lunes, 23 de enero de 2012

Tres reyes, tres hermanos, tres Borbones: Luís XVIII (II)


Tras la época de El Terror del régimen de Robespierre, el período ruinoso de El Directorio y la etapa belicista de Napoleón dividida entre Consulado e Imperio, muchos franceses y muchos intelectuales se hicieron partidarios de Luís XVIII. El célebre escritor y político Chateaubriand recoge este sentir popular en su manifiesto De Bonaparte a los Borbones. Dicho librito, vio la luz clandestinamente en 1814; de él dijo el rey que había sido más útil que un ejército.
¿Cómo podemos explicar el rápido retorno de Bonaparte en julio del año siguiente? El período conocido como “Los Cien Días”, contrariamente a lo que se piensa, no tuvo un gran apoyo popular. Las guerras y, más exactamente, las costosas derrotas de sus últimos años secaron la popularidad de Napoleón. Durante su camino a Elba, isla que le había sido concedida en calidad de principado, el ex emperador, a punto, estuvo de ser linchado, en varias ocasiones, por la turba furiosa. Sólo el ejército se mantenía un acérrimo en el bonapartismo. Sin en lugar de enviarle tropas, Luís XVIII hubiese dejado vagar a su adversario por los pueblos de Francia es muy probable que se le hubiese asesinado.

 Luís XVIII (1755-1824) rey de Francia, Navarra y Copríncipe de Andorra, en las Tullerías, por Jean-Baptiste Paulin Guérin.

 
Por desgracia, los soldados enviados para capturarle se sublevaron contra el rey para unirse a Napoleón. En el contexto de una inminente guerra civil, algunos, entre ellos Chateaubriand, aconsejaron al viejo y tullido monarca permanecer en París, para resistir en Las Tullerías hasta la muerte. El asesinato del monarca hubiese hundido aún más la popularidad del ex emperador. París, además, era decididamente monárquica, lo que, sumado a la falta de medios económicos y artillería por parte de los militares sublevados, aumentaba las posibilidades de una resistencia eficaz. Por si ocurría lo peor, el exilio temporal del duque de Artois, hermano y heredero del rey, con su familia garantizaría la continuidad de la monarquía legítima.
Sin embargo, Luís XVIII decidió huir a Gante. El vacío de poder que se generó posibilitó a Napoleón recuperar velozmente el poder.
 Entre tanto en Viena, el canciller von Metternich, había empezado su Congreso, del que en resultaría poco después La Santa Alianza de monarquías del Viejo Régimen, contra cualquier movimiento liberal. Allí, los monarcas europeos o sus representantes se sintieron decepcionados con Luís XVIII. Después de los innumerables esfuerzos para restaurar el trono de los Borbones en Francia, estos apenas habían hecho nada para defenderlo

 Congreso de Viena 1815.
 
Después de su derrota decisiva en Waterloo, Napoleón volvió a Parías para abdicar a favor de su hijo, quien pasó a ser nominalmente, emperador de los frances del 22 de junio al 7 de julio de 1815, con el título de Napoleón II. Desde Viena se consideró seriamente la posibilidad de reconocer al joven emperador, nieto de Francisco I, así como a su consejo de la regencia, pero, tras largas deliberaciones, se decidió dar una segunda oportunidad a Luís XVIII.

 Napoleón II (1811-1832)
 
El rey volvió a París el 16 de septiembre. A partir de aquí podemos hablar claramente de su reinado y de la Restauración. Luís XVIII, como sus otros dos hermanos fue víctima de su educación basada en la separación de la sociedad por estamentos. Verdaderamente se creía elegido por dios y por lo tanto dueño absoluto de su país, en tanto que así lo permitiese la providencia. No era en absoluto un hombre ignorante ni estúpido, antes bien, se le reconoce una cierta habilidad diplomática. No obstante, su carácter pasivo, alegorizado en su extrema gordura, se tornó en inactivo durante su reinado. Es cierto que actitud benevolente deriva de aquí, pero también su incapacidad para fijar un rumbo claro hacia la monarquía constitucional, como le demandaban la mayoría de los monárquicos.

 Escudo Real de Luís XVIII, que se estampó en la Bandera Blanca -monárquica- durante su reinado.

 
¿Creyó realmente Luís XVIII en la posibilidad de compartir sus poderes con un parlamento como los reyes ingleses? El rey, ciertamente, aprobó La Carta, un sucedáneo de constitución que estableció el régimen institucional de la Restauración. Según este documento, el rey aceptaba la iniciativa legislativa del Parlamento y la Cámara de los Pares, con derecho hereditario; imitación palpable de la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores, en el modelo británico. También se veía obligado a nombrar a un primer ministro, que actuase de jefe del gabinete, aunque no tenía necesidad de consultar a las Cámaras en este trámite. El monarca conservaba amplias facultades legislativas y ejecutivas que extendían su poder en gran medida.

