lunes, 20 de abril de 2015

Dos hombres de derechas en la Segunda República (II)

Antecedentes del Bienio de Derechas (I): El Advenimiento de la República


La proclamación de la Segunda República aconteció el 14 de abril de 1931 como consecuencia última de una larga concatenación de hechos. Desde el golpe de Estado del general Primo de Rivera, en 1923, se consolidó un núcleo de élites opuestas al nuevo régimen y a la monarquía. Entre ellas cabe destacar a un puñado de intelectuales, como Manuel Azaña, y políticos convencidos de la democracia, caso de uno de nuestros protagonistas, Chapaprieta. Sin embargo, el grueso de la oposición inicial no fue tan honesta. La formaron antiguos políticos, desahuciados por los militares de las comodidades del poder.
La lógica falta de percepción democrática del régimen turnista conservador-liberal, cuyos partidos pactaban la composición de las Cortes al margen de los votos, propició que el grueso de la población no echase de menos a aquellos representantes supuestamente electos. La gente acogió la llegada al poder de los militares primero con indiferencia y más tarde hasta con entusiasmo. Gracias a sus éxitos bélicos en el Protectorado de Marruecos sobre las rifenyos locales, el dictador inflamó los ánimos. Además los progresos económicos que obtuvo para el país, gracias a la coyuntura económica internacional favorable, le procuraron buena fama durante varios años.

El gobierno provisional republicano entre rejas.

El general fue lo bastante hábil como para meterse a los socialistas en el bolsillo, dispensando a su sindicato UGT un trato de favor "oficial no oficial" en varios ámbitos. Objetivamente maltratado por el régimen electoral turnista, el PSOE no iba a salir a la calle para defenderlo. En vista de la acogida que le ofrecía el nuevo régimen, tomó hacia él una tranquilizadora pasividad. Abandonó un poco sus estructuras de partido y se centró en sus estructuras sindicales, donde emergería con fuerza la figura del Lenin Español, Largo Caballero. A la postre este proceso resultó mortal para la república.
No obstante, esta situación no duraría. Con el tiempo, llegó el declive económico producto de políticas económicas –dirigidas por José calvo Sotelo, ministro de hacienda de 1925 a 1930- tan absurdas como negarse a devaluar la peseta, por una cuestión de “orgullo nacional”. Ante las protestas obreras, se incrementó la represión y con ella terminaron las buenas relaciones entre aquellos aparentes antagonistas.

Advenimiento de la república el 14 de abril de 1931, Madrid.

Desde el comienzo, la Junta Militar no tuvo tanto acierto para entenderse con los movimientos regionales. De hecho, una de las primeras medidas del dictador, la supresión de la Mancomunitat Catalana, órgano predecesor de la autonomía, establecido en 1913. El gesto indignó a la burguesía catalana quien se sintió estafada después de haber sufragado las costas del golpe de estado de Primo de Rivera.
El general tampoco tardó en enemistarse con parte del propio ejército, concretamente su política de reformas militares disgustó a los artilleros y a las divisiones de caballería.

Alfonso XIII y el general Primo de Rivera.

En cuanto a Alfonso XIII, el monarca siempre fue indiferente a la vida política. Amante de la juerga, introductor, productor y actor ocasional del cine pornográfico en España, con obras como El Confesor o La Novicia, se había visto obligado a involucrarse en los asuntos de Estado por la inestabilidad del régimen turnista que cuando él accedió al trono (1902) hacía aguas por todos lados encadenando gobiernos de corta duración. En consecuencia, agradeció que el golpe de Primo de Rivera le descargara de esa responsabilidad, pero nunca sitió demasiado apego por él.
De hecho, el 28 de enero 1930, en medio de una de las crisis económicas más duras de la historia mundial, ya sin apoyo de la burguesía, los sindicatos de izquierdas, el propio ejército, con su proyecto de constitución dictatorial rechazado por sus propios partidarios, su intentona de fraguar un partido político Unión Nacional sin éxito, el rey dejó caer a su jefe de gobierno más duradero sin reparo alguno. El dictador partió hacia el exilio en Francia.

General Berenguer.

