domingo, 27 de febrero de 2011

Visita a Reus

Estimat companys de blog, si alguna vegada el Galdrich us diu "Ei, ves a Reus a visitar la Casa Navàs de Domènech i Muntaner, el manicomi i el cementiri, encara que sigui diumenge que segur que és obert" no li feu ni cas, aquests llocs (tots ells!) només obren els dissabtes. Ara, un diumenge res us impideix fer la ruta modernista de Reus com he fet jo.
Aquí teniu la casa Navas de Domènech i Muntaner

El modernisme era força rococó com podeu veure, tot i que també pari coses decents:







Aquí teniu algunes mostres de noegòtic:


I aquí les tres veritats: La bona, l'església gòtica es conserva. La dolenta està en mal estat. La lletja li han construit un adosat pseudorracionalista al costat.

Això m'ha fet gràcia. Mireu plaques de bronze pels gremis a les boreres:


 A totes bandes es fan cutrades, sobretot, quan hi ha un heroi nacional al que podem posar sobre un cavall. Aquí teniu un general Prim equestre i en metall:
No deixa de ser curiós que la biblioteca fos, en altre temps, l'escorxador. M'imagino que per més d'un, encara avui dia deu ser un veritable matadero. (Les de las fotos són ma mare i ma tieta).


No tot és arquitectura. A Reus tots els partits polítics tenen la seva seu, fins i tot el Independentisa d'Unió (algú m'haurà d'explicar com casa això). També he fotografiat una casa d'Aragó que m'ha fet gràcia trobar.
Aquí podem veure el centre antituberculós des de fora (els diumenges és tancat). El meu oncle, un home hàbil amb els mots i amb molt sentit de l'humor ha fet un joc de paraules: "Centre antituberculós. Vaja que no hi volen tubercles aquí dintre".
Per acabar us presento la meva família. D'esquerra a dreta: mamà, Antonio, oncle i tieta.
I aquest sóc jo.

Visiteu Reus!!!

jueves, 24 de febrero de 2011

Pequeña oda a las drogas (legales)

Aunque los puritanos se escandalicen, resulta que consume dudas frecuentemente, sin que por ello se me pueda tachar de drogadicto. El sutil matiz que no me hace apto para el término reside en el hecho de que a pesar de que frecuento las sustancias no dependo de ellas.
Ahora, con los exámenes acabados, he pensado en prodigar algunas alabanzas a estas sustancias que alteran la noción del sistema nervioso. Me apresuro a añadir que no porque las drogas me hayan ayudado en los exámenes. No he tomado ni anfetaminas ni pastillas para el TDA del hermano pequeño (una variante más común de lo que se cree en estos tiempos modernos), en parte por la falta de hermano pequeño, en parte por el conocimiento de que éstas actúan a largo plazo. Sin embargo sí que he abusado un poco de la cafeína para mantenerme activo por las tardes sin pasar por el clásico sopor que nos asalta a todos en cuanto concluimos la comida.
Como os podéis imaginar no estoy aquí para alabar a las drogas peligrosas e ilegales que tanto perjudican la vida de muchos, sino esa drogas legales que perfuman un poco nuestra vida. ¿Qué hará a una droga legal y a otra la excluirá de nuestra sociedad? Quiero creer que el ministerio de sanidad, independientemente del grado de vuelca ollas y salta tapias que tenga el ministro de turno, tendrá un criterio adecuado para regularizar un mundo tan complejo.
Basta de preámbulos. Os voy a decir francamente lo que pienso. El café es una droga. Admitiendo que su sabor me agrada, debo decir que sólo tomo para ahorrarme una siesta cada tarde, prefiero el alcohol. Por lo general tomo dos whiskys a la semana, una par de copas de vino en las comidas de fin de semana y según como un oporto en algún aperitivo. Precisamente, tomo el oporto por motivos opuestos a los que tomo el café, para garantizarme una horita de sueño por la tarde. En cualquier caso, como podéis ver, no soy un bebedor, ni ganas de serlo. Nunca he bebido en exceso fuera de casa, considero absurdo querer convertir el alcohol en forjador de la felicidad, porque no es esa su función. El alcohol tiene el fin de establecer una jerarquía de ideas haciendo que se olviden de nuestra mente pensamiento menores que nos enturbian para facilitar procesos creativos. Me apresuro a añadir, que está bien saber crear sin él, porque no es bueno que arte no pertenezca íntegramente al artista. En cuanto a su papel en las comidas, el vino, blanco o tinto, suele ser tan tibio, que es más una fragancia para los platos que una bebida.
El tabaco es la última droga a la que soy distantemente asiduo. Más o menos, un paquete me dura un mes, por lo que costaría atribuirme el adjetivo de fumador. Fumo, a veces, para calmar los nervios, aunque su principal función en mi vida es coronar mis escasos momentos de victoria con una volátil corona gris, que, si bien me deja buen sabor de boca, me recuerda, con su propiedad etérea, la naturaleza de la felicidad.
Puede que las drogas dañen nuestra salud ¿qué la deja intacta me pregunto yo? Algunas de ellas están íntimamente vinculadas a nuestra cultura, pero no tengo intención de incitar a nadie al vicio, aunque puede que le invite a tomar una copa.