 Luís XVIII en las Tullerías por François Pascal Símon Gérard

Recuérdense, de nuevo, sus prejuicios de la clase y su conciencia de ser rey por la voluntad de Dios y no por la del pueblo. Luís XVIII nunca tuvo en pensamiento más abierto que su hermano menor, el futuro déspota, Carlos X. Su aceptación de las prerrogativas institucionales y concesiones a las mismas derivan indefectiblemente de esa personalidad hastiada incapaz de hacer otra cosa que dejarse llevar.

 Talleyrand, primer jefe de gobierno de Luís XVIII, ex minsitro de exteriores con Napoleón I.
 
Nombró a su primer jefe de gabinete, durante su segundo exilio, en Gante. La elección fue a recaer en el ex ministro de Bonaparte, Talleyrand. Este conspirador nato se mantuvo en el cargo hasta que el rey retornó a Francia. Había sido designado representante de Francia en la Conferencia de Viena y el rey, conociendo la facilidad de su ministro de exteriores para cambiar de chaqueta, le ofreció tan importante puesto, a fin de asegurarse que se le mantenía leal.

 Duque de Richelieu, primer ministro de 1815-1818 y de 1820-1821.
 
El 26 de septiembre de 1815, tras forzar la dimisión de Talleyrand, se encargó al duque de Richelieu formar gobierno. Hombre hábil, el duque sostendría su gabinete hasta 1818. De sus logros se reconoce su habilidad diplomática para acortar la ocupación de los ejércitos de la Confederación Europea. Pues tras la segunda caída de Napoleón, los monarcas del Viejo Continente decidieron mantener ocupada Francia, como medida de precaución. También convenció a los franceses y de forma particular al ejército, para que se recuperase la enseña blanca de los Borbones como bandera, en vez de la tricolor revolucionaria. Sin embargo, también fue responsable directo del denominado “Terror Blanco”, el gran número de juicios y ejecuciones llevados a cabo en esta etapa de la Restauración.

 Marquis Dessolles, primer ministro entre 1818 y 1819.

De 1818 a 1819, se ocupó del gobierno monsieur Marquis Dessolles, quien fue reemplazado por el conde Decazes. Este joven noble del partido constitucionalista pretendía impulsar un verdadero proyecto de Constitución, para sustituir La Carta e instaurar en el país un régimen democrático. En seguida se ganó la antipatía de la facción ultramonárquica, acaudillada por Carlos de Artois, hermano y heredero del rey.

 Monsieur Decazes, primer ministro de 1819 a 1820.

En 1820, el duque de Berry, hijo menor de Carlos de Artois fue asesinado por un extremista republicano; Louvel. La inmediata ejecución de este no mermó la furia de los ultramonárquicos, que lanzaron insidias contra el Decazes, en las que lo acusaban de velar poco por la seguridad de los miembros de la familia real o de estar directamente detrás del asesinato.


El duque de Berry (1778-1820) hijo menor del duque de Artois.
 
Luís XVIII no prestó ningún tipo de apoyo a su primer ministro, aunque tampoco le reclamó la dimisión. Decazes se la reasentó finalmente y el duque de Richelieu volvió a hacerse cargo del gobierno. Richelieu fue consciente durante su última etapa de gobierno que debía arrinconar a la facción ultramonárquica para salvar la monarquía. Nadie en la Francia de principios del S. XIX estaba dispuesta a aceptar una dictadura con corona, por muy legítima que fuese. El duque de Orleans, futuro Luís Felipe I, cada vez sonaba más como candidato a monarca electo.
Los intentos de Richelieu por prevenir a Luís XVIII fueron en vano. En 1821, las conjuras palaciegas encabezadas por el duque de Artois lo remplazaron por De Villèle, del partido ultramonárquico. 

 Firma de Luís XVIII.

De Villèle no terminaría su ministerio hasta 1828, ya bajo Carlos X. De su gestión con Luís XVIII como monarca debemos destacar su apuesta firma por restaurar a Fernando VII como monarca absoluto de España, donde la revolución liberal de Riego, en 1820, lo había sometido al poder constitucional. En 1823, se armó al ejército de Los Cien Mil Hijos de San Luís, comandado por el duque de Agulema que en pocos meses devolvió a España su régimen absoluto, inaugurando al Década Ominosa.

 Los Cien Mil Hijos de San Luís por Lecomte, 1828.
 
Un año después, en 1924, Luís XVIII expiraba en su palacio de las Tullerías. El primer monarca de la Restauración fue sucedido por su hermano el duque de Artois que se convirtió en Carlos X. Esta fue la única sucesión que se dio en Francia, hasta 1973, sin que hubiese por medio un golpe de estado, una revolución, o un derrocamiento.

De Villèle, primer ministro francés de 1821 a 1828.

