miércoles, 4 de mayo de 2011

Sed de Amor Yukio Mishima

Yukio Mishima (1925-1970) ha sido uno de los escritores más importantes de Japón en su larga historia literaria y uno de mis favoritos en el estante. Algunos amigos míos me reprochan que, tan pronto como descubro un nuevo autor, no paro de leerlo hasta aglutinar en mi biblioteca algo parecido a sus obras completas. Si bien esto no es del todo cierto, no puedo negar que, cuando descubro a un autor, no paro de leerlo hasta haber surcado bien su caudal literario, sin llegar tampoco a secarlo por supuesto. Condición sine qua non para que lleve a cabo esta acción es que el autor me guste.
En mi proceso de voracidad lectora confluyen dos motivaciones de naturaleza opuesta que, muy probablemente, derivan de un cierto narcisismo. Mi principal razón es que me parece vago hasta un extremo insalubre quedarnos con la visión de un solo libro para intentar conocer a un autor y la razón adyacente, paradójica si la comparamos con la primera, es el deseo de encontrar su obra más representativa, por eso de que si alguien me pregunta algún día por el autor le pueda recomendar un libro en vez de una bibliografía.
Sed de amor (1950) es, hasta donde he leído, el libro más representativo de este autor japonés. En él podemos ver una poderosa combinación de los elementos que caracterizan a Mishima. Lo compré en un pack que contenía otros dos volúmenes (independiente cada uno): El rumor del oleaje y Un marino que perdió la gracia del mar. El primero de estos dos últimos muestra un Mishima previo, muy joven para estar aún dentro de su estilo. La historia no se distancia mucho del típico relato de amor. No obstante, ya son apreciables en esta novela elementos como la intensidad de lo colores, el simbolismos descriptivo o el valor de la tradición. Un marino que perdió la gracia del mar se escribió en 1963, cuando al autor le quedaba poco para morir. El Mishima de este libro muestra sus obsesiones por el despertar sexual combinándolo con un ponente ingrediente psicoanalítico, ciencia por la que tomó interés en su última etapa. Sin embargo, es Sed de amor el libro que combina los dos grandes elementos de Mishima: la frustración vital y los valores tradicionales en crisis por los cambios que experimentó el Japón tras la Segunda Guerra Mundial.
La novela narra en cinco capítulos la historia de Etsuko una mujer viuda de unos cuarenta y tantos que va a vivir a casa de su suegro al morir su marido, Ryosuke. La muerte de éste a causa del tifus no ha sido agradable. Mishima deleita al lector perverso con sus descripciones un tanto gores narrando la agonía y descomposición del cuerpo de Ryosuke. Mas lo que en verdad es un tormento para Etsuko es que la amante de su marido se presente en el hospital y que éste pida que permanezca a su lado, sin que Etsuko pueda irse (o quiera).
Esto la deja marcada. Peor es aún que su suegro Ykichi la convierta en su amante. Ella no desea a este hombre viejo que además, por razones morales, se niega a hacer pública su relación. Esta situación de sumisión sexual a su padre político y su desesperado amor por un joven sirviente, Saburo, la convierte en una figura cómica a ojos de sus cuñados.
Sus problemas se agravan cuando Miyo, la joven y atractiva criada, queda embarazada de Saburo. Se acuerda que ambos se casen para evitar el escándalo o que la chica tenga que abortar. Etsuko ve en este camino el sufrimiento de Saburo quien va a un matrimonio sin amor, según él mismo ha declarado. Pero los ruidosos juegos sexuales de la joven pareja enfurecen cada vez más a pobre viuda que se ve arrastrada a un mar de sufrimiento sin límites. Aprovechando que Saburo ha de ir a pedir permiso a su madre para contraer matrimonio fuerza a Yakichi a echar a Miyo de la casa. Confía en que esto haga estar triste a Saburo, cuando vuelva a casa, sin embargo, el joven, al retornar, no muestra interés por la falta de presencia de la chica.

Adonde va a parar la historia es a que Saburo no amaba a Miyo, simplemente, la deseaba sexualmente. Etsuko que no puede asimilar este concepto pide a Saburo que se reúna con ella de noche un día antes de marcharse a Tokio con Yakichi. Después de muchos tira y afloja Saburo se abalanza sobre ella con una cierta agresividad. Aquí encontramos el tercer elemento importante de Mishima: la eterna oposición entre las palabras y la acción. Los momentos de calma se escenifican en diálogos como el de Saburo y Etsuke antes de que todo ocurra, pero, durante los momentos de acción, como la violación, todo se produce en silencio.
Yakichi los sorprende y para horror de Etsuke no muestra ademán de hacer nada, ni siquiera celos. Ella misma se libera, coge una azada y mata a Saburo. Después Yakichi lo entierra y ambos se retiran a la cama.
En el dormitorio se agudiza la clásica perversión de la mujer de Mishima, quien puede dormir tranquila en cualquier situación, mientras el hombre, Yakichi, no es capaz ni de estirarse. Así están hasta que cantan los gallos.
Haciendo un poco de lectura psicoanalítica, aunque yo prefiero la marxista, vemos un paralelismo claro entre la represión sexual de Etsuko y el que experimentaba cualquier homosexual de la época en su juventud, como es el caso del propio autor que queda reflejado en su novela autobiográfica Las confesiones de una máscara. Digo esto, para justificar en cierta forma la misoginia del autor, que la mayoría de lectores modernos y progresistas tienden a hacer de ella un juicio excesivamente virulento, sin pararse a observarla y mucho menos a contextualizarla.

[Imágenes por cortesía del artista japonés Isoda Koryusai 1735-1790]

2 comentarios:

  1. Ha, ha... això si que és un embolic!

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  2. Gladerich, jo crec que Alianza Editorial t'espera perquè seleccionis les imatges de la edició il·lustradaXD

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