martes, 22 de febrero de 2011

Gadafi, hiponcondría y poder

Muammar al Gadafi lleva 42 años al frente de Libia, sin embargo parece ser que esta semana determinará si cumple o no los cuarenta y tres. Tendiendo en su contra muchos factores, el dictador lleva una semana sofocando una revolución que parece no tener posibilidad de freno. Según la confusa información que nos llega, el sur del país, Bengasi y la mayor parte de la Cirenaica se encuentran ya bajo el control popular, por su parte, según palabras del embajador español, Trípoli es el escenario de una verdadera guerra civil.
Después de enviar a su hijo a modo del octavo jinete del Apocalipsis en dos declaraciones de contenido muy similar, en los cuales aseguraba que habría un mar de sangre, si era necesario, para ahogar la revuelta, hoy el líder de la revolución (así debemos llamarle pues oficialmente no preside el país ni tampoco la jefatura de gobierno) ha ido a la Casa de la Resistencia para hacer unas sorprendentes declaraciones. Con un paraguas gris cubriéndole ha dicho “Estoy en Libia, no en Venezuela como dicen en la radio de los perros (espero que no hablase de la COPE). Me encantaría ir a hablar con los jóvenes congregados en la Plaza Verde, pero está lloviendo y me voy”. Dicho y hecho, ha cerrado su paraguas y se ha marchado.
Yo pensaba que frases de este estilo sólo las escuchaba uno en las mini series de Telecinco donde un actor interpretando al rey de España puede recurrir a oratorias tan memorables como “el café está horrible, me voy a la ducha”, pero parece ser que me equivocaba. Tales cosas pueden pasar en la vida real. Gadafi ha venido a decir algo así: “Obviamente, estaría encantado de ir a ver a los jóvenes de la Plaza Verde, que piden mi cabeza a gritos, pero llueve así que me vuelvo a casa. Les dejo en la televisión estatal con los mejores repertorios de nuestra música nacional”. Cómo degenera el poder.
Hoy no voy a hablar de los errores de la revolución, ni de la barbarie sino de algunos vestigios personales del carácter. Igual mi tono da pie a que me tachéis de frívolo, pero los que me lleváis leyendo mucho tiempo sabéis que no lo soy. Gadafi es hipocondríaco, además empedernido, siempre viaja acompañado de una exuberante enfermera ucraniana que le hace un electrocardiograma cada noche (después ignoro que hacen…). Las famosas doscientas vírgenes con las que viaja siempre, que todos los informadores idiotas creen que son para irlas desvirgando durante el viaje, no cumplen en absoluto tal función. Estas mujeres son expertas en artes marciales, son una especie de escolta personal, también vinculada a su hipcondría. Los hipocondríacos desarrollamos muchas manías, que a menudo rallan en la superstición, y según parece el líder libio cree que la virginidad femenina contagia salud, especialmente en los viajes donde hay más riesgo de ponerse enfermo. Por eso, no será con su consentimiento o por su “mano” que se desflore a ninguna de ellas.
Siento un poco de empatía con el dictador porque también padezco de hipocondría. Como él yo también tengo mis neuras absurdas: en invierno no tomo lácteos porque estoy convencido de que inducen a la inflamación de los pulmones, cuando creo que voy a caer enfermo me abrigo hasta el punto de pasar calor porque creo que así la sangre fluirá más dilatada y podrá frenar la infección; y mi clásico es que cuando el más mínimo dolor de cabeza, estómago o cualquier otra parte se patenta tengo que ir urgentemente al médico a que me demuestren que no padezco ningún tumor.
En el caso de Gadafi no puedo evitar preguntarme si su hipocondría no habrá trascendido a su liderazgo, porque es frecuente que los hipocondríacos veamos venir todas las enfermedades excepto las que tenemos; y Gadafi, en ese sentido, ha visto venir mil y una conspiraciones internacionales contra él, mil y una resultas internas que han costados muchas purgas, sin que después se hubiese podido probar que tal resulta existía en verdad, pero a ésta, la que parece que lo va a derrocar, la ha tratado con una absoluta indiferencia desde su comienzo.