A parte de su dormitorio, conservado en El Louvre como parte del museo, Luís XVIII deja poco legado a los franceses. Pudo haber asentado la monarquía constitucional aprovechando el momento álgido de popularidad de los Borbones al inicio de la Restauración. Sus pecados de soberbia le mantuvieron obcecado en que los cambios ideológicos heredados del Siglo de las Luces eran errores y su crimen de pereza le convirtió en un títere la mayor parte de su reinado. Dar preferencia a los miembros de la familia real, la nobleza y las camarillas de palacio, antes que a las instituciones electas, constituyó su peor error; el que condujo a asentar las bases para hacer caer en la monarquía, en vez de afianzarla, como pretendió.





viernes, 20 de enero de 2012

Cuerpo de mujer


Cuerpo de mujer

“Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos/ te pareces al mundo en tu actitud de entrega.” Pablo Neruda

¿Por qué me cansa el olor de tu carne?
¿Ya no almacena tu cuerpo candor
para botar barquitos
de seda con tus sábanas
sobre un mar de pasión?

No recuerdo encontrarte
después de las palabras.
Siempre te encontré antes
                                               Siempre desnuda
Olvidada de ti misma…
                                               Recuerdo
como en torrentes gentiles y dulces
se condensaban tus gotas de carne
convirtiendo mi piel
en toda la voluntad de mi cuerpo.

A veces deslicé
mi mano entre las ondas de tu pelo
Gentiles remolinos
de tacto aterciopelado y lozano.

Lástima que tu olor
embargante hasta la asfixia sórdida
respirase del aroma del jerez.
Demasiado excesivo
para la convivencia.

¿Te hice daño al quererte?
¿O más bien fui el resto, lo que sobraba?
¿La piedra en el zapato
incapaz de dañarte
por encima de la triste molestia?

Adiós eterno cuerpo
materia transmutada en inmortal.
Adiós, adiós, adiós...
Aunque hacer el amor le dé a tu rostro
elegancia natural
durante el día que sigue,
no lo haré más contigo
porque tú no me quieres
y estos son los primeros
y los últimos versos que te escribo.

Eduard Ariza

lunes, 16 de enero de 2012

Tres reyes, tres hermanos, tres Borbones: Luís XVIII (I)


 Luís Estanislao duque de Provenza (1755-1824), retratode Le Tour.
El segundo personaje de nuestra tríada es Luís XVIII. Fue el sexto hijo de Luís El Delfín y su segunda esposa María teresa de Sajonia. Nació en 1755. La muerte de su hermano mayor, Luís de Francia y duque de Borgoña, en 1761, se sumó a la de su otro hermano Javier (1754). Así, Luís Augusto, duque de Berry, futuro Luís XVI quedó como segundo en la línea sucesoria, después de su padre quien, a la sazón, era el Delfín de Francia; y él, Luís Estanislao, conde de Provenza en aquel entonces, el tercero.

Luís El Delfín (1729-1765), por Anne Baptiste Nivelon

Sin embargo, la muerte de su padre en 1765, lo colocó de segundo en la sucesión al trono, sólo por detrás de su hermano.

 Victor Amadeo III de Cerdeña  el Bienamado (1726-1796), por Guesppe Duprà, 1750.

En 1771 contrajo matrimonio con María Josefina Luisa de Saboya, hija de los reyes de Cerdeña, Víctor Amadeo III y María Antonia Fernanda de Borbón, hija de Felipe V y por lo tanto prima tercera de su futuro yerno. Carlos de Artois, futuro Carlos X, reforzó esta alianza al casarse él con María Teresa de Saboya, hermana de María Josefina. De modo que tanto los dos hermanos, Luís Estanislao y Carlos, como las dos hermanas, María Josefina Luisa y María Teresa, pasaron a ser recíprocamente cuñados además de hermanos.

 María Antonia Fernanda de Borbón (1729-1785) por Jacopo Anügoni en 1750.

El matrimonio con María Josefina Luisa trajo al conde de Provenza muchos sinsabores y casi ninguna alegría. De entrada obligó a la monarquía borbónica a ligarse fuertemente a los Saboya de Cerdeña, quienes fueron tan pésimos reinando como malos aliados. A nivel personal, el matrimonio fue completamente insatisfactorio. La pareja apenas hizo vida marital, si bien, los dos abortos de María Josefina Luisa demuestran que alguna sí que la hubo. Luís Estanislao tenía sus favoritas y la duquesa de Provenza… también; y es que, con fundamento, muchas señales apuntan a que tuvo amoríos con varias de su camareras.

 María Josefina Luisa de Saboya (1783-1810)

En 1774 murió el rey Luís XV y la corona pasó a su nieto, Luís XVI. Durante siete años, Luís Estanislao quedó como heredero directo al trono, pues la Ley Sálica impedía que la única hija de su hermano heredase el trono. Sin embargo, el nacimiento de Luís Javier en 1781 –quien murió prematuramente en 1789, poco antes de la Revolución- y Luís Carlos, duque de Normandía, lo alejaron del trono.

 Luís XV (1710-1774) en Versalles.
 
