martes, 14 de abril de 2015

Dos Hombres de Derechas y la Segunda República (I)

Introito 



Estos dos libros de memorias, No fue posible la paz y La Paz fue posible fueron escritos por dos políticos republicanos derechistas, José María Gil Robles y Joquín Chapaprieta a quienes neonovecentismo rescata hoy, aniversario de la Segunda República, del fondo de la historia.
La similitud de los títulos no es casual. Chapaprieta escribió sus memorias en respuesta a las de Gil Robles. Mientras el líder de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) trata de exponer como inevitable el estallido de la guerra civil y los horrores que acarreó, en la exposición de La Paz fue posible, el político alicantino sostiene que de haber habido menos intransigencia en los extremismos políticos, el desenlace podría haber sido muy diferente.
Aunque ambos eran derechistas, José María Gil Robles y Joaquín Chapaprieta no podrían haber sido más distintos. Ni siquiera físicamente se parecían. Gil Robles era joven apenas treinta años, tenía buena planta y gozaba de buena salud; Chapaprieta pasaba los sesenta, pequeño, jorobado a raíz de una lesión de columna, su salud era precaria desde siempre, pero se había agravado especialmente a causa de una dolencia gástrica que le afectaba al duodeno.

Proclamación de la República el 14 de abril de 1931.

Políticamente, el joven era reaccionario, radical, flirteó con regímenes totalitarios fascistas y con el nacionalsocialismo, carecía de experiencia política. Mucho más moderado, Chapaprieta tuvo como modelo al partido conservador británico, defendió la democracia. Hombre de negocios, en Alicante, hizo carrera política durante la monarquía. Abandonó la política tras el golpe de Estado de 1923.
Gil Robles ambicionó la jefatura de gobierno y peleó por ella sin conseguirla. Chapaprieta se convirtió en presidente de gobierno de España si haberlo tan siquiera deseado.
Como publicar el comentario de estos libros en una única entrada era excesivamente largo, porque no puede hacerse sin introducir el contexto histórico, he preferido optar por un ciclo de entradas más cortas que hoy se abre con una pequeña reflexión para ponernos sobreaviso.

Alegoría de la República.

A menudo parece como si la Guerra Civil hubiese devorado a la Segunda República en el imaginario colectivo. Las opiniones, o más bien creencias, sobre aquel régimen se reducen a tópicos estereotipados de partidarios y antagonistas, desconociendo a menudo qué pasó en aquellos años.
Este año pasado sin ir más lejos, tres personas (dos con ilusión y añoranza, la última con odio) me dijeron que durante la Segunda República los comunistas gobernaron en España (!). Mucha gente la vincula a la izquierda, etiquetando de monárquica a la derecha, otros al anticlericalismo, la represión, la guerra…
Hay que recordar que la república echó a andar el 14 de abril de 1931, no el 18 de julio de 1936. Durante los cinco que duró aquel régimen, el balance es más bien desastroso: más de veinte gobiernos, tres elecciones generales, un Presidente destituido por su parlamento, cuatro golpes de Estado, huelgas violentas, aumento de grupos paramilitares que trajeron violencia e inseguridad a las calles mucho antes de la guerra. El régimen no estuvo exento de censura. La Ley de Defensa de la República aprobada por las Cortes en 1931 permitió al gobierno controlar, suspender o cerrar a la prensa catalogada como “hostil a la República”. Dicha ley permaneció en vigor pese a entrar en flagrante contradicción con la Constitución que esas mismas Cortes aprobarían, pocos meses más tarde, el 9 de diciembre.

Edición de lujo de la Constitución del 9 de diciembre de 1931.