viernes, 18 de febrero de 2011

Yo no he perdido el Tiempo

Esto de tener insomnio puede ser muy práctico de caras a contar tu vida a tus nietos. En los años venideros, podré decirles que terminé de leer “días”, la última palabra de En Busca del Tiempo Perdido, a las 6:20 de la mañana. Ciertamente, he acabado de leer los tres últimos volúmenes de la obra de Proust, La Prisionera, La Fugitiva y El Tiempo recobrado, y no tengo la sensación de haber perdido o malgastado mi tiempo. Por eso, quiero escribir aquí las últimas impresiones literarias que he recibido de esa obra titánica.
La Prisionera y La Fugitiva son una historia propia. Se podrían independizar del resto de la obra. Narran la trágica historia del amor entre el narrador y Albertina. Él sospecha, de una forma más o menos fundada, que ella lo engaña y además con mujeres. Recordemos que Albertina es el alter ego de un hombre, por lo tanto, su bisexualidad debe interpretarse, en una lectura romántica, a la inversa de cómo se nos muestra en el libro. Los celos llevan al narrador a observar y vigilar todos los movimientos sociales de su amada, encerrándola progresivamente. Un día ella escapa y vuelve con sus tíos. Así empieza La Fugitiva. Si en La Prisionera las reflexiones habían circulado en torno a la concepción del amor, en La Fugitiva el constante monólogo interno aborda primero la obsesión derivada de la pérdida y finalmente su paulatina desaparición. En esta obra, el narrador escribe a Albertina en intentos infructuosos para que retorne a su lado. Un día, le llega un telegrama, su amada ha muerto por una caída de caballo. Pero la verdadera tragedia viene después, cuando recibe con retraso una carta de Albertina en la que ella le decía que pensaba volver a su lado. El narrador queda desolado, sin embargo, no va al entierro, ni a la tumba de su amada. Hecho que menciono por su significancia, ya que dentro de El Tiempo perdido donde la muerte abunda relativamente, apenas se hacen referencias a entierros, cementerios u otros elementos fúnebres.
Para recuperarlo, su madre lo lleva a Venecia. Allí, una “mala lectura” le hace creer que Albertina está viva y que todo ha sido una farsa con el fin de engañarlo y que ella pueda casarse con otro. Pero incluso, mientras cree esta mentira (que al final se descubre que es falsa) ya no siente rencor, ni celos; Albertina ya es agua pasada. Deshecho el entuerto, quien se casa es Gilberta Swann con Roberto Saint-Loup. Como el narrador comenta “los homosexuales sería buenos maridos si no fingiesen constantemente que les gustan las mujeres”. Personalmente, no podría estar más de acuerdo. El caso, no obstante, es que Saint-Loup sí que finge.
Recientemente, he vivido una experiencia “de amor” que la otra persona quería degradar al romanticismo más barato. La persona en cuestión quería, entre otras perlas, que imitásemos a los protagonista de Tres metros sobre el cielo (uno de esos ejemplos de pornografía barata corruptora de mentes juveniles con un toque de inocencia que se queda muy lejos de Balthus). Romanticismo no es ver morir a tu amado entre palabras absurdamente vacías mientras el trasatlántico en el que viajabas naufraga en el Atlántico norte. Es, por el contrario, un acto de rebeldía de un “yo” individual contra un “nosotros” social que le oprime. De la misma forma, el amor, especialmente el conyugal, no es darse de comer fresas mutuamente con una cucharita de plata. El amor entre dos adultos, como bien refleja Proust, es una tortura psicológica. Ya lo dijo Jaime Gil “porque quererse es un castigo/ y es un abismo vivir juntos”. Ojala se hiciese leer un poco a Proust para preparar a la juventud para la realidad.
Bueno, creo que me he desviado un poco, vuelvo a mi camino. En El Tiempo reencontrado, la muerte se apodera del narrador “como si fuese un amor”. Si bien, como él mismo dice, no lo está en absoluto. La Gran Guerra sirve a Proust para escenificar la llegada mayúscula de la muerte. Muere Saint-Loup, dejando a Gilberta con una hija. La madre comenta maliciosamente que, “por sus gustos”, el padre hubiese preferido que fuese un varón. Poco a poco, la muerte se lleva a muchos personajes, entre ellos la princesa y la duquesa de Guermantes. Los escenarios donde se ha representado la Comedia Humana de la vida se van vaciando; el hotel Guermantes se cierra por la ruina de los propietarios, de la misma forma que la mayoría de los círculos intelectual-aristocráticos que frecuentaba el narrador.
El derrumbe de la aristocracia queda constatado con la caída de los Guermantes, los Villasparis, y más simbólicamente la figura de mesieour Charlous, ya que el barón homosexual queda paralizado de un ataque de apoplejía sumado a una progresiva perversión de sus gustos que degeneran en pedofilia, alegorizando en su conjunto la caída del mundo aristocrático al que pertenece el narrador.
En síntesis todos los personajes, van dejando el escenario. Al principio cada personaje tenía varios “yo” a ojos del narrador, progresivamente, estos yo, se van sintetizando para desaparecer finalmente.
El estilo también contribuye a esta sensación. El llamado estilo proustiano llega su éxtasis en los volúmenes de A la sombra de las muchachas en flor y El mundo Guermantes, se estanca en Sodoma y Gomorra y en los últimos tres volúmenes se fragmente progresivamente, como efecto del asma cada vez más grave en el autor. No obstante, al final, este defecto se torna en virtud, ya que un texto más fragmentado y con un número elevado de lagunas contribuye a dar sensación de cansancio, olvido, decadencia e incluso hastío vital.
En los momentos finales del libro, el narrador se queda solo en su habitación. Toda su vida ha deseado escribir algo sensacional, pero no ha encontrado el tema. El tema no debe ser algo trascendente, simplemente debe ser su vida. Esa es la conclusión. El narrador termina escribiendo compulsivamente en su cuarto, lamentando que su enfermedad no le permitirá a Proust cerrar su circuito metaliterario.

viernes, 11 de febrero de 2011

Tótem: Freud

En estos tiempos de continua innovación, se pretende condenar al ostracismo todo lo que tiene el estatus de clásico, degradándolo a la idea de viejo y, por lo tanto, de obsoleto. Este proceso de innovación salvaje nos lleva a menospreciar a las grandes ideas y pensadores que creemos que ya no forman parte de nuestro presente, verbigracia el Dr. Freud y sus tesis.
La ridiculización del psicoanálisis por parte de personas aparentemente intelectuales es la más pueril de las actitudes narcisistas. ¿Tanto duele aceptar que sólo somos deseo sexual y violencia maquillados y castrados por la censura cultural y, en consecuencia, que todas las explicaciones de nuestra conducta mueren en estos instintos tan naturalmente básicos, como moralmente bajos? Parece que muchos son demasiado orgullosos para aceptar de qué piedra están hechos y que la forma de la misma la realiza el cincel cultural a golpe de traumatismo.
Se cree que el Dr. Freud se sobrepasó matematizando la conducta humana. Pero la degradación de su tesis no es responsabilidad suya, sino de la escuela psicoanalítica, cuyos miembros no supieron interpretar los pasajes de su obra escritos de forma forzada, para superar la censura moral de la tradicionalista Austria. Pasajes que, por otro lado, habrían sido reescritos en Londres si un cáncer bucal no le hubiese arrebatado su vida antes de tiempo.
Freud era algo más que un médico o un experto, era un genio con mayúsculas. Sus trabajos y el testimonio de sus pacientes demuestran que tenía una gran capacidad intuitiva con las personas, una especie de don que le permitía diagnosticar (acertadamente) a sus pacientes. Su único error fue confundir diagnostico con cura. En cualquier caso, tal vez el fracaso del psicoanálisis después del doctor se debe a que no todo el mundo estaba tan capacitado. De la misma forma que existen pintores sublimes e irremplazables, por qué hemos de negar que exista un hombre genial en la psique.
Pero no son sus avances en el terreno psiquiátrico los que ensalzan al Dr. Freud, sino su aportación a la filosofía. La división del pensamiento en inconsciente y consciente no sólo destruye por igual la idea del determinismo y el libre albedrío tal como lo entendían deterministas e indeterministas, sino que también anula el alma y el concepto de pecado en el campo de la metafísica y la teología abriendo a los hombres a una nueva realidad antropológica y espiritual.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Los grados de obertura de la belleza

En el S.V aN.E. Platón adjudicó a la idea de belleza el segundo lugar de importancia en el mundo de las ideas, por detrás del bien y por delante de la justicia. Esta ubicación tan particular, sin embargo, no le valió a la belleza ninguna definición por parte del autor de La República ya que hubo de contentarse con ser “algo” que los filósofos podían distinguir.