Sin que exista una causa clara, el duque de Provenza detestaba a su cuñada, la reina María Antonieta. Durante los frívolos años de vida en Versalles, hizo cuanto pudo por desacreditarla por medio de conspiraciones en las camarillas reales. La idea no iba tanto por asesinarla, eso se acabó con Luís XIII, sino más bien comentar que la reina bailaba mal, no comía apropiadamente, gastaba mucho dinero (cosa cierta), no sabía vestirse etcétera, etcétera. Las disputas con su cuñado fueron el principal pretexto de la reina para retirarse a “Le Petit Trianon”, pequeño palacete dentro de Versalles, que le permitió alejarse de la corte.

 María Josefa de Sajonia (1731-1767), madre de Luís XVII, Luís XVIII y Carlos X,  por Nattier en 1751.
 
El papel del duque de Provenza en 1789 y los años que siguieron fue nulo. Como la mayor parte de la familia real huyó al exilio, en su caso a Westfalia. Allí permaneció sin decir palabra de la Constitución de 1791 o la fuga de su hermano frustrada en Varennes. No fue hasta la ejecución de Luís XVI en 1793, cuando tomó la voz para erigirse en regente de su sobrino, Luí Carlos, nominalmente Luís XVII. A la muerte de éste en la prisión de El Temple, dos años más tarde, pasó a ser reconocido como Luís XVIII de Francia por las monarquías europeas.

 Luís XVII (1785-1795) A. Kucharsky en 1792.

Sus primeras medidas, en su papel de monarca nominal, fueron reafirmar su negativa a aceptar cualquier principio de la Revolución. Esto dificultó cualquier restauración, pese a la inestabilidad natural de la república. Con las victorias francesas en las Guerras de Coalición, él y su familia hubieron de embarcar rumbo a Inglaterra, residiendo algún tiempo, con anterioridad en Rusia. Desde allí, en 1804, vivió el asesinato del joven duque de Enghien, último descendiente de la rama Borbón-Condé. Lo único que el rey titular pudo hacer, ante el asesinato de su sobrino segundo, secuestrado por Napoleón, fue devolver al rey de Prusia la Orden del Águila Negra, pues el aún Primer Cónsul de Francia también había recibido esta condecoración.

 El Duque de Enghien (1772-1804)
 
El duque de Enghien fue asesinado el 21 de marzo, mismo día en que Napoleón proclamó, no por azar, su Código Civil, para reafirmar su autoridad legal. La mancha de este asesinato pesó mucho sobre el general corso, pues el pobre joven duque se había atrevido a acercarse a la frontera francesa con el fin de ver a su amada, no para participar en ninguna conspiración. Dos meses más tarde, Napoleón se ascendió a emperador de los franceses y rey de los italianos. El nacimiento del hijo de Napoleón en 1811, con la hija de Francisco I, emperador de Austria, alejó aún más la esperanza de que los Borbones recuperasen el trono.
En 1810, el rey titular perdió a su esposa, que fue enterrada en la Abadía de Westminster. A lo largo de su prolongado exilio juntos, la pareja no había hecho otra cosa que discutir.

 Alegoría de los Borbones (1814) por Louis-Philippe Crépin. Luís XVII sostiene a la Francia abatida.
 
Los reveses de Napoleón en 1812, al salir escopeteado de la campaña de Rusia, abrieron de nuevo la puerta. Hacia 1913, cuando Francia había perdido la mayor parte de sus conquistas continentales, Alejandro I de Rusia y Wellington se hicieron valedores de la Restauración borbónica, que vio finalmente la luz en 6 de abril de 1814. Ese día el denominado Senado conservador, cámara legislativa del imperio, que había forzado a su emperador a abdicar, proclamó a Luís XVIII rey de Francia. El rey entró triunfal en París, poco después de haber sido ocupada la capital por Alejandro I y sus tropas. Anciano y lisiado por su obesidad, recibió los vítores populares camino de su palacio de Las Tullerías, actualmente, el Museo del Louvre.

lunes, 9 de enero de 2012

Tres reyes, tres hermanos, tres Borbones: Luis XVI


Mi gusto por leer obras titánicas (tanto en esplendor como en volumen) de la literatura universal me ha arrastrado durante los últimos meses a leer las Memorias de Ultratumba de Chateaubriand.
He disfrutado mucho con su lectura y no quería dejar de hacer un par de entradas en el blogg para comentarla. Desgraciadamente, éstas se hacían demasiado largas, por lo que decidí dividirlas. Luego vino el problema de la temática, ya que hablar de Memorias de Ultratumba implica hablar de la historia y la política de Europa, más exactamente Francia, a finales del S. XVIII y primera mitad del S. XIX. A fin de separar con mayor comodidad el marco histórico del comentario literario, he decidido escribir estas entradas sobre los últimos tres Borbones de Francia. No escribiré sobre Napoleón, porque, si bien es cierto que ocupa un lugar destacado en el texto del Chateaubriand, su figura se encuentra alejada del sentimiento ético-político del autor.
Empecemos con Luís XVI, el más conocido de los tres hermanos.

 Luis Delfín de Francia (1729-1765) por Anne Baptiste Nivelon, 1764, Palacio de Versalles. 
 
