previo en 1865 que fracasó. El espíritu liberal que cristalizó tres años más tarde, harto de la cadena de gobiernos corruptos orquestados según el arbitraje de Isabel II, se refleja en esta novela, al tiempo que se nos aproxima a la figura del héroe del Sexenio Liberal.

Parece que fue a raíz de la entrevista que mantuvo con Isabel II en su palació parisino del exilio cuando Galdós tomó el gusto por apodarla "la de los tristes destinos".
Tras las sucesivas muertes de O'Donell y Narváez, la reina, "grande en desgracia" en palabras el escritor canario, es destronada por la revolución de septiembre de 1868.
La caída de la casa de Borbón y el inicio del Sexenio Liberal ocupan los asuntos narrativos de esta novela.

La Serie Quinta (1908-1909), también conocida como Serie Final de los "Episodios Nacionales" quedó incompleta.
Además Galdós tuvo que dictar la mayor parte a causa de su cada vez más pronunciada ceguera. Sin embargo, se aprecia en el texto la empeñada ilusión del autor en escribir una obra genuina. El Sexenio Liberal y la Restauración habían sido una constante a lo largo de las más importantes novelas de Galdós, véase, por ejemplo, "Fortunata y Jacinta" o "La Desheredada". Parece obvio lo mucho que le ilusionaba poder incluir estos sucesos históricos que había vivido en primera persona en sus "Episodios Nacionales".

Tras la partida de Isabel II se aprueba la Constitución de 1869, primera en garantizar el sufragio universal masculino. Sin embargo, la nueva Carta Magna mantenía la forma de estado monárquica, de modo que hubo de iniciarse la búsqueda de un rey.

Prim, que llegó a ser presidente del gobierno, encontró un rey en la persona de Amadeo de Saboya, hijo menor de Víctor Manuel II de Italia, quien termina aceptado la corona de España.
Para desgracia del nuevo monarca, su principal valedor que no otro que el general Prim, muere asesino prácticamente el día que el llega a España. El país se precipita a una situación dramática.

Amadeo I reinó entre 1870 y 1873. Galdós trata de condensar su caótico reinado en esta novela.
Poco querido por su pueblo, este rey estrangero de buena voluntad se sitió pronto solo y aislado. La inestabilidad política se convirtió en una constante. Para colmo estallaron dos guerras: la de la independencia en Cuba y la tercera guerra carlista en País Vasco y Navarra.

El 11 de febrero de 1873 por la noche Amadeo I abdica del trono de España. Ese mismo día se proclama la Primera República, poco querida y aún menos entendida por los ciudadanos.
El nuevo régimen murió el 3 de enero del año siguiente. En menos de un año de vida se sucedieron cuatro gobiernos; a la guerra en Cuba y a la nueva y a la nueva guerra carlista se sumó la insurrección cantonalista.
Los personajes protagonistas de esta serie viven las tribulaciones de este régimen y experimentan la indiferente sensación de inestabilidad política.
 
La ciudad de Cartagena fue el más duro núcleo de la insurrección nacionalista. Y fue en Sagunto donde el general Martínez Campos realizó el pronunciamiento que restauraba a Alfonso XII en el trono de España.
Después de que el 3 de enero de 1874 el general Pavía cerrase el parlamento, el país quedó en un estado de ambigüedad en cuanto a la forma de estado. El general Serrano tomó el poder. Durante este periodo se sofocó la insurrección cantonalista y la tercera guerra carlista.

Alfonso XII entra tirunfante en Madrid en 1875. Del gobierno y la redacción de la nueva Constitución de 1876 se encarga Cánovas Del Castillo, que da nombre al último volumen de los "Episodios Nacionales".
Esta novela recoge el ambiente social de los primeros años de la Restauración, así como algunos episodios anecdóticos de la misma, tales como la prematura muerte de la reina María De las Mercedes.



jueves, 21 de marzo de 2013

Acunando a un adulto



Como allí no hubo affaire
la habitación se sintió desolada.
Y aburrida pudrió sus paredes
mientras sólo mis lágrimas
confesaron el pecado que es quererte

mucho más que tu esposo
mucho más que tu hermana
hasta una devoción ridícula, Cat.
Quererte como un niño
Sin fuerzas para poseerte como hombre.

Seguro que en tu carne sonríe
el color de una nana.
Tus ojos son el móvil que me duermen
si brillan en mi cama.
disipan mis pesadillas de insomnio
huelen como palabras.

Tu cuerpo es la coraza
que adormece mi miedo.
Cerca de ser débil
no parece un pecado.
Cuando estamos tan cerca

¿no escuchas en mi pecho
el infarto del alma?
Es mi miedo que vuelve
a apresarme con su temblor de angustia
en la más inmerecida caricia
de tu olor
                        mi amuleto
de la felicidad.

