jueves, 7 de mayo de 2015

Dos Hombres de Derechas y la Segunda República (VI)

Antecedentes del Bienio de Derechas (V): Fin del Bienio Azañista


Después de desahuciar por segunda vez a Manuel Azaña del gobierno, empezaron las grandes ocurrencias de Alcalá Zamora que llamó a los líderes parlamentarios y les propuso un gobierno de notables –propuesta que no menciona en sus Memorias. Obviamente, un gobierno sin partidos quedaría obediente a la tutela del propio Presidente de la República. Ningún grupo político quiso aceptar la componenda.
Tras no pocas dificultades, el 12 de septiembre, Alcalá Zamora aprobó la lista ministerial que le presentó Lerroux a quien había invitado a formar gobierno. El gobierno tuvo una composición de mayoría radical. Además, todos los gobernadores civiles fueron radicales.

El Palacio de Oriente, sede de la Presidencia de la Nación de 1931 a 1935. Había sido la residencia de la Familia Real.

Su miembros fueron: Presidencia, Lerroux (Radical); Estado, Claudio Sánchez-Albornoz (Acción Republicana); Justicia, Juan Botella (Radical Socialista); Guerra, Juan José Rocha (Radical); Marina, Vicente Iranzo Enguita (ex miembro del partido de Ortega y Gasset); Hacienda, Antonio Lara Zárate (Radical); Gobernación, Martínez Barrio (Radical); Instrucción Pública, Domingo Barnés Salinas (Radical Socialista); Obras Públicas, Rafael Guerra del Río (Radical); Trabajo, Ricardo Samper (Radical); Agricultura, Ramón Feced (Radical Socialista); Industria y Comercio Gómez Paratacha (ORGA); Comunicaciones, Miquel Santaló (ERC).
Como se puede ver, el gobierno recibió el apoyo de Manuel Azaña que no quería arrastrar la república a la inestabilidad. Junto a Acción Republicana su homóloga gallega, la ORGA también apoyó a Lerroux. El apoyo de los radical socialistas estuvo condicionado a dejar al PSOE fuera del gobierno. El grupo de ERC, por su parte, hubiese apoyado casi cualquier combinación de gobierno con tal de no poner en peligro las transferencias de poder autonómico.

Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical.

Sin contar con el apoyo de la primera fuerza de la cámara, el PSOE, la debilidad innata del gobierno se vio agravada por la desafiante actitud de su presidente. Pocas semanas más tarde, el 3 de octubre, el gobierno caía en el debate parlamentario.
Como buen demagogo, Lerroux fue un gran orador en la calle, pero un pésimo orador parlamentario. Aquel día viendo que la confianza en su gobierno se resquebrajaba, empezó su intervención con un arrogante: “los que van a morir os saludan” a la cámara. Al final del debate los diputados le retiraron su confianza. Inmediatamente, el presidente del gobierno fue al Palacio de Oriente a dimitirle a Alcalá Zamora. Después aseguró estar enfermo y se encerró en su domicilio de donde no salió en varios días.

Alcalá Zamora, Presidente de la República.

Mientras tanto, en la cámara parlamentaria cundía el pánico. El único que parecía disfrutar de la situación era el propio Presidente de la República que inició por cuarta vez en un año una de sus farragosas consultas.
Azaña se movió más rápido que el Jefe del Estado. Acudió al domicilio de Lerroux y permaneció media hora en el recibidor asegurando que no se marcharía hasta ser recibido por el líder radical. Fiel intérprete de sus propias farsas, Lerroux terminó por recibir a Azaña en su dormitorio. El jefe de gobierno dimisionario estuvo todo el rato en la cama, en pijama con uno de aquellos gorros de noche con borla al final tan típicos de la época. Si estaba realmente tan enfermo, apenas unas horas más tarde experimentó una milagrosa recuperación al convocar a los dirigentes de su partido en la sede para preparar las elecciones.
-He venido a salvar a la república –le dijo Azaña en respuesta a las protestas de su interlocutor.

Manuel Azaña, líder de Acción Republicana.