Luís duque de Berry fue el quinto hijo del matrimonio de Luís Fernando, Delfín de Francia, y María Josefa de Sajonia, hija de Augusto III de Sajonia. El mismo año de su nacimiento, 1754, falleció su hermano mayor de un año, Javier, duque de Aquitania. Esto deja el pequeño de tercero en la sucesión al trono, por detrás de su padre y su hermano mayor, Luís, el duque de Borgoña. La muerte de éste último a los diez años traumatizó profundamente al futuro rey. Según los psicoanalistas María Torok y Nicolás Abraham llegó a padecer el síndrome de criptoforia, es decir, pérdida de su propia identidad en “imitación” de la de la de su hermano.

 Maria Josefa de Sajonia (1731-1767), por Nattier 1751, Palacio de Versalles.
 
En 1750, siendo ya heredero directo de su abuelo Luís XV (su padre había muerto cinco años antes), contrajo matrimonio con María Antonieta, hija de María Teresa I de Austria. Este matrimonio ambicionaba el fin de las hostilidades entre los Habsburgo y los Borbones. Tímido y con problemas de diferente índole, Luís no consumó su matrimonio hasta siete años después de haberlo contraído, pese a dormir cada noche al lado de su esposa.

 María Antonieta (1755-1793) por Le Brun 1783,
 
Al fin, la pareja tuvo hijos. Sólo en el caso de la primera, María Teresa Carlota de Francia (1778-1851) tenemos certeza de que la paternidad fuese de Luís XVI. Los otros tres hijos, Luis José Javier (1781), Luis Carlos (1785) y María Sofía (1786) está muy discutida. En cualquier caso, el monarca quedó profundamente abatido por la prematura muerte de su hija menor, con apenas un año de vida en 1787 y la de El Delfín Luís José que falleció en 1789, poco antes de la revolución.

 María Teresa Carlota de Francia (1778-1751),  primogénita de Luís XVI , como Delfina de Francia, por Alexandre François Caminade, 1827

 
La muerte de su abuelo en 1774 lo ascendió al trono de la monarquía más poderosa de Europa. La caricatura del monarca suele mostrar a un hombre estúpido, incapacitado para el gobierno; tal cosa no es cierta. Luís XVI fue el primer monarca poliglota del trono de Francia, hablaba con fluidez alemán e inglés, además de su francés materno. Sentía asimismo una gran pasión por la química y la física. Su biblioteca privada concedía un lugar de honor a los libros Montesquieu, de quien tenía un par con notas manuscritas del autor. También leía con frecuencia a David Hume, aunque sólo sus textos historiográficos.

 Firma de Luís XVI

Vivía alejado del ambiente festivo de cacerías y banquetes de la corte, la más cara de Europa, (que tanto gustaba a su esposa) y practicaba lógica, retórica, matemática y hasta se hizo construir un pequeño observatorio para dedicarse a la astronomía. Sus “rarezas” eran motivo de burla entre sus propios cortesanos; y motivo de reprobación de su confesor fue decirle a este, al subir al trono que quería construir una monarquía “al margen del derecho divino”.


Luis XVI rey de Francia y Navarra (1754-1793) por Callet, 1788, Museo del Prado.

 

Hombre de ideas progresistas y verdaderamente ilustrado, Luís XVI demostraba poco interés por el gobierno que lo consideraba ajeno a él. Esto no le impedía tener clara la situación de Francia. A comienzos de su reinado, ante la necesidad de una reforma, intentó que Turgot aprobase una reforma para que la nobleza y el clero pagasen impuestos. La oposición de los estamentos privilegiados se sumó a la falta de voluntad del rey que cesó a su ministro en 1776.

 Escudo de Luís XVI, este se colocó durnate su reinado sobre la bandera monárquica francesa completamente blanca.

 
Necker fue la siguiente elección de Luís XVI, cuyo nombramiento, por éste plebeyo, extranjero (ginebrino) y protestante no pudo acogerse peor en la corte de Versalles. El nuevo hombre fuerte del reino impulso con el apoyo de Luís XVI reformas progresistas, algunas incluso aplaudidas por Voltarie.

Jacques Turgot (1727-1781)

En 1779 tuvo la osadía de autorizar a la mujeres casadas a emplear sus pensiones (en caso de que las tuviesen) sin autorización de sus maridos. También fue iniciativa de Necker el apoyo a los Estados Unidos en su Guerra de Independencia (1775-1781). Sin embargo, la oposición radical de la nobleza a revisar el sistema de impuestos le forzó a dimitir en 1781.

 Jacques Necker (1732-1804), por Duplessis, Palacio de Versalles.



 Dos años después, a raíz de un crisis de subsistencia y después de que el rey haya abierto Los Estados Generales, parodia de parlamento donde cada estamento tenía un voto colectivo, estalla la revolución. Mucha gente considera que la Revolución de 1789 fue republicana. Esto constituye un error grave, pues el carácter de esta, al marge de Le Fayette, se vinculaba más al constitucionalismo.