A lo largo de la historia los términos belleza y arte han ido muy unidos, pues los cánones de la primera definían a la segunda. Durante mucho tiempo se consideró que el arte debía “ser bello”. No fue hasta el S.XX cuando poco a poco el arte se independizo del ambiguo concepto, buscando redefinirse a través de una estética horrible que causase pavor, sensaciones angustiosas o incluso asco en el público. Paradójicamente, esta nueva concepción del arte otorgó nuevas acepciones al concepto de belleza, sin acabar de definirlo. En la medida en que autores como Kokoshka, Matissen, Boccioni, Marc, Kahlo, Ducham, Pollock, Man Ray o Kubota iban desarrollando su técnica y en la medida que ésta era aceptada por el público más maduro, éste empezaba sentir, luego de la comprensión, que aquellas obras, al principio horrendas y antiestéticas, le ahora nuevas sensaciones, sensaciones de belleza.

En el momento en que el retrato de Inocencio X de Bacon nos parece tan bello como el de Velázquez, hemos otorgado una nueva acepción al término belleza en nuestra mente (una acepción que con toda probabilidad no compartiría Platón). Aparentemente, la obra de Bacon es siniestra, pero, si la miramos con atención podemos ver en ella la imagen perfecta del despotismo del poder y el sufrimiento que puede infligir. Obviamente, no podemos mirar con los mismos ojos el Inocencio X del S.XVII que el del S. XX, porque no pretenden ser lo mismo. Sus diferencias no radican tanto en la técnica como en la cosmovisión del artista. De hecho, para mí, es la cosmogonía de Velázquez la que le hace pintar al santo padre entre la rigidez y la solemnidad. Si el pintor español hubiese visto en él el despotismo que pretendía alegorizar Bacon, probablemente el retrato sería muy diferente. Evidentemente, el mensaje que el artista quiera transmitir condicionará el código de transmisión que emplee.

Pero dejando esto a un lado, en el momento en que empezamos a entender a Bacon, empezamos a ser menos rígidos y entonces… Transfiguración: algo que hasta entonces era feo pude convertirse en una belleza persuasiva llena de significado.
Con el cuerpo humano ha pasado un poco lo mismo. Los cánones estéticos de cada momento han marcado el prototipo de hombre y de mujer bella. Pero estos conceptos han sido extremadamente variables a lo largo de la historia. Comparemos por ejemplo un boceto Rubens con uno de Boucher quienes son relativamente próximos en el tiempo.

 
La mujer de Rubens es más rica en carnes, porque pretende transmitir vida. Esto fue atractivo en el S.XVII. Un siglo más tarde, los juegos del desnudo adquirieron unos cánones más finos. Por otro lado si comparamos el desnudo de Las Gracias con el de Boucher vemos una diferencia bastante evidente, las mujeres de Rubens transmiten vida y placidez, hasta podríamos hablar de un cierto toque espiritual. Por el contrario, la obra del pintor francés nos transmite una clara sensación de erotismo. ¿Por qué? Sería imposible fijar una respuesta exacta, la intencionalidad del artista.
Miremos por ejemplo este autorretrato de Frida Kahlo, quien se presenta como una mujer de facciones endurecidas, uniceja, y con varias carencias físicas. Esto no impidió que Trostky la encontrase terriblemente atractiva.
 













De la misma forma, su barriga no impedía a Diego De Rivera, marido de Frida, ser un imán para las mujeres hasta extremos muy superiores a los de las estrellas de la gran pantalla. Alguno podría argumentar, acerca del singular matrimonio pictórico “es que su personalidad les hacía atractivas”. A eso yo respondo “Pues más bien sí”. Ahora, añadiría acto seguido, no era su personalidad en si lo que les otorgó un toque afrodisíaco, sino la comprensión de su personalidad por parte, en este caso, de sus amantes los que les concedió belleza y atractivo.

Si nos desprendemos de nuestros patrones culturales, podremos mutar nuestras respuestas a los estímulos que recibimos del mundo, encontrando así belleza donde antes resultaba imposible verla. Estéticas tan perversas como el sadismo, siempre y cuando se desarrolle en un contexto de ficción, pueden llegar a ser bellas a nuestros ojos. Desde un punto de vista freudiano, la percepción de belleza reside en el inconsciente, definiendo éste según sus impulsos imprevisibles, qué es y qué no es bello. La coacción del inconsciente por el superego, que no deja de ser la suma de los patrones culturales inculcados, castra nuestra percepción de la belleza y nuestra concesión de esta al elemento artístico. Haced, el ejercicio de liberaros de los tópicos que nos han enseñado desde pequeños como que la violencia es mala o la sangre da asco. Dejad fluir vuestros instintos violentos (que siento deciros están ahí aunque no os guste) y luego decidme si esta imagen no tiene una belleza muy sutil.
¿Qué es belleza? Un sentimiento humano, inefable, cambiante y que no guarda unas proporciones lógicas. Podemos castrar su significado o ampliarlo a casi todo, depende de nosotros. Os animo a hacer lo segundo, no por nada en particular, es que un mundo donde vemos mayor cantidad de cosas bellas, por fuerza debe ser un mundo más hermoso. Me despido con la ilustración perfecta para el poema Insomnio de Dámaso Alonso, pintada por Rothko.