Le propuso impulsar un gobierno que no integrara a ningún líder parlamentario. Una vez constituido el Presidente debería decidir si le permitía agotar la legislatura hasta 1935 o convocaba elecciones. El líder radical estuvo de acuerdo. Por entonces las elecciones parecían insalvables.
Alcanzado el acuerdo, Azaña corrió a Palacio para comunicárselo a Alcalá Zamora. El Presidente no pareció tener prisa por acortar su consultas, pero aceptó la idea que también fue bien acogida por las otras formaciones políticas.
Por fin el 8 de octubre el radical Martínez Barrio, a quien las derechas llamaban “el gran oriente” por su adscripción masónica, recibió el encargo de formar gobierno para disolver las Cortes y hacer elecciones. Su ministerio no tuvo más propósito ni vocación de continuidad.

Martínez Barrio, diputado radical y fundador de Unión Republicana.

La composición de su gabinete fue la siguiente: Presidencia, Martínez Barrio (Radical); Estado, Claudio Sánchez Albornoz (Acción Republicana); Justicia, Juan Botella Asensi (Radical Socialista) sustituido el 29 de noviembre por Domingo Barnés (Radical Socialista); Gobernación, Manuel Rico Avello (Agrupación al Servicio de la República de Ortega y Gasset); Guerra, Vicente Iranzo (Agrupación al Servicio de la República); Marina, Leandro Pita Romero (ORGA); Hacienda, Antonio de Lara (Radical); Instrucción Pública, Domingo Barnés (Radical); Trabajo, Carlos Pi i Sunyer (ERC); Obras Públicas, Rafael Guerra del Río (Radical); Agricultura, Cirilo del Río (Derecha Liberal Republicana); Industria y Comercio, Féliz Gordón Ordás (Radical Socialista); Comunicaciones, Emilio Palomo (Radical Socialista).

Dos días más tarde, el diez de octubre, se publicó el decreto de disolución en la Gaceta de Madrid, el BOE de aquella época. Con la llamada a elecciones generales, se abría el segundo proceso electoral de la segunda república.
Es a partir de este momento, cuando nuestros dos memorialistas, Gil Robles y Chapaprieta adquieren relevancia histórica.


Bibliografía Consultada


ALEMANIA. Constitución de Weimar. Tecnos. Madrid. 2010.
AZAÑA, Manuel. Diarios Completos: Monarquía, República, Guerra Civil. Crítica. Barcelona. 2004. Intr. Juliá, Santos.
AZAÑA, Manuel. Discursos Políticos. Crítica. Barcelona. 2004. Ed. Juliá, Santos.
BUCLEY, Henry. Vida y muerte de la República Española. Austral. Madrid. 2004.
CAMBÓ, Francesc. Memòries (1876-1936). Alpha. Barcelona. 2008.
CHAPAPRIETA, Joaquín. La Paz Fue Posible. Ariel. Esplugues de Llobregat (Barcelona). 1971.
ESCUDERO, José Antonio. Curso de historia del derecho. Solana e hijos. Madrid. 2012.
DE RIVAS DE CHERIF, Cipriano. Retrato de un desconocido. Grijalbo. Barcelona. 1979.
GIL ROBLES, José María. No fue posible la paz. Ariel. Esplugues de Llobregat. (Barcelona). 1968.
JACKSON, Gabriel. La República española y la guerra civil (1931-1939). Orbis. Barcelona. 1985.
JULIÁ, Santos. Vida y tiempo de Manuel Azaña 1880-1940. Taurus. Madrid. 2008.
JULIÁ, Santos; PÉREZ, Joseph; VALDEÓN, Julio. Historia de España. Austral. Pozuelo de Alarcón (Madrid). 2008.
KELSEN, Hans. Teoría general del Estado. Comares. Granada. 2002.
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NAVAS CASTILLO, Antonia; NAVAS CASTILLO, Florentina. El Estado Constitucional. Dykinson. Madrid. 2009.
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PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. II. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. III. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. IV. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. La Segunda República. Una crónica, 1931-1936. Destino. Barcelona. 2009.
PLA. Josep. Obra Completa vol. 33, El Passat Imperfecte. Destino. Barcelona. 1977.
SCHMITT, Carl. Posiciones antes el derecho. Tecnos. Madrid. 2012.
TORRES DEL MORAL, Antonio. Constitucionalismo histórico español. Universitatis. Madrid. 2012
TORRES DEL MORA, Antonio. Estado de derecho y democracia de partidos. Universitatis. Madrid.             2012.

lunes, 4 de mayo de 2015

Dos Hombres de Derechas y la Segunda República (V)