 El vizconde de Calonne (1734-1802),  por Vigée Lebrun, 1784, Royal Collectio, Londres.




Todos sabemos lo que ocurre, el rey es obligado a renunciar a su título de rey de Francia y es designado “Rey de los Franceses”. La mayoría de la familia real se exilia, pero el rey su mujer y sus dos hijos son llevados a El Louvre. Allí el rey vio con desagrada el inicio de “El Terror”, cuando los despóticos y frágiles gobiernos de La Asamblea se enemistaron con toda Europa y empezaron una persecución inclemente contra la nobleza y los clérigos. Además, según sabemos por sus textos personales, el rey temía seriamente un atentado contra él o algún miembro de su familia.

 Jena-Pierre-Louis-Laurent Houel, Toma de la Bastilla, 1789. 

En 1792 la huída de la familia real se ve frustrada en Varennes. Fue destituido y llevado a El Temple. En 1793 fue guillotinado. Al ponerse sobre la plancha basculante les dijo a sus verdugos “Haréis lo que se os haya mandado, pero no me ataréis”.




La ejecucución de Luis XVI, folleto propagandístico de 1794.


Su familia no corrió una mejor suerte. Su mujer fue acusada de conspiradora, cuando objetivamente, ningún contacto tuvo con la política. Más ruin fue la acusación, instigada desde el sector antimonárquico de “estrupo” (abuso sexual) sobre su propio hijo. La reina vio con gran dolor como el príncipe era manipulado ante ella, en el Tribunal, respondiendo “sí” a una pregunta cuyo significado no podía entender a los diez años. Contados meses después de la ejecución de su esposo, temeroso el gobierno de que fuese rescatada con sus hijos, María Antonieta fue ejecutada. Calva a causa del estrés, pidió perdón a su verdugo por pisarle al subir al cadalso.



Litografía de Luís XVII, anónimo.


El pequeño Delfín, fue reconocido nominalmente como Luís XVII de Francia por los monárquicos, pero falleció en El Temple en 1795, a causa de tuberculosis. Su hermana, María Teresa Carlota fue la única superviviente del linaje. Se casó con su primo el duque de Angulema, hijo del futuro Carlos X, por lo que, durante el reinado de su tío 1823-1830, se convirtió en delfina de Francia. Murió en el exilio, sin descendencia, en 1851.

 Mausoleo de Luís XVI y María Antonieta en Saint Denis, edificado por Luis XVIII en la Restauración (1814-1830)

jueves, 29 de diciembre de 2011

Memorias de Los Buddenbrook

Hacia finales de septiembre, leí Los Buddenbrook de Thomas Mann (1875-1955), prolífico escritor alemán del pasado siglo y ganador del premio Nobel de literatura en 1929. Este dato, representativo de su valía como autor, tiene una gran importancia cuando nombramos a Los Buddenbrook, pues la excelencia literaria de esta novela (y, todo sea dicho, su gran éxito editorial) contribuyó, en gran medida, a situarlo cercano al galardón.





Thommas Mann.


La obra, acabada en 1900, fue editada en una primera tirada en 1901. El editor tuvo frecuentes discusiones con el autor, pues quería convencerlo de que la acortase. De extensión considerable (casi 900 páginas en edición de bolsillo) se temía que esto desincentivase su lectura y por lo tanto su compra. En efecto, la primera tirada tuvo poco calado. Sin embargo, dos años después, en 1903, una segunda edición supuso la consagración literaria de Thomas Mann en el canon literario germánico.

 Mansión señorial alemana asociada a la novela.


Los Buddenbrook o La decadencia de una familia recrea la vida de un linaje familiar de comerciantes de Lübeck –si bien, el nombre de la ciudad nunca se menciona directamente, sí se nombran sus calles principales- entre 1835 y 1877. A lo largo de este período, la pequeña burguesía, notoria dentro de los estados alemanes, aún no unificados, vive su período de esplendor y su caída. Históricamente, la obra arranca en una época propicia para los negocios: el fin de las revoluciones de 1830. Más de una década después, estallan las revoluciones de 1848, aunque llegan a la ciudad septentrional de Alemania de una forma bastante parodiada, como muy bien se narra, suponen un importante crack en los negocios familiares de los Buddenbrook. Finalmente, tras la unificación alemana en 1871, en el Segundo Reich (hecho que tampoco se menciona directamente en la novela) los negocios de la pequeña burguesía que no se han sabido adaptar a los nuevos tiempos terminan por desaparecer.

 Casco antiguo de Lübeck, donde transcurre la novela.

La inevitable decadencia del clan burgués, que, al inicio de la novela, vive rivalizando con los modos lujosos de la alta aristocracia, se materializa con la desaparición del apellido. Durante todo este proceso de hundimiento, los golpes económicos, el arraigo en los negocios de toda la vida y algunos escándalos borran de la sociedad urbana el nombre de una familia que se había labrado un importante renombre tanto en el terreno comercial como en el político.
La cálida literaria de esta obra radica en la descripción de las percepciones humanas sobre los ambientes que frecuentan. Así pues, es muy lógico que un cambio de ambiente propicie se cambien los caracteres de los personajes. De menor contenido filosófico que otras de sus novelas, como La montaña mágica (1924) se hace más amena al lector.