Su actuación a partir de aquel momento demuestra cuán desconectado estaba Alfonso XIII de la realidad. En su ensoñación alimentada por sus camarillas de aduladores, decidió nombrar presidente del gobierno al general Berenguer, con el encargo de volver al sistema turnista. Con aquella soltura pedía el monarca retroceder siete años en la historia como si nada hubiese pasado… o como si aquel sistema hubiese funcionado cuando se extinguió.
En agosto de aquel año las fuerzas políticas antagónicas a la monarquía firmaron el Pacto de San Sebastián, por la que se acordó la composición del gobierno provisional que llevaría España de la monarquía a la república. El doce de diciembre, dos militares republicanos, los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, protagonizaron un alzamiento militar, contra la Corona, en Jaca. El golpe se reprimió sin problemas y sus cabecillas fueron fusilados, además -salvo quienes pudieron esconderse- los miembros del gobierno provisional republicano fueron encarcelados. Sin embargo, aquello sirvió para poner la “república” en la boca y en la mente de la calle. La alternativa de Estado cobraba rostro.


Almirante Aznar.

Desesperado al ver que los viejos políticos, tanto conservadores como liberales, se ponían de perfil para apoyar a su gobierno tras aquel derramamiento de sangre, el general Berenguer dimitió. El 11 de febrero de 1931 el rey nombró nuevo presidente al almirante Aznar quien debía tantear el terreno electoral con unas elecciones municipales, el 12 de abril.
El resultado fue desastroso. Si bien a primera vista las fuerzas monárquicas obtuvieron más votos que las coaliciones republicanas, eso fue gracias a las estructuras caciquiles del mundo rural. En casi todas las ciudades, donde el voto era libre, triunfó la república.
El 14, ya sabidos los resultados, el rey convocó a su gobierno y fuerzas afines. Casi todos le aconsejaron abdicar, salvo algunas voces fanáticas, como la De la Cierva que le aconsejaron resistir por la fuerza. Aunque se dio por segura la llegada de la República, nadie esperaba un advenimiento inmediato.

General Sanjurjo.

Entonces se produjo un suceso que lo precipitó todo, un suceso inesperado, casi inexplicable, y muy tapado en la historia tanto por derechistas como por izquierdas, porque rompe un poco esa línea tan clara de “los buenos y los malos” “los rojos y los azules”: el director de la guardia civil, el general Sanjurjo –el mismo que en 1932 y en 1936 trazó planes para acabar con la república-, anunció que se ponía a disposición del gobierno provisional republicano todavía encarcelado y que no reprimiría las manifestaciones republicanas en las calles.
Definitivamente acabado, Alfonso XIII abandonó un trono que ya no existía y partió para el exilio. Josep Pla escribió: “El Rey no ha firmado, al parecer, en ningún sitio, su abdicación para él y para sus hijos. El Rey ha marchado, simplemente”. En efecto, la abdicación de Alfonso XIII a favor de su hijo Juan no se produciría hasta años después en el exilio.
Sin más dilaciones, el gobierno provisional salió de la cárcel y el país quedó bajo su mando.


Bibliografía Consultada

ALEMANIA. Constitución de Weimar. Tecnos. Madrid. 2010.
AZAÑA, Manuel. Diarios Completos: Monarquía, República, Guerra Civil. Crítica. Barcelona. 2004. Intr. Juliá, Santos.
AZAÑA, Manuel. Discursos Políticos. Crítica. Barcelona. 2004. Ed. Juliá, Santos.
BUCLEY, Henry. Vida y muerte de la República Española. Austral. Madrid. 2004.
CAMBÓ, Francesc. Memòries (1876-1936). Alpha. Barcelona. 2008.
CHAPAPRIETA, Joaquín. La Paz Fue Posible. Ariel. Esplugues de Llobregat (Barcelona). 1971.
ESCUDERO, José Antonio. Curso de historia del derecho. Solana e hijos. Madrid. 2012.
DE RIVAS DE CHERIF, Cipriano. Retrato de un desconocido. Grijalbo. Barcelona. 1979.
GIL ROBLES, José María. No fue posible la paz. Ariel. Esplugues de Llobregat. (Barcelona). 1968.
JACKSON, Gabriel. La República española y la guerra civil (1931-1939). Orbis. Barcelona. 1985.
JULIÁ, Santos. Vida y tiempo de Manuel Azaña 1880-1940. Taurus. Madrid. 2008.
JULIÁ, Santos; PÉREZ, Joseph; VALDEÓN, Julio. Historia de España. Austral. Pozuelo de Alarcón (Madrid). 2008.
KELSEN, Hans. Teoría general del Estado. Comares. Granada. 2002.
MARICHAL, Juan. La vocación de Manuel Azaña. Cuadernos para el diálogo. Madrid. 1971.
NAVAS CASTILLO, Antonia; NAVAS CASTILLO, Florentina. El Estado Constitucional. Dykinson. Madrid. 2009.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. I. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. II. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. III. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. IV. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. La Segunda República. Una crónica, 1931-1936. Destino. Barcelona. 2009.
PLA. Josep. Obra Completa vol. 33, El Passat Imperfecte. Destino. Barcelona. 1977.
SCHMITT, Carl. Posiciones antes el derecho. Tecnos. Madrid. 2012.
TORRES DEL MORAL, Antonio. Constitucionalismo histórico español. Universitatis. Madrid. 2012
TORRES DEL MORA, Antonio. Estado de derecho y democracia de partidos. Universitatis. Madrid.             2012.