Antecedentes del Bienio de Derechas (IV): Bienio Azañista



El primer gobierno Azaña, 16 de diciembre de 1931 al 12 de junio de 1933, el más longevo con diferencia de la segunda república, es al que debemos la mayoría de iniciativas legislativas por las que es famoso aquel régimen: la primera ley de divorcio en España, la disolución de la Compañía de Jesús por Decreto, el Código Penal, la Ley de Vagos y Maleantes, la Reforma Agraria, y el Estatuto de Autonomía Catalán. No menos importante fue la aprobación de los presupuestos de 1932 diseñados por el ministro Jaume Carner de excelente perfil técnico a quien dos años más tarde robaría la vida el cáncer.
Durante este gobierno, el 10 de agosto de 1932 se produjo la “Sanjurjada”. Sevilla fue el escenario central del golpe que también tuvo algún foco aislado en Madrid. Mal preparada, la intentona del general Sanjurjo, que irónicamente un año antes había puesto la guardia civil al servicio del gobierno provisional antes de que el rey autorizara el traspaso de poderes, fracasó a las pocas horas.

El general Sanjurjo en el centro. Sevilla 10 de agosto de 1932.

Otro incidente grave fue la matanza de Casas Viejas el 11 de enero de 1933. En aquella pequeña localidad gaditana se produjo en violento enfrentamiento entre anarquistas y policías que se saldó con varios muertos. Aunque inicialmente el hecho no pareció tener mucha importancia, tanto las derechas como los sectores más radicales de la izquierda entendieron en seguida el partido que podían sacarle para desgastar al jefe de gobierno.
Pese a ganar el debate parlamentario, Azaña fue el 8 de junio de 1933 al Palacio de Oriente, sede de la Presidencia del Estado, para pedir la confianza del Presidente. Sorprendido por no encontrarla, dimitió en el acto.
La negativa de Alcalá Zamora a dar su apoyo al presidente del gobierno que había obtenido la confianza del Parlamento sólo se explica por su antagonismo personal. En sus Memorias el político cordobés no duda en hablar de Azaña como “mi gran enemigo”. Disgustado porque no se sometiera a él, don Niceto trató por todos los medios de socavar la acción de su independiente y para su gusto demasiado exitoso jefe de gobierno.
En efecto, el Jefe del Estado no quiso desaprovechar aquella oportunidad para desacreditarlo y forzar su dimisión. Pero esta actitud que entraba en contradicción con su papel constitucional de moderador no tardaría en costarle cara.

Edición del Estatut de 1932 con el retrato de su gran valedor en las Cortes, Manuel Azaña.

Cuando inició sus consultas para buscar a un nuevo jefe de gobierno descubrió lo siguiente: el PSOE se debatía en una bicefalia fratricida entre Indalecio Prieto, más moderado, y Largo Caballero, el Lenin Español. Ninguno de ellos podía ser invitado a formar gobierno sin riesgo de dividir el partido. Por si con eso no bastaba, los socialistas estaban peleados con los radical socialistas. Ningún partido aceptaría un gobierno presidido por un representante del otro. Para colmo, lo radicales de centro eran rechazados por la izquierda, de modo que Lerroux rechazó el encargo.
Desesperado, Alcalá Zamora tuvo que tragarse su orgullo y volver a llamar a Azaña a Palacio. Su disgusto no terminó ahí, porque lejos de manifestarse agradecido por la nueva invitación, el líder de Acción Republicana le dijo que sólo aceptaría el encargo si no se concebía el nuevo gabinete como un gobierno interino. A esto, según escribe el propio Azaña en sus Diarios, respondió el Presidente de la República: “Ni interinidades ni eternidades”.

Azaña en su despacho en el ministerio de la guerra.