 Richard Wagner, inspirador de Thomas Mann.

No deja de sorprender, sin embargo, que Los Buddenbrook  fuesen un éxito. Esta obra, aunque ciertamente accesible, no está exenta de profundidad y trascendencia de todos los tipos, para quien quiera buscarla. Su estructura, verbigracia, imita la de la tetralogía wagneriana de El Ciclo del Anillo por eso termina con el “Götterdämmerung” (crepúsculo de dioses). Que tales vestigios de riqueza despertasen el interés del lector medio revela cuanto han decaído este y otros perfiles, en el conjunto de la sociedad occidental actual. ¿A fin de cuentas, quién hoy día vería como un gesto de rebeldía que un alumno abriese Las narraciones de Edgar Allan Poe bajo su Biblia, durante la clase de religión?

 William Faulkner.



Os animo a leerla, porque, no en vano, el notorio escritor norteamericano, William Faulkner (ganador del Nobel en 1949), calificó a Los Buddenbrook como “La mejor novela del siglo”.


jueves, 22 de diciembre de 2011

Crítica de cine, con la novela en la mano


¿Es posible hacer una crítica de una película, antes de haberla visto? ¡Qué ideas tengo!
Bueno, queridos seguidores de la bloggosfera, ayer, cerré la última página de La Bendición de la Tierra de Knut Hansum. Tenía esta novela pendiente, entre otros libros de una montaña que aún deben ser leídos. Después de haber leído Hambre y Pan, con poca diferencia de tiempo, pensé en darle un respiro a las letras noruegas. Sin embargo, la visión de un cartel publicitario en los cines Verdi, sobre una película basada en la novela, me animó a empezarla.

 Knut Hansum (1859-1952) , Premio Nobel de las letras en 1920.

 
Pensaba que el largometraje sería de estreno, pero, al final, descubrí que era una versión antigua que se vuelve a reponer el día 23. La cinta de 89 minutos pertenece al género del cine mudo. La ausencia de palabras no debería limitar la expresión de la imagen, en la gran pantalla, si el director ha trabajado con destreza. Además, en este caso, se cuenta con la banda sonora de Leif Halvorsen, dirigida, para la versión digital, por Frank Strobel, quien ha participado, como director, en la reposición de bandas sonoras de películas como Nosferatu o El acorazado Potenkin, junto a otros éxitos del cine sin voz.

 Portada de mi ejemplar de "La Bendición de la tierra", editado por "La Rosa dels Vents" en Argentina, 1965. Es la primera edición catalana de esta obra de Hansum.


Mientras pasaba las cuartillas del libro, su áspero amarillo me hacía pensar en el reto de adaptar esta obra al cine. La Bendición de la Tierra (1917), también traducida con el título de Los Frutos de la Tierra -por una frase que aparece en las páginas finales-, es una de estas novelas de argumento alegórico, impregnado de bucolismo rural. Su propósito busca ensalzar la vida sana, casi ascética, tan admirada por Knut Hansum. La sencilla historia(aunque no por ello menos interesante) nos muestra el recorrido de un lapón solitario que establece una granja en unas tierras apartadas.

 Bandera noruega.

Isak recoge los valores del típico hombre que ambiciona la armonía con los hombres y la tierra, por encima de todo. No cuesta vincular a Isak con el protagonista de Pan, el coronel Thomas Glahn, por ser el arquetipo de “el buen salvaje”. Éste héroe asceta elige ir a establecer una granja en unas tierras deshabitadas. Allí encuentra por compañera a una mujer de labio viperino, Inger, quien ha subido hasta sus soledades, en cierto modo, rechazada por el mundo. El amor sincero y puro entre ambos pronto da sus frutos: Eliseo y Silvert.

 Cartel de "La Bendición de la Tierra" estrenada en 1921.

Empiezan a aparecer de fondo, gracias al estilo casual de Hansum, los demás personajes: Oliana, pariente pobre de Inger, mendiga pequeños trabajos de una granja a otra, y, allí donde se los dan, no deja de meter cizaña; Geisleer, un rico burgués y ex funcionario, que, si se abusa de la simplificación, puede ser descrito como “deus ex machina”, además, es él quien sugiere bautizar a la granja de Isak como Sellanraa, después de adquirirla legalmente, para su propietario; y Brede, otro colono de las montañas, que ha vivido mucho tiempo en el pueblo de Bergen, personifica el contrapunto a Isak.
Hansum expone, llegados a este punto, un drama de gran magnitud que, en aquella época, se percibía con relativa naturalidad en ciertas partes del mundo rural nórdico: el infanticidio.

 Cartel en noruego.