martes, 14 de abril de 2015

Dos Hombres de Derechas en la Segunda República (I)

Introito 



Estos dos libros de memorias, No fue posible la paz y La Paz fue posible fueron escritos por dos políticos republicanos derechistas, José María Gil Robles y Joquín Chapaprieta a quienes neonovecentismo rescata hoy, aniversario de la Segunda República, del fondo de la historia.
La similitud de los títulos no es casual. Chapaprieta escribió sus memorias en respuesta a las de Gil Robles. Mientras el líder de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) trata de exponer como inevitable el estallido de la guerra civil y los horrores que acarreó, en la exposición de La Paz fue posible, el político alicantino sostiene que de haber habido menos intransigencia en los extremismos políticos, el desenlace podría haber sido muy diferente.
Aunque ambos eran derechistas, José María Gil Robles y Joaquín Chapaprieta no podrían haber sido más distintos. Ni siquiera físicamente se parecían. Gil Robles era joven apenas treinta años, tenía buena planta y gozaba de buena salud; Chapaprieta pasaba los sesenta, pequeño, jorobado a raíz de una lesión de columna, su salud era precaria desde siempre, pero se había agravado especialmente a causa de una dolencia gástrica que le afectaba al duodeno.

Proclamación de la República el 14 de abril de 1931.

Políticamente, el joven era reaccionario, radical, flirteó con regímenes totalitarios fascistas y con el nacionalsocialismo, carecía de experiencia política. Mucho más moderado, Chapaprieta tuvo como modelo al partido conservador británico, defendió la democracia. Hombre de negocios, en Alicante, hizo carrera política durante la monarquía. Abandonó la política tras el golpe de Estado de 1923.
Gil Robles ambicionó la jefatura de gobierno y peleó por ella sin conseguirla. Chapaprieta se convirtió en presidente de gobierno de España si haberlo tan siquiera deseado.
Como publicar el comentario de estos libros en una única entrada era excesivamente largo, porque no puede hacerse sin introducir el contexto histórico, he preferido optar por un ciclo de entradas más cortas que hoy se abre con una pequeña reflexión para ponernos sobreaviso.

Alegoría de la República.

A menudo parece como si la Guerra Civil hubiese devorado a la Segunda República en el imaginario colectivo. Las opiniones, o más bien creencias, sobre aquel régimen se reducen a tópicos estereotipados de partidarios y antagonistas, desconociendo a menudo qué pasó en aquellos años.
Este año pasado sin ir más lejos, tres personas (dos con ilusión y añoranza, la última con odio) me dijeron que durante la Segunda República los comunistas gobernaron en España (!). Mucha gente la vincula a la izquierda, etiquetando de monárquica a la derecha, otros al anticlericalismo, la represión, la guerra…
Hay que recordar que la república echó a andar el 14 de abril de 1931, no el 18 de julio de 1936. Durante los cinco que duró aquel régimen, el balance es más bien desastroso: más de veinte gobiernos, tres elecciones generales, un Presidente destituido por su parlamento, cuatro golpes de Estado, huelgas violentas, aumento de grupos paramilitares que trajeron violencia e inseguridad a las calles mucho antes de la guerra. El régimen no estuvo exento de censura. La Ley de Defensa de la República aprobada por las Cortes en 1931 permitió al gobierno controlar, suspender o cerrar a la prensa catalogada como “hostil a la República”. Dicha ley permaneció en vigor pese a entrar en flagrante contradicción con la Constitución que esas mismas Cortes aprobarían, pocos meses más tarde, el 9 de diciembre.