En cuanto a la Ley de Congregaciones de 1933, aunque sí se ajustó al art. 3 de la Constitución, limitó más allá de lo razonable la libertad de las confesiones religiosas en el país.
La república también aprobó el 4 de agosto de 1933 la Ley de Vagos y Maleantes. Aunque criticable en muchos puntos, por perseguir a entre otros “vagos” y “mendigos profesionales”, se debe aclarar que fue en 1954 cuando Franco la adaptó para perseguir a los homosexuales.
Pese a lo dicho, la grandeza de muchas leyes que el régimen aprobó en el trienio azañista (1931-1933) inspiraron a mandatarios de todo el mundo. El caso más significativo es la Reforma Agraria de 1932 que casi en su integridad imitó el Presidente Cárdenas en México, único mandatario del globo que auxilió a los exiliados de la guerra civil.

Mural de Orozco representando al Lázaro Cárdenas Presidente de México entre 1934 y 1940.

El testimonio jurídico más sólido –e ignorado- de la Segunda República, sin embargo, es el Código Penal de 1932. Supuso un salto cualitativo en cuanto a la justicia penal en España. Su modernidad fue tal que su texto se recuperó con el regreso de España a la democracia con puntualísimas modificaciones. De hecho, podemos afirmar que el grueso del vigente Código Penal (1995) sigue basado en aquel.
El ciclo de entradas que seguirá estos próximos meses tratará de reconstruir en dos post semanales aquel periodo. Sin embargo, dado que el objetivo es contrastar los relatos memorialistas de Gil Robles y Chapaprieta, se pondrá el acento en el periodo de la historia conocido como el "Bienio de Derechas".


Bibliografía Consultada


ALEMANIA. Constitución de Weimar. Tecnos. Madrid. 2010.
AZAÑA, Manuel. Diarios Completos: Monarquía, República, Guerra Civil. Crítica. Barcelona. 2004. Intr. Juliá, Santos.
AZAÑA, Manuel. Discursos Políticos. Crítica. Barcelona. 2004. Ed. Juliá, Santos.
BUCLEY, Henry. Vida y muerte de la República Española. Austral. Madrid. 2004.
CAMBÓ, Francesc. Memòries (1876-1936). Alpha. Barcelona. 2008.
CHAPAPRIETA, Joaquín. La Paz Fue Posible. Ariel. Esplugues de Llobregat (Barcelona). 1971.
ESCUDERO, José Antonio. Curso de historia del derecho. Solana e hijos. Madrid. 2012.
DE RIVAS DE CHERIF, Cipriano. Retrato de un desconocido. Grijalbo. Barcelona. 1979.
GIL ROBLES, José María. No fue posible la paz. Ariel. Esplugues de Llobregat. (Barcelona). 1968.
JACKSON, Gabriel. La República española y la guerra civil (1931-1939). Orbis. Barcelona. 1985.
JULIÁ, Santos. Vida y tiempo de Manuel Azaña 1880-1940. Taurus. Madrid. 2008.
JULIÁ, Santos; PÉREZ, Joseph; VALDEÓN, Julio. Historia de España. Austral. Pozuelo de Alarcón (Madrid). 2008.
KELSEN, Hans. Teoría general del Estado. Comares. Granada. 2002.
MARICHAL, Juan. La vocación de Manuel Azaña. Cuadernos para el diálogo. Madrid. 1971.
NAVAS CASTILLO, Antonia; NAVAS CASTILLO, Florentina. El Estado Constitucional. Dykinson. Madrid. 2009.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. I. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. II. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. III. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. IV. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. La Segunda República. Una crónica, 1931-1936. Destino. Barcelona. 2009.
PLA. Josep. Obra Completa vol. 33, El Passat Imperfecte. Destino. Barcelona. 1977.
SCHMITT, Carl. Posiciones antes el derecho. Tecnos. Madrid. 2012.
TORRES DEL MORAL, Antonio. Constitucionalismo histórico español. Universitatis. Madrid. 2012
TORRES DEL MORA, Antonio. Estado de derecho y democracia de partidos. Universitatis. Madrid.             2012.

lunes, 16 de marzo de 2015

"Némesis" de Philip Roth

A sus ochenta años, Philip Roth ha legado a la humanidad una voluminosa obra diversificada en numerosos estilos de narración. La prosa es su dominio y esperemos que antes de que deje este mundo, Estocolmo tenga a bien concederle el máximo galardón de la literatura.
Némesis, el nombre de la diosa griega de la venganza, ha encabezado un sinfín de obras literarias de distinto estilo, temática y género. Desde el S XIX la reinterpretación de la divinidad clásica vinculada en exclusiva al contexto bélico ha permitido vincularla venganzas militares y amorosas, colectivas y personales, se ha vinculado a destinos trascendentes y se ha zambullido en la cotidianidad.