El 12 de junio de 1933 quedó constituido el Gobierno Azaña II con una composición de partidos muy similar al anterior: Presidencia y Guerra, Manuel Azaña (Acción Republicana); Estado, Fernando de los Ríos (PSOE); Justicia, Álvaro Albornoz (Partido Radical Socialista); Marina, Lluís Companys (ERC); Gobernación, Casares Quiroga (Organización Republicana Gallega Autónoma); Hacienda, Agustí Viñuales Pardo (Acción Republicana); Instrucción Pública, Francisco Barnés Salinas (Acción Republicana); Obras Públicas, Indalecio Prieto (PSOE); Trabajo, Largo Caballero (PSOE); Agricultura, Marcelino Domingo (Partido Radical Socialista); Industria y Comercio, José Franchy y Roca (Partido Democrático Republicano Federal).
Con una vida mucho más breve que el gobierno predecesor, este gabinete dimitió el 8 de septiembre del mismo año. Su labor legislativa fue escueta. Únicamente cabe destacar la fatídica ley electoral. Aunque partía de un objetivo bienintencionado como favorecer las mayorías parlamentarias estables, esta ley aplicó un sistema electoral de mayorías que favoreció las grandes coaliciones, en detrimento de la representación proporcional lo que fue nefasto en febrero de 1936 para el régimen.

El segundo gobierno Azaña.

Las tensiones internas con los sectores más extremistas de la izquierda que querían unas nuevas elecciones para reafirmar su autoridad dañaron al gabinete desde dentro. El 12 de julio, Albornoz dimitió y Casares Quiroga hubo de asumir simultáneamente las carteras de justicia y gobernación.
A pesar de ello, 6 de septiembre Azaña volvió a superar con éxito un voto de confianza en las Cortes que lo mantuvo como jefe de gobierno. La crisis pareció alejarse por el momento. Pero entonces, tal como había hecho pocos meses antes, el Presidente de la República retiró su confianza a presidente del gobierno que dimitió el día ocho.
Lo más sorprendente es que don Niceto tomó esa determinación, de nuevo, después de que el Parlamento hubiese votado "sí" a la continuidad del gobierno Azaña. Con una misma arbitrariedad, el Jefe del Estado despreciaba al poder legislativo y hundía al ejecutivo en el caos.


Bibliografía Consultada

ALEMANIA. Constitución de Weimar. Tecnos. Madrid. 2010.
AZAÑA, Manuel. Diarios Completos: Monarquía, República, Guerra Civil. Crítica. Barcelona. 2004. Intr. Juliá, Santos.
AZAÑA, Manuel. Discursos Políticos. Crítica. Barcelona. 2004. Ed. Juliá, Santos.
BUCLEY, Henry. Vida y muerte de la República Española. Austral. Madrid. 2004.
CAMBÓ, Francesc. Memòries (1876-1936). Alpha. Barcelona. 2008.
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PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. IV. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. La Segunda República. Una crónica, 1931-1936. Destino. Barcelona. 2009.
PLA. Josep. Obra Completa vol. 33, El Passat Imperfecte. Destino. Barcelona. 1977.
SCHMITT, Carl. Posiciones antes el derecho. Tecnos. Madrid. 2012.
TORRES DEL MORAL, Antonio. Constitucionalismo histórico español. Universitatis. Madrid. 2012
TORRES DEL MORA, Antonio. Estado de derecho y democracia de partidos. Universitatis. Madrid.             2012.

viernes, 1 de mayo de 2015

Un año más... me busco


La voz del silencio
se durmió bajo mi piel.
Ya no puedo encontrarme.

He resuelto el enigma.
Las olas del tiempo se agitan.
Acepto pisar sendas de alambre.

Ya no necesito el espejo.
Porto en la imaginación -y la memoria-
los colores polimorfos del alma.

30 de Abril de 2015
Eduard Ariza


martes, 28 de abril de 2015

Dos Hombres de Derechas y la Segunda República (IV)

Antecedentes del Bienio de Derechas (III): El Presidente 



Con la Constitución a punto de aprobarse, una de las preocupaciones del nuevo gobierno provisional era buscar a un candidato para la presidencia de la república. La futura carta magna conferiría al jefe del Estado considerables poderes, sobre todo en materia de convocatorias electorales y formación de gobiernos. Para evitar el abuso de estos,  se quiso buscar al candidato de un partido pequeño que no favoreciera a su grupo político mediante maniobras oscuras. Fue este motivo por el que se desechó la candidatura de Lerroux pues la importancia del partido radical se percibía como una amenaza. Sonó el nombre de Azaña, pero este manifestó más interés en seguir en el gobierno.