Edición de lujo de la Constitución del 9 de diciembre de 1931.

En cuanto a la Ley de Congregaciones de 1933, aunque sí se ajustó al art. 3 de la Constitución, limitó más allá de lo razonable la libertad de las confesiones religiosas en el país.
La república también aprobó el 4 de agosto de 1933 la Ley de Vagos y Maleantes. Aunque criticable en muchos puntos, por perseguir a entre otros “vagos” y “mendigos profesionales”, se debe aclarar que fue en 1954 cuando Franco la adaptó para perseguir a los homosexuales.
Pese a lo dicho, la grandeza de muchas leyes que el régimen aprobó en el trienio azañista (1931-1933) inspiraron a mandatarios de todo el mundo. El caso más significativo es la Reforma Agraria de 1932 que casi en su integridad imitó el Presidente Cárdenas en México, único mandatario del globo que auxilió a los exiliados de la guerra civil.

Mural de Orozco representando al Lázaro Cárdenas Presidente de México entre 1934 y 1940.

El testimonio jurídico más sólido –e ignorado- de la Segunda República, sin embargo, es el Código Penal de 1932. Supuso un salto cualitativo en cuanto a la justicia penal en España. Su modernidad fue tal que su texto se recuperó con el regreso de España a la democracia con puntualísimas modificaciones. De hecho, podemos afirmar que el grueso del vigente Código Penal (1995) sigue basado en aquel.
El ciclo de entradas que seguirá estos próximos meses tratará de reconstruir en dos post semanales aquel periodo. Sin embargo, dado que el objetivo es contrastar los relatos memorialistas de Gil Robles y Chapaprieta, se pondrá el acento en el periodo de la historia conocido como el "Bienio de Derechas".


Bibliografía Consultada


ALEMANIA. Constitución de Weimar. Tecnos. Madrid. 2010.
AZAÑA, Manuel. Diarios Completos: Monarquía, República, Guerra Civil. Crítica. Barcelona. 2004. Intr. Juliá, Santos.
AZAÑA, Manuel. Discursos Políticos. Crítica. Barcelona. 2004. Ed. Juliá, Santos.
BUCLEY, Henry. Vida y muerte de la República Española. Austral. Madrid. 2004.
CAMBÓ, Francesc. Memòries (1876-1936). Alpha. Barcelona. 2008.
CHAPAPRIETA, Joaquín. La Paz Fue Posible. Ariel. Esplugues de Llobregat (Barcelona). 1971.
ESCUDERO, José Antonio. Curso de historia del derecho. Solana e hijos. Madrid. 2012.
DE RIVAS DE CHERIF, Cipriano. Retrato de un desconocido. Grijalbo. Barcelona. 1979.
GIL ROBLES, José María. No fue posible la paz. Ariel. Esplugues de Llobregat. (Barcelona). 1968.
JACKSON, Gabriel. La República española y la guerra civil (1931-1939). Orbis. Barcelona. 1985.
JULIÁ, Santos. Vida y tiempo de Manuel Azaña 1880-1940. Taurus. Madrid. 2008.
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KELSEN, Hans. Teoría general del Estado. Comares. Granada. 2002.
MARICHAL, Juan. La vocación de Manuel Azaña. Cuadernos para el diálogo. Madrid. 1971.
NAVAS CASTILLO, Antonia; NAVAS CASTILLO, Florentina. El Estado Constitucional. Dykinson. Madrid. 2009.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. I. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. II. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. III. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. IV. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. La Segunda República. Una crónica, 1931-1936. Destino. Barcelona. 2009.
PLA. Josep. Obra Completa vol. 33, El Passat Imperfecte. Destino. Barcelona. 1977.
SCHMITT, Carl. Posiciones antes el derecho. Tecnos. Madrid. 2012.
TORRES DEL MORAL, Antonio. Constitucionalismo histórico español. Universitatis. Madrid. 2012
TORRES DEL MORA, Antonio. Estado de derecho y democracia de partidos. Universitatis. Madrid.             2012.

lunes, 16 de marzo de 2015

"Némesis" de Philip Roth

A sus ochenta años, Philip Roth ha legado a la humanidad una voluminosa obra diversificada en numerosos estilos de narración. La prosa es su dominio y esperemos que antes de que deje este mundo, Estocolmo tenga a bien concederle el máximo galardón de la literatura.
Némesis, el nombre de la diosa griega de la venganza, ha encabezado un sinfín de obras literarias de distinto estilo, temática y género. Desde el S XIX la reinterpretación de la divinidad clásica vinculada en exclusiva al contexto bélico ha permitido vincularla venganzas militares y amorosas, colectivas y personales, se ha vinculado a destinos trascendentes y se ha zambullido en la cotidianidad.