Philip Roth 

El tema central de esta novela corta es el sentimiento de culpa absurdo que antes o después todos sentimos en la vida por esta o aquella razón. Su protagonista, Bucky Cantor, ejerce de profesor de educación física en la década de los cuarenta, en Estados Unidos. Su trabajada musculatura le ha hecho ganarse el respeto y la admiración de sus alumnos. No obstante, le queda una frustración personal: pese a su buen físico, un defecto de visión de nacimiento le ha impedido alistarse. El joven arrastra un gran complejo a causa de esto. Cree que ha decepcionado a su abuelo que lo crió y se siente culpable por no poder ayudar a su país.
Aunque las recetas financieras del presidente Roosevelt van dando sus frutos, en esta década en que Estados Unidos todavía se está recuperando de la gran depresión. Mas si con la carestía económica el país no tuviese bastante, las epidemias de la polio hacen estragos a lo largo y ancho de su territorio. Aunque hombres de edad avanzada, el propio presidente entre ellos, la pueden llegar a padecer, es entre los más jóvenes sobre todo los niños entre quienes se produce el mayor número de víctimas.

Víctima de la polio, F D Roosevelt quedó en silla de ruedas poco antes de llegar a la Casa Blanca en 1933.

Las escuelas se han convertido en un núcleo de contagio. Cuatro chicos de Cantor mueren por esta causa. Las diferentes formas por las que las familias expresan en dolor de estas pérdidas exploran la psicología humana frente a estas pérdidas irreparables. Cuando el profesor las visitas para transmitir su pésame encuentra desolación, ira, ofuscación, abatimiento...
Típico en estos ambientes de histeria colectiva es que la sociedad busque culpables. La narración de Roth expone como los perjuicios y el medio se mezclan para dar lugar a las tesis más inverosímiles. Estar en el S XX no impide a la población suscribir teorías que en nada en envidian a las pruebas de brujería que la inquisición aportaba en el medievo. Se acusa a los italianos de propagarla, a los pobres de envenenar el agua, para otros el calor es el único responsable de este mal que te ataca invisible.

Muy temida, la polio mataba a la mayoría de sus víctimas y dejaba graves secuelas físicas a los supervivientes.

Al margen de su actividad como docente, en su vida personal, Cantor va descubriendo el amor de una chica con la que se quiere casar. Deseosa de ver seguro de la polio a su prometido le ruega que deje la escuela. La relación entre ambos evoluciona, alcanzando su clímax tras su primer encuentro sexual.
La tragedia de Cantor es descubrir que está infectado de polio. Las secuelas de la enfermad acaban con él como deportista, pero es su culpabilidad por creer que fue el quien contagió a sus niños el que destroza sus relaciones humanas condenándose a un abandono de todos.


La culpabilidad en el personaje evoluciona pues desde la insatisfacción personal por no poder servir en las fuerzas armadas del inicio de la novela, hasta la autoflagelación más masoquista. La genialidad de Roth en el trazado psicológico del personaje es que consigue que el lector asimile simultáneamente la injusticia con la que Cantor se culpa a sí mismo, y su imposibilidad de renunciar a su martirio. La actitud de protagonista se contempla como estúpida, o al menos inútil, pero igualmente inevitable.

lunes, 2 de marzo de 2015

La espuma del jabón




Me he disuelto
en la agitación afrodisíaca
del agua cálida.

El remolino de vuestra carne,
una galaxia en miniatura
cristalizaba sus jadeos
en las burbujas de mi espuma.

Ese fuego que arde
hasta dentro del agua
se encendía, se reavivaba…
                                               Humeante…
Olía a hidrógeno
                                   de una estrella cercana.