Alcalá Zamora (1877-1949)

Finalmente se propuso como candidato de consenso a Alcalá Zamora, a quien muchos juzgaban acabado políticamente tras su penosa salida del gobierno el 14 de octubre.
El 9 de diciembre se aprobó la constitución por 368 votos a favor. No hubo ningún voto en contra, si bien derechas, federales extremistas y algunos independientes se ausentaron de la cámara al efectuarse la votación, dejando un total de 98 escaños vacíos.
Un día más tarde, los diputados votaron al Presidente. Se requería un mínimo de 234 votos, mayoría absoluta, para la elección.
El Presidente de la Cámara, Besteiro comunicó el resultado de la votación:
Alcalá Zamora (Derecha Liberal Republicana)            362
Juan Pi y Arsuaga (Republicano Fenderal)                   10
Manuel Cossío (Independiente de izquierdas)               2
Julián Besteiro (Radical Socialista)                                2
Ortega y Gasset (Partido al servicio de la República)    1
Miguel De Unamuno (Independiente/PSOE)                 1 
Abstenciones                                                                35
Ausencias                                                                     53

Quedó proclamado electo Alcalá Zamora Presidente de la República. Por desgracia, su trayectoria como jefe del Estado se apartó mucho de los que sus electores habían previsto. Aunque careció de partido fuerte al que pudiera favorecer para gobernar a través de él desde la presidencia, siempre trató de sobredimensionar su influencia sobre los gobierno. Su monstruoso personalismo lejos de favorecer la estabilidad del poder ejecutivo fue el impulsor de muchas crisis.

Promesa de Alcalá Zamora ante las Cortes Constituyentes como Presidente.

En aquel régimen, los cambios en el gabinete debían ser autorizados por el Presidente mediante una crisis de gobierno. La crisis se podía plantear de forma parcial para cambiar algunas carteras, o total en caso de dimisión en bloque del gobierno, de su líder o que el Presidente considerara que la modificación ministerial era demasiado profunda para resolverla como crisis parcial.
En la actualidad, únicamente la República Italiana mantiene este sistema –una de las muchas causas de su inestabilidad política. El resto de regímenes parlamentarios, permiten al jefe de gobierno modificar la composición del ejecutivo sin necesidad de la intervención del jefe del Estado sea rey o presidente.
Alcalá Zamora pareció cogerle el gusto al procedimiento protocolario de la crisis total que le permitía evacuar largas consultas con los portavoces parlamentarios y particulares de su elección en el Palacio de Oriente como habían hecho los reyes. Casi nunca gestionó una crisis como parcial, ni siquiera cuando se trató de cambios mínimos en el ministerio de turno. Semejante actitud retrasó enormemente la acción de los gobiernos republicanos y produjo muchos vacíos de poder tan gratuitos como inesperados. También le cogió el gusto a amenazar a los gobiernos con el derecho de veto sobre las leyes aprobadas por el Parlamento que le confería la constitución.

Alcalá Zamora, retrato oficial como Presidente.

Durante su mandato se multiplicaron los consejos de ministros en Palacio presididos por el jefe del Estado. Esta figura en un régimen parlamentario se reserva para casos excepcionales y para presentar al Rey o Presidente el nuevo gobierno. En nuestros días, en España se suele celebrar un consejo de ministros presidido por el Rey al inicio de cada legislatura.
Alcalá Zamora adquirió la costumbre no sólo de convocar estas reuniones según sus apetencias, sino que además de su inusual frecuencia las hizo inútiles. Tenía la costumbre de aburrir a sus ministros con largos soliloquios que podían durar literalmente dos y hasta tres horas ininterrumpidas. No solía admitir réplicas. Acabado el monólogo salía del despacho con lo que el consejo de ministros se daba por concluido.
Hombre de mentalidad caciquil, usó toda su influencia para favorecer el enchufismo de a sus familiares y amigos. Lejos de avergonzarse, saca pecho de semejante actitud en sus Memorias, asegurando que hizo cuanto pudo por su gente y por Priego, su pueblo natal, desde la Presidencia.
No es exagerado aquello que escribió Pla y que tantos otros compartieron: Alcalá Zamora fue uno de los enterradores de la República.
Tras su elección, Azaña le presentó la dimisión formal del gobierno provisional. Atendiendo a la composición parlamentaria, el propio Azaña fue invitado a formar gobierno, el primero constitucional de la república. La composición de este fue de centro izquierda. Respecto al gobierno provisional quedaron fuera los radicales de Lerroux.

Gobierno Azaña I, primer gabinete constitucional de la Segunda República.