Philip Roth 

El tema central de esta novela corta es el sentimiento de culpa absurdo que antes o después todos sentimos en la vida por esta o aquella razón. Su protagonista, Bucky Cantor, ejerce de profesor de educación física en la década de los cuarenta, en Estados Unidos. Su trabajada musculatura le ha hecho ganarse el respeto y la admiración de sus alumnos. No obstante, le queda una frustración personal: pese a su buen físico, un defecto de visión de nacimiento le ha impedido alistarse. El joven arrastra un gran complejo a causa de esto. Cree que ha decepcionado a su abuelo que lo crió y se siente culpable por no poder ayudar a su país.
Aunque las recetas financieras del presidente Roosevelt van dando sus frutos, en esta década en que Estados Unidos todavía se está recuperando de la gran depresión. Mas si con la carestía económica el país no tuviese bastante, las epidemias de la polio hacen estragos a lo largo y ancho de su territorio. Aunque hombres de edad avanzada, el propio presidente entre ellos, la pueden llegar a padecer, es entre los más jóvenes sobre todo los niños entre quienes se produce el mayor número de víctimas.

Víctima de la polio, F D Roosevelt quedó en silla de ruedas poco antes de llegar a la Casa Blanca en 1933.

Las escuelas se han convertido en un núcleo de contagio. Cuatro chicos de Cantor mueren por esta causa. Las diferentes formas por las que las familias expresan en dolor de estas pérdidas exploran la psicología humana frente a estas pérdidas irreparables. Cuando el profesor las visitas para transmitir su pésame encuentra desolación, ira, ofuscación, abatimiento...
Típico en estos ambientes de histeria colectiva es que la sociedad busque culpables. La narración de Roth expone como los perjuicios y el medio se mezclan para dar lugar a las tesis más inverosímiles. Estar en el S XX no impide a la población suscribir teorías que en nada en envidian a las pruebas de brujería que la inquisición aportaba en el medievo. Se acusa a los italianos de propagarla, a los pobres de envenenar el agua, para otros el calor es el único responsable de este mal que te ataca invisible.

Muy temida, la polio mataba a la mayoría de sus víctimas y dejaba graves secuelas físicas a los supervivientes.

Al margen de su actividad como docente, en su vida personal, Cantor va descubriendo el amor de una chica con la que se quiere casar. Deseosa de ver seguro de la polio a su prometido le ruega que deje la escuela. La relación entre ambos evoluciona, alcanzando su clímax tras su primer encuentro sexual.
La tragedia de Cantor es descubrir que está infectado de polio. Las secuelas de la enfermad acaban con él como deportista, pero es su culpabilidad por creer que fue el quien contagió a sus niños el que destroza sus relaciones humanas condenándose a un abandono de todos.


La culpabilidad en el personaje evoluciona pues desde la insatisfacción personal por no poder servir en las fuerzas armadas del inicio de la novela, hasta la autoflagelación más masoquista. La genialidad de Roth en el trazado psicológico del personaje es que consigue que el lector asimile simultáneamente la injusticia con la que Cantor se culpa a sí mismo, y su imposibilidad de renunciar a su martirio. La actitud de protagonista se contempla como estúpida, o al menos inútil, pero igualmente inevitable.

lunes, 2 de marzo de 2015

La espuma del jabón




Me he disuelto
en la agitación afrodisíaca
del agua cálida.

El remolino de vuestra carne,
una galaxia en miniatura
cristalizaba sus jadeos
en las burbujas de mi espuma.

Ese fuego que arde
hasta dentro del agua
se encendía, se reavivaba…
                                               Humeante…
Olía a hidrógeno
                                   de una estrella cercana.

Luego llegó la calma.
En el hueco de un átomo
(más distancia no separaba vuestros cuerpos)
se abrió un vacío cósmico confortable.

Y ya no hubo más sonidos.
En la bañera dos constelaciones se abrazaban.
Ya ni siquiera su chapoteo
se oía entre mi aroma.