Luego llegó la calma.
En el hueco de un átomo
(más distancia no separaba vuestros cuerpos)
se abrió un vacío cósmico confortable.

Y ya no hubo más sonidos.
En la bañera dos constelaciones se abrazaban.
Ya ni siquiera su chapoteo
se oía entre mi aroma.

Y yo quedé
suspendido cual anodina nebulosa,
hasta que al agua devoró el desagüe.

3 de octubre de 2014

Eduard Ariza

lunes, 9 de febrero de 2015

Caída

Quiero llorar
con la cabeza pegada a la hierba

para que mis lágrimas
las engulla la arena gris.

Quiero llorar
oculto bajo vuestras costuras

donde no me veáis
pudriéndome por este veneno.

ni regurgitando la angustia.

8 de mayo de 2014

Eduard Ariza

jueves, 29 de enero de 2015

"Paz en la Guerra" la novela bilbaína de Unamuno

"Es el inconsciente anhelo a la patria espiritual" Paz en la Guerra

Una tirada más bien corta de Paz en la Guerra apareció en las librerías españolas de 1897. Por entonces, cuando todavía faltaban décadas para que Azorín concibiera la idea de la Generación del 98, Unamuno era algo conocido como articulista filósofo y apenas como literato.

Paz en la Guerra (1897)

Más que “su primera novela”, esta obra debería considerarse la única manifestación del escritor en este género. Tal como el propio Unamuno explica en el prólogo a segunda edición, las obras que escribió después Niebla, Don Sandalio el jugador de ajedrez o San Manuel Bueno Mártir ya no fueron novelas, sino nívolas, género él mismo definió. En ellas, la descripción física del personaje y el lugar desaparecen en favor de un largo diálogo diáfanamente filosófico. Pero en Paz en la Guerra sí encontramos las descripciones esperables de la narración novelesca.
La historia de esta novela transcurre en el País Vasco y Navarra durante la tercera guerra carlista 1872-1876. Tal suceso histórico no es ajeno a la vida de Unamuno –ya se sabe que menos ajena a su biografía es su obra. En su infancia, el escritor conoció el cerco carlista a Bilbao. Muchas de sus experiencias vitales de aquella época, especialmente el recuerdo de la destrucción causada por el cañoneo sobre la ciudad, aparecen en estas páginas.

Miguel de Unamuno (1864-1936)

En esta historia se refleja el carácter de la sociedad vascuence de finales de S XIX. Unamuno fue vasco y muy a su manera –renegando del euskera a favor de un vasco universal no regionalista- se mantuvo fiel a esa identidad a lo largo de toda su vida. Sin embargo, dentro de su obra literaria apenas aparece, salvo esta excepción.
El esfuerzo de analizar las contradicciones de su propio pueblo y su propia identidad le llevó más de diez años de duro trabajo. Su admiración juvenil por Clarín, circunstancia a la que no siempre se le da toda la importancia que merece cuando se analiza su estilo, se percibe en las descripciones y sobre todo en la construcción psicológica de los personajes. No es gratuita la cita en su prólogo a la segunda edición de Walt Whitman “Esto no es un libro, es un hombre”.

Carlos (V) pretendiente al trono durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Pese a encontrarse en las antípodas del carlismo, Unamuno no quiso escribir una obra maniquea. Como hace otro antagonista del carlismo, Baroja, en Memorias de un hombre de acción o Zalacaín el aventurero, prefiere ubicar la acción en el seno de una familia carlista. Nunca hay que perder de vista que los vascos y navarros sufrieron las contiendas carlistas más que ninguna otra región española. Para quienes fueron ajenos a la causa el dolor que esta generó en su tierra fue tan gratuito como imperdonable. Pese a todo, humanizar al adversario siempre es el mejor sistema para comprenderlo y asumir la sinrazón trágica de cualquier guerra.
La acción se centra en los personajes anónimos quienes en palabras de Unamuno constituían la “intrahistória”. Las vidas anónimas de Pedro Antonio, un bilbaíno chocolatero antiguo combatiente por la causa de Carlos (V), su hijo Ignacio, voluntario del nuevo pretendiente Carlos (VII), y algunos de sus vecinos esbozan las distintas sensibilidades de los vascos. Esta sociedad conservadora, amante de sus fueros y costumbres, simpatiza con don Carlos no por pura lealtad a su rama dinástica, sino porque ve en él como una posibilidad de mantener sus tradiciones, base de su identidad.