18/03/2013
Eduard Ariza

lunes, 25 de febrero de 2013

Carlota en Weimar


Si el amor es lo mejor de la vida, el beso es lo mejor del amor” Thomas Mann, Carlota en Weimar

El 1 de enero de 1936 Thomas Mann escribe en su diario:
Si este año me aporta la terminación del tomo III del José y la novela corta sobre Goethe, estaré satisfecho.
Lo cierto es que Carlota en Weimar no estuvo acabada hasta 1939. Se publicó ese mismo año en Estocolmo, pues los nazis había censurado a Thomas Mann en el Tercer Reich que por aquel entonces ya englobaba Austria, los Sudets y Chequia, además de Alemania.
El autor se encuentra en uno de los periodos más tristes de su vida: el exilio. Como escritor se ve obligado a publicar sus obras traducidas a otro idioma para tener público, dado que tan solo los alemanes exiliados pueden leerlo en versión original.

El Tercer Reich hacia 1939, poco antes de que estalle la Segunda Guerra Mundial.

En una visión más amplia y literaria, Thomas Mann se encuentra en una etapa de su obra posterior a La Montaña Mágica (1924) y a la concesión en 1929 del Premio Nobel. En las grandes obras de esta etpa queda impreso el sello de Goethe de uno u otro modo. La tetralogía de José y sus hermanos responde a una observación de este poeta quien lamentaba que la historia familiar de Jacob se expusiese en La Biblia con tanta parquedad narrativa. Atendiendo a esta observación decidió Thomas Mann novelar la historia sagrada.
Más evidente es la presencia de Goethe en Doktor Faustus. La última gran novela del escritor lübeckés pretende reinventar el mito de Fausto y su pacto con Mefistófeles en un compositor de música del S.XX.

Mefistófeles tienta a Fausto.

Sin embargo, Carlota en Weimar va mucho más allá pues reelabora la figura histórica de Goethe en un personaje de ficción literaria. El complejo entramado metaliterario no se detiene ahí. La novela empieza con una visita de Carlota Buff, viuda de Kestner a Weimar. El propósito oficial del viaje de Lotta es visitara su hermana y de pasada, si fuese posible, ver a Goethe.
Las sinceras intenciones de la consejera son exactamente las contrarias. Bajo pretexto de la visita a su hermana, Lotta Kestner quiere reencontrarse con el escritor a quien le un fuerte e íntimo vínculo. Tan grande se ha hecho la fama de fama de frau Kestner en Alemania que tiene que viajar de incógnito. A fin de de pasar inadvertida se aloja en una posada a las afueras de la ciudad. Pero no resulta como ella pretende. El mesonero la reconoce y empieza a acosarla con sus preguntas. Poco después una viajera inglesa que recorre el mundo retratando a gente importante insiste en esbozar un retrato de su rostro. A lo que la consejera consiente muy a su pesar. Finalmente el rumor de su llegada corre como la pólvora y la gente se encamina a la posada en multitud para expresarle su afecto y admiración.

Portada de Carlota en Weimar editorial Edhasa.

¿A qué se debe todo esto? Pues bien, Carlota Kestner es, según ha contado el propio Goethe, la Carlota amada del desventurado Werther.
La consejera fue en efecto una de las muchas amantes de Goethe, quien siempre mostró predilección por las mujeres más jóvenes que él. Particular escándalo levantó su tardío matrimonio, pues su esposa bien podría haber sido su hija.
Con una lista de mujeres tan extensa a sus espaldas se convirtió en un motivo de gran interés por la crítica saber cuál de ellas era Carlota. La respuesta de Goethe complació a sus contemporáneos, aunque sumió en una profunda inquietud a frau Kestner. La consejera aparenta mostrarse molesta y asegura que no se la puede considerar un personaje literario.
Todo esta humildad desaparece al final de la novela, cuando al salir de la ópera Carlota toma el carruaje que Goethe le ha prestado para moverse por la ciudad. En su interior la espera el propio autor para sorprenderla. Entonces Carlota le confiesa el verdadero motivo de su inquietud: teme que llegue a saberse que quien en realidad inspiró el personaje de Carlota no fue ella sino de su hermana enterrada en Baden. De conocerse esto, su inmortalidad literaria quedaría en entredicho.

Sellor de Goethe.

Por supuesto este giro argumental pertenece a la ficción de Thomas Mann. Mediante él, amplía el horizontes de expectativas del lector con el personaje de Carlota. También cierra el círculo literario de la obra.
La novela se cierra con estas palabras de Gohete: Ayudar a la Carlota de Werther a salir del coche de Goethe es una experiencia… ¿cómo diré? Es digno de ser consignado. En esta frase se condensa la doble metaliteralidad de la obra: por un lado la conciencia de Carlota y Goethe de su relación estrecha con los personajes de Las desventuras del joven Werther, y además su condición externa de personajes de la novela Carlota en Weimar.
El ejercicio del autor lübeckés va mucho más allá de la metaliteralidad. Como Goethe, Thomas Mann amaba la literatura profunda de gran densidad filosófica. Plasma a lo largo de los diálogos y monólogos de la novela una basta concepción sobre el papel del arte y la literatura.

Thomas Mann en su casa californiana en el exilio.