Así el 16 de diciembre se constituyó el Gobierno Azaña I con la siguiente composición: Presidencia y Guerra, Manuel Azaña (Acción Republicana); Estado, Luis Zulueta Escolano (Partido Republicano Liberal Demócrata); Justicia, Álvaro Albornoz (Partido Radical Socialista); Marina, José Giral (Acción Republicana); Gobernación, Casares Quiroga (Organización Republicana Gallega Autónoma); Hacienda, Jaume Carner (Esquerra Republicana de Catalanya); Instrucción Pública, Fernando de los Ríos (PSOE); Obras Públicas, Indalecio Prieto (PSOE); Trabajo, Largo Caballero (PSOE); Agricultura, Industria y Comercio, Marcelino Domingo (Partido Radical Socialista).


Bibliografía Consultada


ALEMANIA. Constitución de Weimar. Tecnos. Madrid. 2010.
AZAÑA, Manuel. Diarios Completos: Monarquía, República, Guerra Civil. Crítica. Barcelona. 2004. Intr. Juliá, Santos.
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CAMBÓ, Francesc. Memòries (1876-1936). Alpha. Barcelona. 2008.
CHAPAPRIETA, Joaquín. La Paz Fue Posible. Ariel. Esplugues de Llobregat (Barcelona). 1971.
ESCUDERO, José Antonio. Curso de historia del derecho. Solana e hijos. Madrid. 2012.
DE RIVAS DE CHERIF, Cipriano. Retrato de un desconocido. Grijalbo. Barcelona. 1979.
GIL ROBLES, José María. No fue posible la paz. Ariel. Esplugues de Llobregat. (Barcelona). 1968.
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JULIÁ, Santos; PÉREZ, Joseph; VALDEÓN, Julio. Historia de España. Austral. Pozuelo de Alarcón (Madrid). 2008.
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PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. II. Destino. Madrid. 1940.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. III. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. Historia de la Segunda República. vol. IV. Destino. Madrid. 1941.
PLA, Josep. La Segunda República. Una crónica, 1931-1936. Destino. Barcelona. 2009.
PLA. Josep. Obra Completa vol. 33, El Passat Imperfecte. Destino. Barcelona. 1977.
SCHMITT, Carl. Posiciones antes el derecho. Tecnos. Madrid. 2012.
TORRES DEL MORAL, Antonio. Constitucionalismo histórico español. Universitatis. Madrid. 2012
TORRES DEL MORA, Antonio. Estado de derecho y democracia de partidos. Universitatis. Madrid.             2012.

lunes, 27 de abril de 2015

Así empezó una amistad

Para G…

Aunque pierda matices
ese día conserva un fondo
como de postal.

Empezó antes, en una clase
tan aburrida que nos obligó a hablar…
Dos palabras por aquí,

una conversación digital
y quedamos el sábado… Así de la acción
se deslizó el recuerdo.

Este recuerdo
como las palabras de una canción
no pesa, no duele.

El color ceniza del río,
las casas perdidas, los raíles del tren,
la grisura brillante

en tus ojos encendida
se han ganado el respeto del olvido.
Si acaso, él acaricia

su perdurabilidad
como el agua mece las piedras
hasta desgranar arena.

Lo escrito aquí
es ese polvo atómico del instante,
origen de una amistad.

26 (7) de abril de 2014 (3)
Eduard Ariza



jueves, 23 de abril de 2015

Dos hombres de derechas y la Segunda República (III)

Antecedentes del Bienio de Derechas (II): Los gobiernos provisionales


Salvo por los monárquicos, la república llegó con una acogida generalmente buena. Incluso muchos de los futuros golpistas, como los generales Mola, Sanjurjo y Queipo de Llano apoyaron el régimen. El Presidente del Gobierno Provisional prometió en numerosas conferencias una república moderada “donde cabrían obispos y conservadores”.
La marcha de las primeras elecciones nacionales, de las que la derecha salió muy perjudicada por la ley electoral al presentarse dividida, junto a los brotes de radicales anticlericalistas, hizo que mucha gente se sintiera, quizá sin mucho motivo, “engañada”, germinando así los recelos y el temor social hacia el nuevo régimen. Pero no adelantemos ahora la cuestión, analicemos la composición del gobierno provisional.

Gobierno Provisional I.