martes, 8 de febrero de 2011

Sudán del Sur, bienvenido

Hoy la independencia de Sudán del Sur ha sido reconocida por Khartum, dejándose claro así que no se trata de un acto unilateral, ni de un disparate revolucionario de soñadores, sino de un hecho objetivo. Mientras Sudán del Sur celebra su independencia y ya ha recibido en su capital, Juba, a los embajadores de EEUU y China (potencias interesadas en sus recursos petrolíferos) a espera de los que les seguirán, yo miro con resignación como mi mapa del mundo que luce grande en la pared de mi cuarto se ha quedado obsoleto a falta de una línea. Me consuela pensar que en verdad ya lo estaba porque no incluía Kosovo como estado, por lo tanto ya estaba mal de antes. Sin embargo, dos errores no suman un acierto, nunca mejor dicho y lamento que mi mapa no incluya a todas las naciones internacionalmente reconocidas.
En lugar de hablaros de cómo el presidente Yafaar Mohammed Numeiri va a desarrollar el progreso (palabra que, por cierto, incluye el lema nacional "Unidad, Igualdad, Progreso") en un país donde la tasa de analfabetismo ronda el 78%, cómo va a enviar su miembro a la Asamblea de las Naciones Unidas, se va a hacer un hueco en el panorama internacional y otros pormenores que sólo requerirían de recopilar para luego exponerlos con un mínimo de argumentación. Por el contrario, prefiero hablar un poco de lo que implica una secesión.
No son pocas las regiones en el mundo que quieren separarse del estado al que pertenecen: Bali de Indonesia, la región Tamil de Sri Lanka, Quebec de Canadá, Somaliland (independiente de facto) al norte de Somalia, varias repúblicas caucásicas y la Prusia Oriental de Rusia, Lombardia de Italia, Flandes de Bélgica, Escocia del Reino Unido o Euskadi y Cataluña de España. Considerar si sus razones son adecuadas o no, si tienen motivaciones adecuadas o incorrectas, no la verdad es que no quiero hablar de eso, sino de los problemas que una secesión plantea. Primero pasas a formar parte de un estado diferente perdiendo tu antigua nacionalidad. Lo que ya genera una serie de problemas para quien no desease abandonar el país. Después el ciudadano medio debe familiarizarse las nuevas instituciones, la nueva constitución y las nuevas convenciones sociales que de éstas derivan.
¿Cómo debe plantear un nuevo estado su futuro? Desde mi punto de vista es completamente inviable hacerlo de espaldas al país al que pertenecía, aunque sólo sea por una cuestión de proximidad. Un estado no puede tener una de sus fronteras como una valla de espino infranqueable, porque eso lastra sus relaciones exteriores además de su economía. De hecho, todas las fronteras deber ser zonas vivas para intercambio de recursos y no lastrar a la recién nacida nación. De hecho, si lo estudiásemos con lógica, al margen de sentimientos pueriles como el odio, nos damos cuenta de que el aliado potencial del nuevo país es su antigua “metrópoli”. Cuando una secesión se plantea de caras a una total ruptura, con el país al que pertenecía, a la, hasta entonces, región, le espera un futuro muy negro, siendo en el mejor caso una lastre económico y social con momentos violentos como las Coreas en la actualidad, o en el peor de los casos verdaderas guerras civiles.
Una secesión debe plantearse siempre por amplias mayorías y con la voluntad de aparecer en el mapa con una tendencia constructiva con todos los vecinos. Esperemos que Sudán del Sur se encamine por esta senda, la del progreso y la de la democracia.

sábado, 5 de febrero de 2011

Episodio Quijotesco


Esta semana me aconteció cierto hecho que me obliga a replantearme la pueril idea, en que había caído, de que nuestro Quijote se estaba quedando obsoleto con el paso del tiempo. Lo cierto es que la sociedad española en particular y todas las ibéricas en general han vivido tantos años desarrollando buena parte de su cultura al amparo de esta novela que no es raro encontrar en el día a día episodios de lo más quijotescos.
En el Capítulo VII de la Primera Parte, Don Quijote va a buscar a Sancho Panza y a fin de convencerle que sea su escudero le dice “bien pudiese ser que antes de seis días ganara yo tal reino, que tuviese otros adherentes que viniesen de molde para coronarte por rey de uno de ellos”. Esta frase fue muy bien adaptado por Don Camilo José Cela en la versión cinematográfica de Fernando Rey y Alfredo Landa. En ella Alonso Quijano dice a Sancho “¿Y, si al día de mañana conquisto un reino o dos, no me habré de acordar de mi escudero para hacerle gobernador de una insula?”
Durante esta semana escuché un día que un compañero mío le decía a otro: “No entiendo por qué tenemos que preocuparnos de las notas. Lo que nos interesa es entrar en la carrera que queramos y ya está. Luego, cuando acabemos la carrera, compras una empresa o dos, las revendes en bolsa y ya está”. Puedo aseguraros que, en la medida que me lo permite el recuerdo, esto es literal y verídico. Después de leer esto confío en que nadie siga diciendo que El Quijote cervantino es agua pasada, porque tiene una presencia omnipresente en nuestro carácter. Por otro lado he decir, que yo en esto de conquistar “un reino o dos” no tengo mucho interés, y lo de “una empresa o dos”, bueno, depende… si son internacionales, tal vez sí, pero, si no tampoco, que cuestan mucho de revender en el mercado de valores.

viernes, 4 de febrero de 2011

Pensando en Proust VIII: Mis citas preferidas

Paradójicamente, un autor tan relevante en el canon internacional como Proust no es famoso por sus citas, que en verdad nos son desconocidas. No es la falta de talento la que propicia esta situación, sino la extensión de sus hipotéticas máximas y la excesiva contextualización de las mismas dentro del texto. Recordemos que una frase de este autor entre subordinaciones de todo tipo, coordinación y yuxtaposición puede llegar a ocupar una página entera. A esto debemos añadir que su significado rara vez es independiente, ya que, por paradójico que parezca, mientras el hilo argumental de cada volumen es sumamente independiente hasta el punto que se pueden leer por separado, los frases funcionan como meros engranajes de una gran maquinaria descriptiva como es Proust.
Tal vez citar a Marcel, visto lo visto, no tenga mucho sentido, sin embargo, no quería cerrar este ciclo de entradas dedicadas a él sin hablar de algunas oraciones favoritas. Os añado dos, a continuación, las cuales, por el mencionado problema de la descontextualización, es muy probable que no entendáis en la amplitud del significado que las entendí yo. Como veréis están fragmentadas, porque no puedo incluir la oración entera. Os ruego seáis comprensivos, no ha sido fácil seleccionar frases en un texto tan extenso y con una gramática tan complicada.
a)“…un rey prefiere dar por esposa a su hijo la hija de un rey destronado que la de un presidente de la república…” A la sombra de las muchachas en flor
b) “…un cuerpo humano, aunque sea un cuerpo amado, como era el de Albertina, a unos metros de distancia, a unos centímetros, nos parece estar lejos de nosotros.” Sodoma y Gomorra
Bien, y hasta aquí Proust por ahora. Prometo no hacer otra entrada sobre él hasta haber acabado el último volumen de su obra. Gracias a todos.