Y yo quedé
suspendido cual anodina nebulosa,
hasta que al agua devoró el desagüe.

3 de octubre de 2014

Eduard Ariza

viernes, 27 de febrero de 2015

En defensa de Santiago Vidal


"El Pleno del Consejo General del Poder Judicial ha acordado hoy, por 12 votos a 9, imponer una sanción de 3 años de suspensión al magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona Santiago Vidal Marsal como responsable de una infracción disciplinaria muy grave prevista en el artículo 417.14 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (ignorancia inexcusable en el cumplimiento de los deberes judiciales)." Publicació de web oficial del Consell General de Poder Judicial d'ahir 26 de febrer de 2015

Coat of Arms of the General Council of the Judicial Power of Spain.svg
Escut del Consell General del Poder Judicial 

Cada vegada m’inquieta més veure com la coherència esdevé un pecat. Ahir, amb gran decepció, vaig assabentar-me de la noticia de la sanció de tres anys de suspensió contra el jutge Santiago Vidal. A les xarxes socials, dintre dels grups unionistes que freqüento, encara em va decebre més l’alegria exaltada amb què s’acollia la decisió.
Suposo que per molta gent això de la qüestió sobiranista no és un debat, sinó una guerra que no coneix cap norma de cortesia. L’important és destruir l’adversari, tant se’n dóna com o per què.
Malauradament, sempre he tingut el mal costum de no callar-me quan penso diferent. Us ben asseguro que és un defecte. Així que vaig dir, en aquells fòrums, que no compartia els criteris de la sanció. Dues grans rèpliques em van fer: una, que al haver-se declarat obertament independentista ja no era un jutge imparcial, i l’altra, que si no li agradava la constitució que se n’anés a casa seva. La darrera es ben fàcil de replicar, ja que si tots els que no hi estem d’acord en que la dona sigui inferior a l’home en la successió al tron (art. 57.1 CE) no poguessin participar de la vida pública o funcionarial, l’Administració i les institucions quedarien buides.

Santiago Vidal

Tampoc crec que ningú hagi de patir per la possible parcialitat de cap jutge, atès que la Llei Orgànica del Poder Judicial tassa un important nombre de causes (art. 219 LOPJ) per les quals una part en un procés o la fiscalia mateixa poden recusar-lo, és a dir, demanar-ne la substitució per un més imparcial quan aprecien alguna d’aquestes causes. Aquest sistema s’aplica amb una freqüència relativament alta, i amb total normalitat, dia a dia als tribunals.
Com anècdota, us puc explicar que vaig conèixer en Santigo Vidal al juny del meu primer any de carrera, a unes jornades sobre dret civil català que organitzava la UNED. L’home no va causar-me massa bona impressió. Cal reconèixer que sóc un figaflor susceptible pel que fa les bones maneres, com sap tothom qui em coneix. O sigui que no sé fins a quin punt val la meva opinió.
Perquè m’entengueu, a la ponència, sense que tragués el cap a res, va aparèixer el tema de la independència. També va fer una defensa aferrissada dels scratches. Al torn de preguntes, però, quan li van preguntar si veuria bé que li fessin un scratche a jutge la sentència del qual desagradés, va matisar que sí, tot i que calia fer-los amb respecte i guardant la distància.


Personalment, més em va molestar la frivolitat amb què va qüestionar la presència de les màximes i locucions llatines a la literatura jurídica. I encara més, la maca de delicadesa que va exhibir al menjar-se, sense gaires angoixes, quasi bé tres quarts d’hora de la conferència del següent ponent.
En els darrers dies, aquest posat un pèl egocèntric i la seva actitud de showman en alguns platós, li han estat retrets com si justifiquessin la imposició de la sanció. Cal recordar que les lleis no tenen per tasca castigar a qui no ens acabi de fer el pes. Pel que fa als qui directament li retreuen les seves idees, què es pot dir, sinó que no estan penades en democràcia.
Qui ha sancionat a Santiago Vidal? Què és el Consell General del Poder Judicial? Doncs bé, l’art. 122.2 de la constitució el defineix com “l’òrgan de govern del poder judicial”. Aquesta expressió, “òrgan de govern” cal matisar-la. El jutges són independents. Per mandat constitucional, en l’exercici de les seves funcions. només obeeixen la constitució i les lleis. Per tant ningú, ni tan sols el CGPJ, els pot donar ordres. Les seves funcions es vinculen a tasques disciplinaries com els ascensos en la carrera judicial, les inspeccions de jutjats i en el seu cas les sancions. També emet informes consultius pel Consell de Ministres quan es reformes lleis que afecten al Poder Judicial i al sistema penitenciari, entre d’altres.

