lunes, 4 de julio de 2016

Espera en el mercado y su llegada



Como latidos en los peldaños, suenan los pasos
mientras el arte que transmuta estaño en comida
agita sus zumbidos.
                                   La estatua del vacío
se llena de luz, para edificar lo profundo:
El espacio y los colores.
                                               Ahora todo está a punto.

El tiempo en ocasiones pesa demasiado,
electriza la sangre y duerme la voluntad
en el sueño del impulso.
                                               Si el rastro en plata
que sombrea los cometas se hiciera carne
(y la palabra se hiciera conciencia)
                                                           serían como ella.

El deslinde aromático de avellanas y tierra roja
marca el fin del vacío
                                   y el inicio de su presencia.
Después las primeras palabras -en lengua de nubes-
se derraman fugaces en púrpura...
                                                           Ahora todo está bien.

(Algún día haré de las palabras pintura
y en el marmóreo blanco del papel
fotografiaré tu cuerpo [de escándalo].
[Tal vez desnudo].
Pero hoy no.)

25 de setiembre de 2015



Eduard Ariza

lunes, 27 de junio de 2016

Por qué he votado PP



“Nada se parece más a un español de izquierdas que un español de derechas” Josep Pla

Este post ha estado a punto de ser una carta privada para mis familiares y amigos. Desde ayer noche, leyendo las redes sociales, tengo la sensación de haber herido a muchos de quienes más quiero con mi voto al PP.
No escribo esto para convenceros de nada, ni para pediros perdón. Sólo me gustaría explicaros mi decisión, sin justificaciones.
Los que me conocéis sabéis que mi voto es moderado, infiel, escéptico –aunque no lo suficiente la abstención. Tampoco os es menos conocida mi convicción de que los poderes de un gobierno son muy humildes. Ningún partido encarna para mí la salvación o el fin del mundo.
Salvo por ambiente familiar, o por una naturaleza excepcionalmente reaccionaria, me cuesta imaginar a alguien que llegue a la derecha por una vía que no sea el desengaño. El modo en cómo seleccioné mi papeleta no está hipotecado al miedo hacia nadie, ni al idealismo, sólo a un cálculo frío y quizás a ciertas percepciones de estética que siempre mueven las emociones más de lo que deberían.
Mantengo lo que puse en facebook ayer por la mañana volviendo del colegio electoral: voté inseguro, o si se prefiere, por descarte. Supongo que difícilmente puedes hacer otra cosa cuando sabes que todos juegan a prometer cosas que la legalidad o la realidad económica hacen imposible.
En este poco halagüeño panorama, el PP no ofrece nada especial, únicamente una gestión ortodoxa en la economía, consonante con los designios de la UE. No existe una alternativa real a esas políticas, véase lo sucedido en Grecia. Y en estos momentos, con un déficit reducido pero todavía excesivo, sumado a la necesidad de mantener abiertas todas las líneas de crédito para sufragar nuestra deuda elefantiásica y los servicios sociales, las aventuras experimentales en economía deberían esperar a que mejore el tiempo.
No sólo para la tesorería se necesita un gobierno que dé tranquilidad a los mercados, sino que en el ámbito internacional necesitamos más que nunca a un gobierno con experiencia. Las negociaciones que acontecerán tras el Brexit en UE suponen un difícil reto. Hasta la fecha, la historia dice que el buenísmo izquierdista le sale caro a este país, como testimonian las cumbres de Maastricht y Lisboa, frente a la línea dura que Aznar sostuvo en Niza, que tantos beneficios nos reporto en cuanto a peso en el Consejo de Ministros europeo.
Con un número tres abiertamente homosexual y el anteproyecto de ley del aborto de Gallardón apolillando en un cajón, el PP parece haber superado los lazos ideológicos con líneas de pensamiento involucionistas en derechos sociales. Tal vez les falte la retórica exaltada de la izquierda en ciertos temas, pero puedo asegurar con conocimiento de causa que la legislación resultante de esa lírica suele ser defectuosa cuando no nefasta. Menos poéticas, las derechas de este momento no quitan nada y a su manera van poniendo.
Personalmente me parece imposible explicar la victoria del PP sin tener en cuenta algunos errores congénitos a la estrategia electoral de las izquierdas. Empezando por la persistencia en sostener que la derecha favorece a los ricos y las izquierdas protegen a los pobres. Tal simplificación raya el infantilismo.
En España no hay casi ocho millones de ricos; tampoco casi ocho millones de imbéciles. ¿De veras alguien cree que el votante de derechas es un infeliz alineado? ¿O que los políticos de este signo sacian sus sádicos instintos acabando con las prestaciones sociales? ¡Venga! Ojalá la vida fuera tan sencilla.