jueves, 3 de febrero de 2011

Pensando en Proust VII: Edición

No sería fácil editar En busca del tiempo perdido de Proust traduciéndolo al castellano, para mí sería una tarea imposible. Aunque, no podemos negar su dificultad, muchas editoriales castellanas han salido bastante bien del reto, apoyándose en excelentes traductores. También algunas editoriales catalanas lo han hecho recientemente, si bien, las críticas de los expertos no son tan buenas en cuanto al ámbito lingüístico se refiere.
Yo opté por comprar El tiempo perdido de Alianza Editorial, una de mis editoriales preferidas. Los siete volúmenes fueron a parar bajo el árbol, el pasado 25 de diciembre, cada uno con una dedicatoria de mis familiares más allegados. Cuando leí las contraportadas me di cuenta de cuan difícil sería la lectura. Generalmente, la contraportada suele resumir un poco el argumento de un libro, pero en el caso de los siete que componen El tiempo perdido siempre se hace la misma nota: un breve elogio del autor por su capacidad de descripción de ambientes y de sociedad, seguida de una enumeración de todos los títulos que componen la obra. Que no se pueda hacer un resumen para una contraportada de un libro, ya nos muestra un elevado nivel de complejidad.
Alianza opta por escoger entre tres traductores los textos de su edición. Posiblemente, el más enigmático –y menos trabajador- sea Pedro Salinas, famoso poeta de la Generación del 27, quien firma individualmente Por el camino de Swann y, de forma compartida con Quiroga-Plá, A la sombra de las muchachas en flor. Sin embargo en ambos volúmenes su labor se ciñe al terreno de la corrección, aunque su firma, más comercial, acabó eclipsando a la de Quiroga-Plá, poeta, también, de la Generación del 27, que desarrolló la mayor parte de su obra en el exilio. El abandono de la labor editorial, hizo que el segundo volumen de El tiempo perdido tuviese una firma compartida en la traducción y que el tercero, El mundo Guermantes, lo firmase exclusivamente Quiroga-Plá. Sin embargo, a partir de aquí, la editorial elige para los textos del resto de volúmenes a una traductora más moderna, pero no menos diestra, Consuelo Berges, experta en Proust. Ella ha traducido el volumen de Sodoma y Gomorra que ayer terminé de leer, así como los otras tres que completan la obra.
Muchos os estaréis preguntado que pinta al inicio de la entrada Una tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte del puntillista Seurat. Bien, se trata de la imagen que Alianza ha dividido en siete detalles ilustrando con cada uno de ellos la portada de un volumen. Me costaría mucho pensar en una imagen o cuadro que pudiese recoger el espíritu de El tiempo perdido (ilustrar la obra, como hacer un guión de cine, sería un proyecto condenado al fracaso por las mimas razones). Supongo que este óleo de Seurat puede transmitir la imagen de “el tiempo perdido” en el sentido del tiempo libre durante el que uno no hace nada productivo, pero no es ésta la esencia de El tiempo perdido de Proust, aunque supongo que ésta jamás podrá ser captada visualmente por los ojos.
En fin, concluyo recomendándoos la edición de Alianza, por si alguien se anima a invertir su tiempo en una lectura tan bella como compleja y difícil.

Pensando en Proust VI: Las mujeres (II)

En cuanto a Albertina, aún no la conozco demasiado, pues los volúmenes en los que tiene más protagonismo, La prisionera y La fugitiva, no los he leído aún. Sin embargo, puedo avanzaros que su presentación en Sodoma y Gomorra no es casual. Albertina es el alter ego de un hombre, un cochero con quien Proust tuvo una relación abrupta que tocó a su fin con una repentina separación tras algún episodio de carácter violento.
Aunque hace reflexiones sobre la homosexualidad a través de la ambivalente relación del señor Charlus y Morel. Albertina, además, es amiga de dos lesbianas, con lo cual, mirando el marco completo, no cuesta demasiado ver el cuadro. Sin embargo sus valoraciones acerca de este amor prohibido –el homosexual- lo hace desde la distancia, tratándolos con una benevolencia fría que hace que cualquier relación personal con ellos se aleje en apariencia del narrador y Albertina. Refuerzo el “en apariencia”, ya que Proust se toma la molestia de dejar pequeñas grietas para que el lector vea más allá del espejismo. La descripción de Albertina, centrada en sus ojos azules, no tiene un solo rasgo concretamente femenino, simplemente, consta del cúmulo de sensaciones que le produce. Además la besa en el cuello “como besaba a mi madre”, remarcando la dimensión edípica de su amorío, que en un contexto freudiano lo aproxima bastante al amor homosexual.
La duquesa de Guermantes describe por antonomasia el mundo aristocrático lleno de hipocresía y banalidad que recorre el narrador a lo largo de la novela. Este mundo de conversaciones sin sustancia y frivolidad sumado a su fracaso amoroso desarrolla en el narrador la idea de que su vida ha sido “tiempo perdido”. Preocupada sólo por como aparece de caras a la sociedad y envuelta en un velo de falsa modestia, la duquesa de Guermantes es el arquetipo del personaje femenino secundario y aristocrático de la obra de Proust. En ella podemos englobar la sustancia de otras mujeres, por ejemplo madame Villaparis.
La última mujer con una presencia constante a lo largo de la obra es Francisca, la vieja criada de la familia que sirvió a la hermana de la madre, antes de pasar a su servicio y hacer de “niñera” del narrador en su infancia. Ella tiene una relación mucho más maternal con el narrador que la propia madre. Le da consejos y se permite censurar abiertamente como “tira el dinero” en su relación con Albertina. Sería una verdadera madre para el narrador de no ser por la falta de complejo de Edipo hacia ella.