Composició del CGPJ.

Pel que fa a la seva composició, la constitució estableix que el formin 20 membres que n’escullen el President qui a més és simultàniament President del Tribunal Suprem (art. 122.3 CE). Dotze han de ser jutges i els vuit restant juristes de reconegut prestigi. En principi només aquests darrers haurien de ser escollits per les Corts.
Malauradament, la vigent Llei Orgànica del Poder Judicial disposa (art.111, 112 i 113) que les associacions de jutges triïn una llista de 36 noms de la qual el Congrés, per majoria de tres cinquens dels seus membres, en n’escull sis dels proposats. Dels trenta restants, el Senat n’escull sis més per la mateixa majoria. Pel que fa als vuit juristes de reconegut prestigi cada cambra en tria quatre, també per majoria qualificada.
No cal ni esmentar fins a quin punt aquest sistema afecta a la independència de la institució. Sense anar més lluny, la sanció contra Santiago Vidal sembla aprovada pels dotze vots de la vigent majoria conservadora. Els nou vots en contra, que ben aviat espero publicaran els seus vots particulars, composen el sector més progressista de l’òrgan.

Carlos Lesmes 14.03.28 Presidente C.G.P.J. 4.jpg
Carlos Lesmes, President del CGPJ i del Tribunal Suprem.

De les moltes causes que recull com a motiu de sanció greu per un jutge l’art. 714 LOPJ, el punt 14 és pot ser el més inconcret de tots “ignorància inexcusable del compliment dels deures judicials”. Però com que cap dels més concrets, com ara haver utilitzat el seu càrrec per obtenir tracte de favor o filiació política, se li podien aplicar s’han acollit a aquest concepte indeterminat.
No hi ha un consens a la doctrina sobre a què fa referencia aquest punt 14. Les interpretacions més restrictives l’apropen al principi iura novit curia que imposa a jutges i magistrats els deure de conèixer totes les lleis aplicables. D’altres interpretacions són més obertes. En qualsevol cas, costa considerar-lo subsumible a una activitat acadèmica, com és fer un esborrany constitucional, fora de les seves hores de treball.

Façana del Tribunal Suprem

En definitiva, per molt que em dolgui dir-ho, la sanció obeeix a motius més polítics que no pas jurídics. De totes maneres encara no s’ha de donar tot per perdut. Malgrat sigui “l’òrgan de govern del Poder Judicial” no és cap tribunal, sinó un òrgan administratiu. Per tant totes les seves decisions poder ser recorregudes als tribunals del contenciós-administratiu, en el seu cas el Tribunal Suprem. El procediment, salvant les distàncies, és com recorre una multa de trànsit.
Tinc moltes esperances que el senyor Vidal presenti aviat un recurs a la Sala 3ª del Tribunal Suprem. Amb una mica de sort, revifarem el Poder Judicial de la contaminació política.


Us deixo l'enllaç amb la weeb oficial del CGPJ

http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Poder-Judicial/En-Portada/El-CGPJ-sanciona-con-3-anos-de-suspension-al-magistrado-Santiago-Vidal



lunes, 9 de febrero de 2015

Caída

Quiero llorar
con la cabeza pegada a la hierba

para que mis lágrimas
las engulla la arena gris.

Quiero llorar
oculto bajo vuestras costuras

donde no me veáis
pudriéndome por este veneno.

ni regurgitando la angustia.

8 de mayo de 2014

Eduard Ariza

jueves, 29 de enero de 2015

"Paz en la Guerra" la novela bilbaína de Unamuno

"Es el inconsciente anhelo a la patria espiritual" Paz en la Guerra

Una tirada más bien corta de Paz en la Guerra apareció en las librerías españolas de 1897. Por entonces, cuando todavía faltaban décadas para que Azorín concibiera la idea de la Generación del 98, Unamuno era algo conocido como articulista filósofo y apenas como literato.