Cuando Inger tiene a su tercer hijo, una niña, al ver que no van a ir bien para alimentarse, porque arrastran dos años de mala cosecha, asfixia a la criatura, nada más nacer. Oliana, con sus tetras, acaba, sin quererlo en verdad, conduciendo a Inger al presidio en “la ciudad”, forma enmascarada de nombrar a Oslo.
Interviene aquí Geisleer quien presta ayuda a judicial a Inger y suavizar su pena. Más adelante, tramitará su indulto ante el rey. También empieza negocios con Isak. A su regreso, Inger está muy cambiada. Ahora sabe leer y escribir, además sus gustos y preocupaciones han cambiado desde que está en la ciudad.

La localidad de Bregen en la actualidad.

 
El elemento urbano que siempre se menciona en alusiones sin que transcurra en él ninguna escena importante  se confronta con el del mundo rural. La vida en la ciudad no se limita a corromper la pureza del campo, sino que degrada a los habitantes del mismo, si residen en ella. Eliseo, que también irá a la ciudad, no podrá después convivir los campos de su padre, porque pierde la destreza física para labrarlos. Vivirá como un desorientado, hasta partir hacia América.
Inger vive su oposición personal desde dos frentes. Al volver a casa tiene dos hijas más: Leopoldita y Rebeca. Su marido se decidirá al fin a traerle una criada, Jesina. En tota esto deja a cuatro mujeres en la granja de Sellanraa. La tetrarquía femenina queda siempre distanciada, en especial las dos pequeñas. Respecto a Inger y Jesina, siempre actúan como acompañantes de la acción, nunca como su sujeto.

 Fotograma de la película: Isak tendido sobre la hierba.
 
El sexo femenino en la obra de Hansum siempre queda pervertido de una cierta misoginia. Que esto derive del fuero interno del nobel escandinavo no obvia el papel secundario de la mujer en la tradición escandinava, a la que Hansum retrata.
Los paralelismos se suceden en la narración. Así, por ejemplo, Isak y su hijo Silvert están conectados. Por su parte Brede, que termina por vender su finca para montar en café, en el pueblo de Bregen, comparte su holgazanería urbanita con Eliseo. Barbo, la hija mayor de Brede, también comete infanticidio, doble en su caso, lo que la conecta a Inger. El espíritu de la Medea escandinava que el autor dispone sobre estas dos mujeres las arrastra, por diferentes motivos, al peor de los crímenes, sin embargo, nos las condena ni las destierra del mundo. Antes bien, ambas mujeres vuelven a ser bien acogidas por sus hombres, al volver a casa, después de haber sorteado sus trámites con la justicia. A fin de cuentas el autor sólo hace un retrato, nada más.

 Típico paisaje rural noruego pantanoso, como el que habita Isak.

 
Pero volviendo a los paralelismos ¿A qué obedecen?
La conexión humana entre todos nosotros que se repite y se repite, hasta enlazarnos a todos es el vínculo ascético que Hansum transmite a su lector. En La Bendición de la Tierra todo queda enlazado por el elemento natural. En consecuencia, el distanciamiento del hombre de la naturaleza, lo excluye, poco a poco, del conjunto y lo va aislando.

 Fotograma: Isak va a recoger al muelle de Bergen a su mujer Inger que viene del presidio con Leopoldita, nacida en él.

Este a mi parecer constituye el mayor obstáculo, para llevar a la gran pantalla a una obra de este tipo. La naturaleza y su comunión mística con los seres humanos, personajes principales de la novela, son muy difíciles de llevar a la gran pantalla.
Espero ver pronto la película, que se estrena este 23 de diciembre, si bien, no me hago ilusiones. Hacía mucho que una novela no me atrapaba de esta manera, por lo que me temo, resultará muy difícil que la película esté a la altura.

martes, 13 de diciembre de 2011

El Parlamento


 
Para Jan Matheu


Las manos se espacian llenas de niebla.
Vomiteras,
pasillos laterales,
subís hasta arriba de la cavea
con los cuerpos ausentes
y sus manos tétricas encaramados
a vuestros escalones.

La gran sala rojiza
trasmite la nobleza del castaño
el brillo del aya bajo la aurora
la firmeza de roble
si se vacía.

Incluso pierde el semianillo áureo
la nobleza del teatro
si se llena
de cuerpos espectrales
sin más deseo
que dibujarse en grafía de la historia
sin haber hecho méritos.

La tribuna como un faro fundido
ya no describe sendas
ni separa el mar del acantilado.

Capitanes torpes con la mesana
el timón, el trinquete y la mayor…
con lenguas de medusas
abren de veneno
                             las pieles jóvenes
del marino confiado.

¿Por qué sólo si se vacía la cámara
aspira a ser solemne?
¿Por qué lo que debiesen de ser himnos
suenan a latigazos?

La corrupción del templo
por quienes no conocen sus rituales
nos vende a todos humo
y finge que vende vapor de plata.

Eduard Ariza





 Nota. Feliz día de apertura de las nuevas Cortes, hoy martes y  trece.