Pensando en Prosut V: Las mujeres (I)

Proust tiene un trato particular con el bello sexo en su obra. Muy probablemente, este venga condicionado por su orientación sexual, pero, en cualquier caso, En el tiempo perdido, cada mujer recibe una atención especial y ninguna queda desatendida.
La abuela es con él la más dulce, la más cálida, la única que le comprende y que le aporta el cariño que necesita. Posiblemente se por eso que se toma la molestia de hace un alto en su confusamente turbia narración, dedicándole a su muerte un capítulo.
La madre es mamá, la aspiración sexual del niño. Tiene con ella las relaciones tortuosas que comportan un exacerbado complejo de Edipo. Necesita que le venga a dar un beso todas las noches cuando es pequeño, si no la angustia no le permite dormir. Esto propicia un chantaje emocional que permite a la madre dominar a su hijo ligándolo a una cadena opresora de afecto que le coaccionará toda su vida, incluso cuando se adulto. El veneno, que se desprende de este vínculo tan necesario como nocivo para el narrador, lo arrastra a la hipersensibilidad.
Gilberta, la hija de Odette y Swann es la novia del protagonista, durante A la sombra de las muchachas en flor. La descripción del noviazgo y el matrimonio de sus padres en el primer volumen de la obra, bajo el título de Unos amores de Swann, sirve al Proust, para definir desde el principio de su obra su concepto del amor. Él no concibe el amor sin celos dañinos que extremen la necesidad y el deseo de la posesión sobre la persona amada. La historia de amor entre Odette y Swann permite al narrador (quien no había nacido cuando se produjeron) establece un paralelismo con los dos amores del narrador, la hija de estos, Gilberta, y posteriormente Albertina, ambas unidas por los celos. La diferencia entre estas dos novias queda patentada en la pasión que siente el narrador por la segunda, muy por encima de la primera a quien abandona sin luchar.

Pensando en Proust IV: Proust y Dreyfus


Nadie ha abordado de un forma más sutil el famoso “affaire Dreyfus” que Proust. Es un tema de conversación omnipresente en todos los círculos de la alta sociedad por los que se deja caer el narrador. El mundo está dividido entre los partidarios y los detractores del comandante judío. Roberto Saint-Loup, amigo del narrador, aboga por su inocencia, aunque no es lo bastante valiente para decirlo en público frente al duque de Guermantes, el más adicto “antidreyfuyista”. El termino “dreyfuyista” es usado por Guermantes y otros detractores como un claro insulto contra personas que les caen mal, sin conocer a ciencia cierta su opinión. Sólo Swann, nieto de un judío, se atreve a oponerse a la opinión absoluto del duque, si bien, no llegará a encararse y se limitará a matizar su absoluta certeza respecto al veredicto de culpabilidad.
Proust no muestra el debate entorno a Dreyfus desde un punto de vista intelectual, sino aristocrático. Para este eslabón social, Dreyfus no es un ser humano, ni siquiera es un símbolo, es un simple pasatiempo. Quien cree en su inocencia sólo está significándose provocativamente para llamar la atención en los círculos sociales, por esta razón le importará poco si, en efecto, es culpable o inocente. De la misma los que le señalen como culpable, simplemente, buscan hacer gala de su antisemitismo convencional, sin importarles demasiado que pruebas haya o dejen de haber sobre la mesa.
Esta frivolidad, casi inhumana, sólo concebible en una mente aristocrática o hueca así como el deseo de apariencia por encima de la vida humana son captados por Proust de un modo sencillamente magistral. Por encima de sus galantes y pomposas descripciones, el lector puede ver en el texto la esencia de un mundo vacío, descarnado, preocupado sólo por la banalidad de “el que dirán de mí, si digo…”.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Pensando en Proust III: ¿Proust futurista?

La pasión de mesieour Marcel por elementos modernos, tales como el yate a motor, el avión, el coche (más exactamente el Rolls Royce) o el teléfono, presente en el tan enigmático texto de la magdalena, para servir a la analogía, ha llevado a algunos a considerarle un futurista. Concepto tan ambiguo, como erróneo.
Proust murió en el año 1922, seis años después de que falleciera el reconocido escultor futurista Boccioni, esto nos permitiría enmarcarle cronológicamente en el movimiento sin problemas. Su amor por los nuevos progresos y su ruptura formal con el estilo naturalista-realista de Zola, Stendhal o Balzac podrían llevarnos a precipitarle, también, ideológicamente en esta vanguardia. No obstante, Proust no firmó ninguno de los manifiestos de Marinetti. No rompió de forma radical, ni propugnó la destrucción del “viejo arte”, y, para colmo, era homosexual, algo inadmisible en el grupo futurista tan cercano al fascismo.
Descartemos por lo tanto su adhesión a ésta u otra vanguardia. Pese a que toda su acción creativa se orientó hacía el progresismo y la innovación artística, es demasiado sui generis para ponerle una etiqueta.

Pensando en Proust II: El narrador

Sé, porque me documenté un poco antes de empezar a leer, que el nombre del narrador, Marcel, sólo aparece en dos ocasiones en un relato de más de 3.000 páginas. Ambas se sitúan en el volumen que empezaré a leer justo ahora, La prisionera, y en ambas el nombre de Marcel es pronunciado de forma sutil. Albertina, como un a nueva Beatriz, es la encargada de bautizar al narrador de este poema en prosa. La primera vez lo hace insegura, dice “si el narrador de esta historia tuviese un nombre sería Marcel”. La segunda, gesticula este nombre en un sueño opresivo –o apasionado-. Que el narrador quede tan oculto se debe a que, contrariamente a la opinión general, El tiempo perdido no tiene un tan marcado carácter autobiográfico.
El narrador, como personaje, se ha humanizado antes mis ojos a lo largo de estos cuatro volúmenes. Al principio, parecía tan sólo un reloj que marcaba desacompasado, sin ningún orden en particular, las horas más importantes que había tocado, mientras tuvo cuerda. A medida que la “narración” avanza, esa capacidad de sentir que parecía restringirse al pasado infantil se traslada al pasado adulto. Aparecen las emociones más humanas, especialmente, los celos unidos a una hipersensibilidad exacerbada. El último gesto humano, que he apreciado y que me muestra que es de carne y hueso son sus quejas por la agravación de su alma.