Carlos (VII) pretendiente al trono durante la Tercera Guerra Carlista (1872 a 1876)

Por encima de este retrato colectivo, Paz en la Guerra es un viaje por el interior del individuo, desde la seguridad de las convicciones, hasta la desolación de pensar que nada en lo que se creyó merece la pena. Una vez atrapado en el nihilismo, el hombre acentúa su individualismo casi hasta llegar al solipsismo. A lo largo del proceso su angustia existencia se desborda, hasta que por fin se reconcilia con su desamparo. En ese momento, el hombre accede a la ataraxia y se libera de su sufrimiento, descubre la “paz”, una paz muy ambigua y relativa, en lo profundo de la “guerra” de tragedias personales y sociales que depara la existencia.

Grabado del Bilbao de finales del S XIX


No se debe olvidar que durante los últimos años de redacción de esta novela, Unamuno padeció su famosa crisis espiritual que le condujo a intentar una forzosa conversión al cristianismo. El mencionado elemento de angustia existencial que asalta a Pedro Antonio al final de la novela planeaba sobre la vida del autor en aquella época de un modo cada vez más acuciante. Tras la crisis, Unamuno ya no volvió a ser el mismo ni a escribir igual. Mantuvo muchas de sus ideas, pero nunca las volvió a explicar desde una óptica realista como hizo en su única novela.

lunes, 5 de enero de 2015

Diablo



Siempre sabes seducirme.
No te importa el lugar.

Cuando me sorprendes en el escritorio
enfermo de orgasmo intelectual
extiendes tus alas negras
tus colmillos y unas garras con guantes.

Tu aliento de azufre esconde preguntas.
Ya tienes mi mente.

En la ópera tu voz suena a cristal.
Los colores se sonorizan
en tu cuello.
Me arrancas unas lágrimas.
Tienes mi sensibilidad.

Eres águila y murciélago.
                                               Bíblica serpiente
quiero ser tu veneno.

En mis tiendas de ropa te disfrazas
de humilde dependiente
(con un estilo en que no crees).
Desnudaría tus hombros para besarlos.

Mi pecado de lujuria
                                   aún no te lo he regalado.
Dame esa carne. Y te lo habrás ganado.

Sólo si salgo de fiesta tu cuerpo es de mujer.
Estás en la bebida
y en los pechos con forma de miel.
Los besaré como un niño.

Dame tu amor
y tuyas serán las vivas ideas de mi infancia.

Si visito una iglesia
cambio la Cruz por ti. Piel escarlata.
Dientes de hierro.
Lengua de mujer. Palabras de hombre.

Tu dualidad señor de las tinieblas
subyuga mi curiosidad.

¿Eres mujer? ¿Eres hombre?
¿Eres sólo el objeto de una realidad?
Tú conoces mi deseo
grande y sádico Satán.

Te vendo mi alma
y no exijo promesas de eternidad.

5 de septiembre de 2014

Eduard Ariza

lunes, 8 de diciembre de 2014

Blanca



La quemadura del hielo.
Esa fue mi primera impresión de tu ser.
Y fueron tus ojos densos de oscuridad
los que rompieron mi frialdad.

Aquellos ojos tan sedosos de luz
No imaginaban cuantas fantasías
trazaron desde ti mis pasiones
en menos de un segundo.

Nunca supieron al cerrarse
que cuando tu boca tocó la mía
se agitó en mi interior
una complicidad dormida hace tiempo.

Cuando la desnudez de tu cuerpo
inundó la mía
una ataraxia de erotismo
a través de tu tacto encendió mi esperanza.

31 de Julio de 2014

Eduard Ariza