En todos los partidos hay votos más reflexivos, generalmente más escépticos, y votos más borreguiles que ven mesías donde solo hay un burócrata o un demagogo embellecidos por el marketing. Sí, ayer frente a la balconada de Génova 13 muchos gritaban: “¡Yo soy español, español, español!” como si de un partido de fútbol se tratara, pero en la plaza donde se concentraban los seguidores de Podemos el decepcionado silencio sólo se interrumpía cuando se daban cuenta de que salían por televisión. Entonces al unísono gritaban “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”, mal disimulando como niños una ilusión inexistente. Sin duda, votantes inteligentes, racionales y maduros.
Otro factor que juega en contra a las izquierdas es la criminalización del empresario. Sobre todo porque en un país donde el 97% de los empresarios emplean a cinco personas o menos, la mayoría de los empresarios no tienen a final de mes una situación muy diferente de cualquier obrero. Demonizándolos, te pones en contra a sus trabajadores además de a sus jefes.
Además, aquejados de esos complejos maniqueos, los líderes de izquierdas, más pronto que tarde se perciben hipócritas. Ese empeño por ser del pueblo, como sinónimo de clase obrera, cuesta de mantener uno consulta la declaración de bienes del Congreso y descubre que un patrimonio neto nada habitual para alguien del pueblo. 
Desconozco si las elecciones se ganan en el centro. Lo que está claro es que se ganan por las masas. Con razón o sin ella, el grueso de la población en este país tiene conciencia de ser clase media. y esos postulados y juegos de apariencias le terminan resultando ofensivos a su orgullo aburguesado. Radicalizar el discurso, aunque sea sedosamente, para movilizar al electorado, a partir de cierta cuota de voto, sólo es contraproducente.
¿Por qué no voté a Ciudadanos? La decisión no fue fácil. Yo no sólo he votado a este partido, he militado en él. Después de votar ayer, me reconfortó hablar con varios amigos y conocidos de diversos puntos del país que son de mi cuerda y mi edad y ver que estábamos en la misma situación. Habíamos votado a Cs en diciembre y ahora votaríamos al PP.
Si los dirigentes naranjas creen en el centro puro, lo desconozco. Por dentro Cs es un partido de matriz tecnocrática con ideología aséptica. Lo sostienen antiguos votantes del PP y del PSOE, pero, para sincerándonos, creo que sus electores ex socialistas fueron los menos izquierdistas de esa formación. Los que no podían votar a la derecha aunque sintonizaran con su discurso, pero ahora prefieren votar al centro.
El precio que Cs paga en estas elecciones –multiplicado por efecto de la Ley Electoral, tampoco nos engañemos- no es sino la decepción que generó en muchos de sus votantes que vimos en él un instrumento para purgar la derecha de corrupción, y restar cuota de poder a unos sectores ultramontanos que carecen de un proporcional respaldo social, previo a una reunificación. El ideal Cifuentes, por así decirlo.
Mi caso, al que se le puede aplicar mucho de todo esto, tiene una particularidad. Ya había cosas de Cs que me molestaban, entre otras negar la sanidad a los inmigrantes irregulares, pero sobre todo, como católico practicante no podía, en conciencia, mantener mi apoyo a un partido que en su pacto con el PSOE no puso objeción a revisar los acuerdos con la Santa Sede, adhiriéndose así al anticlericalismo populista más rancio.
Bueno la sombra de UPyD pesa mucho y sólo el futuro dirá hasta donde se alarga…
¿Y la corrupción? Empezaré por decir que aunque creo que el escándalo político de los casos Bárcenas y Gürtel deberían haber hecho caer a Rajoy. Sin embargo, no sé si aquí me traiciona mi formación jurídica, necesito algo más que unas notas de contabilidad para dudar de la inocencia de una persona. Había responsabilidad política cierto, pero tras dos victorias electorales, ya no se puede apelar a esta para negar al presidente un segundo mandato.
Sé que el PP aloja a corruptos. Pienso sobre todo en como su escaño en el senado indultará por prescripción a Rita Barberá. Mi complicidad con la exoneración pública de este y otros casos os aseguro que me pesará siempre en la conciencia. Ahora bien, una vez decidido que buscaba un modelo de gestión convencional, necesitado de voto útil, decepcionado con la alternativa, y consciente de los límites de un gobierno, este era el mal menor.
Después de todo, si que gane A o B no es decisivo para la economía, menos lo es aún para la marcha de los tribunales. La victoria del PP no ralentiza ni acelera los procesos contra investigados afines a él. Para ser justo, la pasada legislatura Rajoy aprobó algunas medidas contra la corrupción, entre otras la posibilidad de imputar a un partido político como persona jurídica. No las creo suficientes, pero malas no son.
No sé si me he equivocado o no. Me reservo el beneficio de la duda. Ya sabéis que yo esto de que nadie se equivoca votando me lo creo poco. Tanto si pensáis que mi voto es acertado o no, al menos reconocedme que meditabundo lo es un rato. Espero haberme hecho entender.
Y si os preguntáis si volvería a hacer lo mismo, la respuesta es sí. Al menos, en estas circunstancias repetiría mi voto.