Pensando en Proust I: Nunca le rodarán un guión de cine.

Hoy, dos de febrero de 2011, he acabado de leer Sodoma y Gomorra, el cuarto volumen de la obra de Proust En busca del tiempo perdido. Leer a este autor está siendo todo un reto, que nunca había experimentando, como lector experimentado y veloz que soy.
He pensado que sería bueno volver a escribir algo sobre él. Le dediqué una entrada breve cuando estaba leyendo A la sombra de las muchachas en flor, algo hastiado contra el autor, ya que mi prejuicio de ver en la literatura una idea que se disponga a servir al lector me impedía gozar de un autor como él. Después de haber avanzado en la lectura y haber asistido a unas conferencias sobre el autor, cuyo conferenciante, Carles Bessa, traspiraba pasión hacía el autor, creo que le entiendo un poco mejor. No pretendo dar una clase magistral, sólo deseo compartir aquí algunas reflexiones a las que me ha llevado la lectura.
Como decía el señor Bessa, sería muy difícil, por no decir imposible, realizar un guión cinematográfico sobre El tiempo perdido. Hasta donde he leído, encuentro dos objeciones: a) Ninguna imagen podría captar las descripciones de Proust. La continúa asociación de objetos a través del recuerdo, las personificaciones, las analogías etc. Todo esto se pierde en la película. Aunque un cámara enfocase el plano de una iglesia pequeña de carácter gótico, igual que la descrita en la ficticia villa de Combray, aunque enfocase desde múltiples planos y perspectivas o a diferentes ritmos, jamás podría transmitir al espectador la fuerza masculina con la que el campanario asciende al cielo. Tal descripción, donde lo sacral se une a lo profano queda vedada al mundo visual. Porque, y esto es muy curioso, cuando el lector lee una descripción de Proust, concretamente una ecfrasis, deja de ver formas y colores para percibir tan sólo el concepto espiritual. b) La obra de Proust es excesivamente estática en la acción, y cambia de forma repentinamente a través de flashbacks u otros recursos. Pro ejemplo, en El mundo de Guermantes, se describe la llegada del narrador al hotel Guermantes y a partir de ahí, jugando con el nombre –nobiliario- de Guermantes, Norporis, madame Verdurin entre otros, narra, al mismo, sin saltos que avisen al lector, hechos y conversaciones de estos personajes entre ellos o dirigiéndose a él, junto con otras que tuvieron los antepasados de estos nombres insignes –y ficticios- en la época de los monarcas borbónicos.
Vemos, en consecuencia, que un film sobre En busca del tiempo perdido es un proyecto destinado al fracaso además de al absurdo.

martes, 1 de febrero de 2011

The sense of good taste

Es curioso pensar como ha ido mutando el gusto a lo largo de la historia en la sociedad. La sucesiva evolución del arte en movimientos opuestos entre sí posiblemente sea la mejor muestra de que el gusto va mutando y que no tiene en absoluto un carácter estático. Sin embargo, el cambio colectivo no puede existir sin un cambio individual, y es verdaderamente sorprendente en cuan poco tiempo pueden variar los gustos de una persona, verbigracia un servidor.
Hace dos años prefería El Rioja al Ribera del Duero. Hace siete meses dejé los Ducados por el Malboro (recientemente me he pasado a los puritos). Hace cinco meses decidí ponerme la camisa por dentro en lugar de por fuera, como la había llevado hasta entonces; lo sé es anticuado, pero estaba harto de comprar cinturones que luego no podía lucir. Y hace cuatro meses empecé una inmersión en el concepto del arte vanguardista que ha revolucionado mi sensibilidad artística así como mi percepción del concepto de “belleza”.
Si hace unos cientoveinte días me hubiesen dicho que llegaría a apreciar un retrato del papa Inocencio X por encima del de Velázquez, hubiese dicho que me parecía ridículo. Hoy estoy ansioso de colgarme una lámina del Inocencio X de Francis Bacon. He pasado de no entender la abstracción, el dadaísmo y el arte no figurativo en general a imitarlo en algunos de mis escritos y a reverenciarlo en otros. Ahora veo en el Blanco sobre blanco de Malevich un pináculo de la historia del arte en lugar de un timo. Y, para ponerle la guinda al pastel, he terminado menospreciando el concepto de arte como algo elitista, sólo al alcance de unos pocos privilegiados con dotes para ella; no, el arte está al alcance de todos, especialmente de los niños. Esa es la conclusión más sólida a la que uno llega cuando culmina su viaje por los artes de vanguardia.
Podría aprovechar para dar las gracias a mi profesor de historia del arte, un carroza donde los haya, que, así como mi padrastro me enseñó a no valorar el vino por sus etiquetas comerciales, me ha mostrado que arte no depende del trabajo técnico sino de su profundidad conceptual, pero no lo voy a hacer porque estamos cerca de evaluaciones, por lo tanto le pospondremos el homenaje hasta ver como se porta. En vez de hablar de cómo la pasión de un hombre por transmitir en un aula algo más que conceptos académicos vacíos de esencia puede calar en el alumnado predispuesto de forma profunda, mejor os animo, queridos seguidores a plantearos si queréis modificar alguno de vuestro gustos. A veces pequeños –o grandes- cambios pueden llevarnos a descubrir una parte de nosotros hasta entonces desconocida y si tenemos el valor de probar cosas nuevas, abriendo nuestras mentes por lo general obtusas, podemos llegar a ampliar our sense of good taste.