jueves, 3 de febrero de 2011

Pensando en Proust IV: Proust y Dreyfus


Nadie ha abordado de un forma más sutil el famoso “affaire Dreyfus” que Proust. Es un tema de conversación omnipresente en todos los círculos de la alta sociedad por los que se deja caer el narrador. El mundo está dividido entre los partidarios y los detractores del comandante judío. Roberto Saint-Loup, amigo del narrador, aboga por su inocencia, aunque no es lo bastante valiente para decirlo en público frente al duque de Guermantes, el más adicto “antidreyfuyista”. El termino “dreyfuyista” es usado por Guermantes y otros detractores como un claro insulto contra personas que les caen mal, sin conocer a ciencia cierta su opinión. Sólo Swann, nieto de un judío, se atreve a oponerse a la opinión absoluto del duque, si bien, no llegará a encararse y se limitará a matizar su absoluta certeza respecto al veredicto de culpabilidad.
Proust no muestra el debate entorno a Dreyfus desde un punto de vista intelectual, sino aristocrático. Para este eslabón social, Dreyfus no es un ser humano, ni siquiera es un símbolo, es un simple pasatiempo. Quien cree en su inocencia sólo está significándose provocativamente para llamar la atención en los círculos sociales, por esta razón le importará poco si, en efecto, es culpable o inocente. De la misma los que le señalen como culpable, simplemente, buscan hacer gala de su antisemitismo convencional, sin importarles demasiado que pruebas haya o dejen de haber sobre la mesa.
Esta frivolidad, casi inhumana, sólo concebible en una mente aristocrática o hueca así como el deseo de apariencia por encima de la vida humana son captados por Proust de un modo sencillamente magistral. Por encima de sus galantes y pomposas descripciones, el lector puede ver en el texto la esencia de un mundo vacío, descarnado, preocupado sólo por la banalidad de “el que dirán de mí, si digo…”.

2 comentarios:

  1. “el que dirán de mí, si digo…” potser és la frase més negativa i capadora de la humanitat!

    ResponderEliminar