Eduard Ariza


lunes, 13 de junio de 2016

S. (ociedad) A. (nónima)


Las legiones de sombras desbandadas
se reagrupan.
La suma de dinero sustituye al nombre
y una identidad mutable
instrumenta este poder hueco.

Este poder, como un hambre infinita,
respira sangre.
(Y no mira ni el nombre de sus víctimas.)
Los paneles de las bolsas calculan gritos
y de la esperanza destilan angustia.

Un verdugo que no ve a sus víctimas
desconoce
al asesino al otro lado del espejo.
Confunde la sangre que mancha sus manos
con el pigmento de su piel.

No siempre yace el mal tras el dolor.
A veces,
no hay más culpable que la mediocridad.
No hay peor criminal -porque se cree honesto-
(y en su lujo sólo ve un premio al mérito).

24 de setiembre de 2015
Eduard Ariza


lunes, 11 de abril de 2016

Pesadillas


Rompisteis la noche
                                   al poner el pie en mi cuarto.
A fuego, desollando la carne,
pudrís la sangre en mi cerebro
hasta que os vomita.

Fantasmas sin calaveras,
                                               alucinógenos de la náusea,
¿por qué sois como un tentáculo
saliendo mi garganta?
He afelado vuestras perversiones.

mientras en mi cara
                                   las cicatrices del pánico
esbozan una lágrima de carne.
Los círculos de oscuridad
pesan viscosos y caen.

Caen y me sumergen
                                   en el pantano de arena.
(No puedo respirar, os lo dije).
Pero seguís ahí, incorpóreos
coronando el vómito del alma.

24 de septiembre de 2015
Eduard Ariza


lunes, 14 de marzo de 2016

Moraleja


Contigo la angustia es tan poco
que su desgarro se diluye
en tu abrazo por un segundo.
Hasta el vacío se hace leve

en tu caricia, en tu susurro.
La angustia tan intensa tan
ausente de consuelo muere
a tu lado enferma de miedo,

porque tú me creces alas
con que surcar los universos.
Contigo ni la angustia puede
envenenar mis pensamientos.

Entonces los trazos del alma
mientras se deshojan serenos
esbozan tu presencia efímera.
Sin ti mi espíritu está enfermo.

29 de agosto de 2015

Eduard Ariza