Las opiniones de la propia Carlota se ven complementadas con las del doctor Riemer, asistente de Goethe, la joven madame Adela Schopenhauer y Augusto von Goethe, hijo del escritor. La mayoría de deas expuestas tratan de ubicar el papel del arte y la figura del artista intelectual en el mundo. Dos de las grandes constantes de Thomas Mann a lo largo de su obra.
Se centra en la figura de Goethe cuya personalidad se aclara durante el largo monólogo de su personaje en el capítulo séptimo.
El poeta es elevado por el resto de personajes a una talla semidivina. Con estas palabras lo describe el doctor Riemer: Dios es objeto de entusiasmo, pero él mismo permanece necesariamente ajeno: no puede evitarse asignarle una peculiar frialdad, un indiferencia aniquiladora. Apenas Lotta modera un poco esta concepción del artista.

Sello de Thomas Mann.

Durante su monólogo, el autor se muestra como un anciano cansado, embuido en la edición de sus Obras Completas y en redactar sus memorias. En la decadencia de su senectud afloran muchos de sus prejuicios. Discrepa con Schiller, quien era “un demócrata” hasta en el reino de las letras, en que el arte deba ser accesible a todos. El éxito de Las desventuras del joven Werther le resulta lamentable, pues entiende que sus obras de mayor densidad filosófica son mejores, aunque el público no las valore.
Presenta gustos burgueses. A saber, su placer por los pasteles, su gusto para andar con las manos cogidas a la espalda si viste un batín de suave franela, o su afición al vino de Madeira. El café de la mañana es más bien para la cabeza, pero el Madeira es para el corazón dice. Todos estos rasgos, más que remitir a una fiable documentación histórica buscan aproximar el carácter de Goethe al de Thomas Mann, escritor burgués por excelencia.

Ayuntamiento de Weimar.

Más objetivo para el disgusto de Goethe por la especialización: El diletantismo es noble, y quien es noble es diletante. Por el contrario, es vulgar todo lo que significa gremio y especialidad y profesión. Y por la originalidad: La originalidad es lo tremendo, la locura, el ser artista sin obra, el orgullo cerrado, el celibato y la solteronería del espíritu, la locura estéril.
En efecto a lo largo de su vida el consejero de la corte Goethe se especializó en ser un aficionado, con notable éxito en la mayoría de las materias. Aparte de su producción literaria, son notables sus investigaciones geológicas y anatómicas. En éstas últimas encontró el hueso intermaxilar de los mamíferos dentro de un cráneo humano.

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)

Para algunos críticos Thomas Mann escribió Carlota en Weimar como respuesta a los nazis. Si bien este pensamiento no es del todo erróneo, hay que ir con cuidado para confundir sus intenciones. Su novela es una novela; es literatura. La respuesta política ya la dio desde el exilio con su contundente Manifiesto al mundo civilizado y después en sus discursos radiofónicos durante la guerra.
No obstante, su condición de literatura no impide que lo largo de la novela se hagan muchos guiños en contra del nazismo. Algunos tan claros como este: La sociedad, por lo menos la alemana estropea a sus dueños y favoritos llevándoles a un penoso abuso de su superioridad, en lo que, al fin y al cabo, ninguna de ambas partes encuentra placer.

Ejemplar de la Constitución de Weimar.

Especial relevancia adquiere la narración que se hace en el capítulo ocho sobre el judío habitante de Eger, quien fue indemnizado por el príncipe alemán de la ciudad tras ser el único hebreo en escapar a un estallido de antisemitismo. Igualmente, la exaltación de la ciudad de Weimar que en la novela se identifica con la filosofía, el arte, el amor y la belleza no es sino una exaltación a la República de Weimar, régimen derribado por Hitler.
Del mismo modo, la admiración de Goethe por Napoleón, invasor de Europa y dictador, es tratada bajo el signo del error que muchos intelectuales cometen al simpatizar con los autoritarismos por clasismo o por debilidades estéticas.

Francisco Ayala (1906-2009)

La edición castellana muestra un rasgo de carácter político muy significativo. La traducción de Carlota en Weimar una novela de un exiliado escrita en el exilio fue traducida al castellano por Francisco Ayala desde Suramérica, donde otro régimen dictatorial, el franquismo, lo había obligado a exiliarse.
Ni Carlota en Weimar ni Thomas Mann fueron los únicos autores que tradujo Francisco Ayala quien aprovechó bien sus conocimientos de alemán. Sus traducciones son de una elevada calidad. Motivo por que Edhasa ha mantenido su textos para las últimas ediciones de esta novela.



Bibliografía Consultada

KURZKE, Hermann. Thomas Mann. La vida como obra de arte. Una Biografía. Galaxia Gutemberg. Barcelona. 2003. Trad. Sala, Rosa.
LUDWIG, Emil. Obras Completas I. Editorial Juventud. Colección Clásicos y Modernos. España. 1966.
MANN, Thomas. Diarios 1918-1936. Plaza &Janés Editores. España. Diciembre 1986. Ed. y trad. Gálvez, Pedro.
MANN, Thomas. Diarios 1937-1939. Plaza &Janés Editores. España. Junio 1987. Ed. y trad. Gálvez, Pedro.
MANN, Thomas. Carlota en Weimar. Edhasa. Barcelona. 2006. Trad. Ayala, Francisco.