Gobierno Provisional I: Presidencia, Niceto Alcalá Zamora (Derecha Liberal Republicana); Estado, Alejandro Lerroux (Radical); Justicia, Fernando de los Ríos (PSOE); Guerra, Manuel Azaña (Acción Republicana); Marina, Santiago Casares Quiroga (Federación Republicana Gallega); Hacienda, Indalecio Prieto (PSOE); Gobernación, Miguel Maura (Derecha Liberal Republicana); Instrucción Pública y Bellas Artes, Marcelino Domingo (Radical Socialista); Fomento, Álvaro Albornoz (Radical Socialista); Trabajo, Largo Caballero (PSOE); Economía, Nicolau D’Olwer (Acción Catalana Republicana); Comunicaciones, Diego Martínez Barrio (Radical).

Indalecio Prieto, 1936.jpg
Indalecio Prieto, líder moderado del PSOE.

La composición del gobierno era bastante equilibrada, entre derechas e izquierdas. La Presidencia y el ministerio de gobernación –interior- quedaron en manos de figuras derechistas, Niceto Alcalá Zamora, ex miembro de partido liberal monárquico que había sido ministro de Alfonso XIII y Miguel Maura hijo de Antonio Maura líder del partido monárquico conservador, varias veces ministro y jefe de gobierno de Alfonso XIII. Maura y Alcalá Zamora acariciaban la idea de una derecha centrista que recogiese votos de aquí y de allá para formar una mayoría de centro en la república.
El Partido Republicano Radical fue fundado por Alejandro Lerroux. Tan republicano como populista, Lerroux abandonó sus ideologías revolucionarias tras hacerse rico en los años veinte. Desde entonces, pese a no modificar el nombre de su formación, el partido radical se escoró al centro derecha. El otro ministro radical de aquel gobierno, Barrio, aunque centrista se escoraba más hacia el centro izquierda.

Francesc Macià, fundador de ERC.

Por las izquierdas estaban los socialistas divididos en dos bloques: por un lado el PSOE, representado por su líder más moderado, Prieto, y el más radical, Largo Caballero; por otro lado el Partido Radical Socialista en principio más radical que el PSOE y más moderado en otros aspectos, con raíces dispersas por UGT y círculos intelectuales, destacaba sobre todo por un furibundo anticlericalismo. También formaba parte del gabinete Acción Republicana, partido de intelectuales fundado por Manuel Azaña. Objetivamente siempre estuvo escorado a la izquierda, si bien, a finales de 1931, algunos veían en su líder un posible coordinador de las derechas moderadas. Realmente, partido y dirigente fueron fuerzas de centro social que convergieron con la izquierda por pragmatismo. Antes de la dictadura de Primo de Rivera, Azaña había defendido la necesidad de concatenar en España una década de gobiernos tecnócratas. En tal teoría basó buena parte de su labor de gobierno.

Manuel Azaña, fundador de Acción Republicana.

Por último, había fuerzas de centro izquierda regionales, tales como la Federación Republicana Gallega, a la larga absorbida por Acción Republicana de la que siempre fue ideológicamente afín, o Acció Catalana, partido que de intelectuales que naufragaría electoralmente frente a la ERC de Macià.
Precisamente Macià –quien al igual que su partido no fue invitado a los acuerdos de San Sebastián, por considerarlo electoralmente marginal- que venció las elecciones del 12 de abril en Cataluña fue el primer reto del nuevo régimen. El 14 de abril había proclamado en Barcelona la “República Catalana dentro de la Confederación Ibérica” recuperando la vieja idea de los republicanos federales decimonónicos, de una Península Confederal. Sin embargo, tras unas improvisadas negociaciones, el líder catalán se avino a esperar a la aprobación de la constitución para constituir una autonomía. Nadie había hablado de una república federal, aunque sí había un compromiso con los territorios.

Niceto Alcalá Zamora, jefe del gobierno provisional.

El 28 de junio de 1931 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes. En estas elecciones las mujeres pudieron presentarse, pero no votar, resultando elegidas diputadas Clara Campoamor (radical), Victoria Kent (PSOE) y Margarita Neklen (PSOE). El parlamento no dejó ninguna mayoría clara:
El PSOE obtuvo 115 de los 470 escaños. Como primera fuerza logró la presidencia de las Cortes en la persona de Julián Besteiro. Los radicales de Lerroux quedaron los segundos con 90 escaños y los radical socialistas terceros con 61.