Paz en la Guerra (1897)

Más que “su primera novela”, esta obra debería considerarse la única manifestación del escritor en este género. Tal como el propio Unamuno explica en el prólogo a segunda edición, las obras que escribió después Niebla, Don Sandalio el jugador de ajedrez o San Manuel Bueno Mártir ya no fueron novelas, sino nívolas, género él mismo definió. En ellas, la descripción física del personaje y el lugar desaparecen en favor de un largo diálogo diáfanamente filosófico. Pero en Paz en la Guerra sí encontramos las descripciones esperables de la narración novelesca.
La historia de esta novela transcurre en el País Vasco y Navarra durante la tercera guerra carlista 1872-1876. Tal suceso histórico no es ajeno a la vida de Unamuno –ya se sabe que menos ajena a su biografía es su obra. En su infancia, el escritor conoció el cerco carlista a Bilbao. Muchas de sus experiencias vitales de aquella época, especialmente el recuerdo de la destrucción causada por el cañoneo sobre la ciudad, aparecen en estas páginas.

Miguel de Unamuno (1864-1936)

En esta historia se refleja el carácter de la sociedad vascuence de finales de S XIX. Unamuno fue vasco y muy a su manera –renegando del euskera a favor de un vasco universal no regionalista- se mantuvo fiel a esa identidad a lo largo de toda su vida. Sin embargo, dentro de su obra literaria apenas aparece, salvo esta excepción.
El esfuerzo de analizar las contradicciones de su propio pueblo y su propia identidad le llevó más de diez años de duro trabajo. Su admiración juvenil por Clarín, circunstancia a la que no siempre se le da toda la importancia que merece cuando se analiza su estilo, se percibe en las descripciones y sobre todo en la construcción psicológica de los personajes. No es gratuita la cita en su prólogo a la segunda edición de Walt Whitman “Esto no es un libro, es un hombre”.

Carlos (V) pretendiente al trono durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Pese a encontrarse en las antípodas del carlismo, Unamuno no quiso escribir una obra maniquea. Como hace otro antagonista del carlismo, Baroja, en Memorias de un hombre de acción o Zalacaín el aventurero, prefiere ubicar la acción en el seno de una familia carlista. Nunca hay que perder de vista que los vascos y navarros sufrieron las contiendas carlistas más que ninguna otra región española. Para quienes fueron ajenos a la causa el dolor que esta generó en su tierra fue tan gratuito como imperdonable. Pese a todo, humanizar al adversario siempre es el mejor sistema para comprenderlo y asumir la sinrazón trágica de cualquier guerra.
La acción se centra en los personajes anónimos quienes en palabras de Unamuno constituían la “intrahistória”. Las vidas anónimas de Pedro Antonio, un bilbaíno chocolatero antiguo combatiente por la causa de Carlos (V), su hijo Ignacio, voluntario del nuevo pretendiente Carlos (VII), y algunos de sus vecinos esbozan las distintas sensibilidades de los vascos. Esta sociedad conservadora, amante de sus fueros y costumbres, simpatiza con don Carlos no por pura lealtad a su rama dinástica, sino porque ve en él como una posibilidad de mantener sus tradiciones, base de su identidad.

Carlos (VII) pretendiente al trono durante la Tercera Guerra Carlista (1872 a 1876)

Por encima de este retrato colectivo, Paz en la Guerra es un viaje por el interior del individuo, desde la seguridad de las convicciones, hasta la desolación de pensar que nada en lo que se creyó merece la pena. Una vez atrapado en el nihilismo, el hombre acentúa su individualismo casi hasta llegar al solipsismo. A lo largo del proceso su angustia existencia se desborda, hasta que por fin se reconcilia con su desamparo. En ese momento, el hombre accede a la ataraxia y se libera de su sufrimiento, descubre la “paz”, una paz muy ambigua y relativa, en lo profundo de la “guerra” de tragedias personales y sociales que depara la existencia.

Grabado del Bilbao de finales del S XIX


No se debe olvidar que durante los últimos años de redacción de esta novela, Unamuno padeció su famosa crisis espiritual que le condujo a intentar una forzosa conversión al cristianismo. El mencionado elemento de angustia existencial que asalta a Pedro Antonio al final de la novela planeaba sobre la vida del autor en aquella época de un modo cada vez más acuciante. Tras la crisis, Unamuno ya no volvió a ser el mismo ni a escribir igual. Mantuvo muchas de sus ideas, pero nunca las volvió a explicar desde una óptica realista como hizo en su única novela.