Gráfico de las Cortes Constituyentes de la Segunda República

Ya muy por detrás ERC obtuvo 29 escaños con unas candidaturas… singulares para un partido catalán. Y es que Macià no dudó en reclutar a “fenómenos y talentos” caso significativo fue el famoso aviador militar, Ramón Franco Bahamonde, hermano del futuro dictador, quien siendo gallego fue electo diputado de ERC.
La Acción Republicana de Azaña obtuvo 26 escaños y los liberal republicanos de Alcalá Zamora que esperaba ser el ganador de los comicios, 25, Federación Gallega 15 escaños, el PNV 7.

RAMON FRANCO AÑO 1926.JPG
Coronel Ramón Franco, diputado por ERC.


A aquellas elecciones, la derecha que se presentó dividida e incómoda ante el nuevo régimen, apenas arañó medio centenar de escaños. Los monárquicos agrupados en el Partido Agrario alcanzaron 15 escaños, los carlistas de comunión tradicionalista, 4, Acción Nacional partido de derecha filofascista fundado por Gil Robles, 5.
Esto que tanto ha alegrado a muchos fue nefasto. Si lo comparamos con 1978, cuando el equilibrio de fuerzas políticas –y el pánico a un golpe militar- propició una constitución de consenso, en 1931, la falta de peso específico de las derechas, que por supuesto, existían en la sociedad, precipitó una constitución considerablemente escorada a la izquierda. Aunque, eso sí, indiscutiblemente democrática.
Sin embargo, durante el debate constitucional y a raíz de la cuestión religiosa se produjeron tensiones en el seno del gobierno. La Santa Sede y España rompieron relaciones mientras los desórdenes y quemas de conventos se multiplicaban por varios lugares del país, desbordando a la policía y la guardia civil.

Miguel Maura

En aquel difícil debate, Alcalá Zamora, católico practicante, se sintió apartado y ninguneado por sus ministros. Desde la derrota de su partido en junio, el presidente andaba a la greña y en más de una ocasión había amenazado varias veces con dimitir con cualquier pretexto. Tan frecuentes eran tales “rabietas” que cuando el 15 de octubre comunicó anunció que dimitía, tras decir Azaña, durante el debate del art. 26 de la constitución, “España [como Estado, no en la conciencia individual] ha dejado de ser católica”, nadie en el gabinete creyó que iba en serio. Pero esta vez, no hubo marcha atrás.
Además de Alcalá Zamora, Miguel Maura quería dejar el gobierno. No por lealtad hacia el ex presidente. Aunque se le puedan recriminar muchos defectos, Maura tuvo siempre unas firmes convicciones morales y decidió aprovechar la crisis para asumir su responsabilidad política, por los disturbios anticlericales, en los que veía un fracaso de su gestión.
Con la dimisión de Alcalá Zamora se encendieron todas las alarmas. Mucha gente temió que la Segunda República terminase como la primera, con unos gobiernos inestables y breves, sin alcanzar su primer cumpleaños. Como Presidente de las Cortes Julián Besteiro ejerció de “jefe de Estado” moderando entre los ministros para que entre ellos apareciera un nuevo Presidente.

Gobierno Provisional II

Los candidatos firmes a suceder a Alcalá Zamora, hubieran sido Prieto y Lerroux cuyos partidos eran mayoritarios en las Cortes, pero ambos se pusieron de perfil. Apareció entonces el nombre de Azaña, ministro más exitoso del gobierno gracias a su valiente reforma militar, quién aceptó el cargo, siempre que se le permitiese continuar de ministro de la guerra. Sus reformas para el ejército no se iban a quedar a medias. Por amplia mayoría, las Cortes dieron su confianza al nuevo gabinete, casi idéntico al anterior.

Gobierno Provisional II: Presidencia y Guerra, Manuel Azaña (AR); Estado, Alejandro Lerroux (Radical); Justicia, Fernando de los Ríos (PSOE); Marina, José Giral (AR); Hacienda, Indalecio Prieto (PSOE); Gobernación, Santiago Casares Quiroga (Federación Republicana Gallega); Instrucción Pública y Bellas Artes, Marcelino Domingo (Radical Socialista); Fomento, Álvaro Albornoz (Radical Socialista); Trabajo, Largo Caballero (PSOE); Economía, Nicolau D’Olwer (Acción Catalana Republicana); Comunicaciones, Diego Martínez Barrio